Mientras otros viven, mi mente nunca descansa.
A veces la hiperconciencia se siente como un don que terminó convirtiéndose en carga. Mientras los demás simplemente viven, ríen y fluyen sin cuestionarlo todo, mi mente analiza constantemente emociones, patrones y contradicciones hasta el punto de agotarse. Y aunque comprender tanto puede dar claridad, también genera una soledad difícil de explicar. Es como esos héroes que poseen una habilidad extraordinaria pero en secreto desean ser normales; no porque odien lo que son, sino porque extrañan la paz de vivir sin sentir el peso constante de pensar y sentir demasiado.