Agente 3B "parte ll"

El sujeto guarda silencio.

‎No es un silencio incómodo. Es el tipo de silencio que aparece cuando alguien está recordando cosas que preferiría olvidar. Suspira profundamente, baja la cabeza y observa sus propias manos durante unos segundos.

‎Bueno... supongo que ya llegamos a la parte donde me presento.

‎‎Sí, yo también fui un sujeto de prueba.

‎‎Y, para ser sincero, fui uno de los más afortunados.

‎‎Mi regeneración no alcanza esos niveles absurdos de los que hablaban algunos científicos. No soy capaz de recuperar una extremidad perdida ni de cerrar una herida en cuestión de segundos. No soy un milagro.

‎Pero mi cuerpo aprendió a hacer casi todo de la forma más eficiente posible.

‎‎Cada alimento que consumo es aprovechado al máximo. Mi organismo desperdicia muy poco. Mis músculos tardan mucho más en fatigarse, mi respiración se mantiene estable incluso después de correr durante horas y mis reflejos son bastante superiores a los de una persona normal.

‎Ellos decían que el cuerpo humano desperdicia demasiada energía.

‎‎El mío ya no.

‎Es como si cada célula hubiera aprendido a trabajar sin descansar.

‎‎No suena tan impresionante hasta que lo comparas con una persona común.

‎‎Puedo permanecer varios días sin dormir antes de que el cansancio comience a afectarme.

‎Las heridas pequeñas desaparecen en cuestión de horas.

‎‎Los huesos rotos tardan semanas donde cualquier otra persona necesitaría meses.

‎‎Mi vista es mejor.

‎‎Mi oído también.

‎‎Incluso mi memoria cambió.

‎Hay recuerdos de cuando tenía seis años que siguen siendo igual de claros que el día en que ocurrieron.

‎‎A veces eso también es una maldición. ‎Hay cosas que yo preferiría olvidar, ‎extraño a mi familia, no porque hayan sido perfectos. Simplemente porque eran mi familia.

‎Yo nunca pedí terminar aquí.

‎‎Nunca soñé con convertirme en un arma, una herramienta que sería usada para hacer daño.

‎Cuando el proyecto fue cancelado oficialmente, los altos mandos visitaron las instalaciones por primera vez.

‎‎Recuerdo perfectamente sus rostros, vestían trajes elegantes, zapatos brillantes.

‎‎Relojes que probablemente costaban más que toda la casa donde crecí.

‎Caminaron entre las salas de experimentación con expresiones de asco.

‎‎No por nosotros, por las consecuencias, los cadáveres, la sangre, los informes, las fotografías.

‎‎Todo aquello era demasiado difícil de ocultar.

‎‎Fue entonces cuando pronunciaron las palabras que cambiarían nuestras vidas.

‎—El proyecto termina hoy.

‎Los científicos discutieron. ‎‎Algunos gritaban. ‎Otros intentaban convencerlos de que estaban a solo unos años del mayor descubrimiento médico de la historia.

‎Nadie los escuchó...

‎La decisión ya estaba tomada. ‎Entonces surgió una pregunta.

Una sola.

‎—¿Qué hacemos con los sujetos?

‎El silencio volvió a llenar la habitación.

‎Nadie quería responder.

‎Éramos pruebas vivientes de que el proyecto había existido.

‎No podían dejarnos ir.

‎Tampoco podían admitir públicamente nuestra existencia.

‎Durante unos días desaparecimos de los registros.

‎No éramos personas.

‎No éramos pacientes.

‎No éramos empleados. ‎Simplemente dejamos de existir.

‎Los defectuosos fueron los primeros. ‎Recuerdo haber visto largas filas de personas, algunos apenas podían caminar, otros eran transportados en camillas.

‎‎Había quienes todavía sonreían porque pensaban que, por fin, los dejarían regresar a casa.

‎Nunca volvieron...

‎Las luces del pasillo se apagaban, se escuchaba un disparo y luego llegaba el siguiente.

‎‎Así de sencillo.

‎Durante mucho tiempo intenté convencerme de que aquello era una mentira, hasta que un día me entregaron un arma.

‎No entendía por qué.

‎Pensé que comenzarían a entrenarnos, no estaba equivocado, solo que el entrenamiento empezó antes de lo esperado.

‎‎La primera persona que tuve que ejecutar era un muchacho apenas un par de años mayor que yo.

‎Había sobrevivido a los experimentos, pero había perdido la razón.

‎Se golpeaba la cabeza contra la pared una y otra vez mientras repetía el nombre de la que supongo que era su madre.

No se resistió.

‎Ni siquiera me miró.

‎Simplemente seguía llamándola.

‎Todavía recuerdo ese nombre, todavía lo escucho algunas noches.

‎Después del primer disparo llegaron muchos más.

‎‎Con el tiempo dejé de preguntar quiénes eran.

‎‎Solo recibía un expediente.

‎Una fotografía.

‎Una orden.

‎Y la cumplía.

‎Así me convertí en un agente, no porque fuera el más fuerte.

‎Sino porque obedecía.

‎Nos clasificaban por rangos.

‎Los agentes de rango C apenas realizaban labores de vigilancia.

‎Los de rango B, como yo, éramos enviados a operaciones donde el combate era una posibilidad constante.

‎Los de rango A participaban en misiones especiales.

‎Y luego estaban los de rango S.

‎Curiosamente, no eran soldados.

‎Eran doctores.

‎Ingenieros.

‎Investigadores.

‎Las personas que realmente dirigían todo.

‎Ellos nunca ensuciaban sus manos.

‎Solo escribían informes.

‎Firmaban autorizaciones.

‎Observaban desde detrás de un cristal mientras otros hacían el trabajo.

‎Ese era el verdadero poder.

‎‎No la fuerza.

‎‎No la velocidad.

‎El conocimiento...

‎Los años pasaron.

‎Ahora tengo veinticinco años.

‎Si me vieras caminando por la calle, jamás imaginarías quién soy.

‎‎Pensarías que soy un hombre común.

‎‎Quizá alguien que pasa varias horas en el gimnasio.

‎‎Tal vez un modelo, un joven con buena genética.

‎No tengo cicatrices visibles.

‎‎Mi piel siempre termina recuperándose.

‎‎No tengo callos.

‎‎No importa cuántas armas sostenga ni cuánto entrene, mi cuerpo borra todas las marcas.

‎Es curioso.

‎‎Las únicas cicatrices que no desaparecen son las que nadie puede ver.

‎¿Soy feliz?

‎No.

‎‎Pero tampoco diría que soy completamente infeliz.

‎‎Creo que solo estoy cansado.

‎‎Cansado de fingir.

‎‎Cansado de obedecer.

‎‎Cansado de mirar a las personas viviendo una vida normal mientras yo intento recordar cómo era sentirse humano.

‎Hace unas semanas descubrí algo.

‎Tengo un hermano.

‎Mis padres tuvieron otro hijo.

‎Durante unos minutos imaginé cómo sería conocerlo.

‎Tal vez se parezca a mí.

‎‎Tal vez heredó la sonrisa de mi madre.

‎‎O los ojos de mi padre.

‎Después recordé algo.

‎Ellos me vendieron.

‎Sí.

‎Me vendieron.

‎Cada vez que lo digo suelo sonreír.

‎Es una costumbre.

‎Mi padre bebía demasiado.

‎Tenía un buen empleo, pero siempre encontraba la forma de quedarse sin dinero.

‎‎Las deudas crecían.

‎‎La comida desaparecía.

‎‎Mi madre hacía todo lo posible por mantenernos unidos.‎ Nunca la culpé.

‎Creo que ella también fue una víctima. Durante mucho tiempo odié a mi padre.

‎Después dejé de hacerlo.

‎El odio cansa, yo ya estaba demasiado cansado.

‎Hace unos meses encontré algo interesante, un pequeño cuaderno, nada especial a simple vista.

‎Cubierta negra.

‎‎Páginas amarillentas.

‎‎Sin títulos.

‎‎Sin dibujos.

‎Solo nombres.

‎Cientos de nombres.

‎Cada uno acompañado por una fecha.

‎Un cargo.

‎Una dirección.

‎Una fotografía.

‎La lista completa de todas las personas involucradas en el proyecto.

‎Los científicos.

‎Los administradores.

‎Los militares.

‎Los políticos.

‎Los empresarios que financiaron las investigaciones.

‎Todos.

‎Mientras paso las páginas, una lágrima cae sobre el papel.

‎No sé exactamente por qué.

‎Tal vez porque recuerdo a los que murieron.

‎Tal vez porque recuerdo al niño que fui.

‎O tal vez porque, en el fondo, todavía esperaba que alguno de esos nombres perteneciera a alguien inocente. ‎No fue así.

‎Cierro el cuaderno.

‎Y entonces sonrío, una sonrisa pequeña.

‎‎Silenciosa, casi amable.

‎Todo lo que ellos me hicieron...

‎Voy a devolvérselo.

‎No solo a ellos.

‎También a todo aquello que juraron proteger.

‎Quiero que sientan el mismo miedo.

‎La misma impotencia.

‎La misma desesperación.

‎No porque crea que eso arreglará el pasado.

‎El pasado ya está muerto, no como un cadáver enterrado que le dieron santa sepultura, más. Bien como un perro al cual atropellan y se pudre al sol.

Un pasado con un hedor a muerte. Claro, con el tiempo ese cadáver se va a secar y dejara de apestar. Pero ahora mismo no lo hará.

‎Creo que hago lo porque es lo único que me queda, puede que ahora pienses que soy un monstruo.

‎Tal vez tengas razón.

‎Pero los monstruos no nacen, los monstruos se fabrican.

‎Y yo conozco perfectamente el laboratorio donde me construyeron.

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u/chris-636 — 1 day ago
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Agente 3B "Parte l"

‎No puedo decir que mi infancia haya sido placentera. Al menos no después de cierta edad. Antes de todo eso, fui un niño normal. Corría por las calles, me ensuciaba las manos jugando, me raspaba las rodillas y lloraba por tonterías. Tenía los mismos sueños que cualquier otro niño. Creía que los adultos siempre sabían lo que hacían y que el mundo era un lugar donde, tarde o temprano, las cosas terminaban saliendo bien.

‎Qué ingenuo era.

‎Al pasar el tiempo entendí, hay personas capaces de vender un futuro por un poco de dinero, y otras capaces de vender miles de futuros solo por curiosidad.

‎Todo comenzó con una organización del gobierno. No sé cómo se llamaba realmente. Nunca vi un nombre en las puertas, ni un logotipo en las paredes, ni una sola identificación que dijera quiénes eran. Tal vez sí tenía un nombre y simplemente nunca quisieron que nosotros lo conociéramos. Al fin y al cabo, los sujetos de prueba no necesitan saber quién sostiene la jeringa.

‎Aquella organización tenía un único objetivo: mejorar la máquina más eficiente que existe.

‎El ser humano.

‎Ellos no lo veían como una persona. No hablaban de hombres, mujeres o niños. Hablaban de organismos, de estructuras biológicas, de sistemas imperfectos que aún podían optimizarse. Para ellos éramos conjuntos de músculos, huesos, órganos y reacciones químicas. Una máquina extraordinaria... pero incompleta.

‎Decían que la evolución era demasiado lenta, la naturaleza tardaba miles de años en conseguir un pequeño cambio.‎ No estaban dispuestos a esperar....

‎Ellos querían acelerar el proceso.

‎‎Querían fabricar el siguiente paso de la humanidad.

‎Lo curioso es que, en teoría, ya habían resuelto casi todos los problemas. Tenían fórmulas. Tenían hipótesis. Tenían modelos matemáticos. Tenían simulaciones. Sus pizarras estaban llenas de ecuaciones que prometían un futuro perfecto.

‎Solo les faltaba una cosa.

‎‎Comprobar si todo aquello funcionaba.

‎‎Y para eso necesitaban seres vivos. Al principio utilizaron ratones, luego pasaron a conejos‎, después llegaron los cerdos, más tarde los monos.

‎Cada especie les enseñaba algo nuevo. Cada fracaso servía para corregir el siguiente experimento. Cada cadáver representaba un dato más para la investigación.

‎Así funcionan las personas cuando dejan de ver la vida como algo valioso.

‎‎Los animales nunca fueron el objetivo final.

‎‎Solo eran escalones. ‎El verdadero destino siempre fue el ser humano.

‎Muchos pensarán que buscaban crear soldados, la verdad es mucho más aterradora.

‎No querían crear máquinas de matar, querían crear humanos mejores.

-‎‎ Más fuertes.

- ‎‎Más rápidos.

-‎‎ Más inteligentes.

- ‎‎Más resistentes.

‎O al menos eso decían ellos.

‎Querían eliminar las enfermedades, retrasar el envejecimiento, aumentar la velocidad de recuperación reducir el desgaste físico, convertir al cuerpo en una versión perfeccionada de sí mismo.

‎Si lo piensas fríamente... su objetivo era hermoso.

‎‎El camino que eligieron para alcanzarlo fue el monstruo.

‎El proyecto estuvo a punto de continuar con personas voluntarias. Hubo reuniones. Debates. Inversiones. Los científicos estaban convencidos de que habían encontrado el siguiente paso de la evolución.

‎Pero entonces aparecieron los ejecutivos.

‎‎No se opusieron porque sintieran compasión.

‎‎No se opusieron porque creyeran que aquello era inmoral.

‎‎No se opusieron porque respetaran la vida humana.

‎‎Se opusieron porque tenían miedo.

‎‎Miedo a las demandas.

‎‎Miedo a perder dinero.

‎‎Miedo a perder prestigio.

‎‎Miedo a convertirse en los villanos de la

historia.

‎Recuerdo haber escuchado una conversación detrás de una puerta metálica.

‎—Si esto sale mal, perderemos todo.

‎—¿Y si sale bien?

‎—Nadie nos dejará demostrarlo.

‎Así de simple.

‎‎No era una discusión ética.

‎‎Era una discusión económica, otros científicos insistían.

‎—El ser humano ya es perfecto.

‎—Tiene uno de los sistemas inmunológicos más eficientes del planeta.

‎—No debemos alterar aquello que la naturaleza tardó millones de años en construir.

‎Mientras tanto, otro grupo respondía exactamente lo contrario.

‎—Precisamente porque la naturaleza tardó millones de años nosotros podemos hacerlo en unas décadas.

‎—La evolución no es sagrada.

‎—Solo es lenta.

‎Nunca hubo un consenso.

‎Pero ya era demasiado tarde, porque antes de cancelar oficialmente el proyecto...

‎‎Ya existíamos nosotros.

‎Los sujetos de prueba.

‎Los resultados.

‎Los errores.

‎Los monstruos.

"Los, Los, Los" Maldita sea, ni siquiera teníamos un nombre.

‎Ellos hablaban de regeneración.

‎Aunque ese término nunca fue del todo correcto.

‎No era regeneración.

‎Era una aceleración absurda del proceso de reparación.

‎Si perdías un brazo...

‎Lo perdías para siempre.

‎Pero si ese brazo seguía unido a tu cuerpo, aunque estuviera completamente destrozado, existía la posibilidad de recuperarlo en un tiempo ridículamente corto.

‎Las fracturas soldaban mucho más rápido.

‎Las heridas cicatrizaban en cuestión de horas o días.

‎Los órganos soportaban daños que normalmente serían mortales.

‎Era como si las células recibieran una orden distinta.

‎Como si alguien hubiera eliminado todos los límites que normalmente tiene el cuerpo.

‎Ellos decían que habían encontrado una forma de obligar a las células a trabajar cerca de su máximo potencial sin destruirse inmediatamente.

‎No entendía la mitad de las palabras que utilizaban.

‎Pero sí entendía el resultado.

‎Cada semana sobrevivían un poco más.

‎Cada semana morían un poco menos.

‎Y eso era suficiente para que continuaran.

‎Recuerdo escuchar a uno de los doctores decir algo que nunca olvidé.

‎—Estamos observando el nacimiento de la próxima especie.

‎En aquel momento yo tenía miedo.

‎Hoy creo que él también lo tenía.

‎Solo que lo disfrazaba de entusiasmo.

‎Lo más curioso es que las inyecciones, las modificaciones genéticas y los tratamientos nunca eran suficientes.

‎Siempre faltaba una última parte.

‎La más importante.

‎La activación.

‎Nunca nos explicaron qué era exactamente.

‎Solo decían que los cambios permanecían dormidos.

‎Que el cuerpo debía creer que estaba muriendo.

‎Que solo una amenaza extrema obligaría a los genes modificados a despertar.

‎Para conseguirlo recurrían a lo único que sabían hacer.

‎Dolor.

‎Mucho dolor.

‎Les rompían huesos.

‎Les desgarraban músculos.

‎Les provocaban hemorragias.

‎Les dislocaban articulaciones.

‎Nos dejaban horas enteras sintiendo que el cuerpo se apagaba poco a poco.

‎Querían descubrir dónde estaba el límite.

‎Y, si no existía...

‎Crear uno nuevo.

‎Muchos morían antes de llegar a ese punto.

‎Algunos simplemente dejaban de respirar.

‎Otros sufrían ataques cardíacos.

‎Había quienes enloquecían antes de que su cuerpo pudiera cambiar.

‎Gritaban durante horas.

‎Suplicaban.

‎Lloraban.

‎Prometían cualquier cosa con tal de que terminara.

Muchos dejaron de gritar.

‎No porque hubiera dejado de doler.

Solo... Su mente se quebró.

‎La mayoría llegó a comprender que allí las lágrimas no servían para nada.

‎Los pocos que sobrevivían despertaban siendo diferentes.

‎No mejores.

‎Diferentes.

‎Había sujetos cuya fuerza aumentaba apenas un diez o un veinte por ciento.

‎Otros podían correr a velocidades difíciles de creer.

‎Algunos reaccionaban antes incluso de comprender lo que estaba ocurriendo.

‎Parecía que sus cuerpos se movían por instinto.

‎También existían quienes desarrollaban una regeneración extraordinaria.

‎Los veías cubiertos de sangre un momento...

‎Y unas horas después apenas quedaban marcas.

‎Era aterrador.

‎Pero los verdaderos horrores nunca fueron los éxitos.

‎Fueron los fracasos.

‎Había sujetos cuyos cuerpos rechazaban por completo las modificaciones.

‎Desarrollaban tumores.

‎Su piel comenzaba a desprenderse como si estuviera pudriéndose.

‎Algunos perdían la vista porque su propio sistema inmunológico destruía los ojos.

‎Otros se quedaban sordos.

‎Había casos donde el organismo atacaba los pulmones.

‎El hígado.

‎Los riñones.

‎Era como si el cuerpo hubiera dejado de reconocerse a sí mismo.

‎Imagina despertar una mañana y descubrir que tu propio organismo decidió que tú eres el enemigo.

‎Eso era exactamente lo que ocurría.

‎Muchos sobrevivían.

‎Pero ya no podían llamarse vivos.

‎Solo seguían respirando.

‎Y entonces...

‎Llegó mi turno.

‎La verdad es que nunca entendí del todo qué hicieron conmigo.

‎No conozco el nombre del procedimiento.

‎No sé qué sustancias inyectaron en mi sangre.

‎No sé qué parte de mi ADN modificaron.

‎Solo sé una cosa.

‎Funcionó.

‎Sí.

‎Yo también fui uno de esos sujetos de prueba.

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u/chris-636 — 3 days ago

Soy dependiente de ti.

Amor mío, dueña de mi corazón, prométeme que vas a cuidarte.

No sé en qué momento pasó, pero me volví completamente dependiente de ti.

De tus besos, de tu sonrisa y de esos labios tan bonitos que siempre quiero volver a besar.

Me hice dependiente de tus ojos, de la manera en que me miras, porque en ellos encuentro una paz que no sabía que necesitaba.

También me volví dependiente de cómo hueles, de cómo te mueves y hasta del sonido de tu respiración cuando estás cerca de mí.

Puedes llamarlo dependencia, puedes llamarlo adicción... y quizás tengas razón. Pero esa es mi verdad.

Soy adicto a ti. A tu esencia, a tu forma de ser, a todo lo que te hace ser tú.

Y, aunque sé que nadie debería depender de otra persona para ser feliz, no puedo evitar sentir que, si algún día llegaras a hacerme falta, no sabría qué hacer con el vacío que dejarías.

Solo quería que lo supieras.

Te amo más de lo que las palabras pueden explicar.

-Para mi novia-

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u/chris-636 — 5 days ago

Me despierto.

Me despierto. Cada día igual que el anterior, preguntándome si hoy habrá algo nuevo que vivir.

​

Avanza el día y me doy cuenta de que, aunque hay leves modificaciones en mi rutina, todo sigue siendo lo mismo. Voy al trabajo y la paso fatal, soportando a las personas día tras día. Algunas veces las aborrezco, otras simplemente las tolero e, incluso, hay ocasiones en las que llego a tomarles cariño.

​

Voy a almorzar, como todos los días, caminando despacio. Sé que mientras más rápido camine, más rápido tendré que volver al trabajo.

​

Una vez allí, hago lo mismo de siempre: la misma rutina, las mismas tareas, el mismo día repetido una y otra vez. Cansado, anhelando que llegue la hora de salir.

​

Cuando por fin termina la jornada, llego a casa. Las horas pasan y, antes de darme cuenta, otra vez tengo que ir a dormir.

​

Entonces, al final del día, me pregunto por qué todo tiene que ser igual. Cierro los ojos y, cuando los vuelvo a abrir, me despierto exactamente igual que todos los días.

​

​

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u/chris-636 — 15 days ago

¿Cuáles son los cliches más comunes según ustedes?

¿A ver, quisiera saber cuáles son los que ustedes consideran los mas repetitivos o molesto?

u/chris-636 — 16 days ago

Simple y complicadamente te amo.

Te amo.

Te amo como no tienes idea.

Cómo no puedo expresar y como no entenderías.

Hay tantas cosas que siento por ti, que no tienen palabras.

Hoy usaré el "te amo" porque es la manera universal de decirle a una persona el cariño que tienes por ella.

Si, tal vez, antes lo usé en otras personas, pero, tu eres la que más se lo merece, por la cua,l más lo he sentido.

Te amo el día que te conocí, te amo ahora que te tengo lejos y sobre todo, te amare aunque no te vuelva a tener. Simple y complicadamente "te amo"

-Dedicado a mi novia Diana A.

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u/chris-636 — 17 days ago
▲ 2 r/u_chris-636+1 crossposts

¿El 100% de mi ser?

​

Si yo tuviera que describir idóneamente cómo mi vida ha transcurrido hasta este punto, estoy seguro de que el 50% no lo recordaría. Un 10% estaría tergiversado por sentimientos, y eso haría que se distorsionara hasta el punto en que los hechos no se acercaran en absoluto a la realidad.

​

Sin embargo, otro 10% sería una calca perfecta de los hechos reales. Recordaría cada flor, cada bella sonrisa de cada ser amado que tuve, cada aroma. Lo recordaría perfectamente. La voz de mi ser amado. Incluso podría recordar las veces que me he enojado.

​

Sin embargo, existe otro 10%, y son recuerdos que yo elegí olvidar. Claro, podría acordarme de vez en cuando de uno que otro hecho, pero en su mayoría no podría recordarlos por voluntad propia.

​

Queda un 10% de vivencias que recién ocurrieron y, aun así, no las tengo muy claras. Hay un 5% que me llegaría con una nostalgia tan tremenda que las lágrimas brotarían. Puede ser de felicidad, puede ser de tristeza, incluso puede ser de odio, pero son los sentimientos más puros que alberga mi corazón en ese pequeño porcentaje de mi vida.

​

Aunque hay otro 5% más del que no tengo claridad. ¿Qué es ese 5%? Puede ser mi alma controlando mi cuerpo sin que yo sea consciente de ello. O puede ser simplemente un espacio de mi memoria que nunca fue usado.

​

Podríamos decir que en ese 5% está la clarividencia, esa sensación de que algo va a pasar, eso que llamamos sexto sentido. La verdad, no sé cómo explicar el 100% de mi memoria, el 100% de mi ser, el 100% de todos los hechos vividos. No sé cómo explicarlo, simplemente lo vivo.

​

No soy una computadora capaz de almacenar datos perfectamente, pero estoy seguro de que una computadora quisiera poder entender mis sentimientos, tener vivencias propias y manifestar emociones de forma física.

​

​

​

​

[Nota. ]

[ supongo que es un borrador. No sé bien lo que sea solo andaba trabajando y cualquier cosa es mejor que prestarle atención al trabajo. ]

​

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u/chris-636 — 18 days ago
▲ 3 r/historias_de_terror+1 crossposts

Te amo, vas a vivir 500 años.

‎Que alguien por favor me libere de este amor.

‎Nunca seré capaz de morir.

‎Tú, pequeño lector, ¿cuándo crees que muere una persona?

‎¿Cuando la queman en una hoguera esperando que su carne, tendones y huesos se conviertan en cenizas?

‎¿Cuando le cortan la cabeza y su corazón deja de latir?

‎No.

‎Una persona muere cuando deja de anhelar.

‎Cuando deja de esperar el mañana.

‎Cuando deja de emocionarse por una nueva experiencia.

‎Pero sobre todo, cuando deja de querer conocer a alguien a quien amar.

‎Yo morí hace quinientos cincuenta años.

‎Mi cuerpo simplemente no se ha enterado.

‎Año 230

‎Los niños me lanzaron piedras otra vez.

‎No es algo que me duela. Mi piel ya no funciona exactamente como debería. Hace siglos dejó de hacerlo.

‎Pero aun así duele, No las piedras, Las miradas, Los susurros, Los teléfonos apuntándome como si fuera un animal extraño.

‎—Ahí está la bruja.

‎—La mujer inmortal.

‎—El monstruo.

‎Antes me llamaban hermosa.

Ahora me llaman evidencia, Experimento, Error, Maldición.

​

‎Ni siquiera saben mi nombre...

Año 0

‎La primera vez que conocí a Daniel, pensé que era un idiota.

‎Llegó treinta minutos tarde a nuestra cita porque estaba observando una colonia de hormigas.

‎Cuando llegó, me mostró fotos. Ni siquiera se disculpó... Aun así terminé enamorándome.

​

‎Daniel era científico o al menos eso decía. La mitad del tiempo hablaba de genética y la otra mitad de rituales antiguos encontrados en libros que ni siquiera tenían autor, yo siempre pensé que estaba un poco loco. Resulta que tenía razón...

​

‎Fragmento encontrado entre sus notas

‎[Si estás leyendo esto significa que ya terminé el proyecto.

‎ Sé que vas a enfadarte.

‎También sé que intentarás convencerte de que lo hice por egoísmo.

‎Tal vez tengas razón.

‎Pero te amo demasiado como para verte morir.

​

‎Y soy lo suficientemente egoísta para querer que sigas existiendo cuando yo ya no esté.]

Año 12

‎Daniel empezó a obsesionarse con la muerte después de que su madre falleciera, murió su padre, el siguiente fue su hermano.

​

‎Cada funeral parecía arrancarle algo... Una noche me dijo.

​

‎Daniel: Todo desaparece.

‎???: Sí. Así funciona.

‎Pero él negó con la cabeza.

‎Daniel: No debería.

Año 450

‎He intentado morir ciento cuarenta y dos veces.

‎Dejé de llevar la cuenta exacta hace siglos, algunas personas piensan que la inmortalidad es un superpoder.

‎No lo es.

Es una condena cuando eres la única persona que la posee.

​

‎Mis huesos se rompen.

‎Mis órganos dejan de funcionar.

‎Mi corazón se detiene.

‎Y después...

‎todo vuelve, siempre vuelve.

‎Como si mi cuerpo recordara una orden imposible de desobedecer.

Año 23

‎Cuando Daniel terminó el procedimiento me explicó cómo funcionaba. O al menos intentó hacerlo.

​

Yo nunca entendí mucho de ciencia, recuerdo palabras sueltas.

‎"Reescritura celular".

‎"Regeneración perpetua".

‎"Conservación biológica".

​

‎También hablaba de algo relacionado con partículas y energía, luego sacaba símbolos antiguos dibujados en pergaminos.

‎Era como si... Hubiera mezclado un laboratorio con una iglesia abandonada.

‎Según él, había encontrado una forma de obligar al cuerpo a recordar siempre su estado original. Como cuando una computadora guarda una copia de seguridad.

​

‎Solo que esa copia era yo...

‎Estaba grabada en algo que él llamaba "la estructura del alma".

‎Sigo sin entenderlo.

‎[Fragmento del diario de Daniel]

‎[No puedo darte la eternidad.

‎Solo puedo darte quinientos años.

‎He calculado cada variable miles de veces.

‎Cuando el plazo termine podrás descansar.

‎Lo prometo...]

Año 41

‎Daniel murió.

‎Yo seguía teniendo veintiocho años.

‎Él tenía cincuenta y siete.

‎Recuerdo sostener su mano mientras se apagaba lentamente.

‎Recuerdo pensar que aquello era injusto.

‎No sabía cuánto llegaría a odiar esa palabra.

​

‎Injusto.

‎Año 198

‎La humanidad llegó a Marte.

Año 276

‎La humanidad abandonó Marte.

Año 341

‎Las fronteras dejaron de existir.

Año 412

‎Volvieron a existir.

Año 203

‎Olvidé el rostro de mi madre.

Año 517

‎Olvidé mi propia voz, me encontraba exiliada. No tengo razones para conocer más personas, todos se van al final.

Año 550

‎Sigo viva sigo viva sigo viva sigo viva sigo viva sigo viva sigo viva sigo viva.

MALDITA SEA PORQUE AUN SUGO VIVA.

‎[Última carta de Daniel]

‎Si algo salió mal...

‎Si sigues aquí después de los quinientos años...

‎Entonces lo siento.

‎No existe una palabra más grande que esa.

‎Lo siento.

‎Yo solo quería que fueras feliz.

‎Solo quería darte más tiempo.

‎Porque cada segundo contigo valía una vida entera.

‎Y por eso entregué la mitad de la mía.

‎No porque quisiera alejarme de ti.

‎Créeme, me habría gustado pasar esos años a tu lado.

‎Pero si debía elegir entre tu vida y la mía...

‎Siempre te elegiría a ti.

Año 322

‎Odié a Daniel durante mucho tiempo.

‎Después dejé de hacerlo.Después volví a odiarlo.Después lo perdoné.Después lo extrañé.Después olvidé el sonido de su risa.

‎Y ese fue el día más triste de mi existencia, se que hizo esto por amor pero nadie se lo pidió, cuando olvidé su voz comprendí algo.

‎Ni siquiera el amor es eterno.Solo el sufrimiento.

​

‎???: Hoy es el año 5??.

‎Han pasado quinientos cincuenta años desde su muerte.

‎El plazo terminó.

‎El reloj llegó a cero.La promesa debía cumplirse.

‎Pero sigo aquí.

Mi piel sigue recuperándose pero algo anda mal, algo no funciona como deberia.

‎Mi corazón sigue reiniciandose pero no late de la misma manera.

‎Mi cuerpo sigue obedeciendo una orden dada por un hombre muerto hace más de medio milenio, Pero parece que ya no lo hace bien. Empiezo a sospechar algo terrible.

‎Daniel se equivocó...

‎No me dio quinientos años.

‎Me dio para siempre y un terror me consume. "Tal vez algo más está cambiando en mi ahora y no para mejorar"

‎ yo...

‎yo ya no quiero para siempre, nunca quise para siempre.

‎Al final entendí la respuesta a la pregunta que te hice al principio.

‎¿Cuándo muere una persona?

‎¿Cuando deja de anhelar?¿Cuando deja de amar.?¿Cuando deja de esperar?

‎Yo dejé de hacerlo hace siglos.

​

‎Sin embargo sigo aquí.

‎Y esa es la peor tragedia de todas.

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u/chris-636 — 19 days ago