
No fue odio milenario. Fue un mapa mal hecho en una tarde — y Oriente Medio sigue ardiendo por eso
En 1916, dos diplomáticos —uno inglés, uno francés— se sentaron con una regla y repartieron Oriente Medio entre ellos, sin preguntar a quién estaban dividiendo. Ni etnias, ni tribus, ni religiones: solo líneas rectas convenientes para dos imperios que ya no existen.
Ese acuerdo, el Sykes-Picot, sigue determinando fronteras que hoy siguen en guerra. No fue el odio ancestral que nos cuentan en los libros de texto. Fue geometría de despacho colonial, decidida en horas, pagada durante generaciones.
En el nuevo vídeo de La Bitácora de Suzie, desmontamos por qué el mapa que heredamos no fue un accidente — fue un plan que nunca tuvo en cuenta a la gente que iba a vivir con sus consecuencias.