Mi fuerza era tú fuerza
Te admiro porque sos fuerte”
me dijiste una vez,
como si yo fuera de piedra,
como si no me quebrara.
Y yo te creí.
Pero no era fuerza.
Eras vos.
Era tu forma de quedarte,
de sostenerme sin darte cuenta,
de hacerme sentir
que el mundo no me iba a tragar.
Hoy entiendo
que yo no era fuerte,
solo estaba acompañada.
Y ahora que no estás,
me tiemblan las manos
cuando me acuerdo de todo,
cuando me pregunto
en qué momento dejé de verte?.
Me odio un poco por no haber sabido,
por no haber entendido,
por no haberte abrazado más fuerte
cuando todavía se podía.
Porque yo hubiera dado lo que sea
por devolverte la paz.
Y aun así…
si pudieras escucharme,
te diría lo mismo que vos me dijiste:
te admiro.
Aunque duela.
Aunque me faltes.
Aunque me rompa.