
México abolió la esclavitud en 1829 y, durante la década de 1850, rechazó los intentos de Estados Unidos de firmar un tratado para devolver a los esclavos fugitivos, insistiendo en que todas las personas esclavizadas eran libres una vez que pisaban suelo mexicano.
Durante décadas, la frontera con México significó para muchos esclavos de Estados Unidos: si lograban cruzarla, podían convertirse legalmente en personas libres. Esto enfureció a propietarios de esclavos de Texas, que presionaron para que México aceptara devolver a quienes escapaban hacia el sur. El origen está en 1829, cuando el presidente Vicente Guerrero decretó la abolición de la esclavitud en México. La medida tuvo complicaciones y excepciones temporales, especialmente en Texas, donde numerosos colonos estadounidenses dependían del trabajo esclavo. Por eso, aunque 1829 es la fecha tradicional de la abolición, en 1837 México volvió a establecerla de manera general y definitiva. Durante las décadas de 1840 y 1850, México comenzó a convertirse en una ruta de escape para esclavos procedentes principalmente de Texas. A diferencia del famoso “ferrocarril subterráneo” hacia Canadá, algunos fugitivos viajaban hacia el sur, cruzaban el Río Grande y buscaban refugio en territorio mexicano. Mientras en Estados Unidos la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 permitía perseguir y capturar fugitivos incluso en estados libres, al otro lado del Río Grande México ofrecía exactamente lo contrario. Durante esos años, cruzar unos cuantos kilómetros de frontera podía significar la diferencia entre seguir siendo propiedad de alguien o convertirse legalmente en una persona libre. Entre 5,000 a 10,000 personas lograron su libertad por cruzar a México.