Nunca Te Burles del Raro de la Clase
Muchos se burlaban de ese compañero raro. Tenía una conducta extraña y, ciertamente, no encajaba bien en la escuela. Era muy callado y siempre iba muy cubierto: usaba cubrebocas y lentes grandes, además de una sudadera enorme y un gorro tejido. Si bien nadie era muy cercano a él, había un grupo de cinco alumnos que lo trataban muy mal. Siempre le hacían la vida pesada. Le arruinaban sus trabajos en días de entrega, le rompían sus materiales y cosas así.
Al llegar el fin del ciclo escolar, estábamos todos en la ceremonia de graduación e íbamos pasando uno por uno a recibir el diploma cuando mencionaban nuestros nombres. En el transcurso, nos extrañamos al ver que seis alumnos no habían asistido, y esos seis eran el chico del que se burlaban y los cinco que lo trataban muy mal.
Al día siguiente de la graduación, las madres de los chicos fueron visitando casa por casa de los compañeros para preguntar por el paradero de sus hijos. Aparentemente, no habían llegado a la ceremonia y no se les había visto desde entonces. Los días siguientes no se dejó de hablar de los chicos desaparecidos. Ahí nos enteramos de que el jovencito del que tanto se burlaban había estado usando unos papeles falsos, y no sabían nada de él. Al parecer, ese chico había estado en varias escuelas antes y siempre, al final del curso, desaparecía junto a los alumnos que lo molestaban.
Al cabo de una semana, los encontraron con vida, atados a un árbol en las afueras de la ciudad. Según los rumores, los chicos estaban traumatizados, no podían articular palabras y todo el tiempo se la pasaban llorando y gritando. Así, cinco jóvenes completamente sanos se habían convertido en unos enfermos mentales que pasaron el resto de sus días internados en centros psiquiátricos.
Algunos años más tarde, fui a recoger a mi primo a la preparatoria y observé a ese mismo muchacho. Tenía la misma vestimenta de hace años: el mismo cubrebocas y los mismos lentes. Le pregunté a mi primo por él y me dijo que al chico lo molestaban mucho. Le dije que fuera amable con él y que no lo molestara, que en su graduación le explicaría.
Al llegar la graduación, mi sospecha se hizo realidad. De nueva cuenta, ese muchacho desapareció junto con los alumnos que lo molestaban. Pasó una semana y encontraron a los alumnos de la misma manera que a mis compañeros de hace años. Días después, mi primo se acercó para contarme que, después de lo que le había dicho, había estado observando a ese alumno de cerca. El último día de clases, el chico había olvidado un pequeño cuaderno, el cual mi primo pretendía devolverle.
Me lo mostró: era un cuaderno muy viejo y descuidado, hecho a mano. Al abrirlo, nos sorprendimos al ver que solo había nombres y fechas. De inmediato, busqué la fecha de mi graduación y sentí escalofríos al leer los nombres de mis excompañeros ahí escritos. Después, fuimos hasta el final del cuaderno, y los últimos nombres escritos eran los de los compañeros de mi primo.
No dijimos nada. Solo quemamos el cuaderno y nunca más hablamos de eso.