El coronel Smith quiere darme su dinero.
No sé por qué soy pobre. Cada mañana me llegan al menos cinco correos electrónicos de personas que no conozco y que de forma desinteresada quieren darme su dinero, ya sea por una donación, un premio o una gran herencia. El coronel Smith quiere darme su dinero. La señora Thomson quiere darme su dinero. William, el diplomático, quiere darme su dinero y James, el marino mercante jubilado, quiere darme todo su dinero. Todos tienen prisa en dármelo y todos escriben el español igual de mal. ¿Y qué hago yo? Ni les respondo. No se puede ser más desagradecido y mala persona. Luego nos quejamos de que el uno por ciento de la población acumula todas las riquezas, pero cuando intentan repartirlas, no las queremos.
Una vez puse en venta una furgoneta antigua y bastante reventada. El primero que me mandó un mensaje fue un tipo nigeriano. El caballero, destrozando el español, me indicó que quería la furgoneta y que la quería con tantas ganas que me mandó un cheque con el doble de lo que yo pedía. No recuerdo el importe exacto. Solo me pedía a cambio que le ingresara unos trescientos euros en una cuenta antes de cobrar el cheque, porque necesitaba pagar unas tasas para que yo pudiera hacer efectivo ese cheque un par de semanas después. ¿Por qué iba a mentirme este señor, que yo no conocía de nada? No hay una razón. Hay que ser optimista, hay gente maravillosa en este mundo; hay que darles una oportunidad de demostrarlo. Le ingresé el dinero y a los pocos días cobré el cheque sin problema. Le envié la furgoneta en un barco y listo, gané dinero y aún sigo en contacto con él. De vez en cuando me manda fotos suyas con la furgoneta, a la que le ha forrado el interior con piel de leopardos. Le ha quedado preciosa. Llegados a este punto, hay que ser medio gilipollas para creerse esto último. Era una broma muy evidente; el resultado fue que le ingresé una mierda y cobré una mierda de cheque. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Hace mucho tiempo envié una copia de mi DNI para un empleo y me respondieron con dos microcréditos a mi nombre. No me enteré de nada hasta que me llamaron de las respectivas empresas para saber por qué no había pagado mis primeras cuotas. Fue maravilloso ver cómo me gritaban pensando que simplemente yo no quería pagarles por su crédito. En fin, que el mundo está lleno de gente maravillosa, pero muchos solo quieren tu dinero.
¿¿Alguna vez os han estafado??