
¿Por qué Salta sigue colapsada si la solución es obvia?
Es momento de un cambio de mentalidad urgente: las ciudades modernas ya no se diseñan para el auto, y Salta no puede ser la excepción. La realidad es contundente: solo un bajo porcentaje de la población se desplaza en auto privado, mientras que la gran mayoría se mueve en colectivo o directamente caminando. Sin embargo, seguimos regalando el valioso espacio público a una minoría que utiliza el vehículo particular como una comodidad personal que termina perjudicando al resto de la sociedad. En la ciudad ya no entran más autos y el centro no puede seguir funcionando como una gigante playa de estacionamiento a cielo abierto. Resulta insólito que en pleno microcentro haya cuadras con el cordón pintado de verde donde ni siquiera se paga por estacionar, regalando el espacio de todos para que un privado deje su propiedad tirada en la calle. Hay que reflexionar profundamente sobre el uso y el valor del espacio público: estacionar en la vía pública debería ser significativamente más caro para desincentivar el uso del auto y revalorizar nuestras calles. Para transformar la convivencia y cuidar el medio ambiente, hay que desalentar el auto, potenciar un transporte público de calidad e incentivar fuertemente el uso de motos eléctricas livianas. En el espacio muerto que ocupa un solo auto estacionado entran 6 o 7 de estas motos. Si eliminamos los estacionamientos en la calle para crear vías de circulación exclusivas y seguras, ganamos fluidez, eliminamos el ruido y las emisiones, y bajamos la tasa de accidentes al ser vehículos de velocidad moderada. La modernidad exige un cambio de cabeza radical: es hora de dejar el auto en casa y liberar la calle para medios de transporte más eficientes, limpios y sostenibles.