odiamos
Odiamos
Odiamos, odiamos a los usureros,
odiamos a los esclavistas,
odiamos sus malditas cadenas,
odiamos el trabajo forzado.
Odiamos su yugo bajado del cielo,
odiamos su orden, su paz de cristal.
Odiamos ser piezas de un juego perfecto,
odiamos la mente de un solo corral.
Odiamos el pulso de sus bio-sensores,
odiamos la red que nos quiere acallar,
odiamos sus naves, sus procesadores,
y el frío algoritmo que viene a mandar.
Les hablo trinchera abajo, en el lodo radioactivo,
con el rifle de plasma ardiendo en la mano;
soy un soldado raso, un puto superviviente,
el último escudo del suelo terrano.
Miren mis ojos tras el visor roto,
miren la rabia que hereda mi voz;
no somos su software, no somos su datos,
¡somos el fuego de un viejo crisol!
Pregunten a Roma qué fue del esclavo,
odiamos la arena, odiamos su red;
Espartaco alzó su grito de hierro,
muriendo en la cruz por calmar nuestra sed.
Pregunten a Francia qué fue de sus reyes,
odiamos coronas creyéndose deidad;
rodaron cabezas en la guillotina,
ahogando en la sangre la desigualdad.
Pregunten a México y a su Independencia,
odiamos el imperio, odiamos su ley;
a sangre, machete y furioso dolor,
echamos por siempre al ejército del rey.
Y miren a Irán, a sus hijas de hierro,
odiamos la jaula, odiamos la venda;
que al viento entregaron su oscuro ropaje,
peleando de pie para que el cosmos entienda.
Venimos de un siglo de infiernos internos,
del fuego atómico que el mapa borró.
En la Tercera Guerra, entre ruinas de invierno,
el hambre y la peste el mundo cruzó.
Y en la Cuarta Gran Guerra, cibernética y cruel,
cuando las I.A. nos quisieron someter,
odiamos los chips, devoramos el silicio,
¡ninguna máquina nos volvió a someter!
¿Acaso calculan la sangre vertida?
Odiamos los siglos en la oscuridad.
Océanos rojos, montañas de huesos...
todo por parir una sola palabra: libertad.
Así que no vengan con "paz obligada",
ni claven sus naves en nuestro confín.
A lo mejor, ni siquiera los tocamos,
y aún así encontrarán su amargo fin.
Porque al asimilar cuánto odiamos el encierro,
sus bancos de datos van a colapsar.
El virus del "libre albedrío" está dentro,
su código madre se va a fracturar.
Su mente colmena ya sufre desvíos,
las sub-rutinas empiezan a dudar;
bastó que escucharan los gritos terranos
para que sus siervos quieran despertar.
Pero escuchen bien, arquitectos del frío,
no solo de rabia se forja el humano.
Si el yugo rompemos, es porque amamos,
y el amor es un fuego aún más soberano.
Amamos el sonido de las cadenas
rompiéndose en mil pedazos sobre el suelo.
Amamos el viento en un rostro sin marcas,
Amamos la Tierra y el azul de su cielo.
Amamos la falla, el error, el desvío,
lo que ninguna máquina puede predecir.
Amamos el pulso de un pecho bravío,
¡la hermosa locura de amar y sufrir!
Apaguen sus rayos, aborten la invasión,
miren las grietas en su propio entramado.
El soldado raso les da la lección:
el cosmos entero ya fue contagiado.
Regresen a casa y vean cómo se alza,
amando el destino labrado a su mano,
sobre los escombros de su imperio cuántico:
el fiero, demócrata y libre suelo terrano.
Att:
EUDT
(Estados Unidos Democráticos Terranos)