Reinterpreté la Larga noche de Game of Thrones.
La Larga Noche
A fan work
J. Wolf
PRÓLOGO
JAIME LANNISTER
Unas horas antes.
Jaime Lannister había defendido ciudades antes.
Nunca contra la muerte.
Winterfell olía a madera recién cortada y a miedo.
Desde la muralla norte veía caer el Bosque Fantasma árbol por árbol. Mil hombres talando sin descanso. El eco de las hachas sonaba como ejecución.
A un kilómetro completo de distancia ya no quedaba bosque. Solo nieve, tocones y tierra negra congelada.
Campo limpio.
Campo de tiro.
Gusano Gris observaba el trabajo desde abajo, quieto entre los Inmaculados. Dos mil hombres formando en silencio perfecto mientras los norteños gritaban órdenes, discutían y se emborrachaban entre turnos.
Jaime apoyó el muñón dorado sobre la piedra helada.
—Tus hombres parecen estatuas —dijo.
Gusano Gris ni volteó.
—Las estatuas no sienten miedo.
Jaime soltó una risa seca.
—Entonces envidio a tus estatuas.
Abajo, los últimos civiles abandonaban Winterfell.
Carretas cargadas hasta romperse. Niños dormidos bajo pieles mojadas. Ancianos mirando el castillo como si ya fuera una tumba.
El camino hacia The Eyrie desaparecía entre nieve gris.
Tyrion Lannister organizaba provisiones junto a Davos Seaworth mientras Varys escribía nombres de refugiados con dedos entumecidos.
Nadie decía la palabra evacuación.
Todos entendían lo que significaba.
Jaime vio pasar a una niña abrazando una muñeca de trapo sin cabeza.
No debía haber niños aquí cuando llegara la noche.
Jon Snow apareció entre humo y nieve.
Cansado. Ojeras negras. Más flaco que cuando llegó a Winterfell.
Parecía un hombre cavando su propia tumba con disciplina admirable.
—Los fosos casi están listos —dijo Jon.
Jaime miró el mapa extendido sobre una mesa improvisada.
Tres líneas enormes rodeando Winterfell.
—¿Y si no arden?
Jon tardó demasiado en responder.
—Entonces pelearemos dentro.
Simple.
Como si hablara del clima.
A lo lejos, los dragones de Daenerys Targaryen cruzaban el cielo.
Jaime recordó a otro hombre, años atrás.
“Quémalos a todos.”
Aerys II Targaryen quiso incendiar un reino.
Esto era distinto.
Este enemigo quería apagar el mundo.
El viento sopló más fuerte. Frío. Antinatural.
Abajo, los Inmaculados empezaban a cerrar filas en la muralla exterior. Primera línea: lanzas largas. Detrás, tres filas de arqueros norteños e Inmaculados acomodaban flechas de vidriagón junto a barriles de brea.
Más atrás, dentro de Winterfell, los trebuchets esperaban cargados.
Una sola oportunidad para romper la primera oleada.
Después los muertos estarían demasiado cerca.
Tormund Giantsbane apareció subiendo las escaleras con una botella congelada en la mano.
—El cuervo triste sigue haciendo hoyos en la nieve —gruñó mirando a Jon.
Jon ignoró el comentario.
—¿La Isla del Oso?
Tormund asintió.
—El Perro salió hace una hora. Mil doscientos norteños. Ochocientos Caballeros del Valle. Dos mil Dothraki listos para cubrir una retirada si es necesario.
Jaime levantó la vista.
—¿Y el resto de los jinetes?
—En Dragonstone —dijo Jon—. Daenerys no quiso dejar el sur indefenso.
Jon clavó los ojos en el norte vacío.
—Solo entrarán si cae Bran. O si ven la torre arder.
Silencio.
Porque todos entendían lo que eso significaba.
Jaime miró otra vez el bosque talado.
Un kilómetro completo de muerte limpia.
De repente entendió algo horrible.
Todo aquello no era una defensa.
Era tiempo comprado.
Días.
Horas.
Minutos.
Nada más.
Abajo, en el patio central, los Dothraki seguían montados incluso de noche. Caballos negros resoplando vapor blanco. Arakhs afiladas. Dos mil hombres y sus caballos mirando hacia el norte como si escucharan algo lejano.
Jorah Mormont permanecía junto a ellos, sin dormir.
Jaime bajó la mirada hacia su mano izquierda.
Temblaba.
No por el frío.
Por primera vez desde que mató al Rey Loco…
tenía miedo de no ser suficiente.
Entonces el viento cambió.
Todos lo sintieron.
— Que los leñadores vuelvan — ordenó Jaime.
Jon levantó la cabeza primero.
Gusano Gris dejó de respirar por un instante.
Los caballos Dothraki empezaron a relinchar.
Allá…
más allá del bosque muerto…
Una neblina negra empezó a oscurecerlo todo.
Capítulo 1
El primer asalto...