
Un poco de historia 89: Hablemos de los vikingos.
Antes que nada, aclaremos una pequeña confusión. El término “vikingo” no se refiere a un grupo étnico ni nación unida. No existió una nación vikinga, sino reinos dirigidos por algún noble local unidos por la misma cultura y, lo que más importó en los pueblos saqueados: las mismas armas. La palabra “vikingo” se refiere a una ocupación o viaje de exploración y saqueo. Un vikingo era el que embarcaba en un barco y marchaba a saquear por ahí; los que se quedaban en tierra seguían siendo granjeros, pastores comerciantes y artesanos. Es decir, los vikingos no eran vikingos, hacían el vikingo.
Aclarado esto, ¿realmente eran tan crueles y violentos como se describe en las crónicas de la época? Unas crónicas, recordémoslo siempre, escritas por los que sufrieron su zarpazo. Pues la verdad es que no eran más crueles y violentos que otros pueblos de la época. Una buena campaña de marketing era saquear, exterminar e incendiar una ciudad. La otra ciudad se lo pensaba dos veces antes de hacerles frente, prefiriendo pagar algún tributo antes de sufrir el saqueo y destrucción del enemigo; es algo que hicieron todos los pueblos en la era vikinga y más allá. Como ejemplo mencionamos que el mismísimo Carlomagno, emperador Franco en la era vikinga, ordenó decapitar a 4.500 sajones de una tacada; cosa normal en aquella época.
Lo de torturar con “el águila de sangre” hay que cogerlo con pinzas. Cortar las costillas junto a la espina dorsal y sacar los pulmones hasta formar una especie de “alas” suena muy romántico, pero es poco práctico. La víctima moriría desangrada o por asfixia al poco de iniciar la tortura, con lo que se pierde el efecto de la tortura: causar mucho dolor. No se ha encontrado ningún esqueleto que muestre esa forma de morir, por lo que no hay pruebas tangibles del “águila de sangre”.
Y no, no eran ni más alto, rubios y con despiadados ojos azules que en el resto de Europa. Las pruebas de ADN son concluyentes: había tantos rubios, pelirrojos y morenos que en otros reinos europeos. Tampoco eran unas masas de músculos de esas que dan pavor, la estatura media apenas alcanza los 1,70 en los hombres, y su musculatura era la normal en la Edad Media. La alimentación determina cómo son los cuerpos de hombres y mujeres, y en la Edad Media esa alimentación pecaba de escasa y poco variada; las cosechas, sin abonos químicos, no eran abundantes. Las épocas de hambruna debieron ser las mismas que en el resto de Europa, y con hambre no hay musculatura que da miedo. A decir verdad, en sus expediciones de saqueo buscaban más comida que oro y plata. En cuanto a que eran rubios… Como en todas las culturas, sufrieron las torturas de los piojos. Una forma de combatirlos era usar un jabón con mucha ceniza en su composición; un jabón que descoloraba los pelos volviéndolos ligeramente rubios o grises.
Aparte del escudo redondo de madera, el cine nos ha mostrado a los vikingos empuñando fieras espadas capaces de partir a un hombre por la mitad de un solo golpe. Otro error, las armas ofensivas predilectas por los vikingos fueron el hacha o el martillo. Recordemos que eran, ante todo, granjeros, y en las granjas las hachas y martillos son imprescindibles. Las espadas eran tan caras como un coche en la actualidad, solo los muy ricos podían permitirse una espada. Un granjero, al preparar el equipaje para la expedición de saqueo, cogería el hacha que tuviera más a mano en su granja, y la empuñaría en la guerra. Al regresar, esa misma hacha volvería a usarse para cortar leña. El uso de martillos de guerra debió ser tan popular que uno de sus principales dioses, Thor, no empuña una espada, sino un martillo de guerra.
Pepe Bataller.
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