u/UpsetInternet6704

El departamento que solo podía pagar alguien desesperado

Hace algunos años estaba pasando por un mal momento económico. No tenía trabajo fijo, vivía al día, y cada mes era una ruleta para ver si alcanzaba a pagar la renta. En esa época, no podía darme el lujo de elegir dónde vivir. Más bien, el precio me elegía a mí.

Así fue como terminé yendo a ver un departamento pequeño en la Ciudad de México.

Lo había encontrado en un grupo de Facebook. Las fotos no eran muy buenas, pero el precio era ridículamente barato. Tan barato que hasta me pareció sospechoso. Pero la desesperación puede más que la desconfianza, y yo ya estaba desesperado.

Llegué al lugar un sábado por la tarde. Era una calle vieja, de esas con edificios que parecen olvidados. El departamento estaba en un segundo piso, sin elevador, con una escalera angosta que crujía con cada paso. La puerta la abrió un señor mayor, de esos que no dicen mucho pero lo miran a uno como si ya supieran todo.

—Pasa —me dijo, sin sonreír.

El departamento era pequeño, sí, pero no era lo que me esperaba. Las paredes tenían manchas de humedad con formas raras. El piso de madera estaba levantado en algunas partes. Olía a cerrado, a humedad, a algo que no sabía identificar. Pero el precio seguía siendo bueno, y yo necesitaba un lugar donde caerme muerto.

El señor me mostró la cocina, el baño, la recámara. Todo estaba bien, dentro de lo que cabe. Pero había algo que no me dejaba tranquilo. Una sensación rara, como si el lugar me estuviera mirando.

—¿Hay algún problema con el edificio? —le pregunté, tratando de sonar casual.

El señor me miró unos segundos antes de responder.

—No, no hay problema —dijo—. Solo que el inquilino anterior se fue de repente. Dejó sus cosas y no volvió.

—¿Y no volvió a buscarlas?

—No.

Se quedó callado. Yo también. En ese momento escuché un ruido. Algo así como un golpe seco, que venía de la recámara. Pero estábamos solos en el departamento.

—¿Escuchó eso? —pregunté.

El señor negó con la cabeza.

—Es la tubería —dijo—. El edificio es viejo.

No le creí. Pero tampoco le dije nada. Solo le agradecí y me fui.

Estaba decidido a no rentar ahí. Era un lugar normal pero al mismo tiempo tenebroso, de alguna manera. Al final, después de más días buscando opciones, tuve que reconocer que ese departamento fue la mejor que encontré hablando de precio. Así que volví y cerré el trato.

Al principio todo era normal. Pero con el paso del tiempo, las noches comenzaron a volverse difíciles.

Tengo varias historias de miedo de ese lugar. Si quieren que las cuente, comenten si les interesa.

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u/UpsetInternet6704 — 11 days ago

El velador del Cementerio

Al día de hoy, recordar esta historia me da miedo. Tal vez al leerla crean que exagero, pero yo en verdad en ese momento quedé paralizado.

Iba manejando en la madrugada, después de una fiesta. La verdad venía algo borracho. Me acompañaba un amigo foráneo que iba a dormir esa noche conmigo en mi casa. El punto es que ya de regreso, cerca de las 3 a.m., decidí tomar un atajo para llegar ya a dormir. Para esto tuve que pasar por fuera de un cementerio. Iba sobre la calle, al lado del panteón.

A mí jamás me incomodó pasar por ahí. Es una ruta que uso seguido, tanto de día como de noche, y nunca me había pasado nada.

Hasta esa noche.

Íbamos platicando de la fiesta, con la música bajita y los vidrios abajo, decidiendo si recalentar algo para cenar o llegar directo a dormir. Estábamos en eso cuando nos tocó pasar enfrente del cementerio. A mí ni siquiera se me pasó por la mente que estábamos ahí, porque es una ruta común. Pero eso fue hasta que, de buenas a primeras, mi carro dejó de acelerar.

Me asusté. No quería descomponerlo. Lo puse en neutral y empecé a escuchar el motor. En ese momento, me preocupaba más el carro que cualquier otra cosa. Apagué la música. Todo quedó en silencio.

—Qué raro, ¿no? —me dijo Rubén, mi amigo. —Venía como si nada.

—Sí, está muy raro —le respondí—. No sé si se calentó o algo así.

Recuerden que estaba un poco borracho, no pensaba en las mejores opciones. Entonces le dije:

—Lo voy a apagar y lo vuelvo a prender. Tal vez así se resetea el foco del motor y podemos avanzar.

Y eso hice. El problema fue que al querer prenderlo, daba marcha pero no arrancaba. Intenté dos o tres veces. Estaba en eso cuando Rubén me dijo:

—Oye, mira… tal vez podemos pedirle ayuda al velador.

Yo levanté la mirada hacia donde estaba viendo Rubén, pero no vi a nadie.

—No mames, no hay nadie —le dije—. Mejor dame ideas de cómo hacer que esto encienda.

—Está oscuro, tal vez por eso no lo alcanzas a ver —insistió.

Y sin previo aviso, gritó:

—¡Oiga! ¿Puede venir, por favor? Estamos batallando con el carro. Tal vez nos pueda ayudar a revisarlo.

Yo seguí buscando entre las sombras al velador, pero de plano no lo veía. Volví mejor a lo mío: darle marcha al carro y buscar el manual.

En eso, Rubén se puso muy nervioso.

—¡Oye, ya! ¡Enciende el carro y acelera! ¡Vámonos! —me gritaba, alterado.

—Tranquilízate —le dije—, es lo que estoy tratando de hacer.

—¡Acelera, ya viene y no es el velador!

Volví la mirada. Seguía sin ver nada. No entendía de qué o quién estaba hablando, pero su tono me puso muy nervioso.

—Ya voy —le dije—, es que no quiere prender.

En ese momento, di marcha. De milagro, el carro encendió. Avancé a toda velocidad.

Cuando estuvimos lejos, le pregunté:

—¿Qué pasó, Rubén? ¿Por qué te alteraste tanto? ¿Por qué me gritaste?

—¿En verdad no lo viste? —me preguntó, con la voz todavía temblorosa.

—No vi nada.

—Al principio, creí que era el velador del panteón —dijo—. Por eso le grité pidiendo ayuda. Pero cuando empezó a acercarse, pude verlo mejor… y eso no era humano. O al menos, ya no.

Me describió lo que vio.

Dijo que el cuerpo tenía partes donde se le alcanzaba a ver el hueso, como si la piel se le hubiera podrido y despegado. Los ojos se le salían de las órbitas, blancos, sin vida. Le faltaba una oreja, y del otro lado solo colgaba un colgajo de carne. Pero lo peor era la boca. No tenía labios. Se le veían directamente los dientes, grandes, amarillos, como si estuviera sonriendo sin poder cerrar la mandíbula.

—Yo llamé su atención —siguió Rubén, con la voz quebrada—. Empezó a caminar hacia nosotros. Poco a poco, empezó a trotar. Y luego a correr. Ya estaba muy cerca cuando el carro encendió, por eso me alteré tanto.

Su descripción me heló la sangre.

Yo no vi nada. Pero su reacción me dejó claro que él definitivamente sí vio algo.

No sé si fue casualidad que mi carro fallara justo ahí, a esa hora. Pero desde entonces, no vuelvo a pasar por ahí de noche.

Si les interesa, tengo más historias como esta. A veces los lugares que recorremos todos los días no son tan seguros como creemos. Comenten si quieren que cuente otra.

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u/UpsetInternet6704 — 15 days ago

Nunca debí entrar a esa tienda pt. 2

Después de ver esas fotos en internet, ya no había duda. La anciana que mis compas vieron en la tienda era la misma que aparecía en la noticia local. Muerta. Hacía dos años.

Yo en el fondo quería creer que me estaban jugando una broma. Así nos llevamos, pesados, y no sería la primera vez que me hacen algo así. Pero vi sus caras. Sus reacciones. El miedo en sus ojos era genuino. Y fue ahí cuando yo también empecé a sentir frío.

Como cosa hecha adrede, estábamos en el balcón del cuarto hablando del tema cuando cayó un rayo cerca del lago. La luz se fue por un segundo. Y de golpe, empezó a llover. No gradual, no poco a poco. Fue como si alguien hubiera abierto una llave en el cielo.

Nos acostamos y seguimos platicando, pero la verdad es que estábamos todos nerviosos. Nadie dormía bien. Yo daba vueltas, escuchaba el agua golpeando el techo, y no podía dejar de pensar en esa anciana. En cómo, según mis amigos, apenas respiraba.

Al día siguiente, después del desayuno, pedimos un taxi para conocer el área. Era la primera vez de todos en el pueblo. Entonces se me ocurrió preguntarle al chofer por la tienda. Quería saber qué decía un local.

Cuando escuchó mi pregunta, vi por el retrovisor que hizo una mueca.

—¿La tienda de doña Carmen Villaseñor? ¿La que está en tal y tal? —dijo, describiendo la esquina exacta.

Le confirmé. Otra mueca. Se quedó callado un momento.

—Qué raro, amigo. No quiero asustarlos ni confundirlos, pero esa tienda tiene años cerrada.

—¿Por qué cerró? —preguntó mi amigo.

—Pues porque falleció la dueña. La hija la atendió un tiempo, pero la cerró al poco. No hemos vuelto a verla. Dicen que se fue con la poca herencia que le dejó su mamá. Por eso se me hace muy raro lo que me dicen de haber comprado ahí.

Hizo una pausa. Y luego, con voz más baja:

—Pero bueno, pudiera ser que la hija ande de regreso. No sé.

No sonó muy convencido. Y la verdad, a mí tampoco me convenció.

Decidimos no hablar más del tema durante el resto del camino.

Más tarde, en un restaurante, retomamos la conversación. Todos coincidíamos: sí, nos tocó vivir algo paranormal. O algo muy, muy raro. Otro de mis amigos decidió preguntarle a la mesera. Nos dijo que en esa tienda, cuando la dueña aún vivía, le decían "la bruja pata de elefante". Que hacía trabajos extraños. No de los típicos, de amarres o lectura de cartas. Sino cosas más oscuras. Cosas que la gente no quería mencionar.

Decidimos ya no seguir indagando.

Al día siguiente volvimos a casa. Pero hasta la fecha, no sé si lo que pasó fue real, una aparición paranormal o algo de brujería. Solo sé que no puedo dejar de pensar en esa noche.

Si les interesa mi historia, comenten. Me han pasado más cosas que quisiera compartir, si es que son de su interés.

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u/UpsetInternet6704 — 17 days ago

Nunca debí entrar a esa tienda en Valle de Bravo

Hace unas semanas fui a Valle de Bravo en México con unos amigos para la boda de la hermana de uno de ellos. El lugar es muy bonito, pero por la noche cambia bastante. En general es un pueblo algo aburrido porque no hay nada abierto en la noche, literalmente. Todo está vacío. Parece un pueblo fantasma.

El punto es que una noche, ya en el hotel, no contábamos con que no tendríamos botellas de agua incluidas en la habitación. Era un hotel junto a un lago, hermoso, pero muy rústico. Así que por eso creo que debí imaginarme que no nos dejarían botellas de agua en el cuarto, como pasa en hoteles de cadena. El punto es que no teníamos agua, pero sí sed. Así que decidimos ir a buscar alguna tienda abierta.

Eran eso de las 11:30 de la noche. Y con el contexto que ya di, para esa hora ya no había un alma en la calle y todo estaba cerrado. Pero la necesidad de tomar agua nos ganó, y salimos mis amigos y yo a probar suerte a ver si encontrábamos algo abierto.

Manejamos lento por el pueblo. Y la verdad, no soy miedoso, pero admito que sentía una vibra extraña esa noche. Creo que a todos les ha pasado que se sienten incómodos en algunos lugares en la noche sin entender por qué. Es simplemente una vibra pesada. Aun así, yo disimulaba eso porque mis amigos se veían muy normales.

Pasamos por la iglesia, que dejaba unas sombras largas en la calle con la luz de la luna. Y en frente había un parque con juegos para niños, que me imagino que durante el día sería un lugar bonito, pero en ese momento me pareció todo menos un lugar para niños. Y aunque parezca cliché, estaban los columpios, como en las típicas películas de miedo, moviéndose solos. Ligeramente, claro. Pero moviéndose, a fin de cuentas.

Después de dar algunas vueltas, al fin encontramos una tienda en una calle en subida. La tienda estaba en la esquina. Mi amigo, que iba conduciendo, se estacionó viendo hacia arriba, y se bajaron todos a la tienda. Yo fui el único que se quedó arriba de la camioneta, texteando con mi novia.

De pronto, uno de mis amigos se subió acelerado. Y le pregunté que qué pasaba. Me dijo que le dio muy mala espina la tienda. Que olía mucho a incienso. Que tenía duda de que fuera una tienda, porque solo tenía un rack con agua y galletas en venta. Que vio una tele muy vieja con una telenovela muy vieja. Y que además, atrás de la señora que estaba atendiendo en el mostrador si es que se le puede llamar así, parecía más un escritorio había una anciana que se veía muy mal. Muy enferma ya y decrepita. Cerca de la muerte, según él.

Yo, la neta, no le creí tanto. Pensé que estaba exagerando. Pero me llamó la atención que después se subieron los otros tres y estaban serios. Avanzamos unos cuantos metros y empezaron todos a hablar casi al mismo tiempo. Todos coincidían con lo de la anciana.

Ahí fue cuando dejé mi teléfono y comencé a poner atención.

Uno de mis amigos me dice: "Oye, pero algo aún más raro. Somos seis en total, pero en la tienda solo éramos cinco. Aun así, al no tener cambio para darme, la señora me pagó con chocolates. Vi que los sacó del abrigo que traía puesta la anciana. Y me dijo claramente: 'Ten para tus cinco amigos y para ti'. Pero pues tú siempre estuviste en la camioneta. ¿Cómo supo que éramos seis?"

Y yo les dije que seguramente me vio desde dentro. Pero todos aseguraron que por el ángulo donde estaba la camioneta en relación con la tienda, era imposible.

Ahí empecé a sentir un ligero miedo.

Llegamos al hotel de nuevo, ya con las aguas. Tiramos los chocolates porque no queríamos comer nada que viniera de una anciana como esa.

Pero ahí no para la cosa.

Uno de mis amigos investigó un poco y descubrió unas fotos en internet de la tienda esa, pero fuera, con gente triste velando alrededor de un ataúd con la foto de esa señora. Según ellos me aseguran que era la misma anciana.

Pero aquí no acaba la historia.

Si les está interesando, por favor comenten si les interesa, y con gusto continúo contando.

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u/UpsetInternet6704 — 18 days ago