
Eric y Vangelis
Tal día como hoy, pero de 2022, nos dejó el músico Vangelis y esta fue siempre mi canción favorita entre todo su repertorio. No es la principal de la BSO "Chariots of Fire" pero para mí sí lo es, por Eric y por lo que representa.
Eric Liddell, primero fue internacional de rugby con Escocia. Pero sobre todo fue campeón de atletismo en los Juegos Olímpicos de 1924 en 400m (además de bronce en los 200m) contra todo pronóstico y con récord, en el Estadio Yves-du-Manoir de Colombes, Francia. Previamente había renunciado a correr la final de los 100m por sus convicciones religiosas, al ser la prueba en domingo. Poco después abandonó el deporte y se marchó a China como misionero protestante, haciendo servicios a la comunidad hasta que, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, fue hecho prisionero de los japoneses en 1943, falleciendo dos años después en el campo de concentración de Weixian.
La canción no tiene letra, pero siguiendo el estilo propio de Vangelis, que es el de un eco que rebota por todo el Universo, tiene un mensaje claro. Es la evocación del momento más sublime de la victoria, ese instante dulce y a la vez colmado de dolor donde te das cuenta del logro conseguido, sin olvidarte del sacrificio que se ha tenido que hacer para conseguirlo. Nunca un esfuerzo es en vano, incluso si parece que no se obtiene fruto de él, porque siempre lo encontramos, incluso en la derrota: el aprendizaje. Vangelis supo sintetizarlo en apenas 4 minutos. Sin esfuerzo nada merece la pena. Todo un himno.
“Bring me my Bow of burning gold
bring me my Arrows of desire:
bring me my Spear: O clouds unfold!
bring me my Chariot of fire!
I will not cease from Mental Fight,
nor shall my Sword sleep in my hand:
till we have built Jerusalem,“
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“Tráiganme mi Arco de oro ardiente
tráiganme mis flechas del deseo:
tráiganme mi Lanza: ¡Oh, nubes que se despliegan!
tráiganme mi carro de fuego!
no cejaré en la Lucha Mental,
ni mi Espada dormirá en mi mano:
hasta que hayamos edificado Jerusalén.
William Blake