u/JukaiJS

NUEVO CAPÍTULO - ¿Algún interesado en leer mi obra? ¡Se busca Feedback para seguir mejorando!

NUEVO CAPÍTULO - ¿Algún interesado en leer mi obra? ¡Se busca Feedback para seguir mejorando!

Vuelvo con mi obra "Leaf Blade" con distintos cambios en la escritura, siguiendo los consejos que se me han dado, ahora con 5 capítulos y el siguiente en construcción. Una historia sobre un adolescente que intenta seguir el camino del héroe en un mundo que lo encamina a cada paso a convertirse en lo que juró derrotar.

Enlaces:

https://www.wattpad.com/story/409642570-leaf-blade?utm_source=web&utm_medium=twitter&utm_content=share_myworks_details&wp_uname=Jukai-JS

https://getinkspired.com/es/story/699053/auren-chapter-of-leaf-blade/

u/JukaiJS — 5 days ago

https://preview.redd.it/ltsg7zv6w6zg1.png?width=542&format=png&auto=webp&s=9e457058b64c651dd0989c793ec75d2fb0eafd72

Vengo a publicar mi primer historia, después de ciertas recomendaciones hice una reestructuración. Se trata de un Thriller urbano ambientado en el años 2006, que explora la ciudad ficticia de Mirguets y los misterios que habitan sus calles. Desde su protagonista: un chico con un don sobrenatural que le impulsa a defender a su gente, hasta las desapariciones masivas de niños por todo el país.

La historia estará publicandose cada cierto tiempo, siguiendo un formato de arcos ¡Al puro estilo de los mangas y cómics! Espero la obra encuentre a quienes les guste y gente dispuesta a dar su opinión, después de todo estoy aquí para aprender.

https://www.wattpad.com/story/409642570-leaf-blade

reddit.com
u/JukaiJS — 18 days ago

¡Hola! Llevo tiempo escribiendo el primer arco de una historia que he tenido en mente durante muchos años.

Probablemente se note que soy bastante nuevo y por ende quisiera poder recibir feedback respecto a la prosa, la historia que se está contando y la forma en la que se cuenta.

Se trata de un thriller de superhéroes urbano. La historia sigue de cerca a su protagonista, acompañándolo en su campaña por desentrañar el misterio envuelto en la crisis que azota su ciudad, descubriéndose a sí mismo en el proceso.

Adjunto el capítulo 1 de hasta ahora 4.

| AUREN - LEAF BLADE |

Capítulo 1: Through Roots and Flames 

Luces, risas, comida y luego... oscuridad.  

Pequeños pasos resonaban a las afueras de un puerto. 

El humo de la fiesta todavía picaba en la nariz. La mano de su madre lo arrastraba con suavidad, se dejó llevar.  

Sus pies pesaban, sus ojos casi se cerraban... hasta que una sola frase lo alcanzó en la bruma.  

—Ya falta poco.  

Sonrió. Solo podía pensar en quitarse los zapatos, en el helado que su madre le había prometido al llegar a casa, en cualquier cosa menos una fiesta aburrida. 

La mano que lo arrastraba se detuvo de golpe.  

Los dedos de su madre se cerraron sobre los suyos con una fuerza que lo despertó del todo.  

Sus padres estaban frente a él, tapando su vista y su camino. Solo podía escuchar.  

Primero el tono de su madre —suave, conocido— y luego algo que no supo entender en la voz de su padre.  

La figura de su padre se alejó. Los brazos de su madre se cerraron sobre él. El mismo calor, el mismo perfume... pero temblaba. 

Entonces, de repente dejó de sentir sus brazos, dejó de sentir su calor. 

Y… con un empujón, el mundo se apagó de golpe. 

La voz corrió desde ese entonces. Él no fue el primero, ni será el último. 

 

 

En lo alto de una escalera de incendios, con las piernas colgando sobre el vacío, un chico leía. El cómic estaba desgastado y descolorido; la portada mostraba a un soldado americano golpeando a su enemigo, un clásico que le arrancó una sonrisa. 

El sol de mediodía le golpeaba el cabello rubio y encendía el verde de sus ojos. El chico cerró el cómic y se detuvo a observar la ciudad. 

A lo lejos, las personas se dirigían a sus trabajos y los niños salían de las escuelas. Una ciudad en constante movimiento... pero con algo debajo. Algo que todos temían, pero que nadie se atrevía a mencionar. Aquello corroía lo que alguna vez fue la corona del país —la corona de Auren. 

Él, Theym de Mirguets, lo veía. Siempre lo hizo. 

El chico fijó su atención en una patrulla. Un oficial tomaba nota mientras una pareja hablaba. Demasiado lejos para escuchar, pero Theym ya sabía cómo terminaba. 

La mujer cedió. Se dejó caer en los brazos de su marido como si las piernas ya no le sirvieran de nada. 

—Es lo mismo cada día. 

Dejó caer el cómic en sus rodillas. 

—Tantos casos que ya es absurdo. 

Hizo una pausa —sin dejar de observar a la pareja. 

—No les importa la víctima —susurró—. Un pobre huérfano, el hijo de una familia rica... 

Sus ojos volvieron a su cómic. 

—Los eligen. Sin importarles quienes sean. 

—Hay algo más. 

Vio una vez más la figura del soldado. —Algo que solo yo puedo descubrir... y detener. 

Hizo una pausa. 

—Necesito trabajar mis monólogos. 

Finalmente enrolló el cómic para guardarlo.  

Theym se puso de pie y, antes de seguir, nuevamente observó la escena. 

Pero esta vez era distinta: el policía cortó la conversación y se alejó a paso rápido. 

Theym suspiró. 

—¿En serio los vas a dejar sin más...? 

Pero se interrumpió al girar la vista. Apenas a unas cuadras, varios vehículos policiales marchaban al unísono hacia el centro de la ciudad. Theym guardó el cómic. Ya tenía una idea de lo que estaba pasando, pero necesitaba verlo él mismo. 

No tomó demasiado tiempo hasta que llegó junto a la multitud al epicentro del evento. 

El banco de Mirguets estaba rodeado. La multitud se amontonaba detrás del perímetro que la policía había improvisado: patrullas en cada entrada, un oficial con un celular desechable y miradas tan desconcertadas como asustadas. 

Theym, como cualquier otro civil, solo podía observar desde las lejanías. Un espectador más entre la multitud. Pero sus dedos se cerraron solos en un puño. 

La multitud murmuraba, señalaba, algunos periodistas ya llegaban a la escena. Nadie intervenía. Solo observaban.  

Igual que Theym.  

Permaneció inmóvil, la mirada fija en el banco. El sol y la multitud deformaban lo que tenía enfrente, borrando los detalles que más necesitaba ver. 

Pero todo cambió cuando el silencio cayó de golpe sobre la multitud. Una voz resonó desde el banco, amplificada, con un acento que no era de Mirguets:  

—¡Sabemos que estás ahí! — La voz se detuvo un momento, como si esperara una reacción que no llegó —. En este momento, cuatro hombres están apuntando a una niña. Si no apareces... ella pagará las consecuencias. 

La policía, los civiles, nadie entendía de quién hablaban ni a qué se referían. El pánico empezó a colarse entre la multitud, apoderándose de ella.  

Pero Theym cerró el puño por segunda vez.  

Él lo entendía.  

Como una sombra, desapareció entre la multitud sin que nadie lo notara. El pánico terminó de sembrarse.  

 

 

En lo alto de los edificios, los francotiradores apuntaban hacia las ventanas del banco. Cuatro hombres adentro apuntaban a los rehenes, uno más los observaba con desdén. No parecía importarles que los estuvieran apuntando a ellos también.  

—Son demasiados —afirmó uno—. No podremos abatirlos a tiempo.  

Nadie respondió.  

Nadie jaló del gatillo.  

Los dedos seguían ahí, inmóviles sobre el metal.  

—¡Arriba! —Una voz cortó el silencio antes de que nadie pudiera reaccionar—. ¡En el techo, en el techo!  

La orden era no apartar la mira de los objetivos. Nadie la cumplió.  

—Tenemos movimiento en la azotea —reportó otro, con una voz que intentaba sonar profesional y no lo lograba del todo—. Parece un hombre... está intentando meterse por uno de los ductos.  

—No cabe. Es demasiado grande para caber.  

Hubo una pausa repentina. Luego, una respiración apenas contenida.  

—Dios... —susurró al fin—. Acaba de entrar.  

—¿Todos lo vieron? —preguntó uno de sus compañeros. —Deformó su cuerpo, se metió en las ventilaciones.  

La pausa se intensificó, hasta que, desde la radio, un oficial preguntó:  

—Repita lo que dijo. ¿Un hombre se acaba de colar en las ventilaciones?  

—No era un hombre —exclamó un tercero—. Su piel parecía corteza, se coló en la ventilación... como si fueran raíces. 

La radio permaneció en silencio, la incertidumbre antes exclusiva de la multitud ahora invadía a la ley. 

Entonces, las miras volvieron al interior del banco. 

 

 

Cinco criminales armados con rifles, todos apuntando hacia una niña y su madre. Cada dedo permanecía en el gatillo, incluso de quienes parecían temblar más de la cuenta. 

Solo una duda flotaba en ellos. 

¿Él vendrá? 

Uno de ellos —un joven inquieto— giró su mirada hacia quien los lideraba. 

—...Por favor, ¿siquiera saben si existe? 

Su arma tembló ligeramente. 

Quien era su líder permaneció en silencio, su mirada se posó en los rehenes, en la única carta que los salvaba de un disparo en la nuca. 

—Oye —exclamó el joven—. No vamos a arriesgar nuestras vidas por... 

Hizo una pausa, esperando una interrupción, pero no hubo nada. 

—¡Te estoy hablando! 

Entonces su líder, harto de ignorarlo, frotó sus ojos ligeramente. 

—¿No puedes acaso cerrar tu maldita boca? 

Sus ojos se centraron en el chico. Pero al buscarlo notó un inquietante vacío. 

De cinco hombres, ahora eran solo cuatro. 

—Mierda. Está aquí. ¡Todos atentos! 

En ese mismo instante cada hombre giró sus miras, apuntando hacia cada rincón, cada sombra. 

No parecía haber rastro de nadie... hasta que un quejido llamó la atención de todos. Apuntaron hacia un pilar a pocos metros. En su base, varias raíces parecían escalarlo, sus ojos fueron guiados por la madera hasta que todos apuntaron hacia lo alto. 

Allí estaba el chico. 

Enredado entre corteza y espinas, con su arma destruida por completo. Cada extremidad atrapada por raíces que cortaban su piel, lo único que podía mover eran sus ojos, los cuales se clavaron detrás de sus compañeros. 

Ese solo gesto los obligó a girarse, sin dudar jalaron de sus gatillos, sin saber siquiera si le apuntaban a algo. 

Una vez que la ráfaga cesó, lo vieron. 

 

Una figura humanoide frente a ellos. Llena de agujeros, pero de pie. 

De cada agujero brotó un líquido color ámbar, mientras que el olor metálico de la sangre no terminaba de aparecer. 

Todos mantuvieron sus miras, esta vez dudando aún más. 

¿Se desplomará? ¿Ha muerto de pie? 

Ningún ser sobreviviría a tantas heridas, parecía una victoria. 

Pero un brillo esmeralda en su rostro les arrebató esa idea. 

El primer criminal intentó disparar. Pero cuando su dedo volvió al gatillo no hubo objetivo, solo un puño de corteza quebrando su nariz sin que tuviera la oportunidad de siquiera protestar. 

Los disparos no se hicieron esperar. 

Varias ráfagas se dirigieron tanto al ser como al compañero caído, sin cuidado alguno. Pero para cuando las miras fueron fijadas, un muro de corteza cubrió a ambos. 

El muro cedió tan rápido como apareció. Sin embargo, no hubo tiempo para pensar. 

El segundo criminal trató de anticiparse; preparó su arma y embistió con fuerza hacia el muro. No hubo fallo, allí se encontraba él. 

Pero, lejos de caer, el ser respondió con un choque. Lo último que el criminal sintió fue la abrumadora fuerza de una avalancha sobrepasándolo por completo, quedando inconsciente en el suelo. 

Justo en ese momento un tercero apuntó detrás suyo, su mira era directa hacia la nuca del ser. No hubo dudas, solo el clic previo al estruendo de una bala de rifle directo en la cabeza. 

La capucha que lo cubría recibió un gran agujero, al igual que su cabeza. 

Pero, esta vez no hubo ni un segundo para creer que con eso bastaba. 

En apenas instantes el ser se giró hacia él, su mirada cubierta por la capucha parecía no apuntarle, su brazo en cambio se extendió. Una estaca viajó desde su palma hasta el hombro del criminal, empalándolo con tal fuerza que terminó clavado directo a un pilar. 

Solo quedaba uno.  

 

 

El líder de todos, quien no disparó una sola vez, ahora estaba detrás de un rehén. La misma pequeña usada como cebo, ahora tenía en su sien un cañón dispuesto a acabar con su vida.  

—¡Atrás!  

Frente suyo estaba el ser: a duras penas veía su rostro, pero distinguía el brillo esmeralda de dos brasas intensas.  

Pero, por más que ardieran, permaneció inmóvil.  

—Sí, justo así —dijo el hombre—. Los rumores eran ciertos. Un idiota que caza por la noche como un animal.  

El hombre lentamente dejaba de temblar. Con cada quejido de la pequeña, la presión del cañón en su cabeza aumentaba.  

—Ahora escúchame, aberración. Vas a ayudarme a largarme de aquí. 

La confianza volvió al hombre poco a poco. La situación se inclinaba claramente hacia él. 

Pero, antes de siquiera planear una fuga, sintió un lento serpenteo que escalaba tanto su espalda como su brazo. Cuando quiso percatarse, una enredadera se enganchó en su brazo, escalando hacia su índice. 

Intentó jalar el gatillo, pero con un simple gesto su dedo fue quebrado. 

Sus brazos fueron atados, la niña se alejó rápidamente hacia los brazos de su madre. Mientras el criminal, impotente, solo pudo ver directamente a la bestia. 

Y allí estaba, frente a él, apenas a unos metros de su rostro. 

Las heridas recién hechas se cerraban, cada agujero era cubierto por lo que parecía la corteza de un árbol. Su rostro, aunque cubierto por las sombras, finalmente se veía con claridad. 

Un rostro sin boca ni nariz, hecho totalmente de madera. Parecía una máscara, pero se movía como si articulase. Sus ojos se entrecerraban, brillando con un verde intenso. 

Verde que calcinaba los ojos del hombre. 

 

 

Las enredaderas lo obligaron a arrodillarse. Sin armas, sin aliados, sin ningún plan. Solo quedaba observar y escuchar. 

—Vaya rastreros... tomando rehenes. 

Cada palabra venía del ser, pero no había boca que pudiera emitirlas. Más extraño era escucharlo, dos voces hablando al unísono. Como si una bestia mitológica y ancestral se uniera a la voz inexperta pero cansada de un adolescente. 

—Un robo a un banco —continuó —. ¿Qué secuestrar niños ya no sale tan rentable? 

Sin embargo, el hombre permaneció en silencio, mirando fijamente sus ojos verdes. 

Él tomó al criminal del cuello de su camisa, acercó su rostro aún más, quemándolo con su mirada. 

—No te hagas el ingenuo — murmuró, con una clara contención que se perdía con cada palabra —, más de diez en Mirguets, veinticinco en toda Auren. 

—¿A-acaso los cuentas? —respondió el hombre. 

El agarre aumentó, casi como si la tela fuese a desgarrarse. 

—¿Y tú no? ¡Son niños! Debería arderte la maldita conciencia. 

El ser se acercó aún más. El brillo verde pulsaba de forma irregular, casi imperceptible, como si algo interno lo agitara sin que él lo decidiera. 

—Es por eso por lo que estoy aquí, para recordarles cada puta noche las consecuencias de olvidar el remordimiento. 

La mirada del ser lo decía todo, su agarre solo confirmaba lo evidente. El hombre no apartó la mirada. 

—¿Así cómo lo hiciste en el puerto? 

En ese momento, el agarre del ser tembló ligeramente, un gesto que el hombre no se atrevería a ignorar. 

—Sí —agregó —, ese fue un gran recordatorio. 

—Cállate... —susurró al momento. Su agarre se mantenía, pero cada vez era más débil. 

—Aún recuerdo esa noche —respondió el hombre —. Esa paliza fue histórica... ¿Y ese chico...? Ni idea si siquiera está vivo. 

La mirada del ser finalmente se desvió. Sus enredaderas comenzaron a ceder, como si fueran simples hojas deslizándose en el cuerpo del hombre, quien no dudó para acercar lentamente la mano que le quedaba hacia su arma. 

Fue entonces cuando, en medio del silencio, la mano del hombre finalmente rozó el arma, con desesperación se lanzó hacia ella. Sin embargo, esa misma desesperación lo hizo olvidar. 

Que tenía una bestia frente suyo. 

Sus ojos, antes ardiendo en verde, parecían atenuarse, revelando un par de pupilas verticales, filosas, frías. Incluso paralizado, su puño se cerró en un gesto casi automático. Sin mirarlo directamente, sin siquiera suspirar, su brazo se impulsó contra el rostro del criminal, un golpe que apenas lo rozó, pero, que resonó con la fuerza de una bala. 

Un estruendo ensordecedor fue seguido por la mirada perdida del hombre, el cual, con solo un ataque, fue desprendido de su ojo derecho, y su mandíbula fue pulverizada. 

Y entonces, simplemente cayó. 

En ese momento los ojos del ser volvieron a iluminarse, su mirada se fijó inmediatamente en el hombre, que respiraba a duras penas. 

Él observó su mano, ensangrentada, con restos de dientes. 

—Maldita sea... 

Theym se acercó hacia el hombre. El rostro desfigurado lo detuvo un instante, más de lo que hubiera querido. Buscó el pecho con la mirada, esperando, hasta que lo encontró, subiendo y bajando como debía ser. 

—Salgan de aquí —exclamó a los rehenes, sin despegar los ojos del hombre—. Traigan una ambulancia, rápido. 

Ellos, casi tan impactados como atemorizados, uno a uno fue saliendo del lugar. 

Aprovechó entonces para investigar entre las ropas del hombre. 

No tardó mucho en notarlo. 

Enganchado en su chaleco antibalas, una cámara espía, tan pequeña que apenas igualaba una uña. 

—No me jodas... 

Sus ojos se entrecerraron. Con un simple gesto rompió la pequeña cámara. 

—¿Qué mierda inten- 

De repente, la policía irrumpió en el lugar. 

Decenas de oficiales apuntaron directamente hacia Theym. 

—¡Quieto! —ordenó uno. 

Theym se giró lentamente, las armas de los oficiales temblaron cuando vieron su rostro. 

—No soy su enemigo —contestó Theym. 

Pero fue interrumpido por el mismo oficial. 

—¡Aléjese del hombre! 

Él permaneció inmóvil, con su mirada clavada en los ojos dubitativos del policía. 

—Estos hombres... forman parte de algo más. 

Aún con sus cañones en alto, no hubo ni siquiera la iniciativa de atacar. 

—Digan lo que digan... háganles saber esto: 

La mirada de Theym se alzó ligeramente, en ese momento, la luz filtrándose en las ventanas iluminó su rostro. 

—Quienes se esconden, quienes mueven los hilos donde sea que estén. 

—Que sepan... que Leaf Blade va tras ellos. 

Al concluir, Theym se impulsó hacia un pilar, con un salto inhumano se clavó a este, dejándose llevar por las raíces... y perdiéndose entre las sombras. 

La policía no disparó. Su mente se ocupó más en entender que había ocurrido. 

Dentro de las radios, una voz resonó: 

—¿Qué está ocurriendo allí? 

Uno de los oficiales pulsó el botón de su transmisor para responder: 

—Este… creo que debemos hablarlo en persona, señor. 

Afuera, los rehenes se encontraban con sus familias, a salvo, pero con una imagen que jamás sería borrada de sus mentes. La pequeña niña se aferraba a los brazos de su madre. Frente a ella permanecía el banco, pero había algo más.  

Justo en el tejado, nuevamente estaba él, la criatura que salvó su vida, pero que le hacía temblar cada vez que la veía. Pero, en un parpadeo, desapareció.  

Dejando detrás suyo un rastro de raíces, que quedarían grabadas en fuego en su memoria... y en la de toda la ciudad. 

 

reddit.com
u/JukaiJS — 21 days ago