...

—¿Sabes qué es lo peor de la enfermedad? —preguntó Sara a su madre.

—No, hija... qué es?

—No es la quimio, no es la pérdida de cabello, ni los dolores constantes en el cuerpo... Es tener que mantener la esperanza aun sabiendo que no tienes la certeza de si vas a sobrevivir.

—Perdóname —susurró su madre, mientras la envolvía en un abrazo apretado.

—¿Por qué, mamá?

—Por no haber podido hacer más. Por no escoger un mejor padre para tu vida. Por no haberme dado cuenta antes...

—No es tu culpa, mamá. Las enfermedades no discriminan, solo es la vida. Así es para todos: unos viven más que otros. Perdóname tú a mí... por las noches en las que no has podido dormir, por el poco tiempo que tuvimos juntas.

—No digas eso, hija. Aún nos queda mucho tiempo. El tratamiento va a funcionar, yo lo sé.

—Mamá, tienes que prometerme algo —insistió Sara, mirándola a los ojos—. Tienes que prometerme que serás feliz si yo muero. Que vas a volver a vivir, que saldrás más, que comerás cosas nuevas y que visitarás los lugares que yo no pude... Por favor, mamá, prométemelo.

—No, hija... Tú lo vas a lograr...

Dos semanas después, frente a la tumba de su hija, el llanto de la madre no cesaba.

—Perdón, perdón... No pude protegerte. La vida fue tan injusta contigo. Te amo, hija, y siempre lo haré.

Sara murió un jueves por la noche a causa de una falla hepática. Ella no pudo conocer el mundo que mis ojos vieron, pero plasmaré cada uno de sus deseos en las páginas de este libro.

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u/Playful-Island-4556 — 15 days ago

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—¿Sabes qué es lo peor de la enfermedad? —preguntó Sara a su madre.

—No, hija... qué es?

—No es la quimio, no es la pérdida de cabello, ni los dolores constantes en el cuerpo... Es tener que mantener la esperanza aun sabiendo que no tienes la certeza de si vas a sobrevivir.

—Perdóname —susurró su madre, mientras la envolvía en un abrazo apretado.

—¿Por qué, mamá?

—Por no haber podido hacer más. Por no escoger un mejor padre para tu vida. Por no haberme dado cuenta antes...

—No es tu culpa, mamá. Las enfermedades no discriminan, solo es la vida. Así es para todos: unos viven más que otros. Perdóname tú a mí... por las noches en las que no has podido dormir, por el poco tiempo que tuvimos juntas.

—No digas eso, hija. Aún nos queda mucho tiempo. El tratamiento va a funcionar, yo lo sé.

—Mamá, tienes que prometerme algo —insistió Sara, mirándola a los ojos—. Tienes que prometerme que serás feliz si yo muero. Que vas a volver a vivir, que saldrás más, que comerás cosas nuevas y que visitarás los lugares que yo no pude... Por favor, mamá, prométemelo.

—No, hija... Tú lo vas a lograr...

Dos semanas después, frente a la tumba de su hija, el llanto de la madre no cesaba.

—Perdón, perdón... No pude protegerte. La vida fue tan injusta contigo. Te amo, hija, y siempre lo haré.

Sara murió un jueves por la noche a causa de una falla hepática. Ella no pudo conocer el mundo que mis ojos vieron, pero plasmaré cada uno de sus deseos en las páginas de este libro.

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u/Playful-Island-4556 — 1 month ago

Cuentos para niños

La lluvia finalmente había cesado, pero la densa oscuridad de la noche hizo que Raúl y Damián tropezaran y chapotearan en varios charcos durante la persecución. Siguieron la silueta hasta el establo, el mismo lugar donde algo ya los había espantado unas horas antes.

—Raúl, hay que volver... tengo miedo —susurró Damián, tiritando. —Tranquilo, no va a pasar nada. La bruja no nos puede hacer nada todavía y tenemos que averiguar qué es lo que trama.

Entraron uno detrás del otro al sótano. En la penumbra, las paredes parecían diferentes y unas extrañas risas comenzaron a escucharse en el fondo de la oscuridad.

—¡Ayyyy! ¡Damián, me estás pellizcando muy fuerte! —¿Tú también las oyes? —Sí... al parecer esta sí es la guarida de la bruja.

Al encender una vieja linterna, el lugar se reveló ante ellos: una mesa destartalada, varios tarros de vidrio con siluetas extrañas en su interior, montones de hierbas secas colgando del techo, un caldero gigante y frascos llenos de supuestas pociones. Las risas cesaron de golpe y la sombra de la entrada se hizo cada vez más grande, proyectándose sobre las paredes.

—¡Hay que escondernos, Raúl! Si ella nos ve, de aquí no salimos vivos.

De repente, algo golpeó la madera y un objeto cayó pesadamente sobre la mesa. Un grito agudo llenó el cuarto; era Raúl, que ya no podía contener más el miedo y pretendía salir huyendo a ciegas. Sin embargo, al verse acorralados, los dos primos se armaron de valor y gritaron al unísono hacia la sombra:

—¡No nos puedes hacer nada! ¡Sabemos tu secreto!

En ese instante, una potente luz los alumbró directamente a la cara.

—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó una voz muy familiar.

Era la madre de Damián.

—¡Mamá! ¿Qué haces aquí? ¿La bruja también te hechizó? —¿De qué demonios están hablando? No hay ninguna bruja, por Dios —respondió la mujer, bajando la linterna—. Estoy buscando la leña para la chimenea. Está haciendo muchísimo frío y la tía Doris tiene problemas en las articulaciones, necesita calentar la casa. —¡Pero mamá, vimos su guarida! Había frascos con animales adentro, ¡los vimos! —¿Estos? —preguntó la madre, alumbrando uno de los estantes—. Estos frascos son frutas y verduras en conserva. Este es el almacén de su tía; como en la casa principal no hay tanto espacio, guarda la comida aquí. —¿Y las risas? Las risas que escuchamos... —Bueno, para eso sí no tengo respuesta —suspiró la madre de brazos cruzados—, pero aquí no hay brujas. Es esa bendita imaginación de ustedes. No vuelven a ver películas de terror en su vida. ¡Vamos a la casa!

Mientras salían del granero, caminando de vuelta bajo la noche estrellada, el eco de unas risas burlonas volvió a resonar desde el corral.

—¡Escucha, mamá! ¡Te lo dijimos! —Ay, niños... esas no son risas, son las cabras. Mañana hablaremos muy seriamente con todos.

A la mañana siguiente, Damián y Raúl estaban sentados a la mesa desayunando en completo silencio, con la cabeza gacha. La madre los miró con severidad.

—Chicos, ¿no hay algo que deberían decirle a su tía? Los dos primos se miraron de reojo y carraspearon. —Tía Doris... lo sentimos mucho. Nuestra imaginación nos jugó una mala pasada y nos dejamos llevar.

La tía Doris los miró fijamente y, de repente, soltó una risa alegre que rompió la tensión del comedor. —Me alegra que al menos se hayan divertido en la granja —los despidió con cariño.

Minutos después, los tíos y los niños se subieron al carro para emprender el viaje de regreso. Mientras el motor avanzaba por el camino de tierra, Damián y Raúl miraron hacia atrás por el vidrio trasero. La tía Doris los saludaba desde la entrada de la casa, pero justo antes de desaparecer en la distancia, los ojos de la anciana brillaron con la intensidad de dos perlas...

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u/Playful-Island-4556 — 2 months ago