El autónomo que paga toda la vida y aun así no sabe si podrá jubilarse
Conozco el caso de un tío que lleva más de 20 años siendo autónomo.
No es rico.
No sale en podcasts hablando de libertad financiera.
No tiene un Lambo alquilado para Instagram.
Es un currante. (Soy yo)
De los que abren pronto, cierran tarde y se comen los meses malos sin poner frases motivacionales en LinkedIn.
Cada mes paga su cuota.
Cuando factura bien, paga.
Cuando factura regular, paga.
Cuando un cliente tarda en pagarle, también paga.
Y lo curioso es que, después de tantos años pagando, no tiene la sensación de estar comprando tranquilidad.
Tiene la sensación de estar ganando tiempo.
Porque mira hacia la jubilación y no ve una meta.
Ve una niebla.
Ha cotizado, sí.
Pero no sabe si eso le va a dar para vivir medio tranquilo cuando ya no pueda seguir currando al mismo ritmo.
Y claro, ahí viene el tema de invertir.
No para hacerse rico.
No para hacer trading.
No para convertirse en el Warren Buffett de los grupos de Telegram.
Para no llegar a los 67 con una mano delante y otra detrás.
Un fondo indexado.
Un ETF global.
Un plan de pensiones.
Un colchón de verdad.
Algo.
Porque hay autónomos que tienen todo su futuro metido en el negocio.
Si el negocio va bien, respiran.
Si el negocio va mal, se quedan sin ingresos, sin ahorro y sin plan B.
Y eso, visto en frío, da bastante respeto.
Igual el problema no es solo cuánto paga un autónomo.
Igual el problema es pensar que pagar ya significa estar cubierto.