▲ 6 r/Bogota

Opiniones o experiencias

Hola! Que pena discutir un tema potencialmente sensible por acá pero alguien ha estado internado en la Clínica Montserrat, o conoce a alguien que haya estado? Me gustaría conocer experiencias de pacientes y saber si realmente es un buen lugar para acudir a servicios de salud mental. Gracias

reddit.com
u/Straight_Degree4698 — 1 day ago

Este post es para los hopeless romantics, o en su defecto, amantes del chisme

De entrada les pido que no me juzguen, pues vengo con una semana tremendamente dolorosa encima y con una historia muy triste, aunque para algunos raye en lo patético. Me atrevo a ser vulnerable con ustedes porque el dolor emocional y la culpa están empezando a consumirme, y al final, ¿a quién le hace daño hablar un poco de más de vez en cuando?

Espero que me lean ese tipo de personas como yo, que todavía creemos en los sentimientos genuinos por encima de los vínculos vacíos y que en un mundo en el que cada persona pasa página a la velocidad de la luz, nos quedamos con un lugar especial en el corazón para algunas personas; careciendo tal vez de sentido común y lógica, ambas cualidades bastante apremiadas en esta sociedad que cada vez para sentir menos.

Les confieso que tengo un corazón terriblemente dulce e ingenuo, y que me ilusiono con una facilidad vergonzosa. A pesar de cargar con lamentables experiencias amorosas, me basta con el mínimo para sentir que conocí al amor de mi vida, e increíblemente a su vez, mis malas experiencias del pasado me han llenado de traumas y heridas que algunas veces me nublan la vista y controlan mi actuar, por más que intente controlarlo. 

Hace un tiempo me creé un perfil en un dating app de reputación bastante cuestionable queriendo demostrarme que era lo suficientemente fuerte y valiente para exponerme a ese espacio que son las aplicaciones de citas en el que aparentemente sólo voy a ser valorada por mi aspecto físico y mi capacidad de dar gratificación inmediata al sexo puesto, sin que eso afectara en lo más mínimo mis sentimientos. 

Nuevamente, no me juzguen, cada quien se limpia las heridas del pasado como puede, y si somos honestos, ya nadie conoce personas en cafés y en librerías como me hicieron creer que pasaba cuando era niña.

Sin embargo, como siempre, la vida me esperaba con una sorpresa en el camino y me pasó lo contrario. Empecé a hablar con un hombre increíble. Me pareció de entrada una persona extremadamente interesante, inteligente, y a mi parecer profunda. Mejor dicho, para explicarles ahorrándome adjetivos, este ser parecía ser todo lo que yo quería en un hombre y que creía que sólo existía en mis fantasías más profundas, y mi cabeza no entendía como me lo estaba cruzando en un contexto tan vacío. 

Se pueden reír si quieren, pero en el momento sentí una corazonada muy profunda de que había conocido a alguien muy especial, y que este hombre sería relevante en mi vida. 

Casi de inmediato entendí que este hombre cargaba con una historia parecida a la mía, una determinación de dejar atrás un pasado doloroso y esforzarse por seguir adelante.

Muy rápido empecé a hablar con él prácticamente 24/7. Hablamos de libros, de amores y desamores, de sueños, de traumas, de ansiedades cotidianas, de sentimientos, anhelos, tristezas, infancias, incluso vidas pasadas. 

Creo que nunca había disfrutado tanto hablar con alguien. Sentía que a este hombre le podía contar cualquier cosa y me iba a escuchar, y a lo mejor entender. Empecé a sentir que quería abrirle mi corazón, recientemente curado, y sostener el suyo para ayudarlo a salir del hueco emocional en el que aparentemente se encuentra. 

Creía entender lo que estaba atravesado y quise extenderle una mano. Siento que todos en el fondo queremos una mano de emergencia en los momentos difíciles, entonces, ¿como por qué iba yo a negársela? Si yo en algún momento la necesité y me hizo falta. 

Me empezó a derretir de amor como con el pasar de los días parecía estar pendiente de mí, y como empezó a decirme siempre “Isa linda”. Ya lo sé, me estaba apegando sin mayor razón a alguien, pero ¿no nos ha pasado a todos?

Sin embargo, en la última semana larga, algo se sintió raro. El hombre se volvió distante, ya casi no me hablaba. Me decía que estaba atravesando una recaída de salud mental y yo, entiendo de estos temas, le creí, pero si les soy honesta en el fondo me atravesó un dilema violento. Por mis experiencias en relaciones anteriores había aprendido que detrás de esos silencios extraños siempre había algún tipo de secreto, que esos alejamientos repentinos no anunciaban algo diferente a un eventual abandono; a otro colapso emocional. 

Mi estado de ánimo se fue para el piso, estaba en una lucha constante de triunfar sobre los fantasmas que me hicieron pedazos para hacer las cosas bien con esta persona nueva que había llegado a mi vida, y por otro lado, saber interpretar las señales y salir corriendo para protegerme de otra decepción emocional. 

No fui capaz de hacer ni lo uno ni lo otro. No fui capaz de sacar de mi cabeza todos mis miedos y paranoias, y tampoco tenía la valentía para salir corriendo y perder a este hombre que empezaba a querer.  Entonces, pasó algo peor; se apoderó de mí mi lado loca demente que contesta mal a todo y hace comentarios inútiles porque no es capaz de decir “Necesito hablar contigo, me siento mal” y al final yo misma cavé mi propio hueco. Tuve una crisis emocional, y en medio de ella, él fue el que salió corriendo. 

Desapareció de mi vida, y naturalmente, me rompió el corazón, pues otra vez me veía enfrentada a mi herida emocional más profunda, el inevitable abandono. 

Sólo me dejó un número virtual con el que ahora es imposible comunicarse de cualquier manera, o rastrear para obtener más información a partir de él, aclaro que ya pasé por esa etapa. En mi investigación descubrí que al parecer existen aplicaciones de procedencia dudosa que te dan números virtuales tan desechables como el pañuelo usado; ya lo sé, enorme red flag, y él parecía estar hablándome desde uno de ellos.

Estuve toda una noche en vela, lamentándome por mi vida, preguntándome por qué estaba otra vez en la posición de la persona a la que, sin más, abandonan y dejan botada. Pero, después de estar dos días sin pararme de la cama, llorando hasta la última pena, sin probar bocado, y si les soy honesta con ganas de ir a tomarme unos aguardientes con Diomedes en el más allá; me acordé que ya no vivimos en la era victoriana en la que sólo podíamos encomendar nuestros lamentos y pesares a Dios, sino que para bien o para mal, existe el internet y su poder.

Entonces, estoy aquí precisamente porque creo en el poder de la comunidad. Es decir, la fuerte creencia de que las dinámicas sociales no son más que una versión aumentada del principio de chisme de pueblo. 

Este hombre se llama Esteban, vive en Envigado (Colombia, obviamente, no confío en que este post llegue a pasar fronteras transnacionales). Tiene 39 años. Es abogado, tributario o contable, si sirve para contexto. Mide un poco más de 1.80, es flaco, blanco, pelinegro. Con un pelo corto medio ondulado y unas cejas envidiables y una mirada profunda. Tal vez si tienen la suerte de cruzarse con Esteban en su vida cotidiana, tenga la cabeza algo baja o se le vea pensativo encapsulado en otra realidad, no lo sé. Es Aries. Le gusta correr maratones. Le gusta “The Office”. Le gusta la aviación. Le encanta el espacio, tanto que ha viajado para ver eclipses. Es buen lector aunque se siente culpable de que no le guste Rayuela. Ama el sancocho y cree que el divorcio entre Miss Piggy y Kermit era absolutamente necesario. Le encanta Soda Stereo y tenía sentimientos especiales por “Té para tres”.

Como ya se lo pueden imaginar estoy acá para pedirles que por favor me ayuden a encontrar a este hombre. 

Entiendo que no me bajen de cursi y migajera, y aunque no lo crean tengo en mi cabeza el monólogo de amiga maternal que me dice, te lo dije. Que uno nunca le abre el corazón a hombres que no han superado a su ex, que si uno ignora los red flags después no queda cosa que echarle tierra al asunto y limpiarse las heridas, que difícilmente algo bueno sale de las aplicaciones de citas y que no puedo pretender buscar amor en un burdel (metafóricamente, nunca he estado en un burdel ni creo que llegue a pisar uno en esta vida). 

Un lado de mí quiere confesarles que me encanta con locura. Que me está consumiendo el dolor de haberme dejado ganar de mi pasado y que no me perdono por haber perdido a alguien que para mí valía la pena.

Con el corazón en la mano les digo que sólo tengo buenas intenciones con esta búsqueda aparentemente ilógica. Lograr aclarar malentendidos con este hombre tan espectacular, enmendar errores, y en lo posible hacerlo feliz de todas las maneras que pueda. 

Si les digo la verdad, en este momento me estoy dejando llevar por la idea noble de que a los dos nos ganaron nuestros demonios y que a lo mejor la vida vuelve a cruzarnos, aunque a lo mejor eso no es más que lo que deseo. 

En su defecto, que al menos le llegue el mensaje de que lo quiero, que me importa más de lo que se imagina y que me siento la persona más culpable del mundo por haberme equivocado tanto.

Si no pasa nada, y este es el final de esta penosa historia, todo quien alguna vez se haya sentido de esta manera, así sea en privado, está cordialmente invitado para fundar un hermoso club de fieles creyentes delusionales del amor contemporáneo. Al final, dejamos de ser humanos cuando dejamos de sentir. 

reddit.com
u/Straight_Degree4698 — 4 days ago

Este post es para los hopeless romantics, o en su defecto, amantes del chisme

De entrada les pido que no me juzguen, pues vengo con una semana tremendamente dolorosa encima y con una historia muy triste, aunque para algunos raye en lo patético. Me atrevo a ser vulnerable con ustedes porque el dolor emocional y la culpa están empezando a consumirme, y al final, ¿a quién le hace daño hablar un poco de más de vez en cuando?

Espero que me lean ese tipo de personas como yo, que todavía creemos en los sentimientos genuinos por encima de los vínculos vacíos y que en un mundo en el que cada persona pasa página a la velocidad de la luz, nos quedamos con un lugar especial en el corazón para algunas personas; careciendo tal vez de sentido común y lógica, ambas cualidades bastante apremiadas en esta sociedad que cada vez para sentir menos.

Les confieso que tengo un corazón terriblemente dulce e ingenuo, y que me ilusiono con una facilidad vergonzosa. A pesar de cargar con lamentables experiencias amorosas, me basta con el mínimo para sentir que conocí al amor de mi vida, e increíblemente a su vez, mis malas experiencias del pasado me han llenado de traumas y heridas que algunas veces me nublan la vista y controlan mi actuar, por más que intente controlarlo. 

Hace un tiempo me creé un perfil en un dating app de reputación bastante cuestionable queriendo demostrarme que era lo suficientemente fuerte y valiente para exponerme a ese espacio que son las aplicaciones de citas en el que aparentemente sólo voy a ser valorada por mi aspecto físico y mi capacidad de dar gratificación inmediata al sexo puesto, sin que eso afectara en lo más mínimo mis sentimientos. 

Nuevamente, no me juzguen, cada quien se limpia las heridas del pasado como puede, y si somos honestos, ya nadie conoce personas en cafés y en librerías como me hicieron creer que pasaba cuando era niña.

Sin embargo, como siempre, la vida me esperaba con una sorpresa en el camino y me pasó lo contrario. Empecé a hablar con un hombre increíble. Me pareció de entrada una persona extremadamente interesante, inteligente, y a mi parecer profunda. Mejor dicho, para explicarles ahorrándome adjetivos, este ser parecía ser todo lo que yo quería en un hombre y que creía que sólo existía en mis fantasías más profundas, y mi cabeza no entendía como me lo estaba cruzando en un contexto tan vacío. 

Se pueden reír si quieren, pero en el momento sentí una corazonada muy profunda de que había conocido a alguien muy especial, y que este hombre sería relevante en mi vida. 

Casi de inmediato entendí que este hombre cargaba con una historia parecida a la mía, una determinación de dejar atrás un pasado doloroso y esforzarse por seguir adelante.

Muy rápido empecé a hablar con él prácticamente 24/7. Hablamos de libros, de amores y desamores, de sueños, de traumas, de ansiedades cotidianas, de sentimientos, anhelos, tristezas, infancias, incluso vidas pasadas. 

Creo que nunca había disfrutado tanto hablar con alguien. Sentía que a este hombre le podía contar cualquier cosa y me iba a escuchar, y a lo mejor entender. Empecé a sentir que quería abrirle mi corazón, recientemente curado, y sostener el suyo para ayudarlo a salir del hueco emocional en el que aparentemente se encuentra. 

Creía entender lo que estaba atravesado y quise extenderle una mano. Siento que todos en el fondo queremos una mano de emergencia en los momentos difíciles, entonces, ¿como por qué iba yo a negársela? Si yo en algún momento la necesité y me hizo falta. 

Me empezó a derretir de amor como con el pasar de los días parecía estar pendiente de mí, y como empezó a decirme siempre “Isa linda”. Ya lo sé, me estaba apegando sin mayor razón a alguien, pero ¿no nos ha pasado a todos?

Sin embargo, en la última semana larga, algo se sintió raro. El hombre se volvió distante, ya casi no me hablaba. Me decía que estaba atravesando una recaída de salud mental y yo, entiendo de estos temas, le creí, pero si les soy honesta en el fondo me atravesó un dilema violento. Por mis experiencias en relaciones anteriores había aprendido que detrás de esos silencios extraños siempre había algún tipo de secreto, que esos alejamientos repentinos no anunciaban algo diferente a un eventual abandono; a otro colapso emocional. 

Mi estado de ánimo se fue para el piso, estaba en una lucha constante de triunfar sobre los fantasmas que me hicieron pedazos para hacer las cosas bien con esta persona nueva que había llegado a mi vida, y por otro lado, saber interpretar las señales y salir corriendo para protegerme de otra decepción emocional. 

No fui capaz de hacer ni lo uno ni lo otro. No fui capaz de sacar de mi cabeza todos mis miedos y paranoias, y tampoco tenía la valentía para salir corriendo y perder a este hombre que empezaba a querer.  Entonces, pasó algo peor; se apoderó de mí mi lado loca demente que contesta mal a todo y hace comentarios inútiles porque no es capaz de decir “Necesito hablar contigo, me siento mal” y al final yo misma cavé mi propio hueco. Tuve una crisis emocional, y en medio de ella, él fue el que salió corriendo. 

Desapareció de mi vida, y naturalmente, me rompió el corazón, pues otra vez me veía enfrentada a mi herida emocional más profunda, el inevitable abandono. 

Sólo me dejó un número virtual con el que ahora es imposible comunicarse de cualquier manera, o rastrear para obtener más información a partir de él, aclaro que ya pasé por esa etapa. En mi investigación descubrí que al parecer existen aplicaciones de procedencia dudosa que te dan números virtuales tan desechables como el pañuelo usado; ya lo sé, enorme red flag, y él parecía estar hablándome desde uno de ellos.

Estuve toda una noche en vela, lamentándome por mi vida, preguntándome por qué estaba otra vez en la posición de la persona a la que, sin más, abandonan y dejan botada. Pero, después de estar dos días sin pararme de la cama, llorando hasta la última pena, sin probar bocado, y si les soy honesta con ganas de ir a tomarme unos aguardientes con Diomedes en el más allá; me acordé que ya no vivimos en la era victoriana en la que sólo podíamos encomendar nuestros lamentos y pesares a Dios, sino que para bien o para mal, existe el internet y su poder.

Entonces, estoy aquí precisamente porque creo en el poder de la comunidad. Es decir, la fuerte creencia de que las dinámicas sociales no son más que una versión aumentada del principio de chisme de pueblo. 

Este hombre se llama Esteban, vive en Envigado (Colombia, obviamente, no confío en que este post llegue a pasar fronteras transnacionales). Tiene 39 años. Es abogado, tributario o contable, si sirve para contexto. Mide un poco más de 1.80, es flaco, blanco, pelinegro. Con un pelo corto medio ondulado y unas cejas envidiables y una mirada profunda. Tal vez si tienen la suerte de cruzarse con Esteban en su vida cotidiana, tenga la cabeza algo baja o se le vea pensativo encapsulado en otra realidad, no lo sé. Es Aries. Le gusta correr maratones. Le gusta “The Office”. Le gusta la aviación. Le encanta el espacio, tanto que ha viajado para ver eclipses. Es buen lector aunque se siente culpable de que no le guste Rayuela. Ama el sancocho y cree que el divorcio entre Miss Piggy y Kermit era absolutamente necesario. Le encanta Soda Stereo y tenía sentimientos especiales por “Té para tres”.

Como ya se lo pueden imaginar estoy acá para pedirles que por favor me ayuden a encontrar a este hombre. 

Entiendo que no me bajen de cursi y migajera, y aunque no lo crean tengo en mi cabeza el monólogo de amiga maternal que me dice, te lo dije. Que uno nunca le abre el corazón a hombres que no han superado a su ex, que si uno ignora los red flags después no queda cosa que echarle tierra al asunto y limpiarse las heridas, que difícilmente algo bueno sale de las aplicaciones de citas y que no puedo pretender buscar amor en un burdel (metafóricamente, nunca he estado en un burdel ni creo que llegue a pisar uno en esta vida). 

Un lado de mí quiere confesarles que me encanta con locura. Que me está consumiendo el dolor de haberme dejado ganar de mi pasado y que no me perdono por haber perdido a alguien que para mí valía la pena.

Con el corazón en la mano les digo que sólo tengo buenas intenciones con esta búsqueda aparentemente ilógica. Lograr aclarar malentendidos con este hombre tan espectacular, enmendar errores, y en lo posible hacerlo feliz de todas las maneras que pueda. 

Si les digo la verdad, en este momento me estoy dejando llevar por la idea noble de que a los dos nos ganaron nuestros demonios y que a lo mejor la vida vuelve a cruzarnos, aunque a lo mejor eso no es más que lo que deseo. 

En su defecto, que al menos le llegue el mensaje de que lo quiero, que me importa más de lo que se imagina y que me siento la persona más culpable del mundo por haberme equivocado tanto.

Si no pasa nada, y este es el final de esta penosa historia, todo quien alguna vez se haya sentido de esta manera, así sea en privado, está cordialmente invitado para fundar un hermoso club de fieles creyentes delusionales del amor contemporáneo. Al final, dejamos de ser humanos cuando dejamos de sentir. 

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u/Straight_Degree4698 — 23 days ago

About modern love

Hello fellow hopeless romantics of the 21st century!

Bearing in mind how tough the streets seem to be these days, does anyone have any advice on how to allow ourselves to feel so much and so deeply in a time when people seem to want the complete opposite??

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u/Straight_Degree4698 — 23 days ago