u/Jadir_

¿Buena persona?

Llegaba a las periferias del centro cuando una mujer se detuvo conmigo en el semáforo.

Estaba encorvada. Tenía el pelo gris, del mismo color del cielo de esa tarde. Empujaba una silla de ruedas donde iba una mujer todavía más vieja.

La anciana me miró.

Intentó decirme algo.

Entonces vi los dientes.

Arriba no había ninguno. Abajo quedaba uno entero, negro. Los demás parecían piedras cafés, desgastadas y porosas.

—¿Qué me dice, madre?

La anciana volvió a intentarlo. Las palabras se perdieron entre la saliva y el temblor de la boca.

—Tranquilo —dijo la otra mujer—. Yo sí le entiendo.

Acomodó una manta sobre las piernas de la anciana.

—Mi mamá le pide ayuda a todo el que ve.

—¿Para dónde van?

Las primeras gotas comenzaron a caer.

La mujer empezó a sacar bolsas para cubrirla.

—A la procuraduría.

Le cubrió los hombros con cuidado.

—Para que no se moje, ma.

Pensé en ayudar.

El semáforo cambió.

Crucé.

Dos calles después ya lo había olvidado

Pero en la noche me preguntaba cuando cambie

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u/Jadir_ — 4 days ago

Tormentas en la noche

Desperté, o quizá solo me di cuenta de que seguía despierto.

Mis ojos luchaban contra los fármacos para el insomnio. La mente aún permanecía hundida en la oscuridad del sueño, pero una gota fría, filtrándose hasta mis huesos, obligó a mi cuerpo a volver.

Miré alrededor.

La cama parecía demasiado grande.

O yo demasiado pequeño.

Las sábanas se inflaron como velas y la habitación comenzó a balancearse. Mi cama era un barco atrapado en un mar negro que respiraba más allá de las paredes.

Poco a poco las pastillas fueron soltándome. La habitación recuperó sus bordes: la ropa tirada en el rincón, el escritorio, las goteras cayendo desde el techo.

No era la primera vez.

No escuché la tormenta que las había traído. Solo el golpe constante de las gotas, arrastrándome hacia otra lluvia.

Entonces estaba en una mesa pequeña, bajo el frío. El vapor subía junto al olor a cigarrillo y el anís me quemaba la garganta. Afuera, la calle parecía brillar más de lo normal: neones reflejados en los charcos, luces cálidas derramándose desde los bares, sombras moviéndose entre el humo.

Poco a poco las voces fueron tomando forma.

Mis amigos discutían las mismas nimiedades de siempre. Cada frase arrastraba un gesto; cada gesto, una risa. Si alguien nos hubiera escuchado, no habría entendido nada. Habíamos construido un dialecto con años de recuerdos y referencias cuyo significado original ya casi no existía.

Alguien se inclinó hacia mí para decirme algo al oído.

O eso creí.

Sentí un calor leve recorriéndome el cuerpo.

Miré.

La silla junto a mí estaba vacía.

Las gotas contra el pavimento comenzaron a devorarse las voces. Ya no podía escucharlos. Solo verlos alejarse mientras el ruido del agua se hacía más pesado, más profundo, hasta inclinar el mundo otra vez.

El mar.

Escuchaba las gotas retumbar contra el suelo mientras las olas me mecían lentamente. Estaba a punto de dejarme hundir cuando un pensamiento me atravesó:

mis diarios.

Mi cuerpo se movió antes que mi mente. La corriente golpeaba mis piernas y cada paso era una lucha contra la marea.

Cuando los tomé, mis brazos cedieron.

Eran demasiado pesados.

El agua seguía subiendo. Helada. Rápida.

Mis manos temblaban. Ya no sabía si estaba sosteniendo los diarios o aferrándome a ellos para no hundirme.

Entonces la puerta se abrió.

Sin urgencia.

Sin ruido.

Ella apareció en el umbral, todavía despeinada, con los ojos cargados de sueño.

—¿Otra vez sin dormir? —preguntó.

Y el mar se detuvo.

El agua retrocedió lentamente. El aire perdió la sal. Volví a respirar.

Ella cruzó la habitación y se sentó junto a mí, como siempre, sin pedir permiso.

Y aunque la silla vacía seguía ahí,

la tormenta había desaparecido.

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u/Jadir_ — 4 days ago