No siempre seguiré tu consejo pero siempre escucharé tus palabras
Hay veces que no sabes si algo es incorrecto hasta que es demasiado tarde. Hay veces que te equivocas y tienes que pagar las consecuencias. Y por más que te arrepientas de tus errores, hay cosas de las que no hay vuelta ates.
La verdadera pregunta es, ¿cuál es el límite? ¿Quien es el que decide que es bueno y que es malo? ¿Quien premia las buenas acciones y castiga las malas?
Hay prácticas que hoy son consideradas malas que hace años eran hábitos diarios; y viceversa. Vivimos en una sociedad tan incoherente que la línea entre el bien y el mal es prácticamente invisible.
Hay crímenes que no son castigados, gente inocente en prisiones, o peor aún, muerta. ¿Quien es el juez que decide quien va al cielo y quien al infierno?
Como seres similares criados en contextos diferentes, lo único que podemos hacer es preguntarnos si entendemos las consecuencias de nuestros actos, buscar la empatía aunque a veces no queramos sentirla, cambiar la lástima por acción, hacer un lugar mejor para aquellos que te rodean. Salir de tu burbuja de individualismo y entender que ayudar no cuesta nada, y quien brinda ayuda siempre la recibirá de regreso.
Puedes equivocarte, puedes confundirte, puedes pensar en recorrer un mal camino, incluso puedes recorrerlo y aún así habrá lugar para mejorar. Mejorarte a ti y mejorar el lugar en el vives. Suelta esos pensamientos negativos y aférrate a aquello que te da felicidad.