El libro de los no ascendidos. (Parte 2)
El Ascenso según Giselle, la vendedora ambulante:
El llamado.
Aconteció una tarde fría de abril que dentro del barrio cerrado por calles sin pavimentar se alzó con gran rapidez una edificación de ángulos puros así como su revestimiento blanco, contrastando con el paisaje urbano manchado por la ausencia del estado, y llegaron al edificio en bus, en fila y cantando, ocho personas, cuatro a cada lado de la puerta, y con fuerte voz gritaron llamando a acercarse.
Temerosas las personas siguieron su paso, pues en el mundo de éste tiempo cada quien profesa lo que a su medida se ajusta, y cada quien tiene designado un banco dentro de alguna de las casas de Dios, quien a todos recibe con misericordia.
Y como ésta, se alzaron otras quince dentro de nuestra tierra. Y fuera de ella, treinta y tres mil.
Y atraía a los ojos y los pensamientos de la población se posaban a veces en recordar que éstos edificios estaban repartidos entre los demás, que en sus puertas, números pares de personas se paraban a gritar y cantar, y que ellos decidían quién se acercaba y quien debía irse, y hablaban de Dios con anhelo, pero en sus voces se notaban límites, pues no contestaban preguntas ni hablaban por completo. Se limitaba su vocabulario a 15 palabras:
Dios es Grande. Te llama. Si lo sientes, acércate. Dios te llama. En él y para Él debes vivir.
Y traían con ellos un instrumento a modo de acompañamiento. Dicen algunos que un manojo de cuernos pequeños, que sonaban golpeteando entre ellos con sonido hueco y corto. Dicen otros que eran dientes tan blancos como el edificio. Y otros, que eran pezuñas negras y brillantes como el ónix.
Pues tan rápido lo mostraban para hacerlo sonar, y lo ocultaban nuevamente, que el sonido duraba más que su visión.
Y al pasar los días, llegaban allí todos los días buses blancos y dejaban al coro ocho horas rotativas por día, se veían en sus rostros cansancio y decepción, pues su trabajo era ahuyentar a todos los que no eran aptos del edificio cuadrado y blanco, casi de pureza matemática, pero no daban aún con el primero que sea digno de entrar, pues ellos no entraban tampoco.
Hasta que llegó la tarde en que durante el canto ritual, el instrumento sonó con su pausado ritmo, llamando a los transeúntes eventuales, y en uno de sus golpes, alguien cayó al piso.
Y poniendo sus manos a cada lado de sus sienes, se arrodilló y gritó con gran dolor, y lloró.
Y era tan grande el dolor, que las palabras abandonaron su mente, pues no lograba emitirlas. Y lloró tanto que asustó a los coros, que corrieron a él con manos abrigadoras, y abrazos de contención, pero sólo lograron calmarle tapándole los ojos. Y lograron así amansar los gritos, y de los labios del hombre nacieron los suspiros y las palabras nuevamente. "Estar en Dios es hermoso" dijo, y fue de gozo su sonrisa. y se le invitó a entrar al edificio. Más los coros esperaron afuera, animados por el suceso, y cuando las seis horas restantes pasaron, el bus no llegó, y tuvieron que irse a pie.
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Les traigo parte del primer capítulo de mi escrito.
Si desean leer nuevamente o por primera vez la introducción, éste es el post:
https://www.reddit.com/r/escribir/s/g0u93cpcj0
Espero haberles brindado escasos minutos de entretenimiento a su inicio de semana. Hasta el próximo lunes.