Hartazgo de fumadores
Para todo el que fuma, el suelo de Sevilla es el cenicero donde terminan las colillas; en el mejor de los casos, apagadas.
El incivismo de tirar basura por las calles es especialmente desagradable y peligroso. Pero todos hemos aceptado que Sevilla es una ciudad que merece colillas y nadie recrimina el despotismo del fumador que lanza, como si fuese un cohetero,un cigarro todavía prendido o apagado para que disfrutemos del espectáculo. ¡Harto!