IGUAL QUE USTED
Eran las 4:37 de la madrugada de un jueves.
Mi padre se sintió mal.
Estaba ardiendo en fiebre.
Dejó el puesto a mi cargo y, antes de irse, me dijo:
—Estarás bien, si no miras al interior del taxi y le dices al conductor: Igual que usted.
Pensé que deliraba y, para no preocuparlo, le prometí que haría lo que me pidió.
Aquella madrugada ya no hubo muchos clientes.
Todos se habían marchado desde las dos, cuando las brasas del trompo comenzaron a crujir, emitiendo un sonido aterrador, como si fueran los gritos desesperados de una mujer.
Esperé un rato más, pero nadie llegó.
Comencé a limpiar el puesto y a guardar algunas cosas cuando un taxi se detuvo frente a él.
Era el clásico Tsuru amarillo con letras azules.
Miré de reojo.
Los vidrios estaban completamente polarizados y las ventanillas cerradas.
Aun así, escuché claramente una voz proveniente de su interior.
—¿Todavía tiene?
Le di la espalda mientras cargaba unas sillas hacia el interior del puesto.
—Igual que usted.
El motor rugió con fuerza, como si quisiera que volteara a mirarlo.
Bajé la cabeza y le di la espalda.
Deseaba escuchar otro automóvil, otras personas, cualquier señal de que no estaba solo.
Pero la calle estaba completamente desierta.
Entonces la voz volvió a hablar, esta vez pegada a mi espalda.
—De tripa y cabeza.
Mientras retiraba las mesas, respondí:
—Igual que usted.
Las luces del interior del taxi se encendieron.
Miré de reojo y alcancé a distinguir cuatro siluetas inmóviles, mirando hacia el frente como maniquíes.
Sentí que la piel se me erizaba.
Tomé una cebolla y comencé a picarla para mantener los ojos cerrados.
—Lengua y cabeza.
La voz sonó tan cerca que juraría que el conductor estaba a unos centímetros de mí.
Las lágrimas corrían por mi rostro.
—Igual que usted —dije, sollozando.
El taxi arrancó y su sonido desapareció calle abajo.
Las brasas del trompo, ya sin carne frente a ellas, comenzaron a crujir otra vez.
No entendí por qué, pero, mientras limpiaba mis lágrimas, dije en voz baja:
—Igual que usted... siempre igual que usted.