¿Que hago con estos pensamientos?
Qué tal, me pueden llamar MT. No sé qué hacer con mi vida.
Tuve una corta y hermosa experiencia cuando mis padres estaban juntos: yo y mi hermano jugábamos fútbol, mi equipo favorito era Brasil, y mi padre tenía dinero; me traía juguetes todos los días, hasta teníamos nuestro propio patio de juegos. Parecía que tenía una vida bonita por delante.
Pero todo se fue a la mierda.
Mis papás se separaron. Cada uno tenía su versión: mi mamá decía que él le pegaba, y mi papá negaba todo eso. Mi mamá se escapó con nosotros y nos fuimos a esconder a un refugio. Allí nos acogieron y estuvimos varios años. El único recuerdo que tenía de mi papá era un coche de juguete.
Mi hermano mayor es un gran hermano; no podría estar más agradecido con él.
Salimos del refugio y nos fuimos a otro estado. Estuvimos rentando, y para poder sobrevivir mi mamá se iba a trabajar y mi hermano me cuidaba. Me acuerdo que en la primaria no hacía nada; la única parte buena del día era ver películas.
Después, supongo que mi hermano se quebró por toda esa responsabilidad y se fue. Me quedé solo.
Mi mamá consiguió a alguien para cuidarme. Era una familia numerosa y, por fin, sentía que formaba parte de algo, de una familia que me recordaba a la mía antes de todo eso. Eran grandes personas. Esa señora fue como mi segunda madre. También estaba mi amiga mayor y su hermano. Me gustaba mucho jugar con ellos y, por fin, podía sentir que tenía amigos.
Luego nos mudamos a otra colonia y, de repente, ya no tenía a nadie. Entré a otra escuela, todavía en primaria, y tampoco hacía nada. Llegaba a la casa rentada, me sentaba y no había nada que hacer; ni cable tenía la televisión. Solo tenía comida en el microondas. Ah, y tenía una Wii que me dio mi hermano tiempo después. Eso me distraía.
Conocí al vecino y tuvimos una bonita amistad, pero él era mayor que yo. En algún momento me convenció y terminó abusando de mí. Pero yo era un niño; pensaba que era algo bueno cuando quieres mucho a alguien. Nunca le conté a mi mamá.
Después, mi mamá conoció a otro hombre, se embarazó, nos mudamos y él la dejó. Volvimos a caer. Tuvo a un hijo y, cuando nació, por fin mi mamá estuvo más tiempo en casa… aunque no duró mucho. Después nos dejó con una señora para cuidarnos y, Dios mío, conocí a otra madre y a otro señor que realmente sigo apreciando. Si siguen vivos, me gustaría decirles lo agradecido que estoy. Esa señora fue como una segunda madre para mí y para mi hermano.
Conocí a una chica y a su hermano, y esa chica fue mi primer amor.
Después, cuando mi hermano cumplió algunos años, nos fuimos otra vez. La señora lloró mucho cuando nos despedimos. Eso también me rompió.
Mi mamá tuvo la grandiosa idea de dejarme a cargo de mi hermano menor durante mucho tiempo. Lo cuidé siendo lo mejor posible, como un padre para él, aprendiendo lo que pude de todas esas personas buenas que conocí.
Luego llegó otro niño e hizo conmigo lo mismo que me habían hecho antes. Yo seguía pensando que era algo normal. Pero llegó al punto de involucrar también a mi hermano y ahí me sentí raro.
Con el tiempo descubrí en internet que todo eso estaba mal. Me destrozó.
No pude con ese dolor. Empecé a comer mucho porque me hacía sentir un poco mejor, hasta engordar y convertirme en “el gordito”, como me decían.
Entré a secundaria. El primer año me destruyó. Me golpeaban mucho. Toda mi vida, si hacía algo mal, me pegaban. Y tristemente terminé haciendo lo mismo con mi hermano algunas veces. Me siento muy culpable por eso.
Hubo momentos donde pensé cosas horribles y oscuras, pero algo dentro de mí me detuvo.
Conocí a una chica. Le gustaba el anime y, gracias a ella, vi One Piece. Ese anime despertó en mí un deseo de cambiar.
Durante dos años logré adelgazar un poco, algo que me había propuesto.
Después nació mi hermana menor. Desde entonces también la cuidé. La amo con todo mi corazón y nunca permitiría que alguien le hiciera daño. Ella se volvió un rayo de esperanza para mí.
Aun así, durante mucho tiempo tuve pensamientos muy oscuros y me preguntaba si el problema siempre había sido yo. Ese pensamiento sigue atormentándome, incluso ahora mientras escribo esto.
Ya no aguanto guardar todo esto. Necesitaba hablar con alguien.
Mientras cuidaba a mis hermanos, también empecé a esforzarme más en la escuela para convertirme en un ejemplo para ellos.
Muy pocas veces lloraba, y casi siempre lo hacía a escondidas. Supongo que eso hacen muchos hombres cuando quieren verse fuertes.
Ahora estoy en preparatoria y, aunque he vuelto a caer emocionalmente varias veces, siempre termino levantándome otra vez. A veces siento ganas de desaparecer y no volver jamás.
También tuve una novia hace un tiempo. No duró mucho, pero me hacía sentir acompañado, como si no estuviera solo. Cuando terminó, me dolió mucho.
Después entré a un curso de inglés y conocí a una chica de la que me enamoré muchísimo. Pasaba noches enteras pensando en ella. Aunque no salió como esperaba, me dejó muchos buenos recuerdos.
Le dije que me gustaba, pero pensé: “¿Quién querría a un feo, chaparro, de lentes y moreno?”.
Aun así, tuve y sigo teniendo muy buenos momentos con ella. Tengo muchísimas fotos juntos. Me hacía olvidar mi tonta vida.
Ella iba a la iglesia y, tiempo después, llegaron misioneros a mi ciudad. Los veía felices y pensé que me gustaría ser como ellos, aunque nunca tuve valor de hablarles.
Hasta que un día tocaron mi puerta. Me uní a ellos y me ayudaron muchísimo estos últimos meses. Se volvieron como mis hermanos y me enseñaron a acercarme a Dios y entender que existe el perdón.
Ahora estoy a punto de bautizarme.
Pero incluso después de encontrar fe y personas buenas, sigo cargando los fantasmas de mi pasado. Aun así, quiero creer que todavía puedo construir una vida mejor.