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La lealtad ciega de Morena en los estados no es solo un error político, es la puerta de entrada para el narco.

Sé que a muchos les va a arder esto, pero las recientes entregas en EE.UU. del exsecretario de Seguridad (el General Mérida) y del exsecretario de Finanzas (Enrique Díaz Vega) en Sinaloa dejan claro una verdad incómoda: al partido oficialista no le importa la honestidad ni la ideología, solo le importa el control territorial y los votos, sin importar con quién tengan que pactar.

El caso de Sinaloa es la radiografía perfecta de cómo el mentado "efecto corruptor" devoró las instituciones usando dos perfiles que no tenían nada de "morenistas históricos", pero que encajaban perfecto en el pragmatismo del gobierno de Rubén Rocha Moya:

El militar de élite: Gerardo Mérida Sánchez, un general de división con maestrías y doctorados, supuestamente formado en la disciplina y la inteligencia castrense. Terminó acusado en Nueva York de recibir 100 mil dólares mensuales de "Los Chapitos" para avisar de operativos y proteger laboratorios de fentanilo. ¿Su mayor mérito para el cargo? Operar bajo un gobierno que necesitaba simular "pacificación" mientras volteaba la cara.

El civil ambicioso: Enrique Díaz Vega, un empresario inmobiliario de Culiacán sin ninguna carrera política. Lo pusieron a manejar la lana del estado y terminó acusado de ser el enlace financiero del cártel, entregar listas de opositores para intimidarlos en la campaña de 2021 y crecer su patrimonio al contado. El clásico cuadro que entra sin ideología pero con un hambre voraz de dinero público.

La realidad es que el narco no necesita destruir al gobierno; solo necesita que el poder central premie la lealtad política por encima del escrutinio ético.

Cuando la única regla interna es "no traicionar al movimiento" en lugar de rendir cuentas, le dejas la mesa puesta al crimen organizado. El cártel, que es sumamente pragmático, vio la ventana abierta: financió campañas, compró lealtades y capturó las dos áreas más estratégicas de un estado: la que tiene las armas y la que tiene la chequera.

Sinaloa no es un caso aislado ni una "manzana podrida"; es el resultado inevitable de un modelo político donde la complicidad y el silencio se disfrazan de disciplina partidista.

¿De verdad creen que el gobierno central no sabía a quiénes estaban metiendo en el gabinete, o simplemente el control de las urnas valía el costo de entregarle el estado al crimen? Los leo (y vengan los bajivotos).

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u/Acceptable_Common417 — 6 days ago