
En la doctrina gnóstica (especialmente la de Samael Aun Weor), el alquimista no busca transformar plomo en oro físico. Utiliza la alquimia y la transformación psicológica para transmutar la energía creadora, despertar la conciencia y lograr la autorrealización espiritual.
Los antiguos alquimistas se sirvieron del símbolo para enseñar la preparación secreta de su antimonio.
Este es una parte de nuestro Ser que se encarga de ir fijando los átomos de oro a nuestros cuerpos existenciales hasta convertirlos en oro puro.
Es nuestro alquimista particular interior.