¿La migración caribeña nos ayudó a los chilenos a por fin reconocer (y valorar) nuestra propia identidad?
Durante mucho tiempo escuché que los chilenos no teníamos una personalidad propia. Mientras los argentinos eran "cancheros", los colombianos "sabrosones" y los mexicanos eran simplemente "mexicanos" (con todo el folclor y la maravillosa fuerza cultural que eso implica), nosotros no teníamos ningún adjetivo que nos representara. Como que faltaba algo.
Cuando nos decían que éramos los "ingleses de Sudamérica", lo tomábamos casi siempre como una talla o un comentario sarcástico, casi despectivo por ser negros, chicos y patas cortas. Como diciendo: "ni siquiera son latinos de verdad, son fríos y aburridos". Nunca lo vimos como una posible característica identitaria, sino como una falta de personalidad.
Pero con la migración caribeña masiva de los últimos años, algo cambió. Por primera vez tuvimos un contacto sostenido, cotidiano y masivo con formas de ser radicalmente distintas a la nuestra: otro ritmo, otra forma de relacionarse, otra manera de vivir el día a día. Y creo que ese contraste tan directo nos obligó, de alguna forma, a mirarnos al espejo.
Ahí es donde me surge la duda: ¿ese roce constante con el Caribe nos ayudó como sociedad a reconocer rasgos que sí son propios de la cultura chilena, aunque antes no supiéramos nombrarlos? Pienso en cosas POSITIVAS la honestidad, el apego a las normas, cierta seriedad o formalidad en el trato, la puntualidad, el respeto por las filas y el orden y NEGATIVAS el ser workaholics, la tendencia a la depresión o el pesimismo, la desconfianza, cierta rigidez emocional, el famoso "roto chileno" cuando se trata de aprovecharse de las oportunidades.
Y más allá de simplemente "identificar" estas características, la pregunta más de fondo es: ¿este contacto con el Caribe nos ayudó a aprender a querernos y valorarnos más como sociedad? Porque una cosa es reconocer que tenemos ciertos rasgos, y otra distinta es dejar de compararnos negativamente con el resto de Latinoamérica y empezar a asumir esos rasgos con más orgullo (o al menos con más aceptación).
¿Qué opinan? ¿Sienten lo mismo o creen que seguimos sin tener claro quiénes somos como sociedad?