
Inexistencia de carne en Hipermaxi de Los Pinos
Está mañana fuí en busca de carne para la comida de esta semana, grande fue sorpresa al ver los aparadores completamente vacíos. Lo poco que hay son embutidos y pescado, a un precio bastante elevado.

Está mañana fuí en busca de carne para la comida de esta semana, grande fue sorpresa al ver los aparadores completamente vacíos. Lo poco que hay son embutidos y pescado, a un precio bastante elevado.
Bolivia sigue paralizada. La sede de gobierno sufre el desabastecimiento, no es posible traer alimentos, oxígeno, medicamentos ni combustible. Toneladas de frutas, verduras y ganado se encuentran varadas en las carreteras sin poder si quiera acercarse a la ciudad. Para asegurar la libre circulación, esta mañana se llevó a cabo una operación conjunta entre las Fuerzas Armadas y la Policía para despejar puntos de bloqueo, no obstante, la medida ha tenido escasos resultados. El conflicto es ahora una lucha de desgaste entre el gobierno y diversos sectores movilizados que han vuelto a establecer sus puntos de presión. Su radicalización ha aumentado hasta el punto de que piden la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
A pesar de que el Gobierno ya comunicó acuerdos, como con los maestros rurales y urbanos, para calmar parte del entorno social, las conclusiones a las que se llegan son desalentadoras: la violencia y el terror siguen siendo métodos eficientes para obtener concesiones del poder estatal.
Una situación similar se dio entre 1982 y 1985. El gobierno de Hernán Siles Zuazo enfrentó una crisis política y económica devastadora. Sin mayoría parlamentaria y acorralado por una oposición que impedía toda capacidad de maniobra, su administración cedió y convocó a elecciones anticipadas. Fue entonces cuando Víctor Paz Estenssoro asumió el mando e impulsó el histórico Decreto Supremo 21060. El decreto detuvo la hiperinflación mediante una serie de reformas a la economía y la composición del Estado. La Central Obrera Boliviana intentó frenar la medida mediante la confrontación directa, tal y como lo había hecho con el gobierno de la UDP, sin embargo, Paz Estenssoro ejerció plenamente el poder y declaró estado de sitio, confinó a los principales dirigentes sindicales y reprimió los intentos de desestabilización. La disposición fue drástica pero innegablemente eficiente.
La comparación es inevitable. En la actualidad, el presidente y su gabinete insisten con una postura "buenista", pidiendo diálogo, anulando sus medidas y cediendo a las peticiones de los grupos subversivos, mostrando una extraña merced frente a los bloqueos, las agresiones a entidades públicas y actos de violencia contra civiles. Son necesaria las preguntas: ¿Hasta dónde su posición es un compromiso democrático y cuándo se vuelve un abandono del ejercicio del poder? ¿Es necesario un 1985 en 2026?
El gobernar implica asegurar el orden público, salvaguardar el derecho del ciudadano y proteger a quienes respetan la ley y no participan de los disturbios. Cuando miles son rehenes en su propia ciudad, cuando el suministro de alimento se vuelve incierto y cuando la economía se detiene, el costo de la inacción no solo es político, también es moral.
Es sabido por todos los bolivianos que La Paz es una ciudad de conflictividad permanente debido a su condición de sede de gobierno. Marchas, paros, bloqueos y enfrentamientos afectan con frecuencia la vida de los paceños y convierten a la ciudad en el principal escenario de las tensiones políticas y sociales de Bolivia.
La jornada de hoy ha sido especialmente violenta. Distintas organizaciones han paralizado la ciudad, destruyendo propiedad pública y privada, agrediendo negocios y dañando vehículos. Una vez más, la policía se ha visto sobrepasada ante la magnitud de los hechos. Es en esta situación donde surge una pregunta ¿Por qué la ciudadanía no reacciona? En redes las quejas, denuncias y videos que muestran la violencia son muchas pero las acciones tangibles son nulas ¿Se trata de miedo, de resignación o de una falta de convicción?
Recuerdo claramente 2019, cuando vecinos de toda la ciudad salieron a las calles para defender sus derechos y expresar su descontento, no temiendo encarar los problemas que los aquejaban de frente. ¿Por qué hoy no se observa una reacción parecida? ¿Qué cambió para que la indignación ya no se traduzca en movilización?