

Compartan su tier list de presidentes de Venezuela
Pasen su tier list de presidentes de Venezuela, de mejor a peor, les muestro un ejemplo, por aquí les dejaré la página para que puedan hacerlo según los niveles 🇻🇪: https://tiermaker.com/create/presidentes-de-venezuela-820537
El verdadero plan de Inglaterra
No es ésta solamente una cuestión de fronteras entre Inglaterra y Venezuela. Es mucho más: es una gran cuestión: la más grande que hoy existe en el mundo. Ella involucra el porvenir de la América del Sur. Por eso la Gran Bretaña pugna porque se resuelva conforme á su inveterada é inconmensurable ambición.
Si el terreno que media entre el Esequibo y el Orinoco llegara á ser inglés, la Inglaterra se haría por ello condueño del Orinoco y su hoya, condueño del Amazonas y su hoya y condueño del Plata y su hoya. O de otro modo, sería condueño de toda la América del Sur, conforme al derecho público, por estar aquellas hoyas unidas entre sí por corrientes fluviales sucesivas.
Si por el contrario, se somete á un árbitro la disputa, como lo exige el Gobierno Norteamericano, el Orinoco y su hoya quedarán Venezolanos, el Amazonas y su hoya quedarán Brasileros y el Plata y su hoya quedarán Argentinos. Es decir, toda la América del Sur, será entonces de los Sudamericanos.
Fragmento del escrito de Guzmán Blanco "Límites Guayaneses entre los Estados Unidos de Venezuela y la Gran Bretaña. París, 1896.
Guzmán Blanco caminando por París en 1889
En esta fotografía del panorama "Tout-Paris" pintado por el artista Charles Castellani y presentado en la Exposición Universal de París de 1889, se observa a la izquierda al Ilustre Americano, el presidente Antonio Guzmán Blanco acompañado por una dama, durante ese tiempo de estancia en París concentraba sus esfuerzos en resolver el conflicto limítrofe de Venezuela con Inglaterra, para lograr que los británicos se retiraran al oeste del río Esequibo.
La Cobija
«La cobija o poncho es también un artículo indispensable en estos largos viajes; y ningún viajero debería omitir proveerse de uno, especialmente durante la temporada de lluvias. Mide seis pies cuadrados, con un agujero en el centro para ingresar la cabeza, y su función es doble, a saber, proteger al jinete y su voluminoso equipo de los fuertes aguaceros y el rocío de los trópicos, y extenderse debajo de él cuando no hay conveniencia para colgar la hamaca. También sirve como protección contra los abrasadores rayos del sol, ya que la experiencia ha enseñado a quien lo usa que una gruesa cubierta de lana mantiene el cuerpo húmedo y fresco durante el día, y caliente durante la noche. El poncho que se usa en Venezuela es doble, cosiendo dos mantas diferentes, la exterior de color azul oscuro y la interior de color rojo brillante, colores que, como es bien sabido, se ven afectados de manera diferente por la luz y el calor. Al exponer alternativamente los lados del poncho a la luz, según el estado del clima, permite obtener las modificaciones de temperatura más agradables para el cuerpo. Así, cuando el día está húmedo y nublado, el lado oscuro del poncho, que absorbe más calor, se orienta hacia la luz, mientras que ocurre lo contrario cuando la superficie roja se expone al sol. Siguiendo el mismo principio, la manta, o poncho de lino blanco, se usa cuando el sol es muy intenso, ya que en este caso el color repele los rayos de luz con mayor facilidad que la superficie roja de los materiales de lana. La manta es un lujo muy caro debido a los bordados que suelen decorarla, y que podrían rivalizar en elegancia con la falda más fina de una dama neoyorquina o parisina. Cuando la lleva un galante caballero en un día soleado, presenta a la distancia una apariencia muy pintoresca, no muy diferente del grácil albornoz de los árabes».
Fragmento del libro de Ramón Páez "Life in the Llanos of Venezuela" de 1862
Proyecto de escultura sobre Simón Bolívar del español Victorio Machado
Iniciado en 1945 sería una obra gigante de al menos 50 metros que estaría ubicada en el Calvario. La muerte del artista en 1966 dejó inconclusa la obra, la cabeza sería siendo la obra de "El Genio" en el Centro Simón Bolívar
"Entre las diversas maneras de matar la libertad, no hay ninguna más homicida para la República, que la impunidad del crimen o la proscripción de la virtud"
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—Francisco de Miranda en su carta dirigida a los franceses "Protesta contra el crímen y la arbitrariedad, por el honor y la reputación sin mancha". 4 de enero de 1795
Portada del diario londinense Daily Grafic del 21 de septiembre de 1892 sobre la Revolución Legalista
El primer grabado es de una barricada legalista en Valencia en la Calle Independencia cc Urdaneta, la segunda imagen tiene como leyenda: "El General Mora, el líder de los Legalistas y algunos de sus adherentes en Las Trincheras”.
"Toma de las Flecheras en el paso del río Apure, por el general Páez y el coronel Aramendi con 50 hombres de caballería"
Es la primera litografía en Venezuela que representa una batalla de la Guerra de Independencia, por Carmelo Fernández, publicada por el Promotor en abril de 1843.
Leyenda de Mochimá y Maripaimá
1.Hace mucho tiempo había una águila, llamada Mochimá, que cogía a los indios, los llevaba al cerro Uekpuimá y allá los comía. Era un ave grandísima, mayor que el kasanak: sus alas eran como las hojas de los plátanos.
2.Cuentan los indios que antiguamente la piedra Teramén era totalmente horizontal y ésta apoyada sobre otras piedras como el budare sobre las piedras del fogón. Debajo vivía una familia de indios.
3.En cierta ocasión uno de los niños comenzó a llorar y para acallarlo la madre le decía: "iCuidado viene Mochimá y te lleva!". En vista de que el niño continuaba berreando, para más intimidarlo, salió fuera y dijo en bromas: "¡Mochimá, ven a coger este muchacho!".
4.Apenas había dicho esto, sintieron un viento grandísimo como un huracán; era el batir de las alas de Mochimá. Luego se posó sobre la piedra, debajo de la cual ellos estaban cobijados; la agarró por una de sus puntas, la levantó, y por la parte contraria la metió en tierra.
5.Entonces arrebató al muchacho; y desde entonces la piedra de Teramén está inclinada y enterrada por un lado. Y desde entonces también Mochimá se acostumbró o cebó a comer indios.
6.Primero, uno; y después, otro y otro, Mochimá fue cogiendo indios del alrededor de las casas cuando salían ya anochecido a sus necesidades.
7.Entonces un indio pensó; afiló bien un hacha y se puso en cuclillas a esperar a Mochimá en el alrededor de la casa.
8.Esta vez, no de noche, sino todavía de día apareció Mochimá. Estando muy alta, batió repetidas veces sus alas preparando su armadilla; después se lanzó como una flecha sobre el indio, lo agarró y lo arrebató por el aire.
9.Llevó el indio al cerro Uekpuimá y después al Akopán. Pero mientras Mochimá se puso a peinarse, le dio unos hachazos en las alas hacia los hombros.
10.De allí Mochimá se fue volando a otro cerro; pero allá empezaron a pudrírsele las alas. Mochimá ya no pudo volar y allá se murió.
11.Pero los cañones de sus plumas brotaron en el cerro donde murió Mochimá y allí nacieron las plantas, con que los indios hacemos las cerbatanas.
12.Por aquel indio, ya no existe Mochimá; de lo contrario, también ahora cogería indios y se los llevaría y comería.
13.Antiguamente también existió un murciélago, cuyas alas eran tan grandes como las hojas de los plátanos. Era Maripaimá.
14.Este murciélago también comía a los indios. Cada día, al anochecer, se cogía algún indio, que salía de la casa, y se lo llevaba.
15.A punto de terminar con ellos, una vieja lloró diciendo: "Ya que ese bicho se comió a mis nietos, sacadme fuera para que me coma también a mí".
16.Entonces sacaron a la vieja fuera de la casa para que el Maripaimá se la llevara. Pero antes le amarraron un tizón al brazo para saber a dónde se la llevaba.
17.Y he aquí que la vieja estaba sola en el alrededor de la casa al anochecer. Y vino, según su costumbre, el murciélago, la arrebató y la llevó volando.
18.Como saltaban chispas del tizón al llevar a la vieja volando, los indios se fueron siguiéndole el rumbo, cada uno con su cerbatana, a flechar el murciélago.
19.Cuando amaneció encontraron a Maripaimá, que se columpiaba debajo de una enorme piedra saliente; se agarraba con las patas y tenía la cabeza hacia el suelo.
20.Soplando con toda la fuerza, le lanzaron una flecha, pero el murciélago se la cogió. Lanzaron otras muchas, pero el murciélago se las cogió todas.
21.En esto los encontró una avispa, llamada tapiyuká, y les preguntó: "¿Qué estáis haciendo?". Nada, le respondieron los indios ; estamos tratando de flechar a este murciélago, que devoró a nuestros compañeros'".
22.La tapiyuká les dijo: "Esperen; yo lo voy a flechar". Lanzó sus flechas, pero en vano; no lo pudo flechar.
23.Detrás vinieron las avispas, lamadas kankepán, parak, ariká y otras muchas; trataron de flechar al murciélago ; pero inútilmente porque sus flechas y su veneno no fueron suficientemente fuertes.
24.Pero vino después la avispa, llamada kamaiwá y les dijo: "¿Qué estáis haciendo ?". Y ellos le dijeron: Nada, estamos tratando de flechar a este murciélago, que se comió a nuestros compañeros'".
25.La kamaiwá les dijo: "¡Qué miseria; es es nada para mí! Esperen, que yo lo voy a flechar".
26.Entonces cogió una de las cerbatanas de ellos, sopló con toda su fuerza para lanzar la flechita, pero la cerbatana se le rajó entre las manos. Del mismo modo se le rajaron todas las otras que probó.
27.Entonces dijo la kamaiwá: "¡Qué miseria; vuestras cerbatanas no sirven, la mía sí; esperen que voy a buscarla; y vuestro curare tampoco es dañino, el mío sí es fuerte y nocivo de verdad".
28.Entonces la kamaiwá, provista ya de su buena cerbatana, comenzó a flechar al murciélago. Sopló con toda su fuerza y lanzó su flecha mucho más allá del murciélago y, al descender, se le clavó por la espalda. De la misma manera lanzó su segunda flechita; y de la misma manera se le clavó al murciélago por la espalda.
29.Dos veces solamente lo flechó la kamaiwá; pero el murciélago se envenenó luego y enseñó los dientes. El murciélago defecó en gran abundancia de ahí proceden los murciélagos pequeños; y poco después se desplomó y cayó muerto.
— Fragmento del libro "Tauron Panton. Cuentos Y Leyendas De Los Indios Pemón" por Cesáreo de Armellada. 1964
La conversación de Negro Primero y Bolívar
Entre todos, con más cariño recuerdo á Camejo, generalmente conocido entonces con el sobrenombre de «El Negro Primero», esclavo un tiempo, que tuvo mucha parte en algunos de los hechos que he referido en el transcurso de esta narración.
Cuando yo bajé á Achaguas después de la acción del Yagual, se me presentó este negro, que mis soldados de Apure me aconsejaron incorporase al ejército, pues les
constaba á ellos que era hombre de gran valor, y sobre todo muy buena lanza. Su robusta constitución me lo recomendaba mucho, y á poco de hablar con él, advertí que poseía la candidez del hombre en su estado primitivo y uno de esos caracteres simpáticos que se atraen bien pronto el afecto de los que los tratan. Llamábase Pedro Camejo y había sido esclavo del propietario vecino de Apure don Vicente Alfonso, quien le había puesto al servicio del rey, porque el carácter del negro, sobrado celoso de su dignidad, le inspiraba algunos temoros.
Después de la acción de Araure quedó tan disgustado del servicio militar, que se fué al Apure, y allí permaneció oculto algún tiempo, hasta que vino á presentárseme,
como he dicho, después de la función de Yagual.
Admitile en mis filas, y siempre á mi lado fué para mí preciosa adquisición. Tales pruebas de valor dió en todos los reñidos encuentros que tuvimos con el enemigo, que
sus mismos compañeros le dieron el título de el Negro Primero. Éstos se divertian mucho con él, y sus chistes
naturales y observaciones sobre todos los hechos que veía ó había presenciado, mantenían la alegría de sus compañeros, que siempre le buscaban para darle materia de conversación.
Sabiendo que Bolívar debía venir á reunirse conmigo en el Apure, recomendó á todos muy vivamente que no fueran á decirle al Libertador que él había servido en el ejército realista. Semejante recomendación bastó para que á su llegada le hablaran á Bolívar del negro, con gran entusiasmo, refiriéndole el empeño que tenía en que no supiera que él había estado al servicio del rey.
Así, pues, cuando Bolívar le vió por primera vez se le acercó con muchó afecto, y después de congratularse con él por su valor, le dijo:
—Pero qué le movió á usted á servir en las filas de nuestros enemigos?
Miró el negro á los circunstantes como si quiera enrostrarles la indiscreción que habian cometido, y dijo después:
—Señor, la codicia.
—¿Cómo así?—preguntó Bolivar.
—Yo había notado—continuó el negro—que todo el mundo iba á la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía después vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también á buscar fortuna, y más que nada, á conseguir tres aperos de plata, uno para el negro Mindola, otro para Juan Rafael y otro para mí. La primera batalla que tuvimos con los patriotas fué la de Araure: ellos tenían más de 1.000 hombres, como yo se lo decía á mi compadre José Félix: nosotros teníamos mucha más gente y yo gritaba que me diesen cualquier arma con que pelear, porque yo estaba seguro de que nosotros íbamos á vencer. Cuando creí que se había acabado la pelea, me apeé de mi caballo y fuí á quitarle una casaca muy bonita á un blanco que estaba tendido y muerto en el suelo. En ese momento vino el comandante gritando: «á caballo.» ¿Cómo es eso?—dije yo,—¿pues no se acabó esta guerra?—Acabarse, nada de eso; venia tanta gente que parecía una zamurada.
—¿Qué decía usted entonces?—dijo Bolívar.
—Deseaba que fuéramos á tomar paces. No hubo más remedio que huir, y yo eché á correr en mi mula; pero el maldito animal se me cansó y tuve que coger monte á pie. El día siguiente, yo y José Félix fuimos á un hato á ver si nos daban que comer; pero su dueño, cuando supo que yo era de las tropas de Naña (Yáñez) me miró con tan malos ojos, que me pareció mejor huir é irme al Apure.
—Dicen—le interrumpió Bolívar,—que alli mataba usted las vacas que no le pertenecían.
—Por supuesto, y si no ¿qué comía? En fin, vino el mayordomo (así me llamaba á mí) al Apure, y nos enseñó lo que era la patria y que la diablocracia no era ninguna
cosa mala, y desde entonces yo estoy sirviendo á los patriotas.
Conversaciones por este estilo, sostenidas en un lenguaje sui géneris, divertían mucho á Bolívar, y en nuestras marchas, el Negro Primero nos servía de gran distracción y entretenimiento.
Memorias del General José Antonio Páez, Capítulo VIII
"Exmo. Señor José Tadeo Monagas Presidente de la República de Venezuela y Gral de sus ejercitos"
Litografía dibujada por Florentino Martínez e impresa en Litografía de Castello en Madrid, para la misión diplomática del plenipotenciario de Venezuela en Europa, José Cornelio Hurtado de Mendoza. Circa 1850