
Historias Bizarras - El avión de la Interbalnearia
Para quienes visitamos con asiduidad los balnearios de Pinamar, Salinas o Neptunia, durante años existió una señal inequívoca de que estabamos llegando a destino. En los viajes en el C1 o el C4, era frecuente escuchar a pasajeros (entre los que me incluyo) solicitando al chofer que nos avise para bajarnos "cuando lleguemos al avión".
Walter Fleitas, un vecino de Neptunia dueño de una chatarrería, exhibió desde 1993 en su predio que da a la ruta Interbalnearia un avión modelo Fokker F-27, que por sus dimensiones y su disposición se volvió en un habitante más de la Ciudad de la Costa. Este tipo de aviones de uso militar tienen su historia: construídas por la holandesa Fokker, estas aeronaves nacieron en la II Guerra Mundial y fueron empleadas inicialmente como vehículo de transporte de tropas. Con los años, diferentes aerolineas como la española Aviaco utilizaron este tipo de vehículos como charters para cubrir pequeñas distancias.
Fleitas adquirió este armatoste en un remate realizado por la Fuerza Aérea; según comentó a los medios en su momento, nadie quería pujar por aquel aparato anacrónico y finalmente Fleitas llegó a un acuerdo que le permitió hacerse con el avión e instalarlo en su predio.
De esta manera, él se hizo con una pieza que fungió por décadas como una publicidad para su negocio, y paralelamente como una señalización para aquellos que a diario recorrían la ruta. Incluso (según Fleitas), el avión de la Interbalnearia provocó un flujo de nuevos turistas que otrora no visitaban aquel pequeño municipio de la costa.
En 2022, el interior algo destartalado del avión fue empleado por los cineastas a cargo del film "La sociedad de la nieve" para filmar escenas que ocurrían dentro del fuselaje, recreando al Fairchild protagonista de aquella tragedia. Pero a pesar de su éxito y su repercusión, la historia del avión tuvo un final en 2025, cuando Fleitas (quien por entonces se recuperaba de un problema de salud) decidió vender el aparato a un joven que planificaba restaurarlo y transformar su interior en una vivienda, convirtiendolo a su vez en un atractivo turístico.
Aunque ya no lo podamos ver en su histórico emplazamiento, el avión de la Interbalnearia (o el avión de Neptunia como también se lo conoce popularmente) permanecerá como uno de los íconos que la gente adoptó un poco por costumbre y un poco por asombro. Solo queda esperar que los viajantes ejerciten su memoria después de años acostumbrados al avión para no seguír de largo y terminar bajándonos por distraídos en Atlántida o San Luis.
Fuentes:
- El País