8 meses escribiendo me gustaría saber tu opinión.
—Billy.
Lo sacudió.
—Billy despierta.
Sin respuesta.
—Billy ¡demonios!¡despierta hijo!
Abrió los ojos entumecido de medio rostro y el brazo que le retumbaba.
Se movió un poco y ahí estaba su hermano Jackie con el pelo dorado y sus manos aferradas a su cochesito amarillo. Era a excepción de esa ocasión el único que siempre dormía.
Su padre estaba en el volante del coche, su tío Ben hitgan al otro lado. Su madre atrás con ellos, sostenía los pies de Jackie. Podría pasar una y otra vez y siempre identificaba esas caras petrificadas, pálidas, hundidas en el terror. Algo habían visto. Algo les había estado siguiendo.
—Billy—dijo su tío Ben—. Toma el bat de la parte de atrás, amigo. Esta atrás de tu cabeza. Quiero que lo sostengas y si algo se te acerca lo utilizas ¿ok? Si
—Si, está bien. Lo haré.
—Megan—llamo a su hermana—. Ven aquí adelante.
Su hermana se acercó y se puso a la altura entre su esposo y su hermano. Ahí escucharía.
—Creemos haber visto a uno—Susurro tío Ben—. En realidad a varios. Parece que son murciélagos no lo sabemos muy bien, pero van en hordas. Es mejor que te quedes con los niños.
—¿Que tan cierto es eso?—pregunto a su esposo.
—Es que no me crees—replico Ben.
—No es que no te crea Benny, pero mentirias y mantendrias a una puta con tal de convencerme de que tienes una esposa. Por mi vida las razones son más convincentes.
Ben sonrió. Luego los tres carcajearon.
—Es mejor que te quedes cariño—Dijo Henry—. No te preocupes, nosotros estaremos bien y es mejor que alguien cuide a los chicos. Yo no podría tranquilizarlos y Ben es un repelente a los niños.
Ben hizo una mueca cómica en señal de disgusto.
—Bien—acepto Megan—. Pero quiero el revolver y dame un wakie-tolkie por si no se cómo van las cosas allí.
—Perfecto.
Entraron al súper mercado. Lo primero que vió Henry fue un estante con sodas caído. El lugar apenas era visto por unos cuantos rayos del sol. El techo estaba abierto. Había charcos de agua. En otro tiempo la gente caminaba por ese lugar con tranquilidad, buscando una buena carne que más tarde cocinaran en un asado. Comprando los pañales para el pequeño de los niños o buscando peluche para el cumpleaños del niño. Pero esos tiempos se habían acabado. Lo poco que quedaba del supermercado era un silbido inquietante. Un silencio. Y una soda.
Ben señalo a Henry a la Coca-Cola en el estante. Estaba por tomarla y darsela a su cuñado, pero en ese caso el dicho encajaba perfectamente "la última coca cola del desierto" en todo caso Henry la hubiera rechazado. Esa mierda ya no sabía a coca, era agua azucarada y de color negro, claro por supuesto con un toque de humedad.
La luz parpadeó. Henry recordó a qué Hiban al supermercado a arriesgar sus vidas. Las dos cosas que más ocupaban: Un inhalador para Jackie, pastillas que quizás ocuparían en el futuro y comida. El estómago chillo.
Se acercó a Ben.
—Por allá—susurro.
Los estantes estaban apoyados unos contra otros. Van a caer, penso Henry. Van a caer, si van a caer y entonces ellos van a estar aquí. Nos van a devorar, van a desgarrar nuestras carnes, van a c...
—Henry—Lo llamo Ben a un metro de distancia, estaban en la sección de carnés. A lado estaba la de lácteos—. Esta vacío, no hay nada amigo.
—¡Mierda!—dijo en voz más alta de lo que quería—. Mierda Ben, que haremos. Es el tercero que pasamos en esta semana. No hay nada por ningún lado.
Ben sereno.
—Lo que siempre hemos hecho, buscar y buscar. En algún maldito encontraremos algo, así sea una maldita ardilla cocinada. Ahora vamos a por la medicina de tu hijo.
Llegando a las cajas registradoras no hubo mayor sorpresa. Que se podría esperar si no había carne, por qué habría medicamentos. En el estante solo quedaban un par de pastillas para el mal aliento. Fueron la segunda caja y estaba totalmente vacía. La luz parpadeó. Terminaron de buscar y fueron hacia la salida. Estaba totalmente cerrada por los escombros deberían de volver por dónde entraron. Pero Ben recordó. Le señalo a Henry el camino y Henry fue detrás de él. Resultó en que en otro tiempo Ben hitgan había trabajado de muy joven en un supermercado y al fin tampoco resultaba de un secretismo que un supermercado tuviera un almacén. Se detuvieron en la puerta, a un lado decia: no abrir puerta. No era una señal de advertencia de vida o muerte.
Hubo un montón de cajas en el suelo y de estantes. El cuarto era aún más oscuro. Ben encendió la lámpara. Henry fue a por los estantes de la izquierda y el por los estantes de la derecha.
—Avisame en cuanto lo encuentres—dijo Henry—. Hay que aprovechar a tomar lo necesario si es que aún quedan cosas.
—siempre hay cosas.
Henry se encontró con un vino tinto no era de esperarse que alguien lo hubiera tomado. Si quizás mucha gente quisiera emborracharse en el fin del mundo. Pero primero buscaría comida y medicinas Antes que morir borracho. Era algo por lo que todavía merecía la pena luchar. Luchar por una muerte decente. Aguardo el vino en la mochila.
Sardinas ¿Cómo diablos había sardinas? ¡Mierda ese era su día de suerte! Hace tiempo que no se encontraba con nada de eso. Henry sonrió. La luz parpadeó.
Fue al otro cuarto, estaba mejor iluminado, gracias a una ventana pequeña a su izquierda. Su estómago chillo de nuevo. Tenía mucha hambre, era medio día y tenían tiempo sin encontrar algo que hiciera que racionar las porciones no fuera tan difícil. Era un buen día, solo faltaba algo importante. Lo más importante y la comida era importante si, pero podía cosechar algo con suerte. En caso de que no se lo comieran antes, tendrían algo, pero no podía hacer un truco de magia y sacar un inhalador.
Busco de prisa en los otros estantes. Había unas cuantas verduras pastosas, babosas y coloreadas de un negro muerto. El olor era asqueroso, olía a perro muerto. A la carne desechada. Era una calabaza, jitomates, cebollas. Lo que hubiera dado por qué todas esas verduras hubieran estado bien. Tendría que viajar en el tiempo. Eso no suderia.
Ben hitgan busco en su otro extremo, no encontro mucho. Una figura de gusano de plástico chillona para perros y gatos y una soga de tres o cuatro metros. La última vez que tenía una soga entre sus manos, había sido para asesinar a Charly su perra rabiosa. Le había traído un mal recuerdo. Tembló. Los ojos golearon. La mandíbula se le desencajo.
Siguió buscando como le había dicho a su amigo hasta que finalmente, cuando estaba subiendo a un estante escucho a Henry decir:
—Ya lo he encontré, ahora vámonos de aquí Ben.
La mano temblorosa de Ben se agarró de la nada la otra la imito. Sin llegar cayó al suelo. Ben sudo. El estante cayó. La luz parpadeó de nuevo. Más intensa. Más cercana. Henry ayudo a su amigo a levantarse y fueron hacia la entrada. Ben cojeaba de una pierna y se apoyaba en Henry. En cualquier momento aparecerian, lo sentía. Salieron del lugar a salvos. Ben respiro con mayor tranquilidad. Henry lo soltó del brazo.
—¡Ayuda! ¡Henry!—gritaron desde lo lejos.
Ambos se miraron. No los habían atacado a ellos, por qué no eran su objetivo. Corrieron hacia el auto. Buscando el ruido de los gritos. En el fondo se encontraron con el viejo Chevrolet marrone. Estaba rodeado de lobos. Rompieron los cristales. Habían entrado. Henry cargo la m32 y Ben lo imitó. Corrieron hasta el carro. Los lobos gruñian. Salía una espuma verdosa de su hocico, sus ojos... Sus ojos no tenían vida sabía Henry. Disparó una bala hacia el primero y se retorció espasmodicamente. Ben disparó al segundo antes de que atacará a Megan. sostenía el revolver en la mano sin balas. Tenía a los chicos aún lado. El pequeño Jackie estaba llorando. Billy sostenía el bat. Si algún puto perro rabioso de esos brincaba al techo de el coche les arrancaría la cabeza hasta machacarla.
—Megan a la cuenta de tres corren hacia nosotros. Una.—los lobos gruñian, miraban con rabia a Megan y a los niños. ¿Cómo era posible que algo muerto tuviera tanto odio?—. Dos.
Billy sostuvo con fuerza el bat, había llegado su momento. Megan y el pequeño Jackie brincaron. Ben y Henry acribillaron al lobo más cercano. Megan y Jackie llegaron. Billy se quedó arriba. Había tres lobos más del otro lado. Ben disparó en la cabeza de uno que se encontraba rasgando las puertas del coche. La sangre había brotado del ojo del animal y caía como un fuente.
—¡Maldita sea! ¡Billy! !Por qué diablos no has bajado del vehículo!—dijo Henry.
Ambos se acercaron: Ben y Henry. Uno a cada lado esperando a que ningún lobo los sorprendiera y les comiera en pedazos. Pero como toda sorpresa nunca es esperada. Un lobo le brinco y mordió la pierna del tío Ben, luego este le disparó tres tiros en la cabeza. Megan grito a lo lejos. Henry mató al otro lobo y miro de reojo a su compañero. Billy sintió miedo. Mucho miedo. Culpa