Por fin terminé mi primer cap. Opiniones acá.
Agradecería sus opiniones, ya sean buenas o malas; gracias de antemano.
Pd.: Las faltas de ortografía no hace falta resaltarlas porque soy consciente de ellas; luego las corrijo.
Capítulo 1.
Era una fría noche de invierno; el frío calaba la cara; el aire se sentía pesado y tranquilo; el rozar de este con los árboles era leve e insonoro. Todo estaba sumido en un inmenso silencio donde incluso el crujir de una rama podría romper dicha calma. Y eso, más que tranquilizarme, me parecía inquietante; yo, una persona acostumbrada al bullicio de la ciudad, me sentía fuera de mí en un lugar tan silencioso. Caminaba sin rumbo aparente, quitando hojas y ramas para abrirme camino. Necesitaba despejarme, pues la reciente muerte de mi perro me tenía confundido e intranquilo.
Fue entonces ahí cuando vi en el oscuro cielo nocturno una luz verde parpadeando entre los árboles. Débil al principio, llegué a pensar que era mera invención de mis cansados ojos. Pero velozmente comenzó a acercarse; la luz se hacía cada vez más intensa. Sabía que no podía quedarme viendo; tenía que huir cuanto antes de ahí.
Todo pasó muy a prisa; traté de huir lo más rápido de ahí, pero estaba tan enajenado por lo que sucedía que no puse atención a mi camino y caí al suelo. Se escuchó el crujir de los árboles fuertemente y, seguido a eso, un estrepitoso terremoto sacudió el suelo por un breve instante.
Tardé unos instantes en recuperar la postura y ponerme en pie para ver qué era lo que había caído del cielo. Una vez que la nube de polvo que cubría la zona se asentó, un olor metálico inundó el aire. Rápidamente me acerqué para ver qué era. Me llamó la atención ver que en el cráter no había una roca; más bien era una estructura metálica de tonalidad obscura.
—¿CCT-552? —alcancé a leer en el metal.
Un siseo rompió el silencio establecido. Un vapor blanco comenzó a escaparse de las ranuras, deslizándose suavemente y de poco a poco depositándose en el suelo. Intenté acercarme para ver de qué se trataba, pero sin antes poder reaccionar, un fuerte estruendo me detuvo, seguido de la compuerta saliendo disparada violentamente, estrellándose contra un árbol a unos escasos metros de distancia. El interior quedó expuesto.
Tardé unos segundos en reaccionar, me acerqué lentamente para ver lo que había en su interior y dentro había… alguien.
En concreto, una chica pálida y desnutrida que, por su apariencia, parecía haber pasado días ahí metida. Me dispuse a sacarla de ahí para posteriormente llevarla a mi casa. El camino fue lento y cansado. Sabía que no podía llegar deliberadamente con una persona desnutrida y pálida a casa y mucho menos que fuera mujer, por lo que me vi obligado a tratar de meterla por la ventana. Una travesía difícil, pero no imposible. La acosté en mi cama y la arrope.
Fui a la cocina por algo de comida y bebida para la chica. Por suerte, tenía suficiente fuerza como para comer. Después de darle de comer, me tumbé en un rincón de mi cuarto para poder dormir, aun sabiendo que el frío era despiadado.
De pronto la chica comenzó a balbucear algo; me levanté medio dormido para ver qué quería.
—Despierta… esto no es real… —La chica comenzó a decir de manera lenta pero desesperada; era algo inquietante.
En ese momento tenía demasiado sueño y no le di importancia, así que solo me tumbé y me dormí.
***
Al día siguiente me levanté temprano, incluso antes que saliera el sol, con la intención de esconder a la chica en un lugar mejor. Dentro de mi desordenado cuarto lleno de ropa y libros tirados, lo que parecía ser el único espacio seguro era el armario, pues acostumbraba a cerrarlo con llave. Ya habiendo tomado aquella idea como buena, decidí hacer un hueco entre la ropa apilada de manera desordenada y ponerla ahí.
Repentinamente, un espantoso y repetitivo sonido metálico me desconcentro, haciéndome voltear hacia atrás con miedo de ser descubierto. Sin embargo, tan solo era mi alarma, la cual apagué. Nuevamente cerré el armario, no antes de tomar mi uniforme escolar para posteriormente ponérmelo.
Como última medida precautoria, cerré mi habitación con llave, cosa que de todos modos ya acostumbraba hacer, pues era un hábito que tenía sus raíces en mi infancia tras haber visto una película de espías. Apenas cerré la puerta, escuché a mi madre gritar algo; temí lo peor.
—¡¿Quién se comió una rebanada de pan y un vaso de agua?!
Mi madre era extremadamente obsesiva con el orden, hasta el punto en el que, si llegase a faltar algo del lugar en el que estaba o normalmente se encontraba, se ponía histérica. Incluso se peleaba con los dueños de las tiendas. Por suerte, si le decías dónde podía encontrar las cosas y lo mantenías así se calmaba.
Por su parte, mi padre era más bien calmado y estoico; supongo que habrá desarrollado esa naturaleza como método de supervivencia con mi madre y, en caso de que ya fuera así desde joven, no quedaba más que suponer que mi madre simplemente incrementó su forma de ser. Siendo así, en muchas ocasiones me llegué a preguntar cómo es que se habían conocido.
––Fui yo, me entró hambre en la noche y por eso el pan y el agua —dije para calmar a mi madre.
––Oh, esta bien hijo no pasa nada.
Creo que al final mi madre no era tan obsesiva como la imaginaba.
Después de un desayuno rápido me encamine a la escuela.
Por lo general tomaba el camión para ir a la escuela pero justo los camioneros estaban en huelga así que me vi obligado a ir por entre obscuras callejuelas y estrechos pasadizos entre casas en obra negra para así poder llegar a mi destino.
Tras un rato de escuchar a alguien que gusta de llamarse maestro a sí mismo pese a no serlo, llegó la mejor parte de la escuela, el descanso. El único momento en el que no tienes que escuchar a un idiota hablar y presumir sobre cómo podemos usar su materia en la vida diaria de manera que ni él se la crea, simplemente sublime. Sin embargo, no todo es oro, ya que si tienes mala suerte, puedes verte envuelto en una pelea friki por alguna estupidez.
Normalmente, yo simplemente me dedicaba a escuchar y asentir a lo que decían mis amigos, pero con lo ocurrido el día anterior, sentí que debía contárselo a alguien.
—Oigan, ¿adivinen qué me pasó ayer? —Quizá mis dotes para socializar no eran los mejores, pero logré captar su atención.
—A ver, cuenta, ¿qué te pasó? —dijo José, que por lo regular daba flujo y dirección a las conversaciones.
—Pasó en la noche mientras caminaba por el bosque y entonces vi una luz y, cuando menos lo esperaba… cayó al suelo causando un estrepitoso terremoto, pero resultó no ser un meteorito, sino que más bien era una cápsula y en su interior se encontraba una chica.
Mis amigos me vieron con seriedad.
—Sabes, ya no somos niños como para que te inventes cuentos, y mucho menos creerlo, ¿verdad? —dijo José mirándome seriamente.
—¡Sí, sí! Él tiene razón, entendemos que estés dolido por la muerte de tu perro, pero no empieces a tratar de llamar la atención —dijo Ángel, un chico hiperactivo de baja estatura.
«¿Inventar, llamar la atención?» Yo decía la verdad y ellos no me querían creer.
—Pero si yo no estoy inventando y mucho menos estoy tratando de llamar la atención.
—No te preocupes, Liam, es normal que estés confundido y trates de evitar la realidad inventando e imaginando cosas, pero tienes que despertar de ese sueño —dijo José mientras me tomaba por los hombros y me veía como quien mira a un perro moribundo.
–¡Pero si incluso tembló la tierra, está la chica en mi habitación, realmente tengo pruebas, créanme! —Comenzaba a desesperarme.
–Por favor Liam para ya con eso, te haces daño.
No podía aguantar más; me trataban como si estuviera loco. Sin poder aguantar la ira que sentía por ser tratado de loco, cerré fuertemente mi puño y golpeé la cara de José con todas mis fuerzas hasta noquearlo. Para la mala suerte con la que cargaba un “maestro”, lo vio todo y me mandó a la sala del director. El director tenía fama de ser amable, pero en caso de ser necesario, se sabía que podía ser severo.
–Liam, me contaron lo que hiciste y quisiera saber el porque.
José no estaba presente, ya que había sido noqueado.
Mire seriamente al director por unos segundos. Era más que obvio que tenía que decir la verdad y contar lo ocurrido tratando de ser completamente objetivo. Por eso mismo le conté todo de lo que hablamos, incluso lo ocurrido durante la noche. Quizá él no me trataría de loco.
El director suspiró profundamente mientras me miraba pensativo.
—Su perro murió hace unos días, ¿es eso cierto?
—Sí, ¿pero qué tiene eso que ver? —pregunté desconcertado.
–Tengo entendido que algunas personas, tras la muerte de un ser querido, llegan a tener alucinaciones con tal de escapar de la realidad y no afrontar el duelo. Supongo que ese podría ser el caso, puesto que dicho suceso no parece más que ser una creación de su mente que quiere evitar la verdad escondiéndose en un sueño lleno de mentiras.
«¿Por qué, por qué todos creen que estoy mintiendo o inventando cosas? Realmente paso»
—Pero director, eso realmente ocurrió, yo lo vi.
—Liam, por favor, deja de hacerte eso. Voy a tener que pedirte que te retires, puesto que no me parece que estés en condiciones de estar en la escuela. Será mejor que te centres en descansar y sanar; por ahora lo mejor será quedarse en casa.
Era increíble cómo nadie quería creerme. Indignado, me di la vuelta y salí del despacho azotando la puerta. La cólera que sentía era indescriptible, todos tratándome de loco, ignorándome. Mientras caminaba por el patio para salir de ahí, se podían sentir las miradas de la gente; supongo que así se sentían los presos cuando eran ejecutados en la Edad Media. Todo eran miradas de desprecio y miedo.
Tal era mi enojo que, por puro despecho, regresé a aquel bosque en búsqueda de la cápsula, pues probablemente seguiría ahí. Pero… no estaba ahí, no había siquiera un cráter. Los arboles estaban en perfecto estado, era como si no hubiera ocurrido nada. Confundido corrí hacia mi casa para ver a la chica pues era lo único que podía probar que no estaba loco. Al llegar a mi casa estaba ahí, acostada entre ropa y libros dentro del armario.
«No estoy loco, eso es bueno, ¿No?»
Pasaban los días, uno tras otro, de manera monótona y sin sentido. La chica repetía constantemente las mismas palabras. Las repetía siempre que me veía. Día tras día esperaba que aquello que me molestaba se esfumara. Pero mientras más esperaba, más me carcomía saber lo que no sabía y no saber lo que sabía. Era como un rompecabezas tratar de comprender lo que la chica quería. Y sin darme cuenta ya había pasado un mes de todo aquello y, sin embargo, la pregunta persistía. Por más que le pedía a la chica que se explicara, solo repetía la misma frase: “Despierta… esto no es real…”. Quizás solo fueran delirios de una loca, pero cambiaron mi forma de ver las cosas.
En vista de no resolver nada encerrado en mi casa, comencé a ir a la escuela nuevamente.
Los pasillos eran extensos y llenos de puertas. Las luces en el techo parpadeaban de manera rítmica y algo molesta. El bullicio se extendía por cada rincón rompiendo la tranquilidad y comodidad de los pasillos. Me encontraba caminando evitando a la gente cuando noté algo extraño por el rabillo del ojo. Me di la vuelta en dirección de la ventana con curiosidad.
—¡¿Un ojo…?! —Alcancé a ver tras la ventana un ojo gigante.
Empecé a temblar, mis piernas me traicionaron y caí contra el suelo. El sudor escurría por mi cara mientras la agitaba fervientemente, mirando de lado a lado en busca de ayuda. Pero… nadie parecía ver lo que yo, simplemente pasaban caminando sin apartar la vista como si fueran robots siguiendo un camino preestablecido.
Cuando voltee a ver la ventana para confirmar lo que vi, el ojo había desaparecido. Ya no sabía qué era real y qué no. Mi realidad comenzaba a romperse.
Rápidamente fui a casa para interrogar a la chica.
—¡¿Qué era eso?! —pregunté exaltado.
La chica notó mi preocupación y de las comisuras de sus labios surgió una sonrisa macabra.
—Veo que has abierto los ojos; ahora solo falta que comiences a ver y entenderás.
«¿Entender?, ¿qué debería entender? »
Comencé a caminar en círculos por mi cuarto en busca de respuestas.
—Los engranajes por fin están en su sitio… solo falta que giren y todo comenzará. —Me detuve al escuchar eso, me heló la sangre. La voltee a ver desconcertado.
Sin siquiera terminar mi oración, la chica estalló en mil pedazos, llenando mi cuarto de sangre y vísceras. El olor a sangre y jugos gástricos llenó el cuarto. Tenía miedo y estaba confundido, no me podía mover, estaba paralizado.
—¿Hijo? —Una voz familiar me llamó desde atrás; lentamente me di la vuelta.
—…––Tenia tanto miedo que no podía responder.
—Hijo, ¿qué hiciste? —preguntó mi madre horrorizada al ver la grotesca escena.
Miré a mi madre asustado y comencé a acercarme lentamente mientras me arrastraba por el suelo, dejando una larga mancha carmesí por el recorrido.
—Hijo, ¿qué te pasa? Me estás asustando.
De la comisura de mis labios surgía una leve sonrisa nerviosa. Mi madre retrocedió.
Un leve sonido como de carne estirándose comenzó a sonar cada vez más fuerte.
Súbitamente, mi madre estalló, empezando por los brazos, seguido del trozo. El cuerpo desmembrado y desgarrado de mi madre cayó al suelo mientras su mirada se retorcía de dolor.
Desesperado, corrí en busca de mi padre. Lo encontré en el sofá de la sala de estar.
––¡Papá!––Grite desesperado.
––…––No hubo respuesta por parte de mi padre, parecía dormido.
Le toqué el hombro para despertarlo, pero apenas toco mi dedo en su hombro, su cuerpo comenzó a deformarse y estirarse. Sus huesos comenzaron a crujir fuertemente mientras que por sus ojos, boca, nariz y orejas comenzó a salir sangre hasta que su cuerpo estalló.
Intenté gritar, pero sentía un nudo en la garganta. Salí al vecindario por ayuda, pero solo encontré un río de sangre y vísceras por doquier.
Con algo de esperanza corrí hacia la estación de policía. Por suerte, el oficial a cargo no había explotado.
Ya estando ahí en la estación, me acerqué al oficial de manera desesperada y nerviosa.
––¡Ayuda, la gente está estallando, no sé qué hacer!
Se hizo un silencio aterrador. «¿Qué iba a pasar?»
—¡Ja! —El oficial soltó una carcajada.
«¿Por qué se estaba riendo? ¿No era más normal pedir que me calmara o no? ¿No?»
––¿Qué pasa, señor oficial, por qué se ríe? —Tal vez se había confundido o entendido algo mal, así que pregunté nervioso.
–¿Es que no te das cuenta? Todo es TU culpa.
«¿Eh? ¿Cómo que "mi culpa"?»
De las comisuras de mis labios surgió una sonrisa nerviosa. Retrocedí un paso por los nervios.
––¿De qué habla, señor oficial?, ¿A qué se refiere con que es mi culpa? —Comencé a hacer aspavientos con las manos de manera rígida y nerviosa.
––Je, je. No tiene sentido, ¿no? De seguro escuché mal, ¿o no?
––…––
«¿Por qué se calla?»
––¡Pff, jajajaja, mírate la cara! Chico, no hagas ese tipo de bromas.
«¿Era una broma? ¿Entonces no me creía?» Saber que esa actuación era una broma no se sentía relajante en absoluto.
Algo no estaba bien. Tenía una sensación como de que algo fuese a ocurrir.
––Chico ¿Por qué esa cara?
––…
––Responde… Je, ¿te comió la lengua el ratón?
Su estómago comenzó a hincharse poco a poco.
—Oye, oye, ¿por qué la car...? —El oficial volteó hacia abajo al sentir su estómago hincharse —Eh, ¿qué pasa?
Me quedé en silencio mientras miraba lo que estaba por suceder.
Simplemente estalló como si de un globo se tratase.
El cadáver se desplomó con el estómago destrozado mientras la sangre brotaba de su interior.
Caí de rodillas contra el suelo y llevé mi cabeza a mis manos ensangrentadas mientras caía cada vez más en la desesperación y la locura.
—¡Ja! —Una risa burlona resonó en mi cabeza.
—¿Eh… quién dijo eso? —pregunté entre sollozos mientras levantaba la cabeza lentamente.
No hubo respuesta. «Claro, ¿por qué habría respuesta?», pensé mientras llevaba mi mano a mi frente con una sonrisa.
Me acerqué al cuerpo del oficial y tomé su revolver con la mano izquierda; gradualmente lo fui llevando hacia un costado de mi cabeza, cargué el arma y puse el dedo en el gatillo.
—¿Estás seguro de querer hacerlo? —Nuevamente la voz resonó en mi cabeza.
—¿Tú hiciste esto?
—Si lo haces, no habrá vuelta atrás. —Ignoró mi pregunta y continúo con lo que había empezado.
—¡Respóndeme! —¿Tú hici…? —Un sonido ensordecedor seguido de un intenso olor a pólvora me interrumpió.
Mi cuerpo comenzó a temblar, tanto así que solté la pistola. Sentí como un líquido viscoso comenzaba a brotar de mi sien. Mi vista comenzó a nublarse. Llevé mi mano a mi cabeza y después la puse frente a mí.
––¡Ja, ja…! —comencé a reír de manera inconsciente mientras mi mente comenzaba a nublarse con la imagen de mi mano ensangrentada.
«Supongo que aquí acaba todo»
Todo se puso negro. No podía moverme ni hablar, más bien no sentía mi cuerpo.
***
Una molesta luz amarillenta me saco de mi profunda ensoñación. Tarde en reaccionar pero cuando abrí los ojos algo no estaba bien. No estaba en la estación de policía en cambio estaba en una acolchada cama en mi cuarto. Lleve mi mano a mi sien para rectificar que no hubiese sangre. No parecía haber rastro de ninguna herida. Me levante de la cama confundido y exaltado y comencé a buscar sangre o vísceras pero no había fue entonces que una morbosa curiosidad me gano y quite el seguro al armario para posteriormente abrirlo y ver que la chica no estaba y en su lugar solo había pilas de ropa mal acomodada. Al tratar de volver a cerrar el armario de su interior cayo algo.
––¿Eh, qué es eso…?––Dije mientras tomaba del suelo lo que parecía ser un almanaque.
Nuevamente la curiosidad me gano y decidí revisar la fecha para notar que la fecha no coincidía con con la del día anterior. Sino que era de días antes de encontrar a la chica.
«¿Sera acaso todo había sido un sueño?» Dicha pregunta asalto violentamente mi mente creando aun mas confusión.
Como siempre comí mi desayuno y me fui a la escuela. Pero al salir algo me estaba esperando.
––¡Mhh!–– En la entrada había una caja decorada como para un regalo con una nota que decía: “Para Liam” no decía nada mas por lo que simplemente abrí la caja.
––…–– lo que había adentro me dejo sin palabras.
Era la cabeza sin ojos de mi perro Jhonson. En su boca había una nota manchada con sangre, en dicha nota decía: “voltea hacia arriba y veras” hice caso a la nota y voltee hacia arriba para encontrar el cuerpo mutilado de mi perro colgando en un carrusel.
«¿Realmente fue un sueño» Otro pensamiento que hizo a mi mente retumbar.
Comencé a sentir como si el suelo se moviera de lado a lado; La cabeza me pesaba. Trate de apoyarme contra la puerta pero en su lugar puse mi mano contra el aire y caí bruscamente contra el pasto. Comencé a respirar de manera agitada y entrecortada.
Mi visión empezó a verse envuelta en oscuridad mientras perdía el resto de sensaciones.
––¡Hijo!, ¿Estas bien?– Escuche la voz de mi madre a lo lejos o quizá a lo cercano.
Nuevamente una molesta luz me despertó. Estaba acostado en mi cama tratando de entender lo que ocurría pero no tenia sentido. Para cuando me di cuenta ya estaba atardeciendo. Entre la luz rojiza que se filtraba por entre las cortinas pude visualizar una sombra moverse. Mi cuerpo se movió de manera instintiva en dirección a la ventana. Nerviosamente comencé a otear pero no veía nada, hasta que…
––¡Hijo, te llego una carta!–– La voz de mi madre tras la puerta me saco de mi trance.
Me acerque a la puerta y la abrí bruscamente por culpa de los nervios, pero mi madre ya no estaba y en su lugar estaba una carta tirada en el suelo.
Tome la carta y me tumbe en la cama mientras alzaba por el aire la carta; Estaba envuelta en un sobre amarillo con solo mi nombre inscrito. Rompí el sello del sobre con cuidado y de manera cautelosa casi enfermiza saque y desdoble la carta.
––“Querido Liam, me complace saber que los engranajes han comenzado a girar, sin embargo, ¿Cuando sera el día que dejes de soñar?”…– Decía cosas muy similares a la chica lo que me hacia pensar que quizá lo ocurrido anteriormente no fuera un sueño.
Tras un largo sueño reparador ya era la mañana del día siguiente. Me vestí el uniforme tras despertarme como era costumbre y salí para desayunar.
––Buenos días Papá, Ma… – Un escalofrió recorrió mi cuerpo al ver lo que estaba frente a mi. No podía creer lo que veía. Mi madre estaba parada frente a mi pero, algo no estaba bien. Ella no parecía notarlo pero su piel, no estaba. Había sido de desollada de manera tosca por lo que por su cuerpo brotaban chorros de sangre. Pero «¿Por qué, o mas bien por quien?»
Torpemente di un paso en dirección de mi madre. Lleve mi mano a mi pecho mientras la miraba fijamente.
––¿Hijo, estas bien, estas seguro de querer ir a la escuela hoy?
––¿Eh?… uhmm, si… claro.– De pronto la imagen de mi madre desollada había desaparecido. Nuevamente volvía a tener su piel en su sitio, sin embargo el charco de sangre seguía ahí, simplemente nadie parecía verlo.
El camino hacia la escuela se sentía fuera de lugar; era como si las sombras fueran más oscuras y las luces más intensas. El camino estaba desierto, algo raro incluso para ser un camino poco transitado. Al llegar a la escuela pude notar que no había nadie en la entrada. Supuse que había llegado tarde, por lo que revisé mi reloj; sin embargo, estaba detenido. En vista de no poder revisar la hora, simplemente fui a mi salón con la esperanza de que me haya equivocado y simplemente haya llegado tarde.
Abrí suavemente la puerta de mi salón, di un paso y pare en seco, ahí dentro no había estudiantes.
––¿Uh?… –– Frente a mi no había humanos, mas bien eran monstruos o algo parecido.
«¿Qué es eso?»
Uno de aquellos seres se abalanzo contra mi bruscamente; sin antes poder pensar en moverme el monstruo me tomo de los brazos y me levanto tan alto que mi cabeza golpeo el techo, seguido a eso comenzó a jalar mis brazos lentamente.
El dolor comenzó a llegar de manera punzante.
––¡Ahhhhh…!
De entre mis gritos de dolor alcance a escuchar como se desgarraba mi carne y me arrancaba los brazos bruscamente.
Mi cuerpo cayo al suelo, los latidos de mi corazón eran tan fuertes que sentía como si fuera a estallar. Trataba de calmar mi respiración pero por consiguiente solo lograba agotarme mas al ver como la sangre comenzaba a fluir rápidamente como cascada.
Otro de los monstruos me levanto del suelo y me llevo en dirección a lo que parecía ser su boca. Mi muerte fue rápida e indolora, no alcance a pervivir cuando fue que abrió la boca ni cuando la cerro simplemente senti como me adentraba cada vez mas por una cavidad viscosa y oscura. Cuando comenzaba a perder la consciencia por culpa de la perdida de sangre tras haber sido partido por la mitad y haber perdido los brazos pero un dolor agudo me despertó… eran los jugos gástricos deshaciendo mi carne lenta y dolorosamente. Quería gritar pero tenia la boca llena de sangre y ácido. Lentamente fui perdiendo la conciencia hasta que me desvanecí entre los ácidos.
***
Nuevamente desperté en mi cama, revise la fecha y efectivamente estaba a unos pocos días de aquel suceso. Mi cuerpo se estremeció, no podía evitar temblar pues aún sentía el intenso dolor de ser mutilado y disuelto en ácido gástrico.
Mientras me retorcía de dolor un extraño pensamiento me asalto.
«Todo es culpa de esos monstruos»
Segado por el dolor y odio que sentía tome un cuchillo de la cocina y me dirigí a la escuela.
Esta vez no abrí la puerta con cuidado, simplemente la abrí con esperanza de golpear algo. Efectivamente ahí estaban los monstruos sentados en los pupitres. Un repentino arrebato de odio renovado al verlos ahí estáticos como si fueran humanos me hizo abalanzarme contra el mas cercano y comenzar a apuñalarlo violentamente. La sangre que salpicaba no era de tonalidad carmesí, mas bien era un tono intermedio entre el morado y el rojo.
Después de masacrar al monstruo volteé a ver a los demás, parecían aterrorizados puesto que se estaban amontonando al fondo del aula como ratas tratando de huir.
––¡Ja, ¿A que le tienen miedo malditas escorias?!
Una sonrisa de oreja a oreja apareció en mi cara mientras alzaba el cuchillo en dirección de los monstruos aterrorizados.
Me acerque tan calmado como pude a los monstruos y comencé a masacrarlos mientras los arrinconaba.
––¡Ja ja ja, mueran maldita escoria, mueran, mueran, mueran!
Me encontraba en un éxtasis difícil entre risas y adrenalina.
––¡Alto ahí maldito psicópata!–– Un grito proveniente de la puerta me hizo redirigir mi atención de lugar.
Eran policías y estaban armados con escopetas.
––¿A quién le dicen psicópata?, solo me estoy defendiendo de estos monstruos.
Uno de los policías trago saliva aterrorizado por la escena.
––¿Qué a quién? Pues a ti que estas sonriendo como un desquiciado.
Me levante y comencé a caminar hacia el oficial con el cuchillo en la mano.
El oficial asustado alzo su escopeta y me apunto con miedo.
––Oye oye, no me apuntes con eso, ¿Qué no ves que yo salve el día.
Un fuerte estruendo se escucho, fue tan fuerte que incluso las ventanas se rompieron, al parecer el policía había accionado el gatillo por un instinto nervioso.
El fuerte impacto del disparo me aventó contra la pared. La sangre comenzó a brotar por montones de mi abdomen. Trate de cerrar la herida con las manos pero lo único que lograba era revolver la sangre.
Alcé la mirada con odio como tratando de maldecir al que me había disparado, pero… la imagen frente a mi… no era lo que yo recordaba, no había cadáveres de monstruos mutilados, solo había estudiantes.
Se podía ver el sufrimiento en sus caras puesto que algunos aun no perecían, simplemente se mantenían en agonía mientras se ahogaban en su propia sangre.
––¡Maldito enfermo!––Grito uno de los policías mientras me pateaba preso del miedo y adrenalina.
«¿Qué esta pasando?» «¿Por qué son humanos?»
La realidad comenzó a quebrarse lentamente mientras que lo único que se podía oír era el crujir de la realidad.
––¿Donde estoy?–– apenas puse atención a mi entorno pude notar que no estaba en la escuela ni en mi casa como ya era costumbre; era un espacio blanco sin principio ni fin, sin arriba o abajo, sin día ni noche… solo espacio vació en un páramo blanco.
––¡Ja ja ja, je je je!
Pude escuchar una macabra risa que venia de todas direcciones, era como si resonara en mi cabeza.
––¡¿Quién eres?!
Instantáneamente un hombre de traje cuya cara estaba cubierta con una mascara negra apareció frente a mi.
El misterioso hombre hizo una reverencia en dirección a mi.
—¿Yo?, yo no soy nadie, pero… ¿Quién sois vos?
«¿Qué quién soy?» «¿De qué habla?»
––Yo soy Liam, ¡ahora responde mi pregunta! ¿Quién eres?
––Hmm, ya os lo dije anteriormente, no soy nadie, sin embargo la pregunta persiste ¿Realmente sabéis quién sois vos?
––¡Deja de jugar conmigo, ya te dije quien soy!.–grite indignado por la constante pregunta sin sentido.
––Ahggg, sois de no creer, pero… supongo que igualmente os enteraríais así que a quien le importa.
La realidad comenzó a romperse una vez mas pero esta vez fue diferente.
***
No podía moverme, solo ver a través de los ojos de un hombre que se abría paso entre la gente en una abarrotada calle en alguna ciudad.
El hombre estaba molesto, podía sentirlo. No sabia ni el porque se su enojo ni el porque podía saberlo pero lo sabia.
––¡Hey, alto ahí!–un tipo de aspecto deplorable estaba frente a mi sosteniendo un cuchillo.
Se podía ver el miedo del tipo por la manera en que sostenía el cuchillo.
El hombre soltó un golpe al asaltante dejándolo fuera de combate.
Se escuchó un grito de entre la gente seguido a eso la gente comenzó a despejar la zona.
––Oye amigo, ¿Estas bien?–pregunto un joven aparentemente preocupado.
«¿Por qué habría de estar mal?»
––Todo va a estar bien ¿okay?
«¿Bien, de qué habla?»
El hombre volteo para abajo tras sentir una sensación húmeda seguida de un intenso dolor. La visión del hombre comenzó a nublarse. Parece que había perdido mucha sangre. El hombre saco el cuchillo bruscamente causando aun mas daño.
––¡Rápido, hay que darle primeros auxilios… !
Finalmente la visión del hombre se vio envuelta en oscuridad total. Así durante mucho tiempo, no se cuanto pero se que fue mucho. Hasta que un día una brillante luz me saco de ahí.
Frente a mi había un hombre y una mujer. Parecía que decían algo pero no podía escucharlos.
Nuevamente paso el tiempo y crecí, aparentemente había renacido como el hijo de unos agricultores. Sin embargo algo no cuadraba; no tenían maquinaria, todo se hacia a pala y mano.
«¿Por qué?»
La duda persistía pero el trabajo era tan duro que no tenia tiempo para pensar.
Así pasaron los años y sin antes darme cuenta ya llevaba 10 en ese lugar.
Era un día como cualquier otro, aislado del mundo plantando semillas y regándolas de manera monótona. Pero como me hubiera gustado disfrutar mas de esa tranquilidad.
El color del cielo se torno rojo, a lo lejos de la montaña se alzaba un humo denso que indicaba un incendio cercano. Mi padre fue rápido por una pala y comenzó a hacer un surco alrededor de los cultivos.
«¿Qué esta pasando?»
El incendio se propagaba rápidamente, mas de lo que mi padre podía hacer el surco.
De entre el fuego apareció un ser extraño a mas no poder, tenia un cuerpo del tamaño de dos vacas, extremidades largas y lo que parecía ser una boca en su trozo.
Mi padre tomó la pala y la blandió contra el monstruo hasta abatirlo completamente. Sin embargo dicho esfuerzo fue inútil pues de entre el fuego aparecieron cientos de monstruos mas.
Corrí hacia la casa dándole la espalda a mi propio padre.
––¡Mamá!–grite por ayuda al entrar a la casa pero… frente a mi solo había un cadáver desfigurado.
«¿Por qué pasa esto?» me preguntaba cobardemente mientras me escondía bajo la cama.
No se exactamente cuanto tiempo estuve escondido pero cuando salí ya había pasado todo. Lo único que había era un campo consumido por el fuego.
«¡¿Por qué, qué hice yo para merecer esto?!» me preguntaba mientras me hundía cada vez mas en mi propia miseria.
––¿Si quieres yo podría ayudaros?
No lo pensé dos veces y acepte su ayuda aun sin saber a que se refería ni si hacia un trato con el mismísimo diablo. Tenia miedo.
La realidad se partió en pedazos diminutos dejándome nuevamente en aquel páramo blanco.
***
––Tu, maldito hijo de perra, todo este es tu culpa ¿verdad?
––Oh, veo que estáis enfadado con vuestro servidor.
––¿Servidor? ¡Ja! No me hagas reír. Todo esto es tu culpa ¿No?
El misterioso hombre levanto los brazos en respuesta.
––Sea mi culpa o no, vos aceptasteis mi ayuda; De todos modos parece que vuestro tiempo ya se ha acabado.
Aquel espacio blanco se quebró nuevamente dejándome caer en lo que parecía haber sido una cama.
Me encontraba en las ruinas de una antigua casa, una realmente muy antigua.
Recorrí toda la localidad para darme cuenta de que igualmente estaba en ruinas. Se parecía mucho a ola ciudad en la que vivía.
«¿Realmente era eso cierto?»
––Increíble ¿no?– El hombre apareció frente a mi.
––¿Qué paso aquí? Pareciera que hayan pasado años.
––Supones bien mi estimado amigo.
«No puede ser cierto eso» «¿Verdad?»
––Pero… cuando muero regreso en el tiempo. No tiene sentido.
––¿Estas seguro que regresas en el tiempo?
Me quede en silencio. No podía ser cierto lo que escuchaba, si eso era cierto entonces…
––¿Insinúas que solo he estado reviviendo? Pero de ser así entonces este lugar no estaría así,solo he revivido 4 veces.
––La gente constantemente prefiere olvidar el dolor que enfrentarlo, vos lo sabéis muy bien.
«No puede ser cierto» «Esta mintiendo, ¿No?»
––Vamos, sigue huyendo de la verdad tal y como con tus padres.
––¡Cállate! Solo cállate…
El dolor y la desesperación que me consumían lentamente se intensifico. Mi corazón comenzó a latir rápidamente. Creía que mi pecho explotaría.
––Hijo, no tengas miedo.–Detrás de mi escuche una voz extremadamente familiar.
––¿M-mamá?–Me di la vuelta atemorizado pues ya no sabia que era real o que no.
Ahí estaban mi madre y mi padre, parados frente a mi. Su mirada era cálida, mi madre extendió sus brazos hacia mi. Abrace a mi madre fuertemente mientras lloraba pero… Algo no estaba bien, a diferencia de su mirada su cuerpo estaba frio como si fuera un cadáver.
Instintivamente trate de alejarme de mi madre pero no podía soltarme.
––Mamá, ¿m-me podrías soltar?–Una sonrisa nerviosa surgió de mis labios sumado a un leve tartamudeo.
Mi madre solo sonrió.
––Mamá, me estas apretando mucho.–Su abrazo era tan fuerte que no me dejaba respirar.
––¿Insinúas que mama no te quiere?–Al termino de sus palabras sentí comencé a sentir el dolor de los huesos quebrándose.
––Mamá… –Mi mente comenzaba a desvanecerse.
Bruscamente y sin aviso previo mi madre me empujo violentamente contra el suelo. Mi padre se me acerco, me miro fijamente como quien mira a un cerdo antes de ser llevado al matadero. Tras unos instantes de silencio mi madre irrumpió en la escena con una gran sonrisa de oreja a oreja.
––¿Qué esta pasando?…
Tanto mi madre como mi podre comenzaron a patearme mientras que por mi parte no me podía mover.
Cuando nuevamente estaba por desfallecer mi padre me tomo de los brazos y me levanto.
Mi madre tomo una barra de hierro que estaba en el suelo y comenzó a azotarlo contra mis piernas.
––¡Ahhg!
Tras una hora mi madre se detuvo y mi padre me dejo caer contra el suelo para llevar su mano derecha a su bolsillo del cual saco una navaja.
––¿Papá… qué vas a hacer con eso?-pregunte.
Llevo la navaja hacia mi ojo derecho. Por un lado veía la cara de mi padre y por el otro veía la punta de la navaja acercándose cada vez mas a mi ojo.
––¡Ahhhg!– El dolor era indescriptible. Ya nada tenia sentido.
––¡Jo jo jo, vos sois un cobarde, si, eso es lo que sois!– El hombre de traje comenzó a burlarse detrás mio.
Tome la mano de mi padre y la aleje bruscamente de mi. Sin perder el tiempo con la otra tome la navaja y la clave en el pecho de mi padre.
––¡Kyaaah!– Mi madre soltó un grito de terror.
––¿Hijo, por qué hiciste eso?
Un escalofrió me recorrió por todo el cuerpo.
Gracias a la adrenalina pude pararme a pesar del dolor mas no pude moverme del lugar en el que me encontraba.
Por su lado mi madre comenzó a correr hacia mi.
El primer choque entre la navaja y la barra fue estrepitoso y desastroso. La navaja salio volando mientras que la barra destrozaba mis manos. Seguido a eso con un elegante movimiento tanto de cadera como de muñeca arremetió contra mi cara.
La sangre comenzó a afectar mi visión.
––Si no la matáis, vos serias el que muera.–Nuevamente el hombre de traje interrumpió la escena aventando una espada hacia mi.
La espada impacto contra mi pierna haciendo un profundo corte.
«¿Por qué tiene tanto filo?»
Tomé la espada a costa de mi propia pierna y la alcé contra mi madre y cerré los ojos.
No se como ni cuando pero cuando abrí los ojos mi madre estaba ensartada contra la espada.
––Mhhh, supongo que igualmente vais a morir.–Dijo el hombre de traje mientras arrancaba la espada del cuerpo de mi madre.
Corto mi pierna y derramo su propia sangre en la herida.
Un dolor punzante invadió mi cuerpo por un breve instante. Tras dicho intervalo la herida se cerró.
––¿Qué eres?
––Si buscáis respuestas sera mejor que me busquéis pues mi trabajo aquí a terminado así que mi me disculpáis.– elegantemente se despidió y con la misma desapareció.
Tras su repentina desaparición todo a mi alrededor comenzó a desvanecerse como si fuera tinta dilullendose en agua dejando ver un frondoso bosque.