r/HistoriasdeTerror

Busco historias de terror para un programa de radio

Me gustaría contar tu historia en un programa de radio , aun no tengo audiencia pero me gustaría tener el permiso de contar tu historia, aun estoy armando el programa, si quieres que sea anónima igual se puede.

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u/Ald_FM — 2 days ago

Hola busco historias o anécdotas Paranormales

Cuéntenme historias, anécdotas suyas,amigos o familiares sobre lo paranormal algo que les allá sorprendido posiblemente las narraré en un video con sus permisos

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u/Yiyi_0423 — 2 days ago

"La invitación a lo que no estaba invitado"

Hace aproximadamente cuatro o cinco años, estuve quedándome en una casa que no era la mía. Pertenecía a personas ajenas a mi círculo familiar. En aquel tiempo solía dormir muy inquieto, ya que en esa casa existían costumbres que, según lo que me enseñaron desde pequeño, nunca debían practicarse. Una de ellas era dejar sillas vacías o abiertas dentro de la casa durante la noche. Siempre me enseñaron que eso representaba una invitación para aquellas energías que vagan en la oscuridad, permitiéndoles entrar y, simbólicamente, tomar asiento dentro del hogar. Mientras permanecí en esa casa, las sillas siempre estaban abiertas. Con el tiempo llegué a sentir que una de esas energías, o uno de esos entes, había aceptado esa invitación. Sin embargo, lo más inquietante fue que no solo entró, sino que decidió quedarse. Con los años he aprendido distintas prácticas relacionadas con la protección espiritual, las limpiezas energéticas y otras enseñanzas que he adquirido dentro de mis creencias. La presencia que habitaba esa casa parecía aferrarse al desorden y al conflicto. Incluso cuando no existían motivos para discutir, las peleas y los problemas surgían constantemente, como si aquella energía alimentara ese ambiente.

Entonces decidí hacer una limpieza física. Preparé todo lo necesario. Limpié toda la vivienda físicamente antes de comenzar con la limpieza espiritual, ya que, según las enseñanzas que recibí, ese era el orden correcto. Mientras limpiaba la casa, empecé a notar que el ambiente se volvía cada vez más pesado. La sensación era tan intensa que les pedí a todos que permanecieran dentro de sus habitaciones y que no salieran hasta que hubiera ehh terminado el ritual. Una vez concluida la limpieza física, comencé la parte espiritual. Mediante oraciones y rituales que aprendí con el paso del tiempo. Al finalizar, pues yo tenía que cerrar el ritual. Existen distintas formas de hacerlo, dependiendo de las creencias y experiencias de cada persona. En mi caso, debía usar salvia blanca para ahumar la casa y dar por terminado el proceso. Sin embargo, ocurrió algo que jamás olvidaré. Por más fuego que intentaba aplicar, la salvia blanca simplemente no encendía. Era como si algo lo impidiera. Al mismo tiempo, la energía se volvía cada vez más densa. Llegué a percibir sombras moviéndose de un lado a otro,

como si aquella presencia estuviera inquieta por lo que estaba ocurriendo. Cerré los ojos, me concentré, reforcé mi intención y finalmente conseguí encender la salvia. En ese instante, vi una silueta oscura pasar por detrás de la cocina y dirigirse hacia uno de los cuartos. Apenas entró, escuché un grito. Era de la dueña de la casa. "¡Ay, me mordió! ¡Me pellizcó!", gritó desesperada. Continué con el ritual hasta concluirlo. Mientras el humo de la salvia recorría la vivienda... observé cómo aquella silueta negra cruzaba nuevamente la cocina, atravesaba la sala y finalmente salía por la puerta.

Cuando fui a revisar a la señora, encontré en su pierna una marca que se parecía a una mordida. Aquella experiencia reforzó una creencia que ha permanecido conmigo desde entonces. Para mí, existe el bien y el mal. O como algunas personas prefieren llamarlo, energías positivas y energías negativas. Sé no todos pueden ver o sentir eso, pero también siento que influye mucho en la vida diaria de las personas.

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u/Shadow_Ledger404 — 2 days ago

Esa cosa no es mi hermana

Hola a todos. Escribo esto varios años después de que ocurrió, pero encontré esta comunidad y pensé que sería un buen lugar para compartirlo.

Tenía entre 6 y 8 años cuando falleció mi tía. Todos en la familia estábamos profundamente tristes. Para despejarnos un poco, decidimos ir a cenar a casa de mi abuela; tardamos unas dos horas en llegar y terminamos arribando casi a las 10 de la noche. Honestamente, el ambiente era muy incómodo: la tristeza se sentía en el aire e incluso mi mamá estaba algo irritable.

Ya casi terminábamos de cenar cuando alcancé a ver una sombra cruzar por el cuarto de mi abuelo (quien en ese entonces estaba internado en el hospital). Me asusté, pero traté de convencer de que solo había sido mi imaginación.

Al finalizar la cena, se me ocurrió la idea de quedarme a dormir ahí con mi hermana. La convencí a ella y luego logramos persuadir a mi mamá. Recuerdo perfecto que nos dijo: "Esta bien pero los recogere mañana en la noche"

Mi hermana y yo casi gritamos de la emoción: "¡SÍII!"

Pasaron las horas y, como a las 2:20 de la madrugada, me desperté. Cabe recalcar que nos acomodamos en la sala, la cual estaba pegada al comedor. Las ventanas de la sala tenían cortinas y la luz de la luna entraba ligeramente.

Cuando abrí los ojos, alcancé a ver la silueta de mi hermana... o al menos eso creí. Tenía su voz, pero su rostro se veía extrañamente alargado; sus ojos eran desproporcionadamente grandes, tanto que podía distinguir perfectamente sus pupilas en la penumbra. En cuanto a su boca, no sabría cómo explicarlo: parecía que no tenía o que era ridículamente pequeña.

Detrás de la casa de mi abuela había un taller mecánico muy grande porque mi tío trabajaba ahí. Esa entidad, proyectada bajo la luz lunar que entraba por las cortinas, me miró y me dijo con la voz de mi hermana: "Vamos allá atrás a buscar duendes"

Aún confundido y pensando que realmente era ella, le contesté: "pero te da miedo estar allá atras"

En cuanto dije eso, la figura no respondió. Simplemente se desplazó hacia la derecha, adentrándose en el comedor, que estaba en completa oscuridad.

Un segundo después, escuché la voz de mi hermana real justo al lado mío en el sillón, diciéndome: "SHHHH quiero dormir!"

El terror me paralizó por completo. Apenas pude murmurar: "Perdón, ya me voy a dormir", y me cubrí hasta la cabeza.

Han pasado muchos años desde esa noche. Mi hermana ya está en la universidad y yo en la preparatoria. Sin embargo, hay algo que me sigue perturbando hasta el día de hoy: mientras más pasa el tiempo y mi hermana crece, más se parece a aquel horrible rostro de la ventana.

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u/_SID_D — 2 days ago

Nadie me creé

Cuando tenía 7-6 años yo vivía con mis abuelos, siempre dormía con ellos ya que me daba miedo dormir solo aúnque tuviera mi propio cuarto. Un día pusieron una litera en mi cuarto, yo AMABA las literas, osea era una cama con escalera y un "búnker" abajo, desde ese día yo empecé a dormir solo en mi cuarto por que me creía niño "grande". Antes que nada olvide aclarar que en la casa de mis abuelos, en especial en mi cuarto mayormente pasaban cosas paranormales o eso yo miraba (aveces se movían cosas, miraba "fantasmas" y mi familia decia que era mi imaginación o excusas). Bueno, es punto es que intenté empezar a dormir solo.

Día 1: en ese entonces me dormía temprano según yo (10:30 de la noche). No se por que pero esas veces que dormía en mi cuarto me daban ganas de ir al baño o tomar agua por las madrugadas. En la madrugada (por allí a la 1 AM) me levanté para ir por un vaso de agua (aviso: sabía las horas por que siempre dejaba la tele del cuarto prendida y allí decía la hora), obviamente todas las luces de la casa estaban apagadas, a mi no me daba miedo como tal ir a la cocina en la oscuridad. Total, me levanté y fui a la cocina por un vaso de agua, saque agua helada del refri y me serví en un vaso, mientras tomaba agua y mira hacia un punto específico en la cocina (había una parte del pasillo de la cocina donde literalmente TODO estaba oscuro) entonce yo miraba esa parte de la cocina, algo raro pasaba, sentí que había algo o alguien en esa oscuridad pero era imposible ya que mis abuelos estaban dormidos y en ese entonces vivía mi tío con nosotros pero el nunca estaba despierto en la madrugada. En fin, ignore lo que pasó y volví a dormir.

Día 2: volví a dormir solo en mi cuarto, como siempre, deje la televisión prendida, el foco apagado y una leve iluminación que venía de la tele. Ese día también me dieron ganas de ir por agua en la madrugada (eran como las 2 y no se que de la madrugada), me levanté y fui a por un vaso de agua, mientras bebía el agua otra vez me quedé viendo la parte de la cocina donde siempre había oscuridad, esta vez si ví algo. No lo digo para exagerar ni nada, literalmente lo ví muy claro. Mientras miraba al frente, mire unos ojos totalmente abiertos viéndome fijamente, eran demasiado grandes como para ser humanos, no miraba quién era pero era obvio y sabía que no eran de nadie de mi familia y mucho menos de algún humano. No grite, no corrí, no hice nada, solo mire fijamente los ojos mientras bebía agua pero sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, incluso aún lo recuerdo muy bien. Cuando termine mi vaso simplemente lo deje en la mesa y muy despacio empecé a caminar hacia atrás sin despegar la mirada de esos ojos hasta llegar a mi habitación. Al cerrar la puerta de mi habitación, todo se sentía tenso, como si aún alguien me viera dentro de esa habitación (pero era imposible, nadie dormía conmigo ni compartía habitación). Me volví a acostar e intentar dormir poco a poco. Después de un rato, volví a despertar por que sentí una presión en mi, pero algo demasiado fuerte, como si alguien me estuviera viendo fijamente o como si alguien literalmente este a mis espaldas. Eran las 4 AM exactas, no había nadie en mi habitación, no me levanté de la cama pero si ví lo que podía del cuarto y obviamente no había nada allí, aún así sentía que alguien me estaba viendo fijamente muy cerca o muy lejos (hasta la fecha no se si fue mi imaginación o si paso de verdad pero en el espejo de ese cuarto pude volver a notar esos ojos grandes mirandome fijamente por unos segundos). Al final si pude volver a dormir.

Día 3: ese fue el último día que dormi en mi cuarto y lo que nadie me creé. Ese día antes de dormir agarre un vaso con agua y lo deje en un mueble en mi cuarto para ya no salir en la madrugada y tener que ver esos ojos de nuevo o algo peor. El vaso que agarre era un vaso rojo y lo había dejado en medio de un mueble donde estaba la televisión. Bueno, el punto es que volví a despertar en la madrugada, al despertar, tenía la cabeza hacia un lado (el lado donde podía ver la televisión pero estaba acostado de forma recta), en la televisión recuerdo que decía la hora 3 AM (no recuerdo específicamente que más pero si recuerdo que eran las 3 AM por alli), de la nada, la televisión se apagó y quede a oscuras, yo en ese entonces le tenía mucho miedo estar en un cuarto a oscuras, mi idea más obvia era levantarme e intentar prender la luz, pero al momento de intentar moverme no pude, si, literalmente no pude moverme (era como si estuviera atado en la cama, solo podía mover mis manos, cabeza y cuello). Estuve así por varios minutos (creo) hasta que por fin la luz se prendió (por si las dudas, no podía hacer ningún ruido, solo podía parpadear y abrir la boca pero no podía gritar, hablar o emitir algún sonido). Cuando la luz se prendió, ví algo que hasta la fecha aún no puedo explicar. Enfrente de mi estaba yo (osea había como una réplica mía literalmente, como si me estuviera viendo a mi mismo), pero estaba muy raro, es decir, estaba yo al frente de mi pero estaba distorsionado, con las extremidades chuecas y muy largas, con los ojos TOTALMENTE negros y una sonrisa alargada que llevaba hasta mis ojos. Era horrible, no podía moverme, solo me miraba a mi mismo de una forma muy rara y espeluznante, no se movía, no hablaba, no gritaba, nada, simplemente me miraba fijamente (aunque no se le notarán los ojos). Así estuve por varios minutos (o no recuerdo, pero si se que estuve así por menos de una hora) hasta que desvíe la mirada hacia el vaso rojo que tenía en el mueble, al momento que mire el vaso, el vaso se movió hasta la esquina del mueble (era como si alguien hubiera agarrado el vaso y lo hubiera arrastrado hasta la orilla). Del miedo volví a enderezar la cabeza e intentar ver a esa cosa que estaba enfrente de mi, pero al ver eso, ya no estaba enfrente de mi, ahora estaba LITERALMENTE encima de mi, su cara, su horrible, distorsionada y horrorosa cara estaba a centímetros de la mía. No hice nada más que cerrar los ojos. Al abrir los ojos, me desperté abruptamente, mire cada rincón del cuarto y todo se miraba igual, la tele estaba prendida (mostraba que eran las 6 AM). Pensé que solo había dio una pesadilla o que se me había subido el muerto pero al ver la orilla del mueble donde estaba en vaso rojo, ví que este vaso estaba exactamente como lo había Estado en mi "pesadilla", es decir, el vaso estaba en la orilla del mueble (y yo no había dejado el vaso allí). Desde ese día no volví a dormir solo en ese cuarto, tengo la teoría de que definitivamente eso que pasó no fue un sueño pero aún así las pocas personas a las que les he dicho no me creen, aveces sigo teniendo pesadillas sobre eso y el miedo de que me vuelva a pasar o algo peor.

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u/Markoz0666 — 3 days ago

La noche en que una bruja intentó perderme

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Quiero comenzar esta historia contando un suceso que me ocurrió a mí.

Desde hace mucho tiempo paso gran parte de mis noches en la calle. Personalmente, considero que la mayoría de los acontecimientos paranormales suceden durante la noche, porque la energía y el ambiente son muy diferentes a los del día.

En el pueblo donde vivo existen muchas leyendas relacionadas con personas que practican la brujería. Se dice que hay mujeres que llevan décadas dedicándose a este arte. Algunas, según cuentan, lo hacen con buenas intenciones, y otras con fines completamente opuestos.

Una noche me encontraba reunido con unos amigos. Mientras conversábamos, comencé a sentir que el ambiente cambiaba. La atmósfera se volvió pesada, el aire era diferente y había una sensación difícil de explicar.

Ya eran aproximadamente las dos de la mañana cuando decidí regresar a mi casa. Me despedí de mis amigos y emprendí el camino.

Para llegar debía cruzar un callejón y luego caminar por una calle recta hasta la vía principal, donde estaba mi hogar.

Comencé a caminar mirando siempre hacia el frente. Caminaba y caminaba, pero tenía la extraña sensación de que no avanzaba.

El camino parecía alargarse cada vez más. Seguí caminando durante lo que parecían interminables minutos. Ya me sentía cansado y, cuando me detenía para mirar a mi alrededor, me daba cuenta de que seguía exactamente en el mismo lugar.

Era como si no hubiera avanzado ni un solo metro.

Intenté una y otra vez seguir adelante, pero el miedo y la desesperación comenzaron a apoderarse de mí.

Solo repetía en mi mente:

"Tengo que llegar a la calle principal. Tengo que salir de aquí."

Entonces pensé que alguien estaba intentando perderme, hacer que nunca encontrara el camino.

Cerré los ojos y empecé a repetir varias oraciones que he aprendido con el paso de los años. No entraré en detalles sobre cuáles eran, porque cada persona vive su espiritualidad de manera diferente.

Continué caminando con los ojos cerrados mientras repetía una y otra vez aquellas oraciones.

Después de unos instantes, sentí una extraña sensación de calma y calidez.

Cuando abrí los ojos, estaba justo en la calle principal.

Todo había vuelto a la normalidad.

Incluso pasaron varios vehículos y por poco uno de ellos me atropella al cruzar la calle.

Llegué a mi casa completamente agotado, como si hubiera caminado durante horas. Sentía que, en aquel lugar, el tiempo se había detenido.

Entré a mi casa sin prestar atención a ciertas enseñanzas que siempre me habían dado sobre cómo entrar después de la medianoche.

Simplemente pasé, cerré la puerta y me acosté a dormir.

Poco después escuché un fuerte golpe en el techo.

A la mañana siguiente, mi madre llegó muy molesta y comenzó a regañarme.

Me dijo:

"Te he dicho muchas veces que cuando llegues tarde debes orar antes de entrar."

Le pregunté qué había ocurrido.

Entonces me contó que, durante la madrugada, escuchó un fuerte golpe en el techo.

Después, sintió que algo la levantaba de la cama, pero no podía abrir los ojos.

Cuando finalmente lo logró, estaba suspendida en el aire, muy cerca del techo de la habitación.

Asustada, cerró los ojos con fuerza y comenzó a orar.

Mi madre es una persona profundamente creyente y no dejó de rezar hasta que sintió nuevamente el contacto con la cama.

Cuando logró incorporarse, vio que eran aproximadamente las tres y media de la madrugada.

Salió inmediatamente de su habitación para comprobar que yo estuviera bien.

Con el paso del tiempo, tuve la oportunidad de hablar con una persona que practica la brujería y le conté todo lo que había sucedido.

Según ella, aquello que me había impedido avanzar probablemente era una bruja que estaba jugando conmigo.

Me explicó que, según sus creencias, estas entidades se alimentan del miedo y del temor de las personas, y que mientras más miedo sienten sus víctimas, más fuerza obtienen.

También me dijo que lo más probable era que no hubiera podido seguir molestándome después de entrar a mi casa porque mi madre es una persona que ora constantemente por su familia.

Según sus palabras, las oraciones de mi madre formaban una especie de protección espiritual a mi alrededor.

Además, me aconsejó que dejara de estar hasta tan tarde en la calle sin algún tipo de protección espiritual.

Incluso me enseñó a elaborar ciertos amuletos que, de acuerdo con sus creencias, sirven para protegerse.

Donde yo vivo son muchas las historias sobre personas relacionadas con la brujería.

Y esta fue la ocasión en que, según lo que viví y lo que después me explicaron, una bruja intentó perderme.

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u/Shadow_Ledger404 — 4 days ago

ELLA SE LOS LLEVA

Corría el año 1950. En un pequeño pueblo de Ecuador, donde la pobreza se aferraba a cada casa como el polvo a la tierra seca, vivía un matrimonio con seis hijos: tres varones y tres mujeres de distintas edades. Como era costumbre en aquellos tiempos, a cada uno de los que aún no podían trabajar se le asignaban tareas desde muy temprano.

 

Los dos más pequeños —un niño de ocho años y una niña de siete— tenían el encargo más pesado. La madre, con el rostro cansado y la voz baja, los despertaba siempre a las tres de la mañana. Sin lámpara, casi sin palabras. Solo el roce de su mano en el hombro y el mismo susurro de siempre:

 

 —Ya es hora. Vayan al río.

 

A las cuatro en punto salían de la casa. Afuera todo era oscuridad. El camino se metía entre los bosques, donde los árboles se alzaban como figuras quietas y el aire olía a tierra mojada, a hojas podridas y a algo más, algo que los niños no sabían nombrar. Caminaban en silencio, cargando el bulto de ropa sucia, escuchando apenas el crujir de sus propios pasos sobre la hojarasca. A esa hora el mundo parecía detenido. Ni un gallo, ni un perro, solo el leve rumor del viento entre las ramas.

 

Tenían que recorrer varios kilómetros hasta llegar a orillas del río, el mismo lugar donde la mayoría de la gente del pueblo lavaba sus ropas cuando ya había salido el sol. Pero ellos llegaban mucho antes. Cuando el agua todavía estaba fría y negra, y la niebla se arrastraba baja sobre la superficie, como si algo respirara debajo. Allí, en esa quietud casi absoluta, comenzaban su trabajo.

Varios días pasaron. Los niños, en su camino hacia el río, empezaron a notar a una ancianita que caminaba en dirección al pueblo. Siempre cargaba una cesta grande y pesada sobre la espalda. Nunca los miraba de frente, pero ellos la veían pasar entre la oscuridad, con pasos lentos y firmes.

 

Una madrugada, cuando el cansancio ya les pesaba en las piernas, la anciana los interceptó en el camino.

 

—Hola, niños… ¿cómo están? —preguntó con una voz muy dulce, la voz de una abuela cariñosa.

 

Carlos, el mayor, recordó de inmediato las advertencias de su madre: no hablar con extraños. Se quedó callado. Lucía, en cambio, que era una niña abierta y sonriente, respondió sin pensarlo:

 

—Me llamo Lucía y tengo siete años. Él es mi hermano Carlos, tiene ocho.

 

—¡Lucía! —la regañó Carlos en voz baja—. Mamá nos ha dicho muchas veces que no debemos hablar con desconocidos.

 

La niña se calló de inmediato, avergonzada.

 

La anciana sonrió y le acarició suavemente la cabeza a Lucía.

 

—Tranquilo, pequeño Carlos. Ella es una niña muy cariñosa… y tú eres un hombre bien portado, porque obedeces a tu mamá.

 

Al escuchar la palabra “hombre” y el halago, Carlos se relajó un poco.

 

—Lo que pasa, Carlos —continuó la anciana—, es que estoy buscando un lugar donde vendan fréjol blanco. Me dijeron que en el pueblo hay, pero nunca lo encuentro. Los necesito para mi alimento.

 

Carlos, ya más confiado, respondió:

 

—Señora, en la esquina del señor Luciano venden. Dicen que él tiene los mejores. ¿Pero a usted le gusta el fréjol blanco? A mí no me gusta. Cuando mamá nos lo pone, yo se lo echo a Lucía en el plato y ella se enoja —dijo riéndose.

 

La anciana también rio, con un sonido suave y casi agradable.

 

—Ay, hijo… es que ya estoy viejita. Eso es de lo poco que puedo comer a mi edad.

 

Carlos, viéndola cargada, ofreció:

 

—Si quiere, le puedo ayudar a cargar ese cesto hasta la tienda.

 

En el mismo instante en que se acercó, la anciana se apartó de golpe. Su voz cambió. Ya no era dulce.

 

—No la toques, hijito. Ahí tengo objetos valiosos.

Carlos retrocedió, apenado.

 

—Perdón, señora…

 

—No pasa nada, hijito. Gracias a los dos por decirme lo de la tienda.

 

Cargó de nuevo la cesta y empezó a caminar. No había dado más de unos pasos cuando se detuvo, se giró hacia ellos y dijo, con una calma que helaba:

 

—Tengan cuidado… en esta oscuridad y con este clima. Cuídense, porque a los seres de la noche les gustan tiernos.

 

Y se marchó, desapareciendo entre los árboles.

 

Los hermanos se quedaron un momento en silencio. No entendieron del todo aquellas palabras, pero algo en el tono les había dejado una sensación extraña en el pecho. Luego siguieron su camino hacia el río, para cumplir con las tareas que su madre les había encomendado.

 

Al llegar a la orilla, Carlos notó de inmediato que algo no era igual. El aire se sentía más denso, el agua más quieta de lo normal y el barro de la orilla tenía un aspecto diferente. A su corta edad no sabía cómo explicarlo, pero el lugar le resultaba extraño. Por temor al castigo de su madre y para no asustar a Lucía, no dijo nada. Solo apretó los labios y siguió adelante.

 

 

Empezaron a lavar la ropa. Poco después, desde aguas arriba, vino flotando un zapato pequeño. Carlos se metió al río y lo recogió. Al tenerlo en las manos, le resultó familiar, aunque no logró recordar de quién era. Entonces vio que más prendas venían flotando. Las recogió todas.

 

—Luci, mira —le dijo señalando la ropa—. A alguien se le debió de caer todo. Vamos a subir un poco a ver si podemos devolvérsela.

 

—Hermano, si nos demoramos mamá nos va a regañar —respondió Lucía, con miedo en la voz.

 

Carlos pensó un momento.

 

—Tienes razón. Primero terminamos con la nuestra y después subimos.

 

Trabajaron más rápido de lo normal. Cuando terminaron, el alba empezaba a asomar y el frío de la madrugada se iba aflojando un poco sobre sus brazos y piernas mojadas.

 

Carlos tomó la mano de su hermana y empezaron a subir por la orilla. Poco después Lucía señaló algo en el suelo:

 

—Mira…

 

Había una cesta tirada. La ropa estaba esparcida por el barro, sucia y revuelta, como si alguien hubiera estado lavando y de pronto hubiera tenido que salir corriendo. Carlos vio el otro zapato, el que faltaba, junto a la cesta.

Extrañados, empezaron a recoger la ropa y a meterla de nuevo en la cesta. Carlos seguía inquieto. Cada prenda le resultaba más familiar.

 

Tomó una camisa y se la llevó a la nariz. Olió la misma colonia que usaba su tía.

 

—Esta ropa me resulta conocida —murmuró.

 

—A mí también —dijo Lucía—. Creo que esa camisa es igual a la que mamá le regaló a tía Vero por Navidad.

 

Carlos se quedó quieto. Recordó el día en que acompañó a su madre a comprarla, después de semanas ahorrando.

 

—Tienes razón… es de mi tía —dijo en voz baja—. Pero es raro. ¿Por qué está toda tirada aquí? ¿Por qué encontré parte de ella flotando en el agua? ¿Y por qué no hay nadie?

 

Se frotó la cabeza, confuso.

 

—Tía Vero siempre manda a mi prima a lavar, pero ella nunca viene de madrugada. Siempre viene de día, porque a tía Vero y a tío José no les gusta que esté sola de noche.

 

Lucía lo miró con inocencia.

 

—Tal vez solo se parece a la de tía Vero. Yo creo haberle visto una igual a una de las vecinas…

 

Carlos no respondió. Se quedó mirando la cesta, la ropa manchada de barro y el zapato que había recogido del agua. Algo no encajaba. Y esa sensación de que el lugar estaba “diferente” ahora le pesaba más.

 

Dejaron la cesta bien colocada cerca de la orilla, pensando que el dueño volvería pronto a buscarla.

 

—Hermanito, yo tengo hambre —protestó Lucía.

 

Carlos salió de sus pensamientos y se dio cuenta de que el sol ya empezaba a asomar.

 

—Tienes razón. Vamos a casa. Si nos demoramos más, mamá nos va a regañar. Seguro que el dueño viene rápido por su ropa.

 

Tomó la mano de su hermana y empezaron a caminar de regreso. Aunque el sol ya salía, el bosque seguía oscuro. Las sombras se aferraban a los troncos y el aire olía a tierra húmeda.

 

Nunca antes Carlos había tenido miedo del bosque, ni siquiera en las madrugadas más oscuras. Pero ese día, el simple crujido de las hojas bajo el viento le provocaba escalofríos. Apuró el paso, tratando de no demostrarlo.

 

 

—¿Por qué vamos tan rápido? —preguntó Lucía.

 

Carlos aflojó un poco y le sonrió, forzando la calma.

 

—Es que tengo mucha hambre, hermanita.

 

—Si mamá nos pone fréjol blanco, seguro se te quita —dijo ella riéndose.

 

Al escuchar esas palabras, un escalofrío le recorrió la espalda a Carlos. Notó que el aire se volvía más frío de pronto. Solo se rio, nervioso, para no asustarla.

 

Cuando llegaron a casa, se sintió aliviado. Su madre estaba sirviendo el desayuno.

 

—Qué bueno que llegaron a tiempo. Corran, cámbiense y lávense las manos, las tienen llenas de barro. Después se sientan a comer —ordenó.

 

Obedecieron. Al sentarse, Carlos suspiró al ver que había huevos y no fréjol. No sabía por qué, pero solo oír esa palabra lo ponía inquieto.

 

Los demás ya se habían ido a trabajar. Los tres comían en silencio, y por un momento los niños casi olvidaron a la ancianita y todo lo ocurrido en el río.

 

Hasta que unos golpes desesperados sacudieron la puerta.

No eran toques normales. Eran golpes fuertes, repetidos, acompañados de gritos y súplicas. La madera temblaba.

 

La madre se levantó de inmediato, con el corazón acelerado.

 

—Dios mío… ¿quién será? ¿Qué habrá pasado? —murmuró mientras se dirigía a la puerta, imaginando lo peor.

 

En cuanto abrió la puerta, el cuerpo de su hermana se desplomó al suelo. Marta, que también era su vecina, estaba en un estado de histeria total: lloraba, gritaba y volvía a llorar sin control.

 

—¡Cálmate, hermana! —dijo Matilde, arrodillándose a su lado—. ¿Qué pasó? ¿Por qué estás así?

 

Marta tardó unos segundos en poder hablar.

 

—Matilde… mi hija no aparece —logró decir entre sollozos—. Mi Mayra no aparece…

 

Carlos se acercó, curioso. Por suerte había mandado a Lucía a su cuarto.

 

—Tía, buenos días… bendiciones —saludó—. ¿Qué pasó con mi primita?

 

Marta reaccionó al escucharlo. Le tomó los brazos con fuerza.

 

—Mijo… tú fuiste hoy en la madrugada al río a lavar la ropa, ¿verdad?

 

—Sí, tía. Lucía y yo fuimos. ¿Por qué?

 

—¿Viste a Mayra en el río? —preguntó con una mínima esperanza en la voz.

 

Carlos negó con la cabeza. Marta volvió a derrumbarse.

 

Matilde intentó consolarla, pero era imposible. Le pidió a Carlos que fuera a llamar a su hermana. El niño corrió a buscarla.

 

—Marta, cálmate… Mayra no suele ir al río a esta hora —dijo Matilde—. A esta hora ya hay gente y sol.

 

—Sí, siempre va más tarde —respondió Marta entre sollozos—. Pero hoy le tocaba irse con su papá a la ciudad. Tenían que entregar un pedido de los patrones de Segundo. Yo pensé que quizás se había quedado con tus hijos… Cuando fui a buscarla, encontré la cesta en la orilla del río. Toda la ropa estaba manchada de barro y no había rastro de ella.

 

En ese momento Carlos regresó con Lucía y contó lo que habían visto: la ropa flotando, la cesta abandonada, cómo la recogieron pensando que el dueño volvería.

 

—Tía… yo sabía que esa ropa se parecía a la de ustedes —dijo Carlos—, pero pensamos que debía ser de otra persona, porque sabíamos que la prima nunca va tan temprano como nosotros.

 

—¿Vieron algo? ¿A alguien con ella? —preguntó Matilde, preocupada.

 

Los dos niños negaron con la cabeza. Marta volvió a romper en llanto.

 

Entonces Lucía, pensativa, habló en voz baja:

 

—Aunque… estos días hemos visto a una abuelita en el bosque.

 

Las dos mujeres se quedaron en silencio y la miraron.

 

—¿Una abuelita? —preguntó Matilde.

 

Lucía asintió. Matilde se giró hacia Carlos.

 

—Carlos… explícame.

 

El niño tragó saliva y empezó a contar:

 

—Hace algunos días la vemos en el camino. Siempre está parada entre los árboles con una cesta grande. Nunca nos hablaba… hasta hoy.

 

—¿Hasta hoy qué? —preguntó Matilde, levantando un poco la voz.

 

—Hoy, cuando íbamos hacia el río, se nos acercó. Nos preguntó nuestros nombres. Yo no le dije nada, porque usted siempre nos ha enseñado que no hablemos con extraños… pero Lucía sí le dijo cómo nos llamamos y cuántos años tenemos.

 

Matilde miró a su hija con dureza. Lucía estuvo a punto de llorar.

 

—¿Y después? —preguntó Marta, casi histérica.

 

—Después… nos pareció una abuelita dulce. Nos preguntó dónde podía comprar fréjol blanco —Carlos tembló al decir esas palabras y su madre lo notó—. Yo le ofrecí ayudarle a cargar la cesta hasta la tienda de don Luciano, pero cuando me acerqué gritó que no la tocara, que llevaba objetos valiosos. Entonces me aparté.

 

Matilde no entendía del todo, pero lo dejó continuar.

 

—¿Y después qué pasó? —insistió Marta.

 

—Después volvió a ser dulce. Se despidió… y nos dijo algo extraño.

 

—¿Qué les dijo? —preguntó Matilde, ya con la voz tensa.

 

Carlos bajó la mirada.

 

—Que tuviéramos cuidado en la oscuridad y con este clima… porque a los seres de la noche les gustan tiernos.

Un silencio denso llenó la habitación.

 

Matilde sintió un frío intenso recorrer su espalda. Para que sus hijos y su hermana no lo notaran, forzó la voz y dijo:

 

—Tal vez… tal vez esa mujer estaba loca.

 

Pero ni ella misma se lo creía.

 

Matilde acompañó a su hermana hasta la casa del jefe del pueblo, con la esperanza de que pudiera organizar alguna búsqueda por Mayra. Por el temor que le provocaba lo ocurrido, decidió llevarse también a Carlos y a Lucía.

 

Al llegar, la esposa del jefe les informó que él no estaba. Había ido a la casa de don Luciano. Sin perder tiempo, todos se dirigieron hacia allá.

 

Cuando pasaron frente a la tienda, Matilde se detuvo en seco. En la puerta colgaban listones negros.

 

Preocupada, le pidió a Marta que se quedara con los niños mientras ella se acercaba a preguntar.

 

—¿Qué pasó, vecina? —preguntó—. ¿Por qué esos listones negros en la casa de don Luciano?

 

 

Una mujer de ojos enrojecidos la miró con pesar.

 

—Ay, vecinita… don Luciano murió esta mañana. De un infarto.

 

Matilde se quedó petrificada. Toda la vida había visto a ese hombre detrás del mostrador. Lo quería casi como a un familiar.

 

—¿Qué le pasó? —preguntó con la voz entrecortada, mientras las manos empezaban a sudarle—. ¿Por qué le dio el infarto?

 

—Nadie lo sabe con certeza —respondió la vecina—. Lo que se comenta es que algo… o alguien… lo asustó tanto que el corazón no le resistió.

 

—¿Algo que vio? —preguntó Matilde, sin entender del todo.

 

—Sí. Su hija cuenta que vio una sombra desapareciendo por las calles, metiéndose hacia el bosque. Cuando corrió a ver a su padre, pensó que lo habían asaltado. Lo encontró tirado en el suelo, gritando algo de una viejita… pero no alcanzó a decir más. El corazón no le aguantó.

 

Un sudor frío le bajó por la frente a Matilde. Se quedó inmóvil, incapaz de procesar del todo aquellas palabras.

 

Matilde regresó junto a su hermana y los niños. Les contó, con voz baja, lo que había ocurrido con don Luciano.

 

Carlos, todavía sin entender del todo, empezó a unir las piezas en su cabeza. La viejita del bosque… la muerte del hombre que vendía fréjol blanco…

 

—Mami… —dijo con un hilo de voz—. ¿Don Luciano no está muerto por mi culpa?

 

Matilde se agachó frente a él.

 

—¿Por qué iba a ser tu culpa, mijo?

 

—Porque… si fue la viejita del bosque… y yo le dije dónde podía comprarlo… —Carlos aguantaba las ganas de llorar—. Tal vez por eso le hizo daño.

 

Su madre le tocó la mejilla con suavidad.

 

—No, mi amor. Nada de esto es culpa tuya. Don Luciano ya estaba mayor. El corazón a veces no aguanta. Tú no hiciste nada malo.

 

Carlos asintió, aunque no parecía del todo convencido.

 

Esperaron un rato más. Finalmente vieron salir al jefe del pueblo de la casa. Matilde y Marta lo interceptaron de inmediato.

 

—Don Javier, qué bueno que lo vemos —dijo Matilde, con la voz un poco temblorosa—. ¿Podemos hablar con usted un momento?

 

El hombre sonrió al verlas.

 

—Claro, hijas mías. Después de lo de Luciano, es un alivio ver caras conocidas. Díganme, ¿qué pasó?

 

—Don Javier… mi sobrina Mayra desapareció —explicó Matilde—. Esta madrugada mi hermana la mandó al río. Mis hijos encontraron la cesta tirada y ropa flotando en el agua… pero de la niña no había rastro.

 

La sonrisa de don Javier se borró de golpe. Su rostro se volvió serio, casi nervioso. Bajó un poco la voz y se dirigió a Marta.

 

—Mija… les voy a decir la verdad —dijo, y se notaba que le costaba hablar—. Mayra no es la primera niña cuyos padres vienen a decirme que no la encuentran.

 

Se quedó en silencio un segundo, como si dudara en continuar.

 

—El patrón es siempre el mismo: ropa tirada en el barro, zapatos en el río… como si hubiera habido forcejeo. Pero no encontramos rastros. Ni huellas, ni nada. Varias veces hemos recorrido esos lugares y no aparece absolutamente nada.

 

Un silencio denso se instaló entre ellos.

 

Javier se despidió de ellas después de hablar un rato más. Antes de irse, prometió a Marta que harían todo lo posible por encontrar a su hija.

Matilde, a pesar del miedo que le provocaba lo ocurrido con su sobrina, no tenía otra opción. Su espalda le dolía demasiado y el dinero no alcanzaba para tratarse. No podía ir ella misma al río. Así que, día tras día, seguía mandando a Carlos y a Lucía.

 

Cada madrugada, antes de que salieran, les hacía la señal de la cruz en la frente, les colocaba un rosario alrededor del cuello y les repetía lo mismo:

 

—Vayan con Dios. Cuídense mucho. Y no hablen con nadie.

 

Los días fueron pasando. Contra todo pronóstico, los niños iban y regresaban sanos. Sin novedades. Sin encuentros extraños.

 

Las semanas se acumularon. De Mayra nunca más se supo nada. Ni un rastro. Ni una noticia.

 

Marta no pudo soportarlo. Una mañana hizo sus pocas maletas y se fue a la ciudad, con la débil esperanza de encontrar allí alguna ayuda para buscar a su hija.

 

En el pueblo, la vida continuó como pudo. Pero cada vez que Matilde veía a sus hijos salir hacia el bosque todavía oscuro, sentía un nudo en el pecho que no desaparecía del todo.

 

Una madrugada, Matilde despertó solo a Carlos.

 

—Lucía está enferma —le dijo en voz baja—. Hoy no puede acompañarte.

Carlos sintió un escalofrío. La idea de caminar solo por aquel bosque oscuro le heló la espalda, pero no dijo nada. Tomó la cesta de ropa y se preparó para salir.

 

Su madre le hizo la señal de la cruz en la frente, le colgó el rosario al cuello y le susurró:

 

—Ve rezando todo el camino. Dios va contigo.

 

Carlos salió de la casa haciendo exactamente lo que le habían pedido. Terminó la oración justo antes de entrar al bosque. El aire se sentía más denso y frío que otros días. De pronto, desde lo profundo de los árboles, escuchó una risa pequeña, casi infantil.

 

Cerró los ojos y echó a correr.

 

No vio el tronco. Chocó de lleno contra un árbol y cayó al suelo. Se quejó del golpe, se levantó entre las hojas secas y siguió adelante, más asustado que antes.

 

A mitad de camino volvió a ver a la ancianita. Iba en dirección al río, con su gran cesta a la espalda. Carlos se quedó quieto, esperando que pasara de largo… hasta que escuchó una voz conocida.

 

—¿Lucía? ¿Qué haces aquí? —preguntó, asustado.

 

Su hermana se acercó y lo abrazó.

—No quería que fueras solito. Me escapé cuando mamá se fue a bañar.

 

—Estás enferma, tienes que volver a casa —le dijo Carlos, intentando hacerla regresar. Entonces se dio cuenta de algo—. Lucía… ¿dónde está tu rosario?

 

La niña se tocó el pecho.

 

—Se me olvidó. Salí corriendo y no lo agarré.

 

Carlos se quitó el suyo y se lo puso a su hermana.

 

—Toma el mío. Que Dios te cuide. Ven conmigo, pero no vas a lavar. No quiero que empeores.

 

Lucía aceptó. Siguieron juntos hacia el río.

 

Cuando estaban por llegar a la orilla, escucharon otra vez aquella risa, mezclada con un sonido parecido al de un búho. Miraron hacia todos lados, pero no vieron a nadie ni a ningún animal.

 

Carlos empezó a lavar la ropa, aunque sentía que algo andaba mal. De pronto vio, otra vez, prendas y un zapato pequeño flotando río abajo.

 

No lo pensó dos veces. Salió del agua, tomó la mano de Lucía y corrieron río arriba.

 

Lo que encontraron los dejó helados.

 

La ancianita estaba de espaldas a ellos. Con movimientos rápidos y precisos, metía a una niña pequeña dentro de su enorme cesta. La niña forcejeaba, tiraba ropa al agua y gritaba, hasta que de pronto sus gritos se apagaron por completo. Como si algo dentro de la cesta la hubiera silenciado.

 

Lucía no pudo contenerse y gritó.

 

Carlos intentó taparle la boca, pero fue demasiado tarde.

 

La anciana giró la cabeza con lentitud. Al verlos, una sonrisa torcida se dibujó en su cara… y entonces mostró su verdadero rostro.

 

Era horrible. Distorsionado. Nada humano.

 

Pero lo que más aterrorizó a los niños no fue la cara.

 

Fue mirar hacia abajo.

 

La anciana no tenía pies.

 

Simplemente flotaba sobre el suelo.

 

 

 

Los hermanos quisieron correr, pero las piernas no les respondían. Era como si el miedo les hubiera clavado los pies al barro. Carlos intentó empujar a Lucía hacia atrás, lejos de allí, pero ya era demasiado tarde. La anciana estaba frente a ellos.

 

—Hola, Carlos —dijo con una voz fría, exacta a la de su madre—. ¿Dónde está tu rosario?

 

Carlos se llevó la mano al pecho por reflejo. Solo entonces recordó que se lo había dado a su hermana minutos antes.

 

—¿No tienes rosario? —repitió la vieja, y su risa fue baja, casi cariñosa—. ¿No tienes quién te proteja esta noche?

 

Carlos salió corriendo por puro instinto. Había dado apenas unos pasos cuando miró hacia atrás y vio a Lucía todavía de pie, paralizada. El terror había sido tan fuerte que se había orinado encima. Tenía la mirada fija, la boca entreabierta y el cuerpo rígido, como si ya no perteneciera del todo a este mundo.

 

—¡Lucía! —gritó.

 

Volvió por ella. Le agarró la mano con fuerza y tiró.

 

—¡Corre, hermanita! ¡Corre!

 

Esta vez las piernas respondieron. Corrían entre los árboles, tropezando con raíces, respirando entrecortado, cuando Carlos miró una vez más hacia atrás.

La anciana se reía. Su cuerpo se retorció de una forma imposible, se encogió, y en un segundo se convirtió en un búho enorme de ojos amarillos. Ascendió entre las ramas con un aleteo pesado… y de pronto volvió a aparecer delante de ellos, otra vez en forma de mujer, flotando a pocos metros, sin tocar el suelo.

 

Solo se escucharon gritos y forcejeos en aquella madrugada fría.

 

Cuando el silencio regresó, junto a la orilla del río quedó una cesta de ropa abandonada, igual que las otras veces. El agua seguía llevándose algunas prendas río abajo, como si nada hubiera ocurrido.

 

Semanas después, Matilde ya no pudo más. El peso de lo que había perdido —su sobrina, la tranquilidad, y sobre todo la certeza de que algo malo seguía suelto en el bosque— se volvió insoportable. Una madrugada, sin decirle nada a nadie, se adentró entre los mismos árboles que tanto temía y se quitó la vida entre las ramas.

 

Lucía sobrevivió.

 

Pero nunca volvió a hablar.

 

Los años pasaron y ella solo conservó un recuerdo nítido, cruel y repetitivo: el momento exacto en que su hermano la empujó con todas sus fuerzas hacia el agua fría del río, le gritó que rezara y se aferrara al rosario, mientras la bruja lo arrastraba y lo metía dentro de aquella cesta enorme. Los gritos de Carlos se cortaron de golpe cuando la tapa se cerró.

 

Esa imagen nunca la abandonó. Ni de día ni de noche.

 

Lucía creció en silencio. Se convirtió en una mujer callada, de mirada ausente, que a veces se quedaba horas mirando hacia el bosque sin parpadear. Nunca pudo explicar lo que había ocurrido aquella madrugada. Ni a su padre, ni al jefe del pueblo, ni a los médicos que años después intentaron, una y otra vez, hacerla hablar.

 

Al final, también ella se apagó. Murió todavía joven, consumida por una pena tan profunda que nadie en el pueblo logró comprender del todo.

 

Y aunque el tiempo pasó y la gente dejó de hablar de Mayra, de don Luciano y de los niños que alguna vez lavaron ropa antes del amanecer, todavía hay quienes juran que, en las madrugadas más frías, se escucha una risa suave entre los árboles…

 

Y que a los seres de la noche les siguen gustando los tiernos.

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u/pabeliko22 — 3 days ago

Sombras en las casas

Buenas tardes a todos, quisiera consultarles si alguno de ustedes tiene alguna historia similar, les cuento:

Desde que soy pequeño he escuchado en las reuniones familiares sobre la casa de mi abuelita (esta dentro de un gran terreno que repartio mi bisabuela, donde viven todas las hermanas de mi abuelita, ahi vivio una bruja y demás cosas, cada casa tiene historias mucho mas fuertes jaja), sobre una sombra que vive ahi, la miraban mis abuelos, mi papá, mis tios, hasta recientemente mi prima, mi primo pequeño, todo el mundo ha contado sobre esa sombra, excepto mi hermano, mi mamá y yo, pues nunca hemos entrado solos a esa casa.

Dicen de una presencia, que se expresa como una sombra, algo que cuando están solos, la ven, pueden estar cocinando, viendo tele, durmiendo, y se siente como que alguien los observa y cuando lo voltean a ver se ve una sombra que se esconde rapidamente, algunos al ven como un adulto, otros como niño y mi primo más pequeño, que fue el último en verla, cuenta que la vio como una mujer, una pedazo de vestido que paso rapidamente.

Dicen que no hace daño, solo esta ahi, que se siente cuando esta dentro, pero no sale de la casa. Recientemente la remodelaron, demolieron lo existente y agregaron un jardín y más niveles, y creiamos que con eso se iría (sigue apareciendo, pero solo dentro del espacio que ocupaba antes la casa, pareciera que tiene limites de donde no sale). Pero mi primo pequeño la vio hace unas semanas, asi que significa que eso sigue ahi. No es algo que haga daño, pues nadie ni asuste directamente, las unicas que se han topado de frente ha sido mi abuela, quien siempre fue muy valiente, y contaba que ella cuando sentia la presencia, le comenzaba a preguntar que hacia en su casa, hasta llegar al punto de perseguirla una vez, hasta que la alcanzo y sintio como que se hubiera topado con algo y despues de eso, ya nunca la volvio a ver ni sentir. Mi prima dice que la sintio, y al tratar de salir corriendo tambien sintio como que se la hubiera topado de frente, y ya no la ha vuelto a ver, si la ha sentido, pero ha salido antes de verla.

Al único que ha "atacado" fue a mi tio (el tiene muchas más historias, como que la llorona lo intento robar cuando era pequeño y su mamá la corrio, asi que el tiene algo especial, tengo tantas historias para contar), el un dia mientras descansaba en su cuarto, sintio como algo se le subia encima y no lo dejaba escapar, el lucho y lo insulto hasta que eso lo dejo en paz y se pudo mover.

Alguien tiene más historias como eso? sera que si hay algo que se queda atrapado en el espacio y en el tiempo?

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u/Short_Jackfruit_5134 — 3 days ago

Ay algo en el techo de mi abuela

Hola quiero contar una historia que me pasó hace tan solo 3 días, termine las clases y mi hermana mi mamá y yo fuimos a la casa de mi abuela y mis primos, mis primos mi hermana y yo tenemos la mala costumbre de desvelarnos ese dia no era tan tarde tan solo la 1:45AM y yo y mi hermana salimos del cuarto a escondidas de mi mamá y fuimos con mis primos teníamos hambre y como ya sabemos cocinar decidimos hacer unas panquecas (asi se llaman aqui en Venezuela) y cuando ya habiamos hecho 3 panquecas ya eran las 2AM y empezamos a escuchar unos maullidos atrás de la puerta clave resaltar que la cocina pega con el fondo de la casa y para entrar al fondo hay una puerta que estaba bien cerrada, nosotros nos asustamos pero como yo soy muy curioso me fije en la ventana y hay lo vi siendo sincero nunca crei en brujas aunque e tenido experiencias paranormales que muchos dirían que son brujas yo lo asociaba con palomas (sonidos en el techo)hasta hace unos días lo que ví era un simple gato gris con negro y blanco yo segui viendo mis primos me decían que no mirara ya que ellos creen demasiado en brujas y me empujaban y me pusieron el cucharón caliente en la espalda para que dejara de ver pero nada fe de eso me detuvo, hasta que el gato se me quedo mirando fijamente tenía unos ojos amarillos sin ningún tipo de emoción notable lo admito me asusté deje de ver luego el gato empezó a desesperarse empezó a maullar muy fuerte y a intentar meter sus patas por debajo de la puerta buscaba todo tipo de maneras de meterse mi primo ya cansado agarro sal y lo paso por debajo de la puerta y el gato........ Se fue mi mamá justo salió y mi hermana y yo nos metimos mis primos se quedaron con sus panquecas, luego de meterme escuché un maullido que se escuchaba lejos y pensé que seguía hay pero no el gato estaba en el techo la sal lo espanto y mis primos cuentan que luego de eso no volvieron a escuchar más al algo estos días e empezado a volverme paranoico ya que empiezo a ver un gato igual anel caminar por la casa los primeros días que esto me pasó pensé que solo eran ratas pero ya simplemente pasa lo normal y unos días antes de la aparición del gato estaba solo en el cuarto ya que los demás estaban afuera agarrando aire porque no había luz y yo juro que veía gatos caminando y lo último fue una figura humanoide completamente oscura con zapatos blancos rápidamente sali y no volví entrar hasta que hubiera más gente, si quieren que les siga notificando lo que me siga pasando solo díganme esto es todo hasta ahora muchas gracias por leer nos vemos otro día

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u/Flashy_Possession574 — 5 days ago

[OC] LAS 3:17 - ARCHIVO 001

ARCHIVO 001: LA LLAMADA

Las 3:17 AM.

Mi celular vibró. Número desconocido.

Contesté.

Del otro lado solo se escuchaba respiración. Pesada. Cerca.

Como si estuviera al lado mío.

Y después una voz susurró:

"Vi que leíste el ARCHIVO 001"

Se cortó.

Revisé mi historial. No había ninguna llamada.

Pero en mi galería apareció una foto nueva.

Hora: 3:17 AM

Es una foto de mi cuarto... tomada desde el techo.

Yo duermo solo.

Si llegamos a 500 vistas en el ARCHIVO 001, subo el ARCHIVO 003 mañana.

¿A ustedes también les suena el celular a las 3:17?

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ARCHIVO 001: https://link-de-tu-primer-post

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u/Frequent-Career2188 — 5 days ago

Hola Busco historias reales de lo inexplicable o lo más perturbador que te ha pasado

Hola a todos. Llevo tiempo leyendo y recopilando anécdotas sobre eventos paranormales, fallos en la realidad y experiencias inexplicables.
Me he dado cuenta de que las mejores historias no son las de ficción, sino las de la gente común a la que le pasa algo imposible de la noche a la mañana.

Si tienes una anécdota personal —ya sea en la casa de tus abuelos, en el trabajo, en la carretera o en tu propia habitación— déjala aquí abajo.

No importa si suena "demasiado loca" o si cree que no tiene sentido. Aquí no venimos a juzgar ni a buscarle tres pies al gato, sino a leer lo que realmente vivieron.

si noes mucho pedir las quiero para subir a mi pagina de faceboock gracias.

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u/Charlee1961 — 6 days ago

Hola estoy por abrir mi canal de youtube y TikTok contando historias de terror y sucesos paranormales si conoces historias o experiencias que allas tenido coméntala abajo

Las estaré subiendo alas redes sociales si las gustan ver

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u/Individual_Tap_8612 — 6 days ago

Los Animales de mi Tía Aparecieron Sin Huesos y Nadie Sabe Qué Pasó

A finales de marzo, durante las vacaciones de Semana Santa, fuimos a visitar a una tía que vive en un lugar un tanto alejado. Mi tía había optado por una vida tranquila, rodeada de animales y naturaleza. Ese día llegamos algo tarde a su casa, nos invitó a comer algo y después nos fuimos a dormir.

Pasada la medianoche, escuché un estruendo en el cielo y salí a ver qué ocurría. Para mi sorpresa, se había desatado una fuerte tormenta y caía agua a chorros. Pronto, el resto de la familia se despertó y salió a ver cómo la intensa lluvia caía del cielo. Mi tía se preocupó por sus animales y quiso salir para taparlos, pero la detuvimos y le pedimos que esperara.

Fueron largas horas en las que la lluvia no paraba. Mi tía pasó de la desesperación a la calma y se quedó dormida en el sillón esperando que la lluvia terminara. Al verla ahí dormida, le pusimos una cobija para taparla y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, los gritos y el llanto de mi tía me despertaron. Corrí hacia afuera de la casa y la vi ahí, en el suelo, sosteniendo a sus animales sin vida. Pero, extrañamente, el suelo no estaba húmedo, los animales tampoco estaban mojados y, al verlos con detalle, nos dimos cuenta de que les habían sacado los huesos a cada uno de ellos. Eso me hizo sentir un miedo inmenso. Nadie supo explicar lo que había ocurrido y cada quien tenía una teoría distinta.

Mi tía, por su parte, no podía ni hablar. Se la pasaba llorando desconsoladamente y, a ratos, nos contaba alguna historia graciosa que había vivido con esos animales. Para ayudarla a sentirse mejor, le dije que le ayudaríamos a hacer las tumbas para darles santa sepultura a sus preciados animales, y así lo hicimos.

Durante horas escarbamos varios huecos en la tierra: algunos pequeños para gallinas y conejos, y otros más grandes para chivos y puercos. Por último, quedaba el caballo. Ese era el animal más grande que tenía y, por consecuencia, debía ser el agujero más grande.

Caminé alrededor de la casa para buscar el lugar indicado para hacer el agujero y, cuando lo encontré, fui por los demás para pedirles ayuda y arrastrar al caballo. El animal estaba muy pesado, así que lo agarramos de las patas y lo fuimos arrastrando lentamente.

De pronto, la panza del equino empezó a moverse. Lo soltamos de inmediato y nos alejamos un poco, pero nos quedamos atentos para ver qué ocurría. Por su nariz, boca y ojos empezó a escurrir un líquido blanquecino. Al ver que no había tanto peligro, me aventuré a agarrar un palo e intentar tocar ese líquido para ver qué era.

Pero, de pronto, el líquido blanco, que ya estaba formando un charco, se unificó completamente y empezó a moverse por la tierra. Todos gritamos y corrimos mientras ese líquido nos perseguía. Al estar dentro de la casa nos sentimos a salvo, pero el líquido empezó a entrar por debajo de la puerta.

Ahí supimos que no había nada más por hacer. Uno de mis familiares sacó un encendedor e incendió uno de los sillones. Mi tía se puso como loca, pero cuando vio el líquido blanco entrando, lo comprendió. Todos juntos salimos corriendo de la casa por la puerta trasera, nos subimos a los autos y nos alejamos de ese lugar, mientras veíamos la casa quemándose poco a poco.

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u/EscritorVictorDP — 7 days ago

Casi me secuestran😱

Hola mi gente hoy les voy a contar como casi me secuestra esto lo comparto para que estén atentos y atentos cuando estén en la calle ya que les puede pasar a ustedes también...

Todo paso cuando mi mamá me mando a comprar unos clabos por que estabas construyendo en casa mi primo de 11 años mas grade que yo me acompaño cuando bamos de camino a la tienda un hombre se me acerca y me agarro muy fuerte de la mano pero por suerte mi primo agarro una roca y se la tiro callendole el el ojo al hombre nos fuimos corriendo de ese lugar no bolbi a ber a ese hombre eso fue recientemente y ahora me cuidó

Mas

fin de la istoria

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u/Nice-Summer6637 — 6 days ago

Cuál es esa experiencia paranormal o aterradora que viviste pero NUNCA cuentas porque nadie te cree

Hola a todos. Llevo tiempo leyendo y recopilando anécdotas sobre eventos paranormales, fallos en la realidad y experiencias inexplicables. Me he dado cuenta de que las mejores historias no son las de ficción, sino las de la gente común a la que le pasa algo imposible de la noche a la mañana.

Si tienes una anécdota personal —ya sea en la casa de tus abuelos, en el trabajo, en la carretera o en tu propia habitación— déjala aquí abajo.

No importa si suena "demasiado loca" o si cree que no tiene sentido. Aquí no venimos a juzgar ni a buscarle tres pies al gato, sino a leer lo que realmente vivieron.

Quién se anima a empezar

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u/Charlee1961 — 7 days ago

La Muñeca de la Piel Cosida

Recuerdo bien ese recorrido, mis padres habían tenido la idea de llevarnos a un recorrido al bosque para hablarnos de su divorcio. Yo ya lo sabía, llevaba meses escuchándolos pelear y esta noticia no me sorprendió, pero a mi hermana sí le afectó mucho. Ella comenzó a llorar y cuando mi madre intentó abrazarla salió corriendo. Estuvimos un buen rato buscándola por todo el lugar hasta que al final apareció abrazando a una muñeca de trapo. Mis padres no quisieron preguntarle nada, solo la tomaron de la mano y nos fuimos. Más tarde intenté preguntarle algo acerca de la muñeca, pero mi hermana no hablaba, solo abrazaba la muñeca e ignoraba las preguntas. A la par de esto, se empezaron a escuchar pasos por toda la casa, en ocasiones se cerraban las puertas o se caían cosas de la nada. Varias veces intenté decirle a mi madre que esa muñeca tenía algo que ver, pero ella solo me ignoraba, estaba más preocupada por el divorcio. Fue así que una tarde me metí al cuarto de mi hermana para decirle que era hora de comer, ella no me dijo nada, solo empezó a caminar. Su actitud me hizo enojar, pensé en decirle algo, pero vi que la muñeca dejó caer un pedazo de papel. Lo levanté y leí algo que me dejó paralizado, era la letra de mi hermana pidiendo ayuda y diciendo que la muñeca era mala. No supe qué hacer, mi padre no se había aparecido desde hacía mucho tiempo y mi madre nunca quería hablar. Así que decidí resolverlo por mi cuenta.

Llegué al comedor y mi hermana estaba sentada comiendo mientras mi madre hacía una llamada. Hice un movimiento rápido, agarré a la muñeca con fuerza y la jalé, esto hizo que mi hermana expulsara un grito horrible, pero fue un grito de dolor. Mi madre se alteró mucho y más al ver que esa muñeca parecía estar cosida al brazo de mi hermana. Di un tirón más fuerte y los hilos que unían a la muñeca con mi hermana se rompieron. Me quedé con la muñeca en la mano mirando a mi hermana llorando y a mi madre con una expresión de miedo. Sin saber qué más hacer saqué la muñeca al patio, pensaba que enterrarla era lo mejor, pero mi madre llegó con un bulto de cemento y un bote. Juntos preparamos todo, metimos esa muñeca y la cubrimos de cemento, acordamos no volver a hablar de lo sucedido. En cuanto a mi hermana ella nos dijo que en ese bosque una mujer de cabello blanco le dio la muñeca y que a partir de ahí perdió el control de su cuerpo, que fue como si ella fuera la muñeca y solo durante la noche cuando dormía, es que pudo moverse y escribir la nota.

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u/EscritorVictorDP — 8 days ago

Experiencias aterradoras paranormales o inexplicables

Ésto lo conté en un subreddit pero se los comparto.

ésto es algo que pasó cuando tenía 6-7 años, este es el contexto, vivía en el 4 piso de un departamento, tenía mi propio cuarto y televisor, en aquel entonces dormía con las luces apagadas y cerraba la puerta con seguro para que no me levantarán temprano para ir al colegio, había un ropero de puerta corrediza empotrado en la pared se encontraba en una esquina de la habitación y mi cama en la esquina opuesta el televisor estaba en el medio de la habitación.

Me desperté en algún momento de la noche, no sabría decir que hora, no se veía luz a través de las cortinas. Curiosamente mi televisor estaba prendido pero tenía estática, lo extraño fue que estuviera prendida, la estática no era raro porque la señal era muy mala en la zona, me senté en la cama desconcertado porque estaba seguro de que la había apagado, cuando me estaba por bajar de la cama para apagarlo, veo el armario un poco abierto (suelo dejar el armario cerrado) lo más impactante era que observé un par de ojos que me miraban desde adentro, allí me congelé y nos quedamos mirándonos un rato, hasta que ví como se abría lentamente la puerta corrediza, mi primer instinto como niño fue acostarme y arroparme completo, deje una apertura para observar el armario, una vez abierto el "ente" se levantó, solo podía ver sus ojos pero por como se movieron los supuse, salió del armario y se acerco al televisor, el ente era una sombra muy alta y delgada, solo veía sus ojos y el contorno de lo que era su cuerpo, tenía brazos largos, tres cuernos en la cabeza, era lo único que podía distinguir, el resto era oscuro, apagó el televisor y se fue acercando a mi cama, asustado me volví a cubrir, fingiendo estar dormido, eso se subió a mi cama y se acostó a un lado, pasé un rato esperando a que se fuera, pero seguía sintiendo como había alguien a mi lado, no sé en qué punto me dormí.

Desperté agotado pensé que quizá había sido una pesadilla, no había nadie a mi lado, el televisor estaba apagado, pero cuando ví el armario, estaba abierto de par en par, mi ropa estaba tirada en el suelo, entré en pánico, quizá uno de mis hermanos me quería asustar? Revisé la puerta y estaba con seguro tal como siempre la dejo antes de dormir, no sé exactamente que era aquello, prefiero pensar que fue una pesadilla pero... estoy seguro de que no fué el caso.

Pasó mucho tiempo, no volví a ver o soñar con esa cosa, solo estaba en mi memoria hasta que quedó como un anécdota, pero un día después de mucho tiempo volvió, tenía 16 años, estaba en el liceo hablando con mis amigos y profesora con la que pasábamos el rato de vez en cuando, cuando observo unos árboles a la distancia y veo que ese "entre" me observaba desde la distancia, volví a congelarme, recobre el sentido cuando me agitaron preguntándome "que pasaba?" Porque me había puesto pálido, se me salió una lágrima y les conté sobre eso, solo pudieron desearme bendiciones y que me cuidara, afortunadamente no lo he vuelto a ver, ya tengo 23 años y ahora les cuento esto aquí...

Alguien que comparta sus historias? Tuve otras experiencias pero ésta es la más aterradora

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u/ReddFYLJ — 8 days ago

LA CHICA DE LAS FOTOGRAFÍAS

Conocí a una chica en una aplicación de citas.

Todas sus fotografías eran antiguas, en tonos sepia. Supuse que era fanática de los filtros retro.

Era tímida, ingenua y no entendía algunos de los términos populares más comunes.

Hablaba constantemente de su vida en el campo, de vivir sin electricidad y del ferrocarril como si fuera el invento más extraordinario del mundo.

Pensé que estaba bromeando cuando mencionó su miedo a la Revolución Mexicana.

Dejé de responderle cuando vi su última fotografía de perfil.

Era ella, fingiendo estar muerta.

Su último mensaje hablaba de unos nuevos huaraches de baqueta que había comprado.

Decía que nunca antes había usado unos.

Pasaron varios días hasta que, por casualidad, la escuela nos llevó a visitar el Museo Nacional de Historia, en el antiguo Palacio Nacional.

Mientras recorríamos una de las salas, me detuve frente a una fotografía.

Reconocí inmediatamente el rostro.

Era ella.

La chica de la aplicación.

Estaba dormida, con los ojos casi cerrados.

Vestía el mismo vestido manchado de negro que aparecía en las fotografías de su perfil.

Me acerqué al cristal.

Debajo de la imagen había una fecha de hacía más de cien años.

Entonces vi un recorte de periódico colocado junto a la fotografía.

"Joven muere tras comprar sus primeros huaraches."

Sentí un escalofrío.

Seguí caminando, intentando convencerme de que aquello era una coincidencia.

Estaba a punto de abandonar la sala cuando encontré una última fotografía.

Me quedé inmóvil.

Era yo.

Estaba desplomado sobre unas escaleras, dormido, con los ojos casi abiertos.

Vestía ropa de principios del siglo XX y aparecía frente al mismo edificio en el que me encontraba.

Debajo de la fotografía había una fecha:

8 de junio de 1912.

Y otro recorte de periódico:

"Adrián Hurtado muere al mediodía tras ser asaltado fuera del Palacio Nacional."

Miré el reloj.

Faltaban diez minutos para el mediodía.

Entonces mi teléfono vibró.

Era un mensaje de ella.

Te estoy esperando afuera.

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u/ElGuardian09 — 9 days ago

Asmr

Hola les cuento mi historia,.yo una chica que vive en una casa donde habitan mucha personas, bueno desde un mes mi tío Pedro me hace asmr desde su pared, yo duermo pegado a su cuarto y bueno el siempre me hace sonidos con su boca y la verdad me parece relajante, solo que ahora hay sonidos de aplausos, sonidos de gemidos, creo que me gusta, solo desearía verlo, que opinan ustedes amigos.

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u/AgreeableCategory912 — 7 days ago