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Acabo de publicar el prólogo de mi novela de fantasía oscura y necesito opiniones honestas
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Acabo de publicar el prólogo de mi novela de fantasía oscura y necesito opiniones honestas

Llevo años construyendo este mundo entre bloqueos, ideas sueltas y muchísimas reescrituras. Hace poco finalmente me animé a publicar el prólogo.
La historia sigue a Lloyd Liebheart, el hijo “equivocado” dentro de un reino construido hacia arriba, donde no todos nacen con el derecho de ser vistos.
Pero el prólogo ocurre mucho antes de eso:
una guerra olvidada, gigantes muertos y un hombre llamado Nero caminando hacia algo que probablemente nunca debió encontrar.
Quería crear una fantasía más enfocada en:
atmósfera,
historia enterrada,
jerarquías,
memoria,
y el peso de los nombres.
Si alguien disfruta historias tipo fantasía oscura/melancólica y quiere darme opiniones reales, aquí está:

https://www.wattpad.com/story/410707742?utm_source=ios&utm_medium=link&utm_content=story_info&wp_page=story_details&wp_uname=Ivan47113

Y para quienes no quieran salir de Reddit para leerlo, también dejaré el prólogo completo aquí abajo.

Prólogo

El enorme ojo verde observaba el oscuro cielo.

Días, semanas, meses… quizás incluso años habían pasado desde la última vez que una nube blanca cruzó el azul. La guerra llevaba demasiado tiempo viva. Los mares y los lagos se habían vuelto más oscuros que el vino, y el aire parecía haber olvidado cómo oler a algo distinto que no fuera humo, sangre y ceniza.

Un pequeño ejército avanzaba sobre el cuerpo del gigante que yacía muerto en el suelo.

Cada paso hundía las botas en carne endurecida, huesos abiertos y placas de piel ennegrecida. El olor de la putrefacción inundaba el aire, pero para los soldados de la emergente Eltz aquello había dejado de importar hacía mucho tiempo.

Se habían acostumbrado.

La lluvia de ceniza lo cubría todo.

Algunos hombres observaban en silencio a compañeros abandonados sobre el cadáver del coloso. Amigos. Hermanos. Padres. Hombres arrastrados a la guerra por orgullo, hambre o simple obligación.

Lo habían dado todo.

Más adelante, el rostro del gigantesco ser estaba despedazado. La mitad de su cráneo había desaparecido y sus barbas se habían consumido entre fuego seco y sangre ennegrecida. Sobre el cadáver, animales carroñeros giraban en círculos interminables.

No esperaban a que el ejército se marchara.

Esperaban a que alguien cayera.

La guerra les había enseñado algo importante: la carne moribunda sabía mejor que aquella que llevaba días pudriéndose bajo las botas de los hombres.

Al frente de aquel último bastión caminaba quien pronto se proclamaría rey.

Nero Liebheart había olvidado demasiadas cosas.

Había olvidado el rostro de sus hermanos.
Los libros de fábulas que alguna vez leyó junto al fuego.
Incluso el color real del césped que cubría los jardines del castillo.

Pero existían dos cosas que jamás podría olvidar:

La razón por la que seguía avanzando.

Y su apellido.

Dejando atrás el gigantesco cadáver, nadie volvió la mirada. Desde los más jóvenes hasta los más viejos caminaban cargando armaduras pesadas, espadas agrietadas y capas endurecidas por sangre seca. El sonido metálico de cientos de pasos se mezclaba con el viento muerto de aquellas tierras.

—Mi señor… —dijo una voz detrás de Nero.

No respondió.

Continuó avanzando con la mirada perdida, como si caminara dentro de un sueño demasiado lejano para tocarlo y demasiado cercano para abandonarlo. Parecía que lo único que mantenía su cuerpo en movimiento era el deseo de descubrir cómo se veía el mundo desde la cima.

—Mi señor… —repitió la voz, esta vez más fuerte.

Nero siguió caminando.

—¡Mi señor Nero! —gritó finalmente el consejero, desesperado.

Entonces Nero giró apenas la cabeza.

Detrás de él, su consejero permanecía inmóvil, apuntando hacia el cielo. El miedo había invadido aquellas cuencas agotadas donde el brillo de los ojos había desaparecido años atrás.

Poco a poco, el sonido de las armaduras chocando entre sí comenzó a apagarse.

Los hombres también habían dejado de caminar.

Nero dudó por un instante en mirar al frente. Quizás el final había llegado. Quizás existían cosas contra las que ni siquiera él podía luchar.

Entonces levantó la vista.

Incluso a la distancia, entre la tenue luz rojiza y las nubes oscuras, pudo verla.

La gran montaña.

Su cúspide desaparecía entre las sombras del cielo como si atravesara el mundo mismo. Era tan inmensa que provocaba náuseas a quienes la observaban demasiado tiempo. Algunos soldados apartaron la mirada; otros simplemente cayeron de rodillas.

Pensar en escalarla era suficiente para quebrar la voluntad de cualquier hombre.

Pensar en cuántos morirían intentando alcanzarla… era todavía peor.

—Olvidé la última vez que pisé estas tierras… —murmuró Nero, casi para sí mismo—. Quizás tenía cinco… o seis años.

Guardó silencio.

—No puedo siquiera reconocerlas.

Los hombres más cercanos observaron cómo su rey bajaba lentamente la mirada hacia el suelo. El hombre que los había guiado a través de incontables batallas parecía estar temblando.

Pero no dijo nada más.

¿Qué esperaba el ejército?

Palabras que los hicieran avanzar.
Que los hicieran sacrificar todo lo que les quedaba… por un reino que jamás conocerían.

Pero no hubo más sonido que el de los pasos de Nero avanzando…

Solo.

u/Full_Pay_984 — 2 days ago