Nunca Te Burles del Raro de la Clase

Muchos se burlaban de ese compañero raro. Tenía una conducta extraña y, ciertamente, no encajaba bien en la escuela. Era muy callado y siempre iba muy cubierto: usaba cubrebocas y lentes grandes, además de una sudadera enorme y un gorro tejido. Si bien nadie era muy cercano a él, había un grupo de cinco alumnos que lo trataban muy mal. Siempre le hacían la vida pesada. Le arruinaban sus trabajos en días de entrega, le rompían sus materiales y cosas así.

Al llegar el fin del ciclo escolar, estábamos todos en la ceremonia de graduación e íbamos pasando uno por uno a recibir el diploma cuando mencionaban nuestros nombres. En el transcurso, nos extrañamos al ver que seis alumnos no habían asistido, y esos seis eran el chico del que se burlaban y los cinco que lo trataban muy mal.

Al día siguiente de la graduación, las madres de los chicos fueron visitando casa por casa de los compañeros para preguntar por el paradero de sus hijos. Aparentemente, no habían llegado a la ceremonia y no se les había visto desde entonces. Los días siguientes no se dejó de hablar de los chicos desaparecidos. Ahí nos enteramos de que el jovencito del que tanto se burlaban había estado usando unos papeles falsos, y no sabían nada de él. Al parecer, ese chico había estado en varias escuelas antes y siempre, al final del curso, desaparecía junto a los alumnos que lo molestaban.

Al cabo de una semana, los encontraron con vida, atados a un árbol en las afueras de la ciudad. Según los rumores, los chicos estaban traumatizados, no podían articular palabras y todo el tiempo se la pasaban llorando y gritando. Así, cinco jóvenes completamente sanos se habían convertido en unos enfermos mentales que pasaron el resto de sus días internados en centros psiquiátricos.

Algunos años más tarde, fui a recoger a mi primo a la preparatoria y observé a ese mismo muchacho. Tenía la misma vestimenta de hace años: el mismo cubrebocas y los mismos lentes. Le pregunté a mi primo por él y me dijo que al chico lo molestaban mucho. Le dije que fuera amable con él y que no lo molestara, que en su graduación le explicaría.

Al llegar la graduación, mi sospecha se hizo realidad. De nueva cuenta, ese muchacho desapareció junto con los alumnos que lo molestaban. Pasó una semana y encontraron a los alumnos de la misma manera que a mis compañeros de hace años. Días después, mi primo se acercó para contarme que, después de lo que le había dicho, había estado observando a ese alumno de cerca. El último día de clases, el chico había olvidado un pequeño cuaderno, el cual mi primo pretendía devolverle.

Me lo mostró: era un cuaderno muy viejo y descuidado, hecho a mano. Al abrirlo, nos sorprendimos al ver que solo había nombres y fechas. De inmediato, busqué la fecha de mi graduación y sentí escalofríos al leer los nombres de mis excompañeros ahí escritos. Después, fuimos hasta el final del cuaderno, y los últimos nombres escritos eran los de los compañeros de mi primo.

No dijimos nada. Solo quemamos el cuaderno y nunca más hablamos de eso.

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u/EscritorVictorDP — 1 day ago

Preferí la Deportación Antes que Tomar ese Café

Habíamos ido a realizar un trabajo de jardinería a la casa de unos gringos y, al mediodía, nos faltaba muy poco para terminar. Fue entonces que uno de los compañeros se ofreció a ir a comprar unas hamburguesas. Todos le dimos dinero y nuestros pedidos, y el muchacho se fue corriendo. A los pocos minutos nos mandó un mensaje para decirnos que había visto algunas camionetas de migración muy cerca.

De inmediato todos salimos corriendo del lugar en diferentes direcciones. Yo, junto a otros dos, nos fuimos caminando por una avenida pequeña y pudimos ver a lo lejos las camionetas acercándose. No quisimos correr para no atraer su atención, pero fue inútil, porque pronto comenzaron a acercarse hacia nosotros. Estábamos seguros de que nos agarrarían, pero de pronto la puerta de una casa se abrió y una anciana nos hizo señas para que entráramos.

Estando dentro sentí un poco de alivio. La anciana fue hacia su cocina y regresó con unas tazas de café caliente. Mis dos compañeros se lo tomaron de inmediato, pero a mí no me gusta tanto el café y la cafeína me afecta mucho, así que decidí no tomarlo.

Ahí me di cuenta de que algo framing andaba mal. La anciana empezó a insistirme que me tomara el café, y mis compañeros me dijeron que no fuera grosero y que lo aceptara, pero yo me negué. Le agradecí el buen gesto que tuvo con nosotros y le comenté lo que me pasaba con la cafeína, pero ella se molestó. Los minutos pasaban y mi taza seguía intacta, mientras que mis compañeros ya iban por su tercera taza.

La señora se acercó a mí y sacó el teléfono para mostrarme que estaba marcando al 911. Sentí un miedo inmenso. Pero pronto vi que uno de mis compañeros cayó al suelo, inconsciente, y en ese momento supe que era mejor ser deportado que quedarme ahí para que esa mujer nos hiciera quién sabe qué cosa. Así que salí corriendo de esa casa sin mirar hacia atrás.

Corrí varias cuadras y me encontré de frente con migración, quienes me arrestaron de inmediato. Algunos días después, mientras esperaba que se completara un camión para que nos sacaran del país, llegaron esos compañeros que se habían quedado con esa señora. Se veían muy extraños porque venían completamente rapados y tenían pequeñas cicatrices por todo el cráneo.

Les pregunté qué había pasado y me dijeron que no recordaban nada, ni siquiera sus nombres. Se me hizo muy raro, ya que además de las cicatrices, les habían tatuado unos números pequeños en la muñeca. Uno de ellos tenía el 3009 y el otro el 3010. Era muy extraño. En ocasiones, los muchachos se quedaban horas mirando hacia el frente. Era como si algo los controlara y no los dejara moverse, porque incluso podíamos ver que algunas lágrimas salían de sus ojos, pero ellos no se movían. A pesar de eso, aseguraban no recordar ni sentir nada.

Pasaron pocos días y llegó una gran cantidad de indocumentados, y por fin se llenó el autobús. Nos fueron subiendo, y en la entrada había un hombre alto y fornido que nos ponía unas esposas para subirnos al camión. Frente a mí, pude ver que, cuando vio los tatuajes en las muñecas de ellos, notificó algo por el radio y a esos dos muchachos los separaron del grupo.

Nunca supe sus nombres ni de dónde eran, pero estoy seguro de que ellos, sin querer, formaron parte de algún retorcido experimento.

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u/EscritorVictorDP — 3 days ago

La Mujer que No Debes Mirar

Mi abuelo era un pescador muy talentoso; desde siempre había sacado a toda su familia adelante con la pesca y hoy, aunque ya tenía una edad avanzada, seguía saliendo al mar para hacer lo que más le gustaba. Él era muy reservado, de pocas palabras y siempre le gustaba hacer su trabajo en solitario; es por eso que nunca pedía ayuda. Pero ya tenía una edad avanzada y era evidente que no podía seguir saliendo él solo, es por eso que, después de hablar mucho con él, aceptó que lo acompañara.

Aún faltaban un par de horas para que el sol saliera cuando el abuelo se empezó a alistar para irse. Yo me quedé dormido, pero gracias a los ladridos de los perros logré despertarme y lo alcancé. En todo el trayecto no dijo ninguna palabra; se le notaba que estaba enojado, pues no le gustaba la idea de cambiar su rutina. Al final llegamos hasta su lancha. Él empezó a hacer todo y, aunque le pregunté qué hacer, él solo me ignoró y siguió con lo suyo. Al ver su actitud decidí no decirle nada, solo me subí a la lancha y ahí me quedé sentado. No era una lancha muy grande; a lo mucho cabrían 4 o 5 personas y dos hieleras para el pescado.

El abuelo empezó a remar y pronto nos adentramos en el mar. Aún estaba muy oscuro cuando el abuelo soltó los remos y se sentó a mi lado. Se me hizo extraño su actuar, pero me sujetó del brazo y con un tono serio me dijo que no me espantara, que no la viera a los ojos y que sola se iría. Se me hizo muy extraño lo que me dijo; le pregunté de qué hablaba, pero él solo se quedó callado mirando al piso.

En ese momento sentí que la lancha se movió, seguido por un salpicón de agua. Volteé hacia el frente y ahí miré sentada en nuestra lancha a una mujer con un vestido blanco. Me quedé inmóvil observándola; su piel se veía hinchada y blanca. Comencé a subir la mirada y, cuando estaba cerca de ver su rostro, el abuelo me sujetó de la nuca y movió mi cabeza para hacerme mirar hacia el suelo. En ese instante la mujer se levantó y con su fría mano tocó mi mejilla. El abuelo me agarró fuerte de la mano y después me dijo en un susurro que rezara, y así lo hice. Después de algunos minutos la mujer dejó de tocarme y saltó de regreso al agua.

A partir de ahí el abuelo tomó los remos y siguió su rutina como siempre lo había hecho, mientras yo permanecí ahí sentado intentando asimilar lo sucedido. Poco antes del mediodía, el abuelo ya tenía llenas las hieleras de pescado y emprendió el viaje de regreso. Estábamos por llegar a la orilla cuando soltó los remos, se sentó a mi lado y me dijo que muchos años atrás unos bandidos robaron y hundieron el barco de una mujer, y que desde entonces esa mujer sube a los barcos en busca de los que le hicieron daño, pero que es inofensiva siempre que no le mires el rostro. Le pregunté qué pasaba si le mirabas el rostro y él me dijo que había otros pescadores que lo habían hecho y nunca más volvían a ser los mismos, que quedaban traumados y nunca más querían tocar el agua.

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u/EscritorVictorDP — 6 days ago

Los Animales de mi Tía Aparecieron Sin Huesos y Nadie Sabe Qué Pasó

A finales de marzo, durante las vacaciones de Semana Santa, fuimos a visitar a una tía que vive en un lugar un tanto alejado. Mi tía había optado por una vida tranquila, rodeada de animales y naturaleza. Ese día llegamos algo tarde a su casa, nos invitó a comer algo y después nos fuimos a dormir.

Pasada la medianoche, escuché un estruendo en el cielo y salí a ver qué ocurría. Para mi sorpresa, se había desatado una fuerte tormenta y caía agua a chorros. Pronto, el resto de la familia se despertó y salió a ver cómo la intensa lluvia caía del cielo. Mi tía se preocupó por sus animales y quiso salir para taparlos, pero la detuvimos y le pedimos que esperara.

Fueron largas horas en las que la lluvia no paraba. Mi tía pasó de la desesperación a la calma y se quedó dormida en el sillón esperando que la lluvia terminara. Al verla ahí dormida, le pusimos una cobija para taparla y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, los gritos y el llanto de mi tía me despertaron. Corrí hacia afuera de la casa y la vi ahí, en el suelo, sosteniendo a sus animales sin vida. Pero, extrañamente, el suelo no estaba húmedo, los animales tampoco estaban mojados y, al verlos con detalle, nos dimos cuenta de que les habían sacado los huesos a cada uno de ellos. Eso me hizo sentir un miedo inmenso. Nadie supo explicar lo que había ocurrido y cada quien tenía una teoría distinta.

Mi tía, por su parte, no podía ni hablar. Se la pasaba llorando desconsoladamente y, a ratos, nos contaba alguna historia graciosa que había vivido con esos animales. Para ayudarla a sentirse mejor, le dije que le ayudaríamos a hacer las tumbas para darles santa sepultura a sus preciados animales, y así lo hicimos.

Durante horas escarbamos varios huecos en la tierra: algunos pequeños para gallinas y conejos, y otros más grandes para chivos y puercos. Por último, quedaba el caballo. Ese era el animal más grande que tenía y, por consecuencia, debía ser el agujero más grande.

Caminé alrededor de la casa para buscar el lugar indicado para hacer el agujero y, cuando lo encontré, fui por los demás para pedirles ayuda y arrastrar al caballo. El animal estaba muy pesado, así que lo agarramos de las patas y lo fuimos arrastrando lentamente.

De pronto, la panza del equino empezó a moverse. Lo soltamos de inmediato y nos alejamos un poco, pero nos quedamos atentos para ver qué ocurría. Por su nariz, boca y ojos empezó a escurrir un líquido blanquecino. Al ver que no había tanto peligro, me aventuré a agarrar un palo e intentar tocar ese líquido para ver qué era.

Pero, de pronto, el líquido blanco, que ya estaba formando un charco, se unificó completamente y empezó a moverse por la tierra. Todos gritamos y corrimos mientras ese líquido nos perseguía. Al estar dentro de la casa nos sentimos a salvo, pero el líquido empezó a entrar por debajo de la puerta.

Ahí supimos que no había nada más por hacer. Uno de mis familiares sacó un encendedor e incendió uno de los sillones. Mi tía se puso como loca, pero cuando vio el líquido blanco entrando, lo comprendió. Todos juntos salimos corriendo de la casa por la puerta trasera, nos subimos a los autos y nos alejamos de ese lugar, mientras veíamos la casa quemándose poco a poco.

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u/EscritorVictorDP — 7 days ago

La Muñeca de la Piel Cosida

Recuerdo bien ese recorrido, mis padres habían tenido la idea de llevarnos a un recorrido al bosque para hablarnos de su divorcio. Yo ya lo sabía, llevaba meses escuchándolos pelear y esta noticia no me sorprendió, pero a mi hermana sí le afectó mucho. Ella comenzó a llorar y cuando mi madre intentó abrazarla salió corriendo. Estuvimos un buen rato buscándola por todo el lugar hasta que al final apareció abrazando a una muñeca de trapo. Mis padres no quisieron preguntarle nada, solo la tomaron de la mano y nos fuimos. Más tarde intenté preguntarle algo acerca de la muñeca, pero mi hermana no hablaba, solo abrazaba la muñeca e ignoraba las preguntas. A la par de esto, se empezaron a escuchar pasos por toda la casa, en ocasiones se cerraban las puertas o se caían cosas de la nada. Varias veces intenté decirle a mi madre que esa muñeca tenía algo que ver, pero ella solo me ignoraba, estaba más preocupada por el divorcio. Fue así que una tarde me metí al cuarto de mi hermana para decirle que era hora de comer, ella no me dijo nada, solo empezó a caminar. Su actitud me hizo enojar, pensé en decirle algo, pero vi que la muñeca dejó caer un pedazo de papel. Lo levanté y leí algo que me dejó paralizado, era la letra de mi hermana pidiendo ayuda y diciendo que la muñeca era mala. No supe qué hacer, mi padre no se había aparecido desde hacía mucho tiempo y mi madre nunca quería hablar. Así que decidí resolverlo por mi cuenta.

Llegué al comedor y mi hermana estaba sentada comiendo mientras mi madre hacía una llamada. Hice un movimiento rápido, agarré a la muñeca con fuerza y la jalé, esto hizo que mi hermana expulsara un grito horrible, pero fue un grito de dolor. Mi madre se alteró mucho y más al ver que esa muñeca parecía estar cosida al brazo de mi hermana. Di un tirón más fuerte y los hilos que unían a la muñeca con mi hermana se rompieron. Me quedé con la muñeca en la mano mirando a mi hermana llorando y a mi madre con una expresión de miedo. Sin saber qué más hacer saqué la muñeca al patio, pensaba que enterrarla era lo mejor, pero mi madre llegó con un bulto de cemento y un bote. Juntos preparamos todo, metimos esa muñeca y la cubrimos de cemento, acordamos no volver a hablar de lo sucedido. En cuanto a mi hermana ella nos dijo que en ese bosque una mujer de cabello blanco le dio la muñeca y que a partir de ahí perdió el control de su cuerpo, que fue como si ella fuera la muñeca y solo durante la noche cuando dormía, es que pudo moverse y escribir la nota.

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u/EscritorVictorDP — 8 days ago

Jamás te Despidas sin dar un Abrazo

Ese día no me despedí de mi hermano, estaba más interesado en ver mi teléfono que en ponerle atención. Recuerdo bien que se despidió de mí y ni siquiera lo volteé a ver, solo le dije adiós con la mano. Por cuestiones de la vida habíamos tomado autobuses diferentes: él se había ido en el bus de adelante y yo no alcancé boleto, por lo que fui en el siguiente. Fue entonces que, estando ya en la carretera, había un tráfico terrible; los pasajeros empezaron a hablar y la noticia de un terrible accid3nt3 no tardó mucho en llegar. Había fotos y videos del autobús de adelante destrozado en un barranco. Sentí un vacío en el cuerpo, le mandé de inmediato un mensaje a mi hermano preguntándole si estaba bien, pero no respondió. Le llamé y no contestó.

Tardamos casi una hora en llegar hasta donde había ocurrido el accid3nt3 y, cuando estuvimos ahí, le pedí al chófer que me dejara bajar, pero el hombre no quería hacerlo, así que tuve que darle todo mi dinero para que aceptara. En cuanto bajé del autobús fui corriendo hacia el lugar; había pedazos de neumático por todos lados y ahí, al fondo del barranco, estaba el autobús. Como pude fui bajando, me caí y resbalé en varias ocasiones, pero al final logré llegar hasta ahí. Aún había personas con vida que gritaban en busca de ayuda. Caminé entre todos hasta que al final me encontré con mi hermano, quien estaba h3rid0; me acerqué a él y lo abracé con fuerza. Extrañamente él puso su mano en mi brazo y dijo mi nombre varias veces.

En ese momento desperté y lo miré. Era esa mañana, me le quedé viendo un buen rato; sentí que tenía la oportunidad de cambiar el futuro, así que me apresuré para salir antes. Al llegar alcanzamos los dos últimos boletos y, aunque tenía miedo, me subí a ese autobús. En medio del camino el chófer aceleró mucho; estábamos cerca de llegar a ese lugar del barranco y decidí levantarme de mi asiento y preguntarle al chófer si faltaba mucho para llegar. En eso vi que el conductor miraba su teléfono mientras lloraba; le pregunté si todo estaba bien y el tipo dejó de ver el teléfono y se concentró en el camino. Ahí me explicó que acababa de recibir una noticia muy triste, me quedé con él hablando todo el camino para intentar darle ánimos.

Cuando llegamos a la estación bajamos del bus; mi hermano se despidió de mí pues debía ir a su trabajo y esta vez le di la mano y un fuerte abrazo. Él se sorprendió, pero también me abrazó fuerte. Hoy día me gusta pensar que pude evitar ese accid3nt3 y que ese sueño fue para recordarme la importancia de ser agradecido con lo que tengo, pues la vida puede cambiar en cualquier minuto.

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u/EscritorVictorDP — 10 days ago

Nunca Debí Romper el Piso de mi Casa

La primera vez que los escuché fue en una madrugada cuando bajé a la cocina por un vaso de agua. Fue un sonido fuerte, como si golpearan con un mazo grande. Brinqué al escucharlo, pero estaba demasiado cansado para investigar, así que decidí dejarlo para el fin de semana. Con el pasar de los días fui escuchando ese sonido más seguido, siempre de noche y cada vez más intenso. Pero por una o por otra cosa lo dejaba para luego. Hasta ese momento no había tenido ningún problema, hasta que mi gato desapareció. Yo era un hombre solitario; esta casa había pertenecido a mi familia y para estas alturas yo era el último descendiente. Ese gato era mi único amigo, por lo que empecé a buscarlo como loco. Revisé en cada parte de la casa; mi gato no era de salir, era muy tranquilo y siempre se la pasaba durmiendo. Después de buscarlo por todos lados, volví a escuchar el sonido y esta vez pude identificar su procedencia. Sin duda venía de la sala, así que corrí hacia ahí y al llegar me quedé callado pensando qué hacer. Estando ahí escuché nuevamente el golpe y me sorprendí al darme cuenta de que el golpe venía de debajo de la casa. Como loco empecé a romper los azulejos para ver qué ocurría ahí debajo. Mientras golpeaba el suelo podía sentir una necesidad de saber qué había abajo, a tal grado de que incluso mi gato se asomó y no le di importancia. Era difícil de explicar, pero con cada golpe podía sentir que estaba cerca; aún no sabía de qué, pero algo dentro de mí me decía que estaba cerca. De pronto di un golpe fuerte y me encontré con una placa de acero. Con cuidado quité los escombros para descubrirla y ante mis ojos quedaron descubiertas las palabras: «No abrirle la puerta al diablo». El mensaje era claro, pero aún me costaba creer que algo así pudiera existir. En ese momento un miedo intenso me invadió, no quise saber más, pero de pronto escuché un fuerte golpe en esa tapa al grado de hacerla brincar. Me acerqué para ver si había manera de reforzarla, pero en ese instante otro golpe sonó seguido por la tapa volando. Esa cubierta de acero me golpeó en la cabeza con fuerza y a partir de ahí perdí el conocimiento. Pasaron varias horas hasta que el maullido de mi gato me despertó; aún sentía la cabeza entumida y estaba desorientado. Pero de inmediato percibí un aroma repulsivo y nauseabundo, el cual me trajo de vuelta a la realidad. Me acerqué a ese lugar en la sala y observé ese agujero en el cual había excremento, así como cabello, uñas y capas de piel muerta. Sentí mucho miedo, y más cuando observé unas pisadas de pezuñas grandes marcadas en la casa; las seguí hasta llegar a la entrada y ahí fuera estaba lloviendo con fuerza, por lo que no pude saber a dónde se había ido esa criatura. Nunca supe qué era eso que estaba encerrado y mucho menos cómo es que lo metieron ahí. Y aún vivo en esa casa, pues siento la responsabilidad de enfrentar a ese ser si es que algún día regresa y, sobre todo, es el único que puede contestar mis preguntas, pues para estas alturas me doy cuenta de que no sabía nada de mi familia.

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u/EscritorVictorDP — 12 days ago

Algo me Habló Desde la Niebla

En la casa de la abuela era muy común que en temporada de lluvias una densa niebla cubriera todo. A mí me encantaba ese clima, pero la abuela siempre se ponía muy tensa, pues ella decía que los entes m4l1gn0s usaban la niebla para esconderse de D10s. Ella siempre tuvo esta creencia y por lo mismo cada que había niebla, cerraba muy bien la casa y no dejaba que nadie saliera. Con el pasar de los años la abuela fue perdiendo movilidad hasta quedar en silla de ruedas y el cerrar las puertas por la niebla se volvió una tradición perdida. Fue entonces que en una tarde-noche estábamos solo la abuela y yo; yo estaba en el piso de abajo viendo televisión mientras la abuela estaba en el segundo piso. De pronto la abuela comenzó a gritar que cerráramos las ventanas y puertas. Al escuchar sus gritos volteé hacia la puerta y observé que una espesa niebla comenzaba a entrar. Era la primera vez que esto ocurría, la niebla nunca era tan espesa y mucho menos entraba a la casa, así que me dispuse a cerrar las puertas y ventanas. Mientras lo hacía escuchaba los gritos de la abuela pidiendo que cerráramos todo. No le di mucha importancia, pues siempre se ponía así con la niebla aunque sí era extraño que esta fuera tan espesa. Para cuando cerré la última ventana del piso de abajo, me encaminé hacia el piso de arriba y fue ahí que observé que esa niebla ya había cubierto todo el segundo piso. Aún podía escuchar los gritos de la abuela así que fui directo a su habitación. Casi no podía ver nada entre tanta niebla y choqué con algunos muebles a mi paso. Al estar cerca de llegar a su habitación, escuché un fuerte golpe afuera de la casa. Comencé a gritarle preguntándole dónde estaba y escuché su voz alejada hacia afuera de la casa. Me espanté al pensar que la abuela se había c4íd0 ya que su cuarto tenía un enorme balcón. Entré a su habitación y comencé a caminar despacio intentando encontrar la silla de ruedas con las manos. Para este momento la niebla ya era muy densa y no podía ver nada. En ese instante escuché la voz de la abuela afuera pidiendo ayuda y llorando. El corazón se me aceleró y sin saber qué hacer aceleré el paso para salir de la habitación de la abuela e ir hacia afuera de la casa, pero de pronto sentí que una mano me agarró del tobillo con fuerza. De inmediato me detuve, volteé hacia abajo y ahí vi a mi abuela agarrándome con fuerza, después miré hacia el frente y estaba justo en el borde del balcón. Si mi abuela no me hubiera agarrado, hubiera c4íd0. Me agaché para ayudarla a levantarse y ella me dijo que alguien había empujado su silla de ruedas hacia afuera y que ella alcanzó a brincar antes de que la silla c4y3r4. Como pude cerré la puerta del cuarto y la del balcón, después abracé a mi abuela y empezamos a rezar. Por si esto fuera poco, los gritos con la voz de mi abuela en busca de ayuda afuera de la casa no paraban, pero el sentir a mi abuela abrazándome con fuerza me hacían saber que ella estaba ahí conmigo. Pasadas algunas horas la niebla se disipó y más miembros de mi familia llegaron. Les conté a todos lo sucedido y aunque mi abuela confirmó mi historia nadie nos creyó. Y aunque les rogué que vendiéramos la casa y nos mudáramos, nadie estuvo de acuerdo conmigo. Sin embargo, desde ese día, siempre cierro las puertas y ventanas para evitar que la niebla entre y pongo música alta para no escuchar la voz de la abuela entre la niebla gritando que la deje entrar.

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u/EscritorVictorDP — 13 days ago

Qué Se Llevó al Arquitecto

Hace tiempo trabajé como ayudante general con un arquitecto en un terreno boscoso y lleno de naturaleza. Aunque nunca lo comprobé, se rumoreaba que estábamos construyendo una casa para un político. Y es que el lugar estaba en medio de la naturaleza y, aunque no sé mucho de costos, sí sé que el transportar el material hasta allá era un gasto millonario.

De cualquier forma, nadie hacía preguntas y solo hacíamos nuestro trabajo. Me tardé algunos días en hacerme buen amigo de los compañeros y, en cuanto me tuvieron algo de confianza, me dijeron que nunca saliera de la obra hacia el bosque. Aunque escuchara que alguien me hablara, que no lo hiciera.

Pensé que me estaban haciendo una broma, pero un día, mientras apaleaba material afuera, escuché que de lejos alguien gritaba mi nombre. Volteé para ver si lograba ver algo y, de nueva cuenta, escuché mi nombre. Casi por instinto solté la pala y comencé a caminar hacia el bosque. Fue ahí que un compañero aventó una roca cerca de mí y me dijo que no fuera.

A partir de ahí empecé a usar audífonos mientras trabajaba afuera, y esto también me hizo creer las historias que contaban. Y es que, según los compañeros, ya iban varios trabajadores que se metían al bosque y no volvían.

Por si fuera poco, aún faltaba hacer una barda para delimitar el terreno, pero decían que el arquitecto sabía que, sin importar a quién mandara a medir, nunca regresaba.

Estuve trabajando ahí hasta terminar la vivienda y, por último, tuvimos como encargo medir y construir una barda perimetral. Con miedo y acompañados siempre del arquitecto y el ingeniero, recorrimos el lugar. Sabíamos que el terreno era mucho más grande que la construcción y no había ningún vecino, por eso se decidió medir al final.

Hacer esa barda fue, sin duda, lo más difícil de todo: los susurros y gritos nunca paraban y, por si fuera poco, nos movían el material de sitio. Incluso, en una ocasión, nos dejaron un camino de tabicones que conducían hacia el bosque. Nadie quiso ir por ellos y, aunque el arquitecto nos regañó y amenazó con no pagarnos si no los recogíamos, nadie lo hizo.

Fueron tiempos muy complicados, pero al final se logró terminar la barda. Por último, limpiamos muy bien todo, pues era el día en que se le presentaría la casa al dueño. El arquitecto estaba nervioso y gritaba, ordenando que todo tenía que estar impecable.

Al terminar, nos ofrecimos a quedarnos con él para la presentación y, sobre todo, para que no se quedara solo en ese lugar. Pero el hombre se portó grosero, nos descontó el material perdido y nos dio nuestro último pago.

Incluso, uno de los trabajadores más viejos se acercó a él para ofrecerle su compañía, pero el arquitecto lo rechazó de una forma muy grosera.

Todos nos fuimos de ese lugar y dejamos solo al arquitecto. Fue así que, algunos años más tarde, trabajando en otra obra, me encontré con uno de los albañiles y me contó que aquel arquitecto desapareció; que, cuando el dueño fue a ver la casa, el arquitecto ya no estaba, pero que ahí dejó su carro y todas sus cosas.

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u/EscritorVictorDP — 14 days ago

Lo Que Dejaron las Cenizas del Avión

Mi vuelo tenía ya más de una hora de demora y, cuando por fin nos pidieron que nos formáramos para subir, la mayoría de las personas ya estaban de mal humor. Fue entonces que, estando arriba, me encontré con dos señoras sentadas en la fila de asientos donde yo iba. Ellas venían cubiertas con un manto y estaban viendo hacia el suelo como si estuvieran rezando, velo oscuro y tapadas con una manta que no debe. Mi boleto indicaba que me tocaba el lado de la ventana y una de estas señoras estaba ahí sentada. Decidí calmarme y no pelear; simplemente me senté en el asiento del pasillo y no dije nada.

El avión despegó y, cuando estuvimos en el aire, intenté dormir un poco. Cerré los ojos y comencé a tener un sueño muy raro: en mi sueño veía a unas hermanas, las cuales me llevaban caminando hacia la orilla de un barranco, pero había algo raro en ellas, ya que iban flotando. Fue entonces que dentro del sueño estábamos muy cerca de caer y, en ese momento, una de ellas me sujetó del brazo con fuerza y me jaló.

El dolor en mi brazo se hizo intenso; podía sentir cómo esa mano me apretaba con mucha fuerza al grado de encajarme sus uñas en la piel. En ese instante abrí los ojos. Quise moverme, pero no podía; solo podía ver la mano blanca y delgada de esa mujer presionando mi brazo. Recordé aquel consejo de mi abuela y comencé a rezar en mi mente y a pedirle a Dios que me ayudara.

Después de algunos minutos pude moverme, y en ese instante me zafé de la mano de la mujer y le grité. Esa mujer no me dijo nada, ni siquiera se movía. Como era de esperarse, las personas se acercaron y, al voltear, noté que todos me veían espantados. Una de las sobrecargos se acercó a mí y me pidió que la acompañara. Antes de levantarme del asiento intenté explicarle lo que me había hecho esa mujer, pero al voltear me quedé congelado al ver que no había nadie. En ese momento se me bajó la presión; la sobrecargo me pidió que la acompañara y, estando los dos solos, me ofreció un refresco.

Pensé que estaba loco, pero al mirar en mi brazo noté que tenía las marcas de las uñas marcadas en mi piel. Ahí fue que la sobrecargo me explicó que, hacía algunas semanas, habían transportado las cenizas de unas personas y que, por una turbulencia dentro del avión, las cenizas se cayeron y se regaron. Que, a partir de ese día, habían estado experimentando sucesos extraños; que ella les había recomendado llamar a un sacerdote, pero los dueños eran de otra religión y no creían en estas cosas.

Al final me cambiaron de asiento por uno más atrás y no dormí en todo el camino. Pensé que todo se había terminado, pero al bajar, justo cuando pasé por el asiento donde habían estado esas mujeres, sentí un rasguño en la mano. Por reflejo volteé y me quedé helado al mirar el rostro de esa mujer: un rostro blanco, con los ojos sumidos y apagados, pero con una enorme sonrisa. Me quedé ahí parado hasta que otro pasajero me gritó que me moviera. Desde ese día me compré un crucifijo y nunca vuelo si no lo traigo puesto.

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u/EscritorVictorDP — 15 days ago

El Pueblo de las Cruces de Tijeras

Iba por una carretera de Veracruz con rumbo hacia Tabasco. Hacía kilómetros que no veía ni un alma y tenía mucha hambre. Fue ahí que observé una salida en la carretera y, a lo lejos, se veían algunas casas. Supuse que quizás ahí venderían algo de comer, así que me dirigí hacia allá. Al llegar, noté que todo estaba cerrado, bajé del auto, toqué algunas puertas, pero nadie me abría. Saqué dinero de mi cartera y lo mostré en el aire, a la vez que preguntaba si alguien podría venderme comida, pero nadie salió. Al mirar con detenimiento las casas, descubrí que en cada puerta había una cruz hecha con unas tijeras. No sé por qué, pero eso me causó algo de miedo. Decidí volver al auto y marcharme del lugar. A mi paso podía ver a las personas observándome a través de las ventanas, dentro de sus casas. Sentía sus miradas y escuchaba que susurraban cosas mientras me veían caminando. Volví a mi auto, arranqué y me alejé de ese sitio. Después de avanzar varios kilómetros por la carretera, encontré al fin una gasolinera. Bajé para comprar algo de comer y ahí me di cuenta de que no traía mi cartera. Seguramente se me cayó en aquel extraño lugar. Pasaban de las dos de la mañana, pero aun con temor, regresé hasta ese sitio, recorrí el mismo camino y, ahí, en el suelo, estaba mi cartera. Las personas seguían encerradas en sus casas, observándome. No les di importancia, solo me subí al auto y continué con mi camino. En medio de la oscuridad, y siendo el único auto en la carretera, observé por el retrovisor varias bolas de fuego en el aire. Me tallé los ojos al pensar que era mi imaginación por la falta de sueño, pero ahí estaban. Esas cosas me venían siguiendo. Iba tan distraído observando el retrovisor que, cuando volví la vista al frente, frené de golpe al ver a una mujer parada sobre el cofre del automóvil. Sentí mucho miedo. Me miraba con sus ojos negros y penetrantes, a la vez que movía su cabeza y sonreía, mostrando unos dientes asquerosos. Sentí terror y, sin saber qué más hacer, empecé a rezar, a la vez que agarré el rosario que siempre llevo colgado en el retrovisor. En ese instante, la expresión de la mujer cambió. Ahora mostraba furia en su mirada, pero pronto se bajó del cofre y se puso al lado del auto. Pisé el acelerador a fondo mientras veía las bolas de fuego volando detrás de mí. En ocasiones, alguna chocaba contra mi auto como intentando hacerme salir del camino, pero no eran tan fuertes. Solo lograron estrellar los vidrios. No hay forma de describirlo, pero cada vez que una de esas cosas chocaba contra el auto, imágenes terribles aparecían en mi cabeza de hombres y mujeres siendo torturados en rituales. De pronto, el primer rayo del sol apareció y la calma volvió. Las bolas de fuego se desvanecieron y sentí una paz increíble. Llegué hasta la gasolinera y a la hora de pagar, saqué un billete de mi cartera y ahí descubrí algo extraño. Dentro de mi cartera había una figura muy extraña. Estaba hecha a mano, con ramas y diminutos huesos, amarrados con cabellos. Supongo que alguien de ese maldito pueblo la puso dentro para que esas cosas me siguieran. Aun así, no pienso cobrar venganza, ni acercarme ahí nunca más.

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u/EscritorVictorDP — 20 days ago

Rentamos una Casa Entre Amigos Pero Uno Ocultaba Algo

Cuando recién salí de la universidad, decidí junto a unos amigos irnos a otro estado en busca de mejores oportunidades laborales. Fue así que nos fuimos a vivir a Querétaro. En total, éramos cinco amigos que nunca habíamos vivido solos. Al principio fue un poco difícil adaptarnos: usar el baño, limpiar la casa, cocinar, entre otras cosas.

Además del ambiente algo tenso, siempre estábamos haciéndonos bromas que cada vez subían más de tono. Solo pusimos una regla: respetar las habitaciones. Nadie podía entrar al cuarto de otro.

Estuvimos así un tiempo, metiendo solicitudes en diferentes empresas, hasta que Ramón —quien siempre había tenido buenas calificaciones y era sin duda el más inteligente de los cinco— fue aceptado en una empresa.

Cuando él se fue a trabajar, uno de los amigos propuso hacerle una pequeña broma. Aprovechando que no estaba, quisimos entrar a su habitación para esperarlo ahí y hacer una pequeña fiesta en su cuarto como celebración. No era una mala idea y no teníamos intención de dañar nada, así que todos aceptamos.

Nos costó un poco abrir la puerta porque Ramón le había puesto seguro, pero nos las ingeniamos para entrar. Una vez dentro, nos sorprendió la gran cantidad de imágenes y figuras religiosas que tenía. Eran demasiadas. Ese fanatismo era un lado de él que no conocíamos.

La idea de la fiesta pasó a segundo plano. Alguien propuso una nueva broma: sacar todas las figuras religiosas y esconderlas. Así lo hicimos.

Después de algunas horas, cuando Ramón regresó y entró a su cuarto, empezó a gritar como loco. Al principio nos causó gracia y entramos para decirle que era una broma. Pero nos horrorizamos al verlo con los huesos dislocados, retorciéndose en el suelo. Intentamos hablarle, pero no respondía. Tenía los ojos en blanco y estaba babeando.

Sugerí llamar a una ambulancia, pero de pronto Ramón volteó a vernos, sonrió, y empezó a hablar en un idioma extraño. Marcos, quien era el más cercano a él, se acercó para ayudarlo… pero Ramón se abalanzó sobre él y le mordió una oreja.

Salí corriendo de la habitación y regresé con varias de sus figuras religiosas. En ese instante, Ramón lanzó un chillido horrible, soltó al amigo que había mordido y se arrinconó en la habitación. Ahí supimos cuál era la solución.

En segundos salimos todos y regresamos con todas sus figuras e imágenes. Pasados unos minutos, Ramón volvió a ser el mismo de siempre. Nosotros estábamos aterrados, pero él decía no recordar nada. Se disculpó por haber mordido a Marcos y se ofreció a llevarlo al hospital.

Más tarde, cuando él y Marcos, regresaron,  le pedimos perdón por haber entrado a su habitación y escondido sus cosas. Él aceptó las disculpas y luego se sinceró con nosotros y nos contó que, cuando era niño, presenció un exorcismo, y que desde entonces, una vez al día, tenía que estar rodeado de sus figuras religiosas y rezar al menos 25 oraciones, o si no algo lo poseía. Nos dijo que durante años estuvo yendo de una iglesia a otra en busca de que alguien le sacara a ese demonio, pero hasta el momento ningún sacerdote había podido. 

Dijo que normalmente hacía sus oraciones por las noches, pero que por dormirse temprano para irse a trabajar, no alcanzó a rezar el día anterior.

No lo juzgamos ni le preguntamos más. Solo que desde ese día respetamos su habitación… y siempre le recordamos que haga sus oraciones.

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u/EscritorVictorDP — 21 days ago

El Regalo que mi Abuela Jamás Me Dio

Llevaba algunos meses viviendo solo; había conseguido un cuarto muy pequeño, pero muy económico, y me había independizado. El lugar en sí estaba en un barrio peligroso y las instalaciones eran viejas, pero no me alcanzaba para algo mejor. No estaba tan mal, tomando en cuenta que solo lo usaba para dormir, pues pasaba la mayor parte del tiempo en el trabajo y la calle.

Todo iba muy bien hasta que, un domingo, vino mi abuela de visita. Se le veía rara e incómoda. La invité a pasar y a comer algo, pero no quiso. Solo sacó de su bolso un crucifijo tallado de madera y me pidió que lo colocara cerca de mi cama para que me protegiera. Por mi fortuna, tenía un clavo ya en el lugar y, sin problema, lo coloqué ahí.

A partir de ese momento, algo pasó en el cuarto. Ahora, en las noches, golpeaban la puerta con fuerza y, al asomarme, no había nadie. También, siempre que apagaba la luz, escuchaba susurros y respiraciones por todos lados. La comida se echaba a perder, aunque la guardara en el refri, y, por mucho veneno que echara, siempre había alacranes, arañas y cucarachas.

Eso me daba mucho miedo, por lo que empecé a ahorrar para rentar en otro lado.

Pasé algunas semanas más en ese lugar y las cosas se pusieron peor. Comencé a tener parálisis del sueño y extrañas marcas de dientes y rasguños aparecían en mi piel de la nada. Además, un aroma a descomposición emanaba de todos lados, y durante la noche escuchaba el chillido de un cerdo por todas partes.

Definitivamente, ya no quería ni podía estar ahí, así que junté todas mis cosas y volví a casa de mi madre.

Al llegar, le conté todo lo que había pasado. También le dije que había salido tan rápido que olvidé el crucifijo que me había llevado mi abuela, pero mi madre me dijo que eso era imposible porque la abuela se había ido fuera del estado casi a la par de que yo me había mudado.

Sentí un escalofrío terrible y, cuando tuve la oportunidad, le pregunté directamente a mi abuela. Ella me aseguró que jamás había ido a visitarme.

A veces paso por ese lugar cuando vengo de regreso del trabajo y puedo escuchar que varias voces gritan mi nombre, pero no volteo ni me detengo.

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u/EscritorVictorDP — 23 days ago

El teléfono tirado: Lo que escuché al contestar esa llamada

Caminaba de noche y con mucha tristeza, me había quedado hasta muy tarde en el trabajo pues mis cuentas no me habían salido y me descontaron el dinero faltante. La única luz que me alumbraba era la de la luna mientras avanzaba por ese camino desolado y, para empeorarlo todo, escuché a lo lejos el sonido de los motores de varias motocicletas. Era bien sabido que nada bueno pasaba cuando esos tipos estaban cerca. Aceleré el paso y, cuando me faltaban un par de cuadras para llegar a mi casa, escuché el sonido de un teléfono sonando. Miré hacia el suelo y observé que entre el pasto crecido había un teléfono con la pantalla medio estrellada. Lo levanté y contesté la llamada. Al escuchar la voz en ese teléfono me quedé helado, era la voz de mi difunto abuelo diciéndome que corriera. A pesar de escuchar lo que me decía, me quedé inmóvil. Tal vez era por todos los problemas que tenía, pero escuchar su voz me hizo empezar a llorar. En medio de mi llanto, el abuelo no paraba de decirme que me fuera, que corriera. No sabía si hacerle caso, pero pronto escuché el sonido de las motocicletas muy cerca y eso me hizo volver a mi realidad. Intenté correr, pero ya era muy tarde, las motos llegaron y como era costumbre tuve que darles mi teléfono y cartera. Pensé en guardar el teléfono en el que aún sonaba la voz de mi abuelo, pero no me dio tiempo y terminé entregándoles mi teléfono. Pensé que todo terminaría ahí, pero antes de darles el teléfono, la llamada de mi abuelo se cortó y el teléfono volvió a sonar. Al motociclista se le hizo gracioso contestar la llamada, pero al escuchar la voz en el teléfono, el semblante del hombre cambió y comenzó a orinarse en sus pantalones. Sus amigos se empezaron a reír al verlo y el hombre no reaccionaba, solo permanecía ahí parado escuchando. Sus amigos lo empezaron a empujar y, al hacerlo, el teléfono cayó al suelo y se rompió. Yo caminé lentamente hacia atrás mientras ellos intentaban hacer reaccionar a su compañero. Uno de ellos me gritó pensando que yo le había hecho algo al teléfono y en ese instante comencé a correr con todas mis fuerzas. Solo uno de ellos me siguió, pero después de brincar algunas bardas logré perderlo. Al final terminé llegando sin dinero y tarde a mi casa, pero alegre de por lo menos haber escuchado la voz de mi abuelo una vez más.

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u/EscritorVictorDP — 24 days ago

El insecto que se metió en el cuerpo del tío Memo

Hace varios años, mi familia se organizó para hacer una excursión a un bonito y alejado bosque. El recorrido fue hermoso; ese lugar es increíble. Todos disfrutamos mucho de esa experiencia, a excepción de mi tío Memo. Él no llevaba zapatos adecuados para el lugar y, al no fijarse, cayó al suelo y rodó algunos metros entre lodo y ramas.

Después de eso, se levantó muy enojado y permaneció callado en todo el camino de vuelta a casa.

Pasaron algunas semanas y mi tío Memo continuaba sin hablarnos. Esto preocupó a mi papá, ya que mi tío es un hombre de edad avanzada y no tiene familia. Por eso me pidió que lo acompañara para ver si estaba bien.

Al llegar a su casa, nos sorprendimos al ver que había cubierto todas sus ventanas. Por la confianza que existe en la familia, mi padre tiene llaves de la casa de mi tío, por lo que de inmediato abrió la puerta. En cuanto entramos, una peste nos llegó hasta la nariz.

Caminamos un poco por la casa en busca de mi tío y, a nuestro paso, notamos que había una gran cantidad de lodo en el suelo, junto a varias ramas y pasto. Esto, a la vez, provocaba que dentro de la casa se sintiera un calor insoportable.

Le sugerí a mi padre traer a las autoridades o ir en busca de una linterna, pero él estaba impaciente por saber qué había pasado con su hermano. Caminamos despacio en medio de la oscuridad; la casa de mi tío no es muy grande, así que no tardamos mucho en llegar a la habitación principal.

La sangre se nos heló al ver que mi tío estaba acostado en su cama, con varias cobijas encima. Mi padre de inmediato fue hacia él y comenzó a quitarlas hasta ver el rostro de mi tío. Tenía un aspecto pálido y muy deteriorado, incluso llegamos a creer que había pasado a mejor vida, pero al revisarle el pulso descubrimos que aún estaba vivo.

Lo levantamos para sacarlo y, al hacerlo, nos dimos cuenta de que sus sábanas estaban llenas de sangre. Vimos su espalda y nos quedamos atónitos al observar que en ella había varios agujeros de los que escurrían sangre y cáscaras de piel muerta de insectos.

Aun con esto, cargamos a mi tío y lo sacamos para llevarlo al hospital. Pero cuando nos subimos al auto, él apretó la mano de mi padre con fuerza y, entre susurros, le pidió que quemara la casa. Mi padre quiso ignorarlo, pero mi tío Memo no dejó de apretar su mano hasta que mi padre regresó a la casa y le prendió fuego.

En cuanto mi tío vio el fuego devorando la casa, puso un gesto de alivio y se desvaneció.

Horas más tarde, en el hospital, nos dejaron pasar a ver a mi tío, y ahí nos relató que, en su caída en el bosque, algún insecto se le metió entre la ropa y que, cuando llegó a su casa, comenzó a actuar de manera errática, como si no pudiera controlar su cuerpo. Que él podía ver todo lo que hacía —como llenar el piso y paredes de lodo y hojas, o tapar todas las ventanas para estar a oscuras—, pero no podía evitarlo.

Igualmente, relató que, una vez que la casa estuvo en penumbras, se acostó en su cama y se cubrió con varias cobijas, y que podía sentir cómo esos insectos crecían y salían de su piel, pero no se podía mover.

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u/EscritorVictorDP — 26 days ago

El Albañil de la Capilla Maldita

Estaba trabajando, aplanando la fachada de una casa, cuando una señora de edad avanzada se me acercó para pedirme una cotización. Le dije que me anotara su dirección en un papel y que más tarde iría para ver en qué consistía el trabajo.

Después de algunas horas, fui hasta su domicilio y sonreí al ver que la casa tenía acabados muy lujosos. Estaba por tocar la puerta cuando la señora apareció detrás de mí y se acercó sin decir nada para abrir. Por dentro, la casa estaba impecable. Había muebles muy ostentosos; varios tenían detalles de plata. También había pinturas colgadas en las paredes, cubiertas con sábanas. No pregunté nada y solo caminé por la casa guiado por la señora.

Tras recorrer la casa, por fin llegamos hasta una especie de capilla en el jardín trasero. Era un trabajo que necesitaría tiempo, ya que querían una restauración y la capilla estaba en muy mal estado. Parecía como si hubiera explotado o se hubiera incendiado. Incluso la puerta de madera que tenía como entrada estaba atorada y no se podía ingresar. Le di un presupuesto muy alto a la señora, pensando que no aceptaría, pero, sin decir nada, se metió a la casa y salió con la mitad del dinero. Me dijo que, cuando terminara, me daría la otra mitad.

La señora me dio la llave de la entrada y, los días siguientes, fui hasta el lugar a trabajar. Fue un trabajo muy pesado, y algo muy raro fue que siempre tenía accidentes: se caían algunas piedras o se rompían los andamios. Algo extraño pasaba y no podía decirle nada a la señora, porque no había nadie ahí. Desde que llegaba hasta que salía, nadie aparecía.

Cuando por fin terminé el trabajo exterior, me propuse entrar, pero la puerta aún seguía atorada. Empujé con todas mis fuerzas y, al final, conseguí abrirla. Estando dentro, me quedé helado. Al fondo de la capilla había un cuadro con el rostro de la mujer que me había contratado, y debajo del cuadro estaba un ataúd. Me acerqué con cuidado y observé con temor el interior del ataúd. Estaba vacío. Suspiré y sonreí, pero de pronto sentí cómo una mano tocaba mi cabeza.

Alcé la mirada y, frente a mí, la mujer estaba saliendo del cuadro y agarrándome. Grité y le di un manotazo para soltarme. Después, comencé a correr hacia afuera. La mujer expulsó un grito horrible que, hasta el día de hoy, me da miedo recordar. Salí de la capilla y corrí hacia fuera de la casa. Rumbo a la salida, todas las pinturas que estaban cubiertas con sábanas ahora estaban descubiertas, y dejaban a la vista imágenes perturbadoras de un hombre sufriendo en diferentes escenarios. En todas era siempre el mismo hombre, siendo maltratado, mutilado, torturado.

Sentí repulsión al ver eso y, pronto, un terror profundo al darme cuenta de que el hombre de cada pintura era yo. Corrí hasta la entrada, metí la llave en la puerta, pero no funcionaba, no podía abrir. El grito de la mujer se acercaba, y eso me hizo usar todas mis fuerzas. Comencé a golpear la puerta hasta tirarla y, una vez afuera, corrí con todas mis fuerzas.

Quise volver y exponer ese lugar, pero, por extraño que parezca, no logro recordar la dirección, y al ver el papel, solo hay garabatos sin sentido. Pero lo único que sí recuerdo es el rostro de la señora, ese rostro que siempre está en mis pesadillas y que quisiera olvidar para siempre.

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u/EscritorVictorDP — 27 days ago

Esa Mujer No Era Humana Y Aún la Escuchan en las Noches

Recién me había graduado como médico veterinario y la cosa no iba muy bien. Como no había encontrado trabajo, abrí mi propia clínica, pero no tenía tantos clientes. Fue entonces que, una tarde, cuando estaba a punto de cerrar, un auto muy lujoso se estacionó frente a mi clínica. Un hombre algo mayor, pero de aspecto elegante, bajó del auto y entró.

El señor me saludó con mucha cortesía y, después, sacó una hoja en la que tenía impreso un contrato. Me pidió que lo leyera y, si estaba de acuerdo, lo firmara. En el contrato solo había reglas de confidencialidad en las que yo tenía que comprometerme a no divulgar nada, y que, de hacerlo, tendría que pagarles una gran compensación monetaria.

Dudé un poco en firmar, pero necesitaba dinero, así que lo hice. Después de eso, el hombre me dijo que lo acompañara. Me subí al auto y él fue manejando hasta llegar a una hermosa y lujosa casa. Entramos al lugar y todo se veía muy elegante: los acabados, los cuadros, el piso... En cualquier dirección que voltearas, te encontrabas algo costoso.

El señor me fue guiando hasta llegar a la parte de arriba de la casa. Ahí había una elegante puerta de caoba con acabados dorados. Entramos a la habitación, y en ese cuarto no había muchas luces, solo una cama con un pabellón y algunos focos tenues. El señor me pidió que me acercara a la cama, y al hacerlo, casi caigo de espaldas al ver lo que estaba acostado ahí.

Ese animal tenía un cuerpo de mujer —es decir, dos brazos y dos piernas—, pero su cabeza era la de una cabra. Sentí algo de miedo, pero el señor me dijo que no temiera, que su esposa estaba enferma y necesitaba ayuda urgentemente.

Mi especialidad era en razas pequeñas y mi conocimiento en este tipo de animales era muy poco. Aun así, le hice un chequeo y me di cuenta de que la mujer presentaba desnutrición y falta de vitaminas. Decidí inyectarla, y al parecer eso le ayudó, porque pronto la mujer-cabra se quiso levantar de la cama, pero el señor intervino y le pidió que descansara.

Después de eso, salimos de la habitación, y el señor, con mucha alegría, me pagó y me dio un extra. Durante casi dos años ellos fueron mis mejores clientes; casi una vez por mes atendía a la señora. Pero la verdad era que, a pesar de su condición extraña, ya tenía varios años y eso era notorio en su salud.

Una tarde de julio me enteré de que ella había fallecido. Fui a su casa para presentar mis respetos, pero ya no había nada ahí: el señor se había marchado del lugar y la casa estaba en venta.

Tiempo después, el nuevo dueño de esa casa fue a mi clínica veterinaria y pidió hablar conmigo a solas. Acepté hablar con él, y el hombre, con mucho miedo, me dijo que alguien le había dicho que yo era cercano a esa familia y que quizá yo podría ayudarle con algo.

Según él, durante las noches su familia escuchaba el sonido de una cabra y aseguraba que, por los pasillos de la casa, se aparecía una mujer con cabeza de cabra caminando. Por supuesto, le dije que no sabía nada y le recomendé hacer alguna misa o algo así para purificar esa casa.

Solo Dios sabe cómo esa mujer vino al mundo, y lo mejor es no averiguar más.

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u/EscritorVictorDP — 28 days ago

Trabajamos toda la noche… no estábamos solos

Con la llegada del verano, un hombre contrató a mi padre, que es jardinero, para cortar las ramas y maleza de una antigua propiedad. Fui con él para ayudarle y, al llegar, notamos de inmediato que no sería un trabajo sencillo. El lugar era inmenso, tenía una gran casa en el centro y, alrededor, todo estaba cubierto de maleza.

Nos pusimos manos a la obra, pero por mucho que lo intentamos no terminamos. El sol comenzaba a ocultarse y empezamos a guardar todo para marcharnos del lugar, pero mi padre recibió una llamada del dueño y le dijo que, si terminaba el trabajo antes de la mañana del día siguiente, le pagaría el doble. Sin pensarlo, mi padre aceptó, encendió los faros de su camioneta para alumbrar y continuamos trabajando.

Casi llegando a las 10 de la noche, aún nos faltaba bastante, pero teníamos hambre, por lo que mi padre se fue caminando en busca de algo para comer, mientras yo continuaba trabajando. Había unas ramas muy duras, así que puse toda mi fuerza en la mano para dar un machetazo, pero antes de poder darlo, alguien me empujó y caí al suelo sobre el machete. No me hice mucho daño, pero sí me corté.

Desde el suelo escuché las risas de unos niños, por lo que me levanté de inmediato para reclamarles, pero al voltear no había nadie. Sentí algo de miedo al pensar que me los estaba imaginando, pero, de pronto, apagaron los faros del auto y vi la silueta de dos niños adentro. Corrí hacia ellos para regañarlos, pero al ver hacia dentro de la camioneta no había nadie.

Sentí un horrible escalofrío, y más cuando escuché de nueva cuenta las risas de los niños. Me persigné y encendí las luces. Sentía miedo, pero era mayor mi temor a no terminar el trabajo a tiempo. Las risas y empujones continuaron y, al no hacerles caso, apagaron las luces del auto otra vez. El auto de mi papá es muy viejo, por lo que bastó con mover algunos cables para conectar las luces directo y así ya no podían apagarlas.

Continué trabajando sin darle importancia a lo que pasaba a mi alrededor, hasta que sentí que me golpearon con un machete en la nuca, seguido por las risas de los niños. Esta vez me habían lastimado en serio, por lo que decidí salir del lugar. Al estar afuera me encontré a mi padre, que ya venía de regreso con algo de comida. Le conté lo que me había pasado, pero no me creyó y, por el contrario, me echó alcohol en las heridas, me amarró unos trapos y me dijo que continuara trabajando.

Después de comer, continuamos trabajando y no pasó nada más. Casi al amanecer terminamos el trabajo y, mientras empacábamos todo para irnos, el dueño nos llamó por teléfono y pidió que lo esperáramos para pagarnos, y así lo hicimos. En este tiempo aprovechamos para ver el lugar, y me quedé helado al ver hacia dentro de la casa. Ahí había un cuadro grande de una familia con dos hijos, como de 12 y 13 años.

En ese momento llegó el dueño y nos dijo que la casa le perteneció a su tío, pero que, después de la muerte de sus dos hijos en la propiedad, el hombre ya no quiso saber nada más de ese sitio y mejor le pidió que lo vendiera. Él tenía la urgencia de arreglar el lugar porque irían a ver la casa y quería que todo estuviera impecable para que la compraran cuanto antes.

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u/EscritorVictorDP — 29 days ago

La Cabaña Que Soñé Apareció en Medio de la Carretera

Por el tipo de vida que elegí, me la he pasado la mayor parte de mis días en la carretera. Y es algo que siempre me ha gustado mucho. Gracias a eso, he conocido muchos lugares y he podido llevar el pan a mi mesa.

Hubo una ocasión en la que venía manejando de noche, con mucho cansancio, así que busqué un lugar donde pasar la noche. Pero conocía muy bien las carreteras, y en ese sitio no había ningún hotel ni paradero. Los ojos se me estaban cerrando, así que decidí orillarme para prevenir un accidente. Al hacerlo, observé que, a pocos metros de la carretera, había una cabaña con las luces encendidas.

Extrañamente, ese sitio me pareció familiar; sentía que ya lo había visto antes, y pronto recordé que, en efecto, lo había visto en un sueño. Sentí curiosidad. Nunca he sido cobarde ni miedoso; por el contrario, siempre me ha gustado enfrentar lo desconocido. Me bajé de mi vehículo y caminé hacia esa cabaña.

Llegué en poco tiempo, y al mirar hacia adentro me quedé impresionado. No lo podía creer, y no me importó buscar una explicación. Solo sé que dentro de esa cabaña estaban sentados a la mesa mis abuelos, mis padres y algunos amigos que habían fallecido tiempo atrás.

Sin perder tiempo, abrí la puerta de la cabaña y ellos me recibieron con mucha alegría. Lloré como nunca antes lo había hecho en mi vida, abracé a mis padres y me quedé ahí, aferrado a ellos. De pronto, mi abuelo, quien siempre había sido un hombre de carácter duro y serio, me sujetó del brazo y me dijo que me tenía que ir.

Intenté soltarme, pero el resto de mis familiares y amigos me empezaron a decir lo mismo. Yo quería estar ahí, pasar más tiempo con ellos, pero me insistían mucho en que me fuera, y todos me empezaron a empujar y llevar hacia afuera de la cabaña.

Ya estando afuera, mis padres me tomaron de la mano y juntos caminamos de regreso a mi vehículo. Observé que en la carretera había patrullas; pensé que tal vez me multarían por estacionarme ahí, pero estaba con mis padres y no me importaba nada.

Al llegar a mi vehículo, me quedé helado al mirar que estaba completamente destruido y que mi cuerpo, con varias lesiones, estaba dentro de él, aferrado al volante. En ese momento, mi madre me empujó y caí justo sobre mi cuerpo… y desperté en medio del terrible accidente. Los paramédicos me auxiliaron y se sorprendieron al ver que yo tenía una sonrisa en el rostro.

Si bien tenía varios huesos rotos y heridas graves, estaba muy feliz de haber tenido una probadita del paraíso.

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u/EscritorVictorDP — 1 month ago

El Amigo que Agregue de Madrugada

Cuando abrí mis redes sociales, empecé a agregar a los conocidos que me iban apareciendo, y fue ahí que me encontré con un viejo amigo de la secundaria. Recuerdo que ese muchacho tenía mucha habilidad para el dibujo, y en ocasiones dibujaba a los compañeros o maestros y les regalaba el dibujo. Aun con eso, no quise agregarlo, ya que hacía muchos años que no sabía nada de él y sentía que no valía la pena.

Pero justo esa noche estaba teniendo pesadillas, por lo que me levanté para tomar un vaso de agua. Miré el reloj, y eran las dos cincuenta y nueve de la madrugada. Al dar las tres en punto, me llegó un mensaje. Era un "hola" de la cuenta de este amigo. Le contesté y estuvimos conversando un buen rato. Me contó que hacía algunos años había tenido un accidente de auto y, desde entonces, no se podía mover. Sentí un poco de lástima, así que le dije que me pasara su dirección para ir a visitarlo. De inmediato me mandó su ubicación y quedé de ir a verlo al día siguiente.

Saliendo del trabajo, puse la dirección en Google Maps. No estaba muy lejos, pero era en el panteón municipal. Se me hizo raro, pero pensé en llegar ahí y después mandarle mensaje. Al llegar al lugar, me paré en la entrada del panteón y estaba por mandarle un mensaje, cuando una señora me vio y me habló por mi nombre. Esa mujer me reconoció: era la madre de mi excompañero. Después de saludarme, me preguntó si estaba ahí para visitar la tumba de su hijo. Eso me sorprendió mucho. No tuve corazón para negarme y solo asentí con la cabeza y la acompañé.

Mientras caminábamos hacia la tumba, la señora me dijo que hacía algunos años su hijo había perdido la vida en un accidente de auto. Pensé que alguien me había hecho una broma, así que no le dije nada de los mensajes y la acompañé a dejar flores a la tumba.

Al llegar a mi casa, me fui a descansar y esta vez dejé mi teléfono en la cocina, lejos de mi habitación. No quería saber nada de las redes sociales. A la mañana siguiente, fui a la cocina y me sorprendí al ver que, debajo de mi teléfono, había una hoja de papel doblada. Antes de ver el papel, revisé el teléfono y me encontré con un mensaje nuevo de mi ex compañero, que llegó justo a las tres de la mañana. En él, me agradeció por acompañar a su madre, por visitarlo, y me decía que me había dejado un regalo. De inmediato desdoblé la hoja y sentí terror al mirar un dibujo hecho a mano en el que aparecía yo durmiendo en mi cama.

En ese momento desinstalé las redes sociales, y comencé a buscar otro lugar para vivir. 

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u/EscritorVictorDP — 1 month ago