El Bautizo
La iglesia estaba llena, había misa normal y al final los bautizos, creo que había otros dos, no importaba, era el bautizo de nuestro hijo. El padrino, Carlos, y su esposa estaban con nosotros al frente, el ritual pasó sin más contratiempo, salimos de la iglesia y nos congregamos al frente, el padre salió y se acercó a saludarnos de mano, después del saludo fuerte de mano, muy fuerte para ser de un padre pensé, le dije, ahí lo esperamos padre. Habíamos invitado al padre a la fiesta del bautizo.
De la misma manera que cuando le llevamos un puro al doctor que ayudó a mi esposa en el parto, y que cuando lo recibió, solo abrió el cajón de su consultorio y lo aventó allí. Así, yo estaba seguro que iba a pasar con la invitación para el padre.
Nos fuimos directo a nuestra casa en la calle Juan Morales, mi madre y mi suegra ya habían llegado antes que nosotros y habían empezado a acomodar las mesas para los invitados, mi madre se encargó de la comida, mi suegra de los postres, pusimos mesas plegadizas que habíamos rentado, movimos los muebles de la sala y del comedor y convertimos el área en un enorme salón de fiestas improvisado. Compré para la ocasión un baño de lámina galvanizado para usarlo como "hielera" como en los ranchos, pues. Lo llenamos de sodas, jugos para niños "Ahorita vengo, voy por el hielo" no era cierto fui a comprar dos cartones de cerveza ya que estimé que solo mi papá, Carlos y yo iríamos a tomar.
Regresé después de unos minutos y ya era difícil caminar hasta el baño de lámina, amigos, primos, tíos, vecinos, compañeros, creo que hasta un guardia de la colonia llegó a "ver cómo estaba todo" dejé la cerveza, volteé y vi a mi esposa "te estoy viendo" me dijo con la mirada, salí con tres cervezas escondidas en mi espalda.
No nos habíamos acabado la primera cerveza cuando enfrente, a lo lejos, se estaciona un bochito viejo, azul claro, más bien sucio y destartalado, echando humo, se sale y empieza a caminar hacia nosotros, era el padre!
Lo recibimos con entusiasmo, no quiso entrar, mi esposa salió a saludarlo, casi todos salieron uno a uno a saludarlo también. Después llegó el momento incómodo, estábamos haciendo una pequeña rueda en el porche mi compadre Carlos, mi papá y yo, cada uno con una cerveza en mano, él se puso entre nosotros formando parte de la ronda.
Mi mente empezó a hacer cálculos, "qué hago?" "no creo que quiera una cerveza, es padre" "pero, lo correcto es invitarle, ¿no crees?" me rasqué la cabeza con ansiedad, estructuré la frase demasiado "no me lo tome a mal padre, desconozco cuál es el protocolo permitido por las autoridades eclesiásticas, por favor no tome ofensa de mi oferta pecaminosa, estaría usted dispuesto a..........." "Ay, mijo; solo pásame una, la que está más fría porque con este calor que hace"
Y le pasé una, no me acuerdo qué platicamos, seguía siendo incómodo ya que no podíamos usar las peladeces y maldiciones que normalmente usamos, no quiso comer, no quiso postre.
Tres horas después, a escondidas, le di a mi compadre Carlos unos billetes y le dije al oído, tráete otro cartón de cerveza por favor, el padre no estaba en el presupuesto.