
r/FutMexico

12 de 18 equipos de la Liga MX han levantado este trofeo. ¿Cuántos lleva tu equipo? Pumas buscará el tercero, mientras que Cruz Azul va por el segundo.
¿Cuál te parece el mejor escudo entre estos dos clubes?, ¿Te gusta que se le añadan las estrellas cada que un equipo logra ser campeón?
¿Será que Efraín Juárez entra al selectísimo grupo de los que han ganado el título de la #LigaMX con el mismo equipo como jugador y entrenador? 👀
#norivo
La diferencia en palmarés entre los finalistas, es brutal, aún si quitamos los títulos que algunos consideran amistosos; como la Leagues Cup.
Edson Álvarez, Mateo Chávez, and Jorge Sánchez join the Mexican World Cup squad.
Santiago Pérez, son of ‘Conejo’ Pérez, wins his 5th goalscoring title in Liga MX young categories.
Se los dije, la selección mexicana hará un Corea del Sur 2002 y llegará hasta las semifinales con ayudas arbitrales pero llegará, será la mejor selección mexicana y Cruz Azul será campeón, ya los pronosticaron
reddit.comAsí toca trepar!
Por que no somos el amierdica, al pumas o el azul….
Tampoco somos el VARdrid.
Toca aguantar Y QUE TODOS DISFRUTEN DE LA SELECCIÓN!! Vamos chivas!!! Vamos Mexico!!
Parte 2 de los PEORES “periodistas”/“comentaristas”/“analistas del fútbol.
OPINIÓN PERSONAL
Marion Reimers
Con Marion Reimers el punto nunca ha sido que sea mujer, ni su orientación, ni que quiera hablar de temas sociales. Esa es la salida fácil que usan sus defensores para no entrarle al problema real: su estilo muchas veces convierte la transmisión deportiva en una clase improvisada de sociología con complejo de superioridad. Y no, el espectador no está obligado a aguantar sermones cuando lo que quiere es ver Champions en su hora de comida/descanso. Hay momentos para hablar de racismo, machismo, política, economía y cultura; el fútbol no está aislado del mundo y uno que otro dato curioso esta bien. Pero una narración deportiva primero tiene que narrar bien el partido. Si Salah está haciendo magia y goleando, si Dembélé está rompiendo líneas o si Olise está destrozando una banda, el foco tiene que estar ahí. El problema de Reimers no es que meta contexto; es que muchas veces parece que el partido es apenas una excusa para demostrar que ella está por encima del aficionado común. Y cuando encima se avienta comentarios torpes como lo de Rüdiger y el carbón, pues entonces ya no hablamos de una narradora incomprendida: hablamos de alguien que pide sensibilidad para unas cosas, pero no siempre la tiene para otras. GAD ya la mandaron a la radio
Andrés Vaca
Andrés Vaca tiene voz, tiene emoción y claramente tiene oficio, pero el problema es que muchas veces narra como si estuviera persiguiendo el clip viral antes que el partido. Todo tiene que sonar épico, todo tiene que tener frase prefabricada, todo tiene que parecer final de Mundial aunque sea una jugada común de jornada regular. Pero lo más molesto es cuando entra el América en la ecuación: ahí deja de sonar como narrador y se vuelve porrista con micrófono. No es emoción neutral; es apologética americanista disfrazada de narración nacional. Con el América siempre hay épica, grandeza, “mística”, “jerarquía” y narrativa heroica muy apologética; con otros equipos, especialmente cuando le incomodan al relato, se vuelve más seco, más crítico o más condescendiente. Ese doble estándar cansa. El narrador no tiene que odiar al América para ser imparcial, pero tampoco puede narrar como si estuviera cuidando la imagen institucional del club. A Vaca le falta entender que gritar bonito no equivale a narrar bien, y que la emoción sin objetividad termina pareciendo propaganda.
Raoul “Pollo” Ortiz
El Pollo Ortiz es otro caso de narrador que se enamoró demasiado de su personaje. Tiene energía, sí. Tiene estilo, sí. Pero muchas veces parece más preocupado por sonar simpático, irreverente o memorable que por contar bien lo que está pasando en la cancha. Y con el América también se le nota demasiado la cargada. No es solo que le emocione un gol o una buena jugada; es que compra el paquete completo de la narrativa americanista: la grandeza incuestionable, la épica automática, la defensa preventiva, la celebración sobreactuada. Hay narradores que acompañan el partido y narradores que se montan encima del partido. El Pollo muchas veces es de los segundos. Quiere ser protagonista de la transmisión, meter frases, gritos, ocurrencias y tono de showman, pero se le olvida que el protagonista debería ser el futbolista. Una buena narración también sabe callarse. El Pollo parece tenerle miedo al silencio.
Juan Carlos Zúñiga
Juan Carlos Zúñiga representa esa parte del periodismo deportivo que ya no sabe si está informando, vendiendo, provocando o haciendo personaje. Lo de “boing de mango” ya parece más identidad que accidente. Y el problema no es solo que critique jugadores, porque criticar está bien; el problema es la superioridad con la que lo hace. Puede decir que Chicharito está acabado, que ya no pesa, que su regreso fue decepcionante o lo que quiera, pero hay formas. Chicharito podrá tener todos los defectos personales, mediáticos y futbolísticos que se le quieran señalar, pero tuvo carrera europea, selección, goles importantes y presión real. Entonces, cuando alguien desde una mesa o un set lo reduce a burla barata, la crítica pierde fuerza. Es la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Además, cuando el entorno del comentario deportivo está tan contaminado por casas de apuestas, patrocinios, intereses comerciales y contenido diseñado para provocar reacción (y parlays, que eso es lo que le importa realmente a sus patrones), uno ya no sabe dónde termina el análisis y dónde empieza el show de casino. Zúñiga no es incómodo: muchas veces es simplemente ruidoso de una manera nefasta y detrás de él viene el PEOR cancer de la liga mexicana
Mauricio Ymay
Mauricio Ymay no es necesariamente el más escandaloso, y por eso mismo es un caso más triste. Porque no parece alguien sin oficio; parece alguien que podría aportar más, pero terminó atrapado en la maquinaria del debate chafa. Es el tipo de periodista que podría ordenar una discusión, poner contexto, bajar el humo y exigir análisis, pero muchas veces termina funcionando como parte del ecosistema de grilla. Y ese es el problema: el periodismo deportivo mexicano confundió mesa de análisis con mesa de pleito. Ya no importa tanto explicar por qué un equipo presiona mal, por qué un lateral queda expuesto, por qué un mediocampo no sostiene posesiones o por qué un entrenador se equivoca en los cambios. Importa quién se peleó, quién contestó, quién filtró, quién se indignó y qué frase se puede convertir en titular. Ymay simboliza esa transición de reportero serio a administrador de ruido. No siempre grita más que los demás, pero muchas veces participa en el mismo juego: alimentar una conversación pobre con apariencia de debate importante.
Daniel “Ruso” Brailovsky
El Ruso Brailovsky es el ejemplo perfecto del exjugador que confunde haber jugado bien con tener razón siempre. Nadie le quita su carrera ni su lugar en la historia del América, pero como analista muchas veces es más porrista que comentarista. Su problema no es amar al América; su problema es opinar como si su americanismo fuera criterio objetivo. Todo lo que rodea al club lo justifica, lo defiende o lo acomoda. Y cuando se atrevió a compararse con André-Pierre Gignac, ahí ya entramos en terreno de la falta de pudor. Gignac no solo fue un gran goleador: transformó la historia moderna de Tigres y del fútbol mexicano, cambió la percepción internacional del club, ganó títulos, marcó clásicos, cargó finales y se volvió un símbolo absoluto de una época. El Ruso fue importante; Gignac es fundacional para una era completa. No es lo mismo. Compararse con él no suena a análisis, suena a nostalgia pidiendo aplauso. Y lo peor es que como comentarista se comporta igual: menos análisis, más defensa emocional de su camiseta.
Fernando Cevallos (corrección este ogt es chillahermano)
Fernando Cevallos es de esos casos donde el chivismo mas tóxico se disfraza de análisis neutral. No tiene que ponerse la playera en pantalla para que se note la cargada; se nota en los matices, en qué perdona, en qué exagera, en qué relativiza y en qué convierte en escándalo cuando se trata de otros clubes. Ese es el problema más irritante: no el aficionado declarado, sino el opinador que quiere venderte militancia como objetividad. Cuando Chivas gana, es jerarquía, carácter, ADN ganador y patriota. Cuando Chivas recibe ayuda, se matiza y se vuelve apologeta. Cuando Chivas juega mal, se victimiza diciendo que no quieren que gane Chivas y que todo es un complot gane repitiendo la pendeja novela de Amaury. Cuando otro equipo hace lo mismo, entonces sí aparecen la exigencia, la crítica moral y la lupa táctica. Cevallos puede tener datos y puede articular ideas, pero demasiadas veces parte de una conclusión previa: el América debe quedar bien parado. Y si el análisis nace con camiseta puesta, deja de ser análisis y se vuelve defensa legal.
Conclusión:
El verdadero problema no es que existan comentaristas malos; eso siempre ha pasado: el problema es que permitimos que el periodismo deportivo mexicano se volviera una mezcla de Ventaneando, programa cancelado de Ernesto Chavana si hubiera salido en Telehit o Bandamax, mesa de apuestas, grilla de cantina y concurso de frases virales, donde cada vez se habla menos de fútbol y más de personajes; menos de táctica y más de pleito; menos de cancha y más de chisme; menos de lectura del juego y más de “qué dijo”, “quién respondió”, “quién se indignó”, “quién subió una historia” y “qué clip se puede monetizar”; tenemos narradores que quieren ser influencers, analistas que quieren ser fiscales, exjugadores que quieren ser intocables y conductores que confunden gritar con debatir, y por eso la conversación está como está: no porque falten temas, sino porque sobran personajes haciendo show con un balón de fondo; esa misma lógica nos vendió una rivalidad México-Argentina inflada, cómoda y profundamente distractora, porque claro que México debe compararse con Argentina, de hecho tendría que hacerlo con seriedad, porque Argentina representa muchas cosas que México quisiera alcanzar futbolísticamente: exportación de talento, jerarquía competitiva, mentalidad mundialista y jugadores formados para escenarios grandes, pero una cosa es compararte para mejorar y otra muy distinta es convertir esa comparación en resentimiento barato; la rivalidad México-Argentina, tal como la venden muchos programas deportivos mexicanos, es una cortina de humo: mientras el aficionado está ocupado peleándose con argentinos en redes (y me incluyo en esa estadística), nadie le exige de verdad a los dueños, a la Federación, a la Liga MX, a los directivos ni a las televisoras, porque nos vendieron una guerra emocional contra Argentina ya que es más rentable que hablar de ascenso y descenso, fuerzas básicas, exportación de jugadores, multipropiedad, calendarios absurdos, exceso de extranjeros, comodidad económica y una selección secuestrada por intereses comerciales; Argentina no necesita tomarnos como rival para exhibirnos, nos exhibimos solos cada vez que preferimos el meme patriótico al diagnóstico serio, y lo peor es que este modelo no solo empobrece la discusión, también vuelve más tóxico el ambiente: el periodismo deportivo mexicano no creó por sí solo la violencia, porque ahí también pesan barras violentas, directivas tibias, seguridad incompetente y abusiva, autoridades omisas y una liga que durante años prefirió maquillar problemas en lugar de enfrentarlos, pero sí ayudó a romantizar la toxicidad, nos vendió la idea de que ser aficionado es vivir emputado, ver conspiraciones en todo, insultar al rival, burlarte del jugador, convertir cada error arbitral en complot y cada derrota en tragedia moral, para luego, cuando pasa una desgracia, salir todos con cara de santos a pedir paz; no, compadres: si llevan años monetizando el pleito, mínimo reconozcan que son parte del basurero cultural que ayudaron a construir; al final, el aficionado no está pidiendo genios, está pidiendo algo mucho más básico: que narren bien, que analicen con honestidad, que no traten al público como idiota y que dejen de convertir cada transmisión en una mezcla de propaganda, sermón, casino, grilla y terapia de ego, porque el fútbol ya tiene suficiente drama en la cancha como para todavía aguantar comentaristas que creen que ellos son el espectáculo; el periodismo deportivo mexicano no inventó todos nuestros problemas, pero sí ha sido cómplice de esconderlos detrás del grito, el meme, el chisme y el pleito fabricado, y mientras sigamos confundiendo ruido con análisis, seguiremos más preocupados por ganarle una discusión imaginaria a Argentina que por construir un fútbol mexicano que algún día pueda competirle de verdad.
PREGUNTA SERIA, que sienten los chivistass sabiendo que otros equipos estan muy cerca de dejarlos atras en titulos y que ustedes ganan uno cada diez años???
Sin lloros nomas porfi
Renato Paiva nuevo director técnico del Santos Laguna.
¡EN POCO LLEGARON A LA GLORIA!
Diferentes DT's han llegado a la ligamx con la misión de levantar a sus equipos, solo unos cuantos lo han logrado.
¿Joel Huiqui será el próximo?
#norivo
¿Quién será el próximo en escribir su nombre en al historia de estos 2 equipos?
(que curioso es que antes de Reynoso, Cruz Azul solo había sido campeón con puro DT. mexicano)