u/OkRecipe597

Eric y Vangelis

Eric y Vangelis

Tal día como hoy, pero de 2022, nos dejó el músico Vangelis y esta fue siempre mi canción favorita entre todo su repertorio. No es la principal de la BSO "Chariots of Fire" pero para mí sí lo es, por Eric y por lo que representa.

Eric Liddell, primero fue internacional de rugby con Escocia. Pero sobre todo fue campeón de atletismo en los Juegos Olímpicos de 1924 en 400m (además de bronce en los 200m) contra todo pronóstico y con récord, en el Estadio Yves-du-Manoir de Colombes, Francia. Previamente había renunciado a correr la final de los 100m por sus convicciones religiosas, al ser la prueba en domingo. Poco después abandonó el deporte y se marchó a China como misionero protestante, haciendo servicios a la comunidad hasta que, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, fue hecho prisionero de los japoneses en 1943, falleciendo dos años después en el campo de concentración de Weixian.

La canción no tiene letra, pero siguiendo el estilo propio de Vangelis, que es el de un eco que rebota por todo el Universo, tiene un mensaje claro. Es la evocación del momento más sublime de la victoria, ese instante dulce y a la vez colmado de dolor donde te das cuenta del logro conseguido, sin olvidarte del sacrificio que se ha tenido que hacer para conseguirlo. Nunca un esfuerzo es en vano, incluso si parece que no se obtiene fruto de él, porque siempre lo encontramos, incluso en la derrota: el aprendizaje. Vangelis supo sintetizarlo en apenas 4 minutos. Sin esfuerzo nada merece la pena. Todo un himno.

“Bring me my Bow of burning gold

bring me my Arrows of desire:

bring me my Spear: O clouds unfold!

bring me my Chariot of fire!

I will not cease from Mental Fight,

nor shall my Sword sleep in my hand:

till we have built Jerusalem,“

----

“Tráiganme mi Arco de oro ardiente

tráiganme mis flechas del deseo:

tráiganme mi Lanza: ¡Oh, nubes que se despliegan!

tráiganme mi carro de fuego!

no cejaré en la Lucha Mental,

ni mi Espada dormirá en mi mano:

hasta que hayamos edificado Jerusalén.

William Blake

youtube.com
u/OkRecipe597 — 1 day ago

Eric Liddell y Vangelis

Tal día como hoy, pero de 2022, nos dejó el músico Vangelis y esta siempre mi canción favorita de su repertorio. No es la principal de la BSO "Chariots of Fire" pero para mí sí lo es, por Eric y por lo que representa.

Eric Liddell, primero fue internacional de rugby con Escocia. Pero sobre todo fue campeón de atletismo en los Juegos Olímpicos de 1924 en 400m (además de bronce en los 200m) contra todo pronóstico y con récord, en el Estadio Yves-du-Manoir de Colombes, Francia. Previamente había renunciado a correr la final de los 100m por sus convicciones religiosas, al ser la prueba en domingo. Poco después abandonó el deporte y se marchó a China como misionero protestante, haciendo servicios a la comunidad hasta que, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, fue hecho prisionero de los japoneses en 1943, falleciendo dos años después en el campo de concentración de Weixian.

La canción no tiene letra, pero siguiendo el estilo propio de Vangelis, que es el de un eco que rebota por todo el Universo, tiene un mensaje claro. Es la evocación del momento más sublime de la victoria, ese instante dulce y a la vez colmado de dolor donde te das cuenta del logro conseguido, sin olvidarte del sacrificio que se ha tenido que hacer para conseguirlo. Nunca un esfuerzo es en vano, incluso si parece que no se obtiene fruto de él, porque siempre lo encontramos, incluso en la derrota: el aprendizaje. Vangelis supo sintetizarlo en apenas 4 minutos. Sin esfuerzo nada merece la pena. Todo un himno.

“Bring me my Bow of burning gold

bring me my Arrows of desire:

bring me my Spear: O clouds unfold!

bring me my Chariot of fire!

I will not cease from Mental Fight,

nor shall my Sword sleep in my hand:

till we have built Jerusalem,“

----

“Tráiganme mi Arco de oro ardiente

tráiganme mis flechas del deseo:

tráiganme mi Lanza: ¡Oh, nubes que se despliegan!

tráiganme mi carro de fuego!

no cejaré en la Lucha Mental,

ni mi Espada dormirá en mi mano:

hasta que hayamos edificado Jerusalén.

William Blake

reddit.com
u/OkRecipe597 — 2 days ago

Sancho VII "el Fuerte" Rey de Navarra. Apunte biográfico de un personaje legendario

Sancho VI el Sabio murió en Pamplona el 27 de junio de 1194 y le sucedería una figura mítica para la Historia, su hijo Sancho VII el Fuerte, conocido así tanto por su fortaleza física, por su ánimo o por su gigantesca estatura (y mucho más para la época) situada por el antropólogo forense Luis del Campo en 2,25 metros, pero hay quien lo ha situado en 2,37. Necesitaba una cabalgadura especial y muchos afirmaron que era capaz de usar con una sola mano los mandobles y las mazas que sus contemporáneos, con dificultad, podían con dos. Según el arzobispo Ximénez de Rada, que le conoció personalmente, era robusto en fuerza, valiente con las armas, pero obstinado en su propia voluntad. Fortis viribus, armis strenuus, sed voluntate propia obstinatus. Este carácter le llevó a cometer errores y en su talante leal fue engañado por otros reyes y algunos de sus súbditos.

Pero quizá por lo que más ha pasado Sancho el Fuerte a la historia ha sido por su valor guerrero y su carácter aventurero siendo un fiel representante del espíritu romántico y caballeresco de los paladines de aquella época, ofreciendo una biografía llena de hazañas y leyendas, aunque por ello descuidara la integridad territorial de su ya pequeño reino. Aquel espíritu guerrero y aventurero le llevó a luchar en Gascuña defendiendo los intereses de su cuñado Ricardo I Corazón de León, rey de Inglaterra, y en la Tercera Cruzada en Palestina antes de su coronación que se produjo el 15 de agosto 1194 en Pamplona. Pero también padeció el amargor de la deslealtad de los reyes de Castilla y Aragón que se apoderaron de significativas partes de su reino y también la de sus súbditos vascos, coaligados en su contra con los castellanos y quizá por ello y por su enfermedad acabó convirtiéndose en el ocaso de su vida en una persona retraída y desilusionada con la condición humana y por ello, profundamente amargada. De él ha escrito José María Lacarra hombre de gran simplicidad y sin doblez, que cree en la rectitud de intenciones de cuantos le rodean, fue engañado muchas veces, especialmente por el rey de Castilla, y no obstante se sumó a sus ejércitos cuando fue invitado a luchar en las Navas.

Al inicio de su reinado protagonizó incursiones con ansias de gloria militar por tierras moras del Levante y Al Ándalus, circunstancia que parece que le retrasó en la llegada a la Batalla de Alarcos donde Alfonso VIII de Castilla fue gravemente derrotado por los almohades. Pero su expedición más sonada y además con repercusiones políticas para su reino, por sus connotaciones románticas y amorosas, fue la que realizó en 1197 durante tres años a Marruecos en ayuda de Abu Yusuf, que estaba al frente de los almohades y tenía serios problemas con sus reyes vecinos y algunos de sus poderosos súbditos.

Las crónicas de la época, y en concreto la del inglés Roger de Howden, indican que la hija de Abu Yusuf había oído hablar de las buenas prendas que don Sancho, rey de Navarra, hermano de doña Berenguela, reina de Inglaterra y como de esta forma la princesa mora se llegó a enamorar perdidamente con tanta fuerza que deseó con grande ansia tenerle como marido. Planteada tal cuestión al sultán, éste le objetó las dificultades que se oponían en ese enlace, ante lo cual la enamorada princesa se quitaría la vida con un lazo si no le daba por marido al rey don Sancho de Navarra, reiterando sus deseos matrimoniales ante su poderoso padre, enviadle ruegos y dones para granjeármele como marido. Ello concuerda con las embajadas de emisarios que enviara el propio Abu Yusuf en 1196 para que le ayudase y se casara con su hija ofreciéndole fuertes sumas de dinero y la gobernación de la España musulmana. Accedió Sancho el Fuerte, pero llegado a Marruecos a fines de 1197 el sultán había fallecido y su hijo Miramamolín se encontraba asediado por el rey de Túnez y otros enemigos internos, ayudándole el rey navarro pero sin más dilación hubo de partir de vuelta a Navarra para atender la invasión de Navarra por los reyes de Castilla y Aragón.

Previamente a aquella empresa africana, las crónicas apuntan que fue consultada con los reyes de Castilla y de Aragón en la reunión de los tres reyes entre Ágreda y Tarazona, lugar llamado Mesa de los Tres Reyes. A esta empresa se mostraron reacios sobre todo tras el desastre de Alarcos pero tampoco eran de olvidar las quejas y agravios de Navarra que tenía frente a Castilla, nada menos que desde 1076. Alfonso VIII era el más reacio pues entendía que un matrimonio con la princesa árabe amenazaba la supremacía cristiana de Castilla en la Península.

Con total incumplimiento de la tregua acordada Navarra fue invadida por todos sus costados simultáneamente por los reyes de Castilla y de Aragón haciéndose Alfonso VIII con veinticuatro plazas, entre ellas Vitoria en enero de 1200, y con otras dieciocho el de Aragón, entre ellas Aibar y el valle del Roncal. En el retorno apresurado de Sancho el Fuerte pudo recuperar a Aragón lo que le había arrebatado y asoló Soria y Almazán, así como también recuperó gran parte de las que le habían arrebatado los castellanos. Pero Vitoria y sus aledaños hasta Miranda de Ebro, fueron conquistadas por las mesnadas vizcaínas de Lope de Haro y quedarían para siempre desgajados de Navarra e incluidas en Castilla. Vitoria resistió durante seis meses un duro asedio al estar guarnecidas por las tropas navarras del tenente también navarro Martín Chipía, que se rindieron ante el hambre y la falta de víveres. Antes de esta caída Sancho el Fuerte trató sin éxito una entente con los almohades para atacar a Castilla y levantaran el cerco de Vitoria.

Ese mismo año también se perdería San Sebastián y Guipúzcoa hasta Fuenterrabía por adhesión voluntaria de sus habitantes a Castilla, aunque actualmente algunos restos arqueológicos no descartan que hubiera habido acción violenta. Estos movimientos alaveses y guipuzcoanos se vieron muy influenciados por los intereses económicos de los notables vascos. Quedarían plenamente integrados en Castilla tras el Tratado de Guadalajara de 1207. Aún a pesar de estas cuantiosas y valiosas pérdidas, adquirió para Navarra la merindad de Ultrapuertos o Baja Navarra, al otro lado de los Pirineos como dote del matrimonio de su hermana con Ricardo Corazón de León y por la defensa de los intereses que tenía en la zona mientras se encontraba en Palestina. Al repudiar el inglés a su hermana pidió de vuelta estas tierras pero jamás volvieron a manos inglesas.

Esta problemática entre Navarra y Castilla no sería problema para que, pocos años después, Sancho el Fuerte acudiera a la angustiosa llamada de la cristiandad de la bula de la cruzada proclamada por Inocencio III contra el peligro almohade y que daría lugar a uno de los hechos históricos más decisivos y trascendentes de la Reconquista española, como fue la victoriosa Batalla de las Navas de Tolosa de 1212 frente al integrismo religioso que los almohades habían convertido en imperio desde los confines del desierto del Sáhara.

Los almohades habían desbancado a los almorávides en Marruecos y en ayuda de los reyezuelos musulmanes de España, alarmados tras la conquista cristiana de Toledo, acudieron a la Península imponiéndose y acabando con la diversidad de taifas. Ya habían derrotado a Alfonso VIII en Alarcos, haciendo retroceder a los castellanos perdiendo importantes plazas. La idea de Miramamolín era la de acabar con los reinos cristianos peninsulares para luego extender el poder del islamismo por el resto de Europa y tenía jurado sobre su Corán que llevaría a su caballo a abrevar agua del mismo Tíber, en Roma, cabeza de la cristiandad. Mientras uno invocaba la yihad el otro invocaba la cruzada.

En aquel ambiente de guerra santa los cristianos avanzaron hacia Andalucía con 80.000 hombres uniéndose a ellos numerosos cruzados europeos atraídos por la llamada de la bula papal esperando al sur de los Montes de Toledo. Por el otro lado unos 100.000 guerreros musulmanes, almohades, kurdos y auxiliares peninsulares esperaron apostados en las alturas de Despeñaperros. Algunos historiadores han llegado a afirmar que cada ejército aportó 250.000 hombres, algo prácticamente imposible en aquella época. El centro del ejército cristiano era mandado por el propio Alfonso VIII y su vanguardia a cargo de Diego Lope de Haro y sus mesnadas vascas. El ala izquierda fue para Pedro II de Aragón y la derecha para Sancho VII con su ejército navarro.

Tras las escaramuzas de tanteo y lograr evitar los desfiladeros que controlaban los islámicos, los cristianos hubieron de aceptar el campo abierto de batalla elegido por los musulmanes aunque eludiendo las zonas de posible emboscada con lo que la batalla central se libró en las Navas de Tolosa, cerca de Úbeda. En el momento más crucial del envite, que aún era más que incierto para los cristianos, el resultado se decidió con una fuerte arremetida de los cristianos contra el puesto de mando musulmán.

En medio de esta reacción casi desesperada los navarros cargaron contra el alto de la loma donde se encontraba el mando sarraceno, el punto dominante del lugar de la batalla, de abajo hacia arriba en la que el mismo Sancho VII saltó por encima de la barrera y con su corpulencia rompió a mazazos las cadenas con la que la élite sarracena se ataba con los camellos y elefantes de la línea de seguridad del palenque fortificado. Roto el cerco, los navarros irrumpieron a degüello ocasionando una tremenda mortandad en el alto mando de Miramamolín que optó por la apresurada fuga para salvar la vida abandonando sus pertrechos y tesoros. Era el 16 de julio de 1212.

Como trofeo de aquella batalla Sancho VII volvió con las cadenas rotas que desde entonces formaron parte de su escudo personal junto con la esmeralda verde que Miramamolín llevaba en su turbante, y a su vuelta las distribuyó entre las iglesias navarras más significativas. Hasta entonces usaba como blasón personal el águila negra de sable en campo de gules, el arrano beltza. Hoy en día el origen legendario de las cadenas de Navarra queda en entredicho al haberse encontrado documentos reales del siglo XII donde aparece este escudo y que simplemente eran un bucle en un escudo, que se usaba en aquella época para reforzar los escudos de madera de los guerreros y no se hicieran añicos. Sea como fuere en algún momento se evolucionó del bucle a las cadenas y ya desde el siglo XV el Príncipe de Viana se hacía eco de la leyenda de las cadenas en la Crónica General de los Reyes de Navarra escrito entre 1453 y 1455: Y el rey (Sancho el Fuerte) de Navarra tomó el encadenado de los camellos y de las tiendas y conquistó las cadenas por armas, y las asentó sobre las aristas con un punto de sinople en medio. También en los documentos referidos al capítulo XV Privilegio de la Unión otorgado en 1423 por Carlos III el Noble se habla de las cadenas del escudo de Pamplona: de las quales el campo será de azur, et en medio abrá un leon pasant, que será dargent, et habrá la lengua et huynas de gueulas; et alrededor del dicho pendon habrá un renc de nuestras armas de Navarra, de que el campo será de gueulas, et la cadena, que irá en derredor, de oro, et sobre dicho leon, en la endrecha de su esquina, habrá en el dicho campo del dicho pendon, una corona real de oro. Posteriormente las cadenas con la esmeralda acabarán figurando en las armas de la Monarquía española desde el siglo XVI y ya desde el XIX en el escudo de España. Sancho VII extendió el uso de aquellas cadenas, como hemos visto en Pamplona, a las familias y villas de los caballeros y soldados que participaron en las Navas de Tolosa. Así se puede comprobar actualmente en los escudos de estas villas y ciudades.

El arrano beltza fue un signum personal utilizado por el rey incluso después de 1212, pero siempre a título personal y no de reino, como signo de amor a su abuela Margarita de L'Aigle. Utilizado en la actualidad por sectores nacionalistas como un símbolo de un reino sorprende que algunos de esos mismos sectores vean el símbolo de las Cadenas como una evolución de una supuesta estrella vasca de ocho puntas. Lo que sí es cierto es que tratadistas como el mencionado Príncipe de Viana o el padre Moret atribuyen su origen a la victoria cristiana de 1212 y se dispone además del documento de Sancho VII en el cual se narra la disposición del reparto de dichas Cadenas en las iglesias.

Lo evidente es que las Cadenas han sido símbolo representativo de Navarra desde hace nueve siglos, con independencia de la casa reinante o del régimen político imperante y que figura como tal en documentos, monedas y monumentos de Navarra, Baja Navarra, Nájera y Laguardia.

Navarra continuó subsistiendo frente a los apetitos anexionistas de Castilla en buena medida porque Aragón también, aunque en menor medida, también los tuvo. Se alió con Alfonso IX de León y con los almohades para hacer frente al poder castellano y por ello fue reprendido por el Papa Celestino III y en 1196 le denomina en una bula Dux navarrae quitándole su condición de rey, siendo posteriormente excomulgado. El sucesor del Papa, Inocencio III, anularía posteriormente las disposiciones de esta excomunión en 1199. Por ello la focalización de la política navarra pasó a sus miras hacia Francia, desenganchándose así de los otros reinos y que duraría hasta el siglo XVI. Así consiguió el vasallaje en 1203 de Bibiano de Agramont y de otros señores de allende los Pirineos. De ahí se explica que a la muerte de Sancho VII sin descendencia directa se recurriera a su sobrino de la casa de Champagne para guarecerse como reino por los notables navarros.

En esta línea de asegurar sus fronteras de las ambiciones de sus vecinos Sancho VII acometió una política casi obsesiva de fortificación de su reino refundando Viana en abril de 1219, fortificando sus iglesias y dotando a la ciudad unas gruesas murallas en lo alto de una colina. Reforzó Fuenterrabía y, sobre restos visigodos, levantó un nuevo castillo en Olite, al tiempo que mejoró los castillos de Tudela, Cortes, Javier, Burgui, Peñaflor, Sonsierra, Petilla, Asa y otros más; estableció un fuerte recinto amurallado en Laguardia y completó el cerco de Artajona. De esta forma sustituyó el sistema de torres por el de complejos amurallados más complejos y sofisticados para sostener la contumaz afición de castellanos y aragoneses de agredir a los navarros.

Sus correrías por tierras moras en África y España, así como el botín de Miramamolín le rentaron cuantiosos beneficios económicos, llegando a ser considerado uno de los monarcas europeos más ricos de su época, operando como banquero de otros reyes y prestándoles dinero con la garantía de fuertes o plazas a cambio, como una garantía hipotecaria de entonces. Así se hizo con la plaza de Burgui o el castillo de Javier, o en 1209 con Petilla de Aragón en pago por fuera de plazo de los compromisos monetarios que con este mantenía el rey de Aragón. Este enclave, dentro de la provincia de Zaragoza, sigue siendo parte de Navarra y es la localidad donde nació el premio Nobel Ramón y Cajal.

En 1195 se casó con Constanza, hija del Raimundo IV conde de Toulouse, que pronto repudió para casarse con Clemencia, hija de Federico I emperador de Alemania con la que tuvo un hijo, Fernando, que falleció de niño al caerse de un caballo en 1207. A pesar de sus amoríos con la princesa africana y de sus andanzas amatorias con un sinfín de hijos bastardos Sancho VII vio acercarse el final de sus días sin descendencia directa al trono. Con el fin de preservar el reino de sus enemigos en 1231, a sus setenta y ocho años de edad concertó una mutua sucesión con Jaime I el Conquistador de Aragón, de su misma estirpe y de veinticinco años pero que jamás se cumplió.

Sus últimos días los vivió recluido en el castillo de su amada Tudela, que bien le valió el sobrenombre de el Encerrado achacoso y viejo, con una tremenda obesidad y una úlcera varicosa en una pierna, que a la postre acabó con su vida. Algunos biógrafos afirman que en sus últimos años ofrecía síntomas de evidente esquizofrenia. Sobre su úlcera sus médicos tenían la creencia de que estaba infectado por un tipo de organismo que se alimentaba de él y, a tal efecto, todos los días le ponían en su pierna carne de gallina recién sacrificada para curarle pero el 7 de abril de 1234, a sus ochenta años de edad, fallecía en Tudela, el lugar que le vio nacer siendo sus restos inicialmente inhumados en la iglesia de San Nicolás de Tudela y después trasladados definitivamente a la Colegiata de Roncesvalles, lugar donde aún hoy reposan y que merece la pena una visita si haces el Camino de Santiago. Con su muerte terminaba la dinastía Jimena de diecisiete reyes desde 905 y que fue origen y cuna primera de las casas reinantes en Castilla y Aragón; ya que a partir de entonces quedaría regido por una sucesión de estirpes francesas, el primero su sobrino Teobaldo de Champagne.

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