Filosofía Moderna de los devs 🚬
Y cuando Zaratustra dejó al anciano programador, habló así en su corazón:
«¿Será posible? Este viejo programador en su escritorio aún no ha oído nada de que… la programación ha muerto.»
Mas antes, cuando aún estaban frente a frente, el anciano programador le había hablado con serenidad:
«Yo programo, debugeo y escribo funciones; así honro a la programación.»
Y Zaratustra le respondió, no sin ironía:
«¿Cómo programan ahora los demás hombres, anciano programador? ¿Quién aún se sienta a escribir cada línea contigo?»
El anciano respondió:
«Yo doy mi esfuerzo a la programación por todos.»
Entonces Zaratustra sonrió, como quien guarda una verdad demasiado pesada para soltarla de golpe:
«¿Esfuerzo? ¿Qué podrían aportar ya los hombres a la vieja programación? Tal vez prompts… tal vez contexto… tal vez una conversación con máquinas que piensan junto a ellos.»
Pero el anciano no comprendía. Su mirada seguía fija en el monitor, como si aún esperara sentido en las interminables líneas de código escritas a mano.
Y Zaratustra, conteniéndose, no quiso perturbar todavía su paz. No quiso ser él quien derrumbara el último altar de aquel oficio antiguo.
Así se despidió del anciano programador. Mas cuando estuvo solo, habló de nuevo:
«¡Este hombre no sabe aún que la programación ha muerto!
¡Y nosotros la hemos dejado atrás!
¿Cómo hemos podido abandonar el culto a escribirlo todo manualmente, vaciar nuestras noches de debugging interminable, silenciar el orgullo del código sufrido?
¿No vagamos ahora como desarrolladores entre editores llenos de sugerencias automáticas?
¿Quién nos dio la esponja para borrar el esfuerzo de memorizar cada sintaxis?
¿Quién nos enseñó a hablar con las máquinas en vez de ordenarles línea por línea?
¡Antes todo estaba lleno de boilerplate, de documentación infinita, de errores absurdos… y ahora las máquinas responden como compañeros invisibles!
¿No caemos continuamente? ¿Hacia herramientas más rápidas, más abstractas, más extrañas?
¿Queda aún un arriba y un abajo entre el dev y la inteligencia que escribe junto a él?
¿No sentimos el vértigo de este nuevo mundo donde el código ya no nace solo de nuestras manos?
¡Oh, cuántos siguen aún escribiendo como sacerdotes de un lenguaje antiguo, sin saber que otros ya construyen en horas lo que antes tomaba semanas!
¡Cuántos pelean todavía contra bugs miserables mientras otros conversan con Codex y Claude Code como quien conversa con un aprendiz infinito!
Y sin embargo… ¿no somos nosotros quienes debemos crear nuevas formas de desarrollar?
¿Nuevos métodos, nuevas herramientas, nuevos sentidos?
¿No nos corresponde ahora aprender a guiar a estas inteligencias, en vez de temerlas?
¿No debemos convertirnos nosotros mismos en arquitectos del diálogo entre hombre y máquina?
Pues no ha muerto el crear… ha muerto solamente el viejo orgullo del sufrimiento inútil.»
Y Zaratustra siguió su camino, entre la risa y el abismo, llevando consigo no una respuesta… sino una advertencia.
-Así habló Zaratustra