Me enamoré de alguien que nunca pensé que me iba a importar tanto y ahora no sé qué hace
Sé que el título puede sonar raro, pero necesito contar esto porque llevo meses dándole vueltas y no sé muy bien qué hacer.
Este año conocí a una familiar lejana. La primera vez que la vi fue cuando mi mamá me llevó a la casa de una tía. No teníamos ningún tipo de relación cercana en ese momento. Simplemente nos vimos cara a cara y, aunque suene exagerado, sentí algo extraño desde ese primer momento, como una curiosidad rara que no supe explicar.
Después intenté acercarme a ella de una manera bastante normal. Le pedí su número casi en broma y ella me lo dio sin pensarlo mucho. Al principio hablábamos de cosas muy simples, como cualquier conversación normal, pero poco a poco empezamos a tener más confianza y a hablar más seguido.
Cuando iba a visitarla, muchas veces tratábamos de mantener cierta distancia para que nadie sospechara que hablábamos tanto. Pero cuando estábamos solos todo era diferente. Nos teníamos muchísima confianza para habernos conocido prácticamente de la nada, aunque en realidad todo esto duró solo mes y medio. Aun así, en ese poco tiempo sentía que conectábamos bastante, sobre todo en llamadas, chats y cuando jugábamos Free Fire juntos. Pasábamos horas jugando y hablando como si nos conociéramos de mucho antes, sin quedarnos sin tema.
Recuerdo especialmente que muchas de esas veces también le dedicaba canciones. Una de mis favoritas que le mencioné fue “Yoko” de Álvaro Díaz. Para mí esa canción representa exactamente cómo me sentía con ella, como si describiera lo que me pasaba por dentro cuando hablábamos o jugábamos, como si todo encajara con lo que estaba viviendo.
Recuerdo especialmente una vez que nos abrazamos. No sé cómo explicarlo, pero para mí fue un abrazo muy sincero y bonito. De esos momentos que parecen pequeños, pero después uno se queda pensando en ellos más de lo que debería.
Creo que el momento exacto en el que empecé a enamorarme fue una noche en la que me llamó bastante tarde. Empezó a contarme cosas de su vida, cosas personales, y sentí que realmente confiaba en mí. Me hizo sentir afortunado porque nunca había tenido ese nivel de confianza con alguien con quien apenas llevaba tan poco tiempo hablando.
Empezamos a tratarnos muy bonito. Ella me decía que le gustaba que yo la escuchara, que no fuera insistente ni cansón y que le parecía lindo cómo la trataba. Yo intentaba hacerme el que no entendía las señales porque tenía miedo de enamorarme.
Y terminé enamorándome.
El problema fue que yo tenía muchísimo miedo de que todo eso significara algo para mí mientras para ella simplemente era una amistad. Por eso empecé a tener actitudes que ahora reconozco que estuvieron mal.
Muchas veces le recordaba que nosotros no éramos nada. No porque no me importara, sino precisamente porque me importaba demasiado y tenía miedo de estar viviendo algo que quizá ella no veía de la misma manera.
Hasta que un día exploté.
Después de hablar durante muchísimo tiempo por llamadas, le dije que no quería seguir con aquello. Lo peor es que, aunque lo dije, yo ya sabía que estaba enamorado de ella.
Le colgué.
A los diez minutos volvió a llamarme. Sinceramente, cuando vi su nombre en la pantalla no podía creer que todavía quisiera hablar conmigo. Intenté disculparme, pero terminé empeorando las cosas.
Después de eso dejamos de hablar durante bastante tiempo.
Tiempo después hubo una fecha muy importante para mí. Fui al cementerio a visitar a mi padre y después hicimos una misa en casa de mi abuela. Yo quería que ella estuviera ahí, así que la invité.
Y fue.
Para mí significó muchísimo que hubiera asistido, aunque ese día prácticamente solo nos dirigimos la palabra un par de veces, como si no supiéramos bien cómo actuar.
Después de eso pasaron aproximadamente dos meses sin verla.
Durante ese tiempo no podía dejar de pensar en ella. Intenté buscar alguna forma de hablarle y, después de varias cosas que no funcionaron, terminé enviándole un mensaje desde una cuenta antigua.
La conversación terminó siendo bastante dolorosa.
En algún momento le pregunté por qué había dejado de hablarme y ella me dijo que no me veía como algo serio.
Yo le respondí que estaba bien y que entonces era mejor dejar de hablar.
Probablemente mi respuesta sonó fría, pero realmente estaba intentando aceptar lo que me estaba diciendo.
Cuando salí del chat me derrumbé. Lo más extraño es que ni siquiera pude llorar. Simplemente sentía que algo me pesaba muchísimo por dentro, como un vacío raro.
Después pasó su cumpleaños y quise felicitarla, pero no fui capaz. Tenía miedo de que ya no me tuviera el mismo cariño o aprecio de antes.
Tiempo después ella respondió una historia que publiqué con mi mamá. Yo no le respondí inmediatamente y después terminé haciéndolo porque me sentía culpable. No recibí respuesta.
Y pensé que ahí había terminado todo.
Pero hace poco recibí un mensaje suyo preguntándome si podíamos hablar.
Acepté inmediatamente.
Solo ver su nombre otra vez me hizo sentir una alegría que no esperaba. Hablamos un rato. No hablamos exactamente de nosotros, pero hubo algo que me llamó muchísimo la atención: la forma en que me hablaba se sentía como antes, como si nada hubiera pasado.
Hace aproximadamente una semana volvió a escribirme con una energía súper bonita. Me preguntó cómo estaba, cómo me sentía y cómo me iba en general. Yo le pregunté por la escuela y me contó que le estaba yendo bien, aunque se quejó de que una profesora no le revisaba el cuaderno jajaja.
Y no pude evitar reírme.
Porque me lo contó exactamente con la misma naturalidad con la que me contaba sus cosas cuando recién empezamos a hablar.
Ahora mismo estoy bien, pero sigo teniendo arrepentimiento.
No tanto porque las cosas no hayan salido como yo quería, sino porque sé que yo también tuve parte de la culpa. La lastimé con mis actitudes y eso es algo que todavía me cuesta aceptar.
Creo que lo que más me cuesta superar no es solamente haberla perdido, sino pensar en todo lo que pudo haber sido.
Me hubiera gustado pasar más tiempo con ella, hablar más en llamadas, jugar más Free Fire juntos, escucharla frente a frente, conocerla mucho más y simplemente compartir más momentos sin tanta complicación.
Han pasado meses y todavía aparece en mi cabeza.
Así que necesito opiniones sinceras:
¿Creen que debería intentar hablarle otra vez y simplemente dejar que las cosas fluyan, sin presionarla?
¿O debería aceptar que ya pasó y tratar de olvidarme de todo esto?
Y si ustedes estuvieran en mi situación, ¿qué harían?