CÍVICA 1.0 - COSTA RICA
Buenas, gente.
A algunos tal vez les hierve la sangre ante la urgencia de ciertos movimientos políticos que parecen orientados a chantajear a otros poderes de la República. Pero pongámoslo en una analogía sencilla.
Imagínese una empresa grande. En ella trabajan, cada quien desde su rol, el jefe de Operaciones, Recursos Humanos y la Junta Directiva. Un día, el jefe de Operaciones dice que no le gusta lo que está pasando porque lo culpan de la baja producción.
Resulta que ese jefe tiene conocidos dentro de la Junta Directiva, aunque no controla a todos. Entonces empieza a negociar con algunos miembros de la Junta, no necesariamente para mejorar la empresa, sino para concentrar más poder. Les dice algo como: “Necesito que me den más margen para decidir quién se va de la empresa y para colocar en Recursos Humanos a personas afines a mis ideas, de manera que pueda sancionar a quien no me guste”.
Pero la cosa no termina ahí.
Ese jefe de Operaciones empieza a presionar a los miembros afines de la Junta. Les advierte que, si no hacen lo que él quiere, la producción bajará todavía más y eso terminará afectándoles la billetera. En otras palabras: o me dan el control, o hago que todo se complique más.
Y claro, eso ya no suena a liderazgo. Suena más bien a negociación con una pistola sobre la mesa, aunque algunos prefieran llamarlo “estrategia política” para que se vea más elegante.
Además, conviene aclarar que ese mismo jefe ya tiene varios trabajos y responsabilidades dentro de la empresa. Es decir, no estamos hablando de alguien a quien no se le ha dado oportunidad. Al contrario: se le han dado funciones, espacios y poder suficiente para demostrar resultados. Pero, lejos de resolver los problemas, los ha agravado. La producción sigue baja, el ambiente laboral está peor, la confianza se deterioró y, aun así, su gran solución es pedir más control, como si el problema fuera que todavía no lo han dejado mandar lo suficiente.
También tiene varias sanciones pendientes por diferentes motivos. Curiosamente, quiere que esas sanciones desaparezcan. Además, pretende que le permitan brincarse los protocolos de compra, que la gente trabaje como él diga, que se les quiten los celulares, que se revise qué llevan en los bolsos y loncheras, e incluso que se evite que hablen durante los almuerzos porque, quién sabe, tal vez se les ocurre organizarse o sindicalizarse. Ademas el Jefe es muy dado escuchar a sus amigos fuera de la empresa y de aplicar lo que escucho impulsivamente.
Todo eso, aunque implique pasar por encima de la ley. Porque, claro, si alguien se queja, entonces ese alguien “va para afuera”.
En ese entorno, usted es el operario que trabaja de ocho a cinco y gana algo para atender sus asuntos. Pero resulta que ha escuchado rumores de que el jefe, con el cual nunca ha hablado, piensa aumentar la jornada con el mismo sueldo porque la producción está mal. Además, pretende eliminar gente y hacer que quienes se queden trabajen más y ganen igual. Nota importante: el jefe no verá su horario afectado.
Bueno, ese escenario, que muchos trabajadores( sobre todo quienes ocupan puestos más operativos) reconocerían de inmediato como abusivo, peligroso y lleno de argollas dentro de una empresa, se parece bastante a lo que algunos quieren hacer con el país: lograr que todo el sistema gire al ritmo del jefe de Operaciones.
Esta analogía, pequeña y simple, seguramente incomodará a más de uno, por la razón que sea; pero al operario le incomoda más. Y es lógico: cuando una comparación sencilla deja al descubierto una conducta autoritaria, siempre aparece alguien diciendo que “no es lo mismo”. Pero precisamente ahí está el punto: si algo así sería inaceptable en una empresa, donde el cambio no llega porque no se proponen soluciones, sino que se recurre al chantaje para que ese jefe quede bien y la baja producción parezca aceptable, ¿por qué deberíamos normalizarlo a nivel país?
Un jefe así no llega con soluciones reales. Llega a adaptar toda la estructura a su conveniencia, disfrazando sus intereses personales de “cambios necesarios”. No piensa en el cliente, no piensa en la empresa y mucho menos en el bienestar general. Piensa en volverse indispensable, en acumular suficiente poder para que nadie se atreva a cuestionarlo o despedirlo.
¿Le suena? Además, se cuelga de sus conocidos para que usted bretee mientras otros se la tiran rico porque les dan pelota. A los demás, tranquilitos; pero a usted le quitan lo único que tiene: su estabilidad dentro del sistema, para que ellos sigan acomodados.
Y eso es aún más grave cuando recordamos que no llegó ayer. Ya tenía funciones, ya tenía responsabilidades, ya tenía margen de acción y ya tenía la obligación de dar resultados. Pero no resolvió los problemas: los empeoró. Y ahora pretende vender como solución el mismo estilo de gestión que produjo el deterioro. Una genialidad, claro, si uno confunde liderazgo con “berrinche” administrativo. No se lo tome personal.
Mientras tanto, la empresa queda dividida. Por un lado, están quienes ya vieron que el famoso cambio nunca llegó y que, además, el trato hacia los demás fue pésimo. Por otro lado, están quienes todavía se creyeron el cuento completo y defienden el desastre como si fuera una estrategia brillante.
Aquí la reflexión es simple: si este tipo de conducta resulta destructiva en una empresa, ¿vamos a permitir que se aplique al funcionamiento de un país? ¿Desde cuándo el chantaje sustituye al consenso? ¿Desde cuándo presionar a otros poderes se volvió sinónimo de liderazgo? ¿Desde cuándo negociar significa exigir obediencia a cambio de no incendiar la oficina?
En un ambiente laboral serio, un jefe de Operaciones así no duraría mucho. No por víctima, no por incomprendido, no por perseguido, sino por incompetente y peligroso para la organización.
Con esta analogía les comparto un video que explica, desde la cívica básica, lo que está pasando. Porque hay una ola de desinformación que no busca informar, sino polarizar; no busca fortalecer el criterio, sino reemplazarlo por opinión prefabricada.
Les dejo por acá la explicación de Feoli. Probablemente diría algo muy similar, pero como no tengo otras redes, lo comparto por este medio: https://www.facebook.com/watch/?v=2415069702331307
Y entonces para que tanta vara, para no olvidar...
Fue lo que medio para escribir en el almuerzo, pal brete otra vez.