«Ante un atisbo de fraude habría movilización en regiones del sur»

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[Elecciones en Perú] Entrevista al analista político y docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Giancarlo Castiglione

«Ante un atisbo de fraude habría movilización en regiones del sur»

Por Andrés Figueroa Cornejo | 10/06/2026 | América Latina y Caribe

Fuentes: Rebelión

Este martes 9 de junio, el pueblo peruano ingresó en una jornada decisiva en el contexto de la elección presidencial más ajustada de las últimas décadas en el país andino, todavía sin un ganador oficial. Con poco más del 96.4% de las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales, ONPE, Roberto Sánchez lidera los escrutinios sobre Keiko Fujimori, en un balotaje signado por la polarización política y la incertidumbre.

El candidato del compuesto progresivo Juntos por el Perú registra 8′948,960 votos (50.118%) frente a los 8′906,869 sufragios (49.882%) registrados por la aspirante derechista de Fuerza Popular, una brecha que mantiene en vilo al electorado, en tanto se continúan procesando las actas restantes y aquellas enviadas a los Jurados Electorales Especiales para su revisión.

Durante la noche del domingo 7 de junio, las proyecciones formuladas por la empresa de sondeos de opinión pública Ipsos para la Asociación Civil de Transparencia dieron a Roberto Sánchez el triunfo con un 50,3% de los votos válidamente emitidos ante un 49,7% de Fujimori. 

Consultado sobre el devenir del proceso, el analista político y docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Giancarlo Castiglione, precisó que «ahora el conteo marcha lentamente, con mesas provenientes del extranjero y de algunas de las zonas más alejadas del país. La diferencia es mínima».

– ¿Cuál es el comportamiento de ese electorado que falta?

«Los votos, por ejemplo, que vienen de Estados Unidos o Madrid, benefician mayormente a la candidata. Y los votos del interior del Perú favorecen por un gran margen al candidato de la izquierda. Existe una preocupación, por cierto, debido a que se está realizando un recuento más bien lento. Esperamos que esto termine mañana miércoles 10 de junio, en horas de la noche a más tardar.»

– ¿Cómo se encuentran los electores de Roberto Sánchez?

«Con una alta desconfianza, en el sentido de que pueda haber algún intento de ‘ganar en mesa’, porque se han impugnado mesas en que el triunfo ha sido claramente mayoritario para Juntos por el Perú. Ahora bien, en Lima, bastión de la derecha, sí está complicado Sánchez, por decir lo menos. Si hubiera algún atisbo de fraude y el liderazgo plantea la movilización, ella se daría en regiones del sur básicamente.»

– ¿Qué resulta más preocupante para las fuerzas progresistas del país?

«La visita del embajador estadounidense en el Perú, Bernie Navarro, al presidente del Jurado Nacional de Elecciones días antes de la segunda vuelta. Este hecho no es normal en el país, además en un marco mediático corporativo alineado con la derecha.»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Sánchez o Fujimori: Perú celebra la fase decisiva de las elecciones presidenciales

América Latina

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Sánchez o Fujimori: Perú celebra la fase decisiva de las elecciones presidenciales

hace 3 horas

© Sputnik

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Abren los colegios electorales en Perú para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En esta ocasión, los ciudadanos del país andino deberán elegir entre dos candidatos: Keiko Fujimori, que obtuvo el 17,1% de los votos en la primera vuelta, y Roberto Sánchez, que alcanzó el 12%.

En la primera vuelta, celebrada el 12 de abril, ninguno de los aspirantes logró superar el 50% de los votos, lo que llevó a una segunda ronda entre los dos candidatos más votados.

Sánchez, exministro y congresista respaldado por simpatizantes del expresidente Pedro Castillo, se presenta por la coalición Juntos por el Perú, que promueve el fortalecimiento de los programas sociales y la ampliación de los derechos laborales.

Fujimori, líder del partido conservador Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori (1990–2000), aspira por cuarta vez a la Presidencia. Su programa se centra en la seguridad, la estabilidad económica y la desregulación.

Más de 27 millones de peruanos están habilitados para participar en las elecciones. El mandato presidencial es de cinco años, aunque desde 2016 el país ha tenido ocho presidentes en un contexto marcado por la inestabilidad política.

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"No bajaré la voz": Petro arremete contra Trump y Rubio

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"No bajaré la voz": Petro arremete contra Trump y Rubio

© AP Photo / Fernando Vergara

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, lanzó duras críticas contra su par de Estados Unidos, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio. Sus palabras llegan después de que Washington felicitara al candidato presidencial de ultraderecha, Abelardo de la Espriella, por su triunfo en la primera vuelta y expresara su respaldo.

"No entiendo a Donald Trump ni al señor [Marco] Rubio. Tienen que definirse. O vamos a luchar contra el narcotráfico, o ustedes van a llevar el narcotráfico a la Casa Blanca para hacer leyes sobre el pueblo de Latinoamérica con los mismos narcotraficantes. Y yo no lo acepto", expresó el mandatario colombiano durante un acto público.

Gustavo Petro, quien fue incluido en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos el pasado octubre, también hizo caso omiso de las posibles nuevas sanciones que las autoridades estadounidenses podrían imponerle.

"Me pueden meter 10.000 veces a la lista OFAC y, si me quieren llevar preso, inténtenlo. Pero no bajaré la voz", manifestó.

Además, el presidente afirmó que quienes apoyan posturas sumisas a Washington toleran el trato humillante que reciben los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos.

"No entiendo esos colombianos que votan por quienes se arrodillan en Miami y permiten que a los colombianos y colombianas los encadenen, los traten como perros", indicó.

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Respaldo de Trump a De la Espriella busca que Colombia regrese "al redil de EEUU", dice analista

hace 2 días

Esto sucede en medio de la controversia generada por el respaldo que Donald Trump dio a Abelardo de la Espriella, ganador de la primera vuelta presidencial. Petro, a su vez, rechazó el apoyo de su par estadounidense al candidato conservador e instó a la ciudadanía a votar con libertad para "no volvernos ni esclavos ni colonia de nadie".

A pesar de las tensas relaciones del Gobierno colombiano con Estados Unidos, una llamada telefónica entre Petro y su homólogo estadounidense, Donald Trump, seguida de la visita de este último a la Casa Blanca, contribuyó a aliviar las tensiones.

Petro recuperó su visa estadounidense, que le había sido revocada en septiembre de 2025, aunque permanece en la lista de sanciones de la OFAC.

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Las afirmaciones israelíes sobre una «amenaza» iraní fueron siempre una mentira y ahora tenemos pruebas

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Las afirmaciones israelíes sobre una «amenaza» iraní fueron siempre una mentira y ahora tenemos pruebas

Por Jonathan Cook | 02/06/2026 | Mundo

Fuentes: Voces del Mundo [Foto: El expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad fotografiado en Teherán el 2 de junio de 2024 (Atta Kenare/AFP)]

¿Podría ser que el discurso que Israel ha mantenido durante treinta años sobre Irán —el mismo que convenció al presidente estadounidense Donald Trump para que emprendiera una guerra de agresión criminal y desastrosa— fuera siempre una ficción, una invención urdida en Tel Aviv?

Lejos de que Teherán represente un peligro existencial para Israel, como ha afirmado durante décadas el primer ministro Benjamin Netanyahu, ¿podría ser que el verdadero temor de Israel sea que un Irán más fuerte socavara su influencia única sobre Washington, amenazando su estatus como única potencia nuclear de la región —potencia sin supervisión alguna—?

¿Podría ser que gran parte del mundo se enfrentara a un colapso económico simplemente para que Israel pudiera seguir siendo el líder indiscutible de Oriente Medio, un Estado de apartheid que no rinde cuentas y que comete genocidio contra el pueblo palestino y lleva a cabo una limpieza étnica en el sur del Líbano?

La semana pasada obtuvimos una respuesta definitiva, cortesía del New York Times. Es un sí rotundo a todas estas preguntas.

El periódico informó de que Netanyahu no solo vendió mal a Trump la idea de un rápido cambio de régimen en Irán tras una breve campaña de bombardeos de «conmoción y pavor». También identificó ante la Casa Blanca quién iba a sustituir al ayatolá Alí Jamenei, líder religioso supremo de Irán.

Sorprendentemente, según el Times, Netanyahu designó para el puesto al expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad. El objetivo al inicio de la campaña aérea era que Israel eliminara a Jamenei y, a continuación, liberara a Ahmadineyad del arresto domiciliario atacando a los guardias que lo tenían recluido.

Se suponía, al parecer, que Ahmadineyad debía asaltar la ciudadela y hacerse con las llaves del palacio. Pero sólo el asesinato de Jamenei salió según lo previsto.

Se cree que Ahmadineyad, a quien, según se informa, se le había consultado previamente sobre el plan, resultó herido en el ataque israelí cerca de su domicilio. Se echó atrás, posiblemente sospechando que también le estaban tendiendo una trampa para asesinarlo, y pasó a la clandestinidad. Se desconoce su paradero actual y su estado de salud.

El hombre del saco definitivo

Ni los funcionarios estadounidenses ni los israelíes quisieron hacer comentarios al Times sobre el supuesto complot para un cambio de régimen, un plan que el periódico calificó de «audaz». Ese es el eufemismo de todos los eufemismos.

La idea de que Ahmadineyad contara con el apoyo popular, por no hablar de la autoridad religiosa y el poderío militar que lo respaldaban, para enfrentarse al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la fuerza militar de élite de Irán responsable de proteger el régimen clerical, es una idea que no puede creerse nadie.

Que alguien en la Casa Blanca se tomara en serio este plan, por no hablar de que lo llevara a cabo, es una idea realmente asombrosa. Pero la hipótesis de que Ahmadineyad pudiera volver a tomar las riendas del poder en Irán es posiblemente la parte menos descabellada del plan.

Aunque es posible que los lectores más jóvenes no reconozcan el nombre de Ahmadineyad, todos los demás deberían hacerlo. Apareció en los titulares casi cada semana durante gran parte de sus ocho años de presidencia, que comenzaron en 2005. ¿Por qué? Porque Israel lo convirtió en el hombre del saco definitivo.

Tras el derrocamiento y la ejecución de Sadam Husein en el vecino Iraq en 2006, a raíz de la invasión ilegal por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña, se presentó a Ahmadineyad como la nueva amenaza implacable para la paz regional.

Las afirmaciones sobre Ahmadineyad dieron por primera vez un aire de verosimilitud al guion, ahora indiscutible, de Israel según el cual un Irán supuestamente fanático y desquiciado no dejaría piedra sin remover en su intento de destruir a Israel. Ahmadineyad, nos repetían una y otra vez, pretendía fabricar una bomba nuclear, incluso después de que Jamenei hubiera emitido un edicto religioso en 2003 que prohibía estrictamente su desarrollo.

En 2006 Ehud Olmert, entonces primer ministro israelí, advirtió al mundo de que Ahmadineyad era un «psicópata de la peor calaña», y añadió: «Habla como lo hizo Hitler en su época sobre el exterminio de toda la nación judía».

Olmert se hacía eco de una campaña alarmista dirigida por Netanyahu, entonces líder de la oposición israelí, según la cual era necesario atacar a Irán de inmediato para salvar a Israel y al mundo.

«Estamos en 1938 e Irán es Alemania», declaró Netanyahu en una reunión de líderes judíos estadounidenses celebrada ese mismo año. «E Irán se apresura a dotarse de bombas atómicas». Sobre Ahmadineyad, afirmó: «Creedle y detenedlo… Está preparando otro Holocausto para el Estado judío».

Bajo el mandato de Ahmadineyad, Irán supuestamente estaba empeñado en destruir Israel, convirtiéndolo en un gigantesco Auschwitz. También en 2006, Netanyahu declaró en la Radio del Ejército israelí: «Israel sería sin duda la primera parada en la gira de destrucción de Irán».

Ahmadineyad estaba tan desquiciado, dijo Netanyahu, que no se detendría ante la erradicación de Israel: «Irán está desarrollando misiles balísticos que alcanzarían Estados Unidos, y ahora preparan misiles con un alcance suficiente para cubrir toda Europa».

«Intención genocida»

Poco tiempo después, la campaña de alarmismo de Israel alcanzó su punto álgido en Londres. Netanyahu dijo a los miembros del Parlamento británico que Ahmadineyad debía ser llevado urgentemente ante la Corte Penal Internacional —el tribunal de crímenes de guerra de La Haya— por su «visión mesiánica y apocalíptica del mundo».

Ironía de ironías, Netanyahu —quien veinte años después es un fugitivo de ese mismo tribunal, acusado de crímenes contra la humanidad por matar de hambre al pueblo de Gaza— hizo hincapié en la supuesta intención genocida de Ahmadineyad hacia Israel.

«En la década de 1930 tampoco nadie creía que Hitler fuera capaz de pasar a la acción porque no hablaba explícitamente de exterminar al pueblo judío», dijo Netanyahu a los diputados británicos. «Por el contrario, el presidente iraní anuncia públicamente sus intenciones y nadie intenta detenerlo».

Michael Gove, un exministro del Gobierno conservador que presidió la reunión, se mostró totalmente de acuerdo, haciendo caso omiso de un dato desconcertante: que miles de judíos han vivido en Irán durante siglos.

Gove afirmó ante los asistentes que «la retórica de Ahmadineyad es más que preocupante, equivale a una incitación al genocidio».

La preocupación de Gove por el genocidio no se ha extendido posteriormente a Gaza. Ha denunciado repetidamente a cualquiera, incluidos expertos jurídicos y estudiosos del Holocausto, que haya señalado el genocidio de Israel allí.

En medio de la matanza masiva en Gaza, Gove llegó incluso a pedir que el ejército israelí recibiera el Premio Nobel de la Paz.

Humo y espejos

Hace dos décadas, el mensaje de Netanyahu era claro: Ahmadineyad era tan rabiosamente antisemita que merecía ser comparado con Hitler.

Ahmadineyad estaba tan ansioso por llevar a cabo un programa de armas nucleares que estaba dispuesto a desafiar al líder religioso supremo del país. Era tan inestable mentalmente que estaba dispuesto a utilizar esas armas para exterminar a Israel, a pesar de que tal medida garantizaría un contraataque nuclear de represalia contra su propio país.

No olvidemos que Ahmadineyad tenía fama de llevar a cabo represiones tan despiadadas contra sus oponentes políticos que Amnistía Internacional señaló en 2014 que su mandato había «sentenciado a muerte la libertad académica en Irán».

Sin embargo, dos décadas después, según se ha informado, Netanyahu considera ahora que Ahmadineyad es la persona más indicada para dirigir Irán; la persona por la que valía la pena acabar con Jamenei, el dirigente con más influencia en Irán que se oponía al programa nuclear.

El New York Times informa de que, en los últimos años, existían fuertes sospechas dentro de Irán de que Israel, Gran Bretaña y Estados Unidos estaban estrechando lazos con Ahmadineyad y su entorno, sospechas que ahora parecen confirmarse con el aparente plan de cambio de régimen de Israel.

El periódico informa además de que Ahmadineyad había viajado recientemente tanto a Guatemala como a Hungría, países con vínculos muy estrechos con Israel.

¿Tiene todo esto algún sentido? Y, sin embargo, para los medios occidentales, el hecho de que Netanyahu defendiera a Ahmadineyad como el salvador de Irán, y que la Administración estadounidense se sumara de todo corazón a esta idea, no es más que «sorprendente».

En realidad, esto echa por tierra toda la narrativa de Israel sobre Irán. Es un recordatorio revelador de la enorme brecha que existe entre lo que se nos ha contado sobre Irán durante décadas y lo que realmente ha estado ocurriendo.

La imagen y la realidad no se parecen en casi nada. Todo esto ha sido humo y espejos.

«Borrado del mapa»

En mi libro de 2008 Israel and the Clash of Civilisations señalé que nada de lo que Israel nos contaba sobre su rival en Oriente Medio podía aceptarse sin más, y menos aún la afirmación de Israel de que Ahmadineyad era un «nuevo Hitler» que odiaba a los judíos.

Muchas de las afirmaciones difundidas hace veinte años por Israel sobre la intención genocida de Ahmadineyad se derivaban de una traducción errónea de un discurso en el que el líder iraní había citado al difunto ayatolá Ruhollah Jomeini, quien lideró la Revolución Islámica de 1979.

Según los políticos y los medios de comunicación occidentales, Ahmadineyad había pedido que Israel fuera «borrado del mapa», lo que se interpretó ampliamente como una ambición de lanzar un ataque nuclear contra Israel.

En realidad, Ahmadineyad había estado repitiendo la observación de Jomeini de que Israel no podía sobrevivir indefinidamente como Estado ilegítimo supremacista judío que oprimía a otro pueblo. Señalaba que los días de Israel como Estado racista estaban contados, al igual que lo habían estado los del apartheid sudafricano.

El sentimiento que subyace a la declaración de Jomeini debería resultar mucho más claro en las circunstancias actuales, cuando es Israel, y no Irán, el que se ha dedicado a borrar a personas del mapa —en Gaza y en el sur del Líbano—.

Del mismo modo, Israel y sus aliados occidentales armaron un gran revuelo en 2006 cuando Ahmadineyad convocó en Teherán lo que se tergiversó ampliamente como una conferencia de «negación del Holocausto». De hecho, Ahmadineyad había organizado lo que pretendía ser una maniobra provocativa —y, para algunos, ofensiva— para cuestionar los tabúes occidentales sobre Israel y poner de relieve la hipocresía de Occidente hacia los musulmanes.

El argumento de Ahmadineyad era doble: en primer lugar, si los musulmanes no tienen derecho a que los occidentales respeten sus creencias y sensibilidades —como quedó patente en el «asunto de las caricaturas danesas» de 2005 y en la defensa de la «libertad de expresión» para presentar caricaturas del profeta Mahoma—, ¿por qué deberían los occidentales esperar que sus propias sensibilidades sobre Israel y el Holocausto quedaran exentas de cuestionamiento?

También quería analizar la creencia occidental de que otros, el pueblo palestino, deben pagar un alto precio, incluyendo décadas de despojo y abuso, por los crímenes de Occidente contra los judíos de Europa.

Espectáculo de horror

La desinformación sobre Irán debería haber sido demasiado evidente ya en 2006, si se hubiera informado adecuadamente de ella; al igual que debería serlo ahora, dos décadas después, si los periodistas occidentales hicieran su trabajo en lugar de actuar como taquígrafos de Israel y la Casa Blanca.

Las mentiras, ahora como entonces, sirven al mismo fin: justificar el aplastamiento de Irán —entonces mediante sanciones, más tarde añadiendo bombardeos ilegales— para que pueda protegerse el derecho de Israel a pisotear las vidas de las personas de toda la región sin consecuencias.

Irán, que ahora se niega a soltar su garra sobre el estrecho de Ormuz y el suministro mundial de petróleo, exige que el precio incluya el fin del respaldo estadounidense al espectáculo de horror dirigido por Israel en Oriente Medio.

Como un niño malcriado, Trump se está revolviendo, mientras saca provecho de la volatilidad de los mercados petroleros, intentando imponer las viejas reglas, cuando los términos del enfrentamiento ya no están bajo su control exclusivo.

Su última pataleta —urdida tanto en Tel Aviv como en Washington— consiste en obligar a la mayoría de los Estados árabes, incluidos los vecinos de Irán en el Golfo, a firmar los llamados Acuerdos de Abraham con Israel. Esto se presenta como el marco de un «acuerdo de paz» regional en el que participa Irán. En realidad, es todo lo contrario.

Los acuerdos están diseñados para consolidar la posición de Israel como líder indiscutible de Oriente Medio, subordinando los intereses de los Estados árabes a los de Israel y, de ese modo, aislando a Irán en la región y dejando al pueblo palestino y al Líbano a merced de un Israel genocida.

Se trata de otra estafa, como la «Junta de Paz» de Trump, que disfraza la agresión criminal y el genocidio de EE. UU. e Israel como un proceso de paz.

Lo que los últimos 20 años de mentiras y engaños han tratado de ocultar es un simple hecho: no es Teherán quien está liderado por megalómanos desquiciados y genocidas que amenazan la seguridad de la región y del mundo. Son Tel Aviv y Washington.

Desde que ambos lanzaron su guerra criminal de agresión contra Irán hace tres meses, Teherán ha mostrado moderación, ha actuado con cautela y ha demostrado su voluntad de negociar de buena fe. Lástima que no haya adultos responsables al otro lado con quienes pueda llegar a un acuerdo.

Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí. Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net

Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/05/31/las-afirmaciones-israelies-sobre-una-amenaza-irani-fueron-siempre-una-mentira-y-ahora-tenemos-pruebas/

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Consejo del Genocidio y eje Washington-Israel

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Consejo del Genocidio y eje Washington-Israel

Por William I. Robinson | 04/06/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo

Fuentes: La Jornada - Imagen: Israel ha hecho caso omiso del cese al fuego, en tanto se filtró a la prensa un plan para Gaza redactado por Washington, conocido como Reconstrucción, Aceleración Económica y Transformación de Gaza (GREAT, por sus siglas en inglés). Foto Afp

Si bien los sionistas continúan persiguiendo su esquivo “Gran Israel”, Estados Unidos encabeza un proyecto estratégico de alcance mucho más vasto.

La guerra estadunidense-israelí contra Irán ha desviado la atención internacional de Gaza justo cuando Israel transita de un genocidio de alta intensidad a uno de baja. Si bien los sionistas continúan persiguiendo su esquivo “Gran Israel”, Estados Unidos encabeza un proyecto estratégico de alcance mucho más vasto en que Gaza se perfila como un campo de experimentación para una nueva y más letal fase del capitalismo global. 

La crisis de sobreacumulación del capitalismo global genera una intensa presión para la expansión, a medida que la clase capitalista trasnacional (CCT) emprende una búsqueda depredadora de lugares donde colocar ingentes cantidades de capital excedente y abrir nuevos espacios para la obtención de beneficios. Esta expansión violenta conlleva la apropiación de mercados y recursos en todo el mundo mediante la guerra, el desplazamiento y la represión. 

La globalización en la región de Asia occidental se inició en los años 80 y se aceleró con la invasión y ocupación estadunidense de Irak en 2003, así como de un sinfín de acuerdos de libre comercio, programas de ajuste estructural y políticas de austeridad supervisadas por el FMI. Esta globalización desató una cascada de inversiones corporativas y financieras trasnacionales en Asia occidental. Congregó el capital del Golfo, entrelazándolo a todos de manera indisoluble en los circuitos globales emergentes de acumulación. De este modo, las burguesías árabes se transformaron en burguesías trasnacionales, a medida que toda la región se incorporaba al sistema globalmente integrado de producción, finanzas y servicios. 

Israel se integró en estas redes capitalistas trasnacionales en expansión a raíz de los acuerdos de Oslo firmados en 1993, a medida que las burguesías israelí y árabe comenzaban a desarrollar intereses de clase comunes. En 2020, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firmaron los Acuerdos de Abraham, sumándose así a Egipto y Jordania en la normalización de las relaciones con Israel, una apertura que permitió a los grupos de inversión del Golfo inyectar miles de millones de dólares en la economía israelí. 

Entre tanto, al viraje del siglo Israel comenzó a importar mano de obra migrante transitoria para eliminar la necesidad de recurrir a la mano de obra palestina políticamente problemática. Para la década de 2010, cientos de miles de trabajadores migrantes procedentes de Tailandia, China, Nepal, Sri Lanka, India, Europa del Este, Filipinas, Kenia y otros lugares pasaron a constituir la fuerza laboral predominante en la agroindustria israelí y, cada vez más, en otros sectores de la economía. 

A medida que el proletariado palestino se convirtió en humanidad excedente, se interponía no sólo en el camino de la expropiación de sus tierras, sino también en el de una nueva ronda de expansión capitalista global en todo Oriente Medio. El genocidio se fue convirtiendo, cada vez más, en una opción atractiva tanto para el Estado sionista como para los sectores más violentos y depredadores de la CCT.

El significado más amplio del “Consejo de Paz” (Consejo del Genocidio) cobra ahora nitidez, arrojando luz sobre el emergente complejo hegemónico del capital trasnacional que se sitúa en el epicentro del actual torbellino mundial. Este bloque triangular congrega a las gigantes tecnológicas, al capital financiero trasnacional y al complejo militar-industrial, y tiene fuertes inversiones en Israel. Este complejo está profundamente involucrado en sistemas trasnacionales de guerra, control social, represión y vigilancia que se están digitalizando, automatizando e integrando en la economía y la sociedad globales. 

Estos sistemas constituyen una importante vía para descargar el excedente de capital acumulado, al tiempo que abren a la fuerza el acceso a mercados y recursos. Israel es el tercer centro tecnológico más grande del mundo. Se globalizó con base en un complejo de alta tecnología, militar, de seguridad y de vigilancia. Su economía se nutre de la violencia, los conflictos y las desigualdades permanentes a escala local, regional y global. 

El genocidio israelí constituye un macabro laboratorio para la nueva modalidad de acumulación de la CCT, conocida como Pax Silica, fundamentada en una alianza entre Israel y los Estados del Golfo que debía consolidarse por medio del Consejo del Genocidio, inaugurada por Trump en enero pasado. 

Israel es una potencia tanto en tecnologías digitales como militares, habiendo combinado ambas en su represión contra el pueblo palestino. 

El consejo tiene por objeto abrir la franja a sus recursos de gas y petróleo, a sus bienes raíces frente al mar y a su potencial turístico. Sin embargo, su misión fundamental consiste en convertir a Gaza en un centro neurálgico para el eje de poder público-privado, en torno al cual la tecnología y las finanzas gozarán de total libertad para desarrollar un feudo corporativo soberano. 

Israel ha hecho caso omiso del cese al fuego, en tanto se filtró a la prensa un plan para Gaza redactado por Washington, conocido como Reconstrucción, Aceleración Económica y Transformación de Gaza (GREAT, por sus siglas en inglés). Dicho proyecto contemplaba una salida “voluntaria” de los palestinos hacia otro país y una serie de megaciudades de alta tecnología y criptomonedas impulsadas por inteligencia artificial. 

Aquellos palestinos que se queden como mano de obra barata serán estrictamente controlados mediante la vigilancia biométrica israelí. 

Gaza fue la primera guerra de inteligencia artificial del siglo XXI: un genocidio algorítmico. Si el trumpismo global se sale con la suya, Gaza se convertirá en el banco de pruebas donde las clases dominantes subyugarán mediante el autoritarismo tecnocrático la sangre y el capital. Mientras tanto, los palestinos continuarán resistiendo, tal como lo han hecho durante más de un siglo. 

William I. Robinson: Profesor distinguido de sociología en la Universidad de California en Santa Bárbara.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/05/31/opinion/consejo-del-genocidio-y-eje-washingtonisrael

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«Si la Unión Europea impusiera a Israel la mitad de las sanciones que impone a Rusia, salvaría a miles de palestinos»

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Entrevista a Ilan Pappe

«Si la Unión Europea impusiera a Israel la mitad de las sanciones que impone a Rusia, salvaría a miles de palestinos»



Por Meritxell Freixas | 01/06/2026 | Palestina y Oriente Próximo

Fuentes: El Diario

“[La guerra contra Irán] es una guerra política que tenía como objetivo ayudar a Netanyahu a ganar las próximas elecciones”, señala el autor de ‘El final de Israel’.

Referente de la corriente de “nuevos historiadores” israelíes, que desde los años 80 cuestionan el relato oficial sionista sobre la fundación de Israel, Ilan Pappé es una de las voces más destacadas sobre colonialismo y ocupación de la Palestina histórica. Su último libro, El final de Israel, describe las señales del colapso que, según él, el país hebreo ya ha empezado a transitar y que culminará en un futuro no tan lejano.

Oriundo de Haifa y hoy profesor en la Universidad de Exeter, Reino Unido, donde se instaló en 2007 por las amenazas que recibió tras investigar la limpieza étnica contra la población palestina, es un firme defensor de la creación de un único Estado laico y democrático para árabes y judíos.

Es conocido por su defensa del boicot y las sanciones a Israel y sostiene que la Unión Europea (UE) debería “desempeñar un papel mucho más eficaz en el cambio”, pero no lo hace porque “los políticos aquí tienen miedo”.

Atiende a elDiario.es en una visita a Barcelona para participar en la Fira Literal y debatir sobre colonización, apartheid y genocidio.

¿Cómo ha cambiado el conflicto entre Israel y Palestina con el segundo gobierno de Donald Trump? 

Trump en su segundo período trajo algo nuevo que es el apoyo internacional total de Estados Unidos a Israel. Haga lo que haga. La pregunta no es Trump. Trump no va a cambiar. La pregunta es después de Trump, ¿qué? ¿Ha cambiado realmente el Partido Demócrata? Yo creo que sí. Y creo que será una América muy diferente dentro de diez años. Trump representa la América de antaño, no la nueva. 

¿Hay una nueva América por llegar?

No solo eso. Quienes apoyan a Trump empiezan a sospechar que Israel lo está manipulando. Algunos miembros de su propio partido, incluido el vicepresidente, creen que la guerra en Irán se produjo porque Netanyahu convenció a Trump y que fue una decisión estúpida. No quieren una guerra en Irán.

El Mossad convenció a Trump de que esto sería como Venezuela, que en dos o tres semanas obtendrían mucho petróleo iraní y Teherán diría ‘lo que usted quiera’. Sin embargo, Irán está ganando en muchos sentidos y el panorama general no ha cambiado, excepto por los precios del petróleo. Habrá que esperar para evaluar el efecto Trump, porque aún no ha terminado y ahora la situación es un poco distinta a la del principio, cuando Netanyahu parecía tener carta blanca. Él quiere que la guerra contra Irán y contra Líbano continúe porque cree que eso lo hace más popular.  

¿Esta hipótesis que sostiene sobre el final de Trump conecta con la tesis de su nuevo libro El final de Israel, sobre el final del sionismo y la llegada de una nueva época?

Todo va de la mano. Ahora estamos en un mal capítulo de la historia en Palestina, en Estados Unidos, lo que pasó en Venezuela, Cuba… Pero creo que ese es el final de este capítulo. Lo que sostengo en mi libro es que en 10, 15 o 20 años será muy difícil seguir así, con este tipo de política y este tipo de agresión. El Estado sionista no podrá sostenerse social, económica y militarmente. La reacción estadounidense contra Trump también salpicará a Israel por todo lo que le contribuyó en su mandato. Es un proceso lento. No sucederá mañana ni pasado mañana. Pero este proceso ha comenzado. 

¿En qué lo observa?

Por ejemplo, en (el alcalde Zohan) Mamdani en Nueva York. Antes, para ser candidato del Partido Demócrata en Estados Unidos, era clave mostrar un apoyo incondicional a Israel. Ahora, para ser presidente demócrata, la clave es mostrar apoyo a los palestinos. Es un cambio radical.

¿Cómo se producirá este cambio en el Estado israelí, vendrá empujado desde adentro?

Vendrá de afuera. Después, quizás el cambio llegue desde dentro. Pero primero se necesita que el mundo, la región y el mundo árabe digan ‘basta’, ‘ya no son legítimos’. Ahí es cuando empezará todo. Empezará cuando los países árabes dejen de normalizar sus relaciones, cuando la UE empiece a imponer sanciones y, eventualmente, Estados Unidos se unirá a ellos. Todo eso es necesario. También se necesita un movimiento nacional palestino más unido porque está fragmentado y, si mañana Israel se va, no hay un relevo. Y vendrá con la visión de un solo Estado. Si seguimos hablando de dos Estados, la misma situación continuará durante mucho tiempo.

¿Por qué apuesta por un solo Estado como salida? 

Debe ser un solo Estado para palestinos y judíos. Ya existe un Estado, pero hoy es un Estado de apartheid. Debe convertirse en un Estado democrático a través de la presión externa y la insistencia de los palestinos en que esto es lo que quieren. Israel es una minoría y depende del mundo árabe. Si el mundo árabe decide que quiere la liberación de Palestina, ni siquiera tiene que ir a la guerra con Israel. Solo tiene que decir: “Eso es lo que quiero”. Pero no lo están diciendo por varias razones: no son democracias, son gobernantes a los que Israel ayuda a mantenerse en el poder y todos quieren ser amigos de EEUU —e Israel es el mejor amigo de Washington—. 

¿Cuándo empezará este proceso de cambio?

En mi libro digo que esto no sucederá al menos hasta 2048. Tenemos que esperar. Pero no ocurre de la noche a la mañana. Hay etapas, es un proceso. Ojalá dentro de diez años empecemos a ver cambios más drásticos. 

A raíz del genocidio en Gaza, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden de detención contra Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en la Franja. También hay una acusación de genocidio contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia. ¿Tiene confianza en el derecho internacional?

No mucha. Me alegra que el procedimiento se esté llevando a cabo; que se esté utilizando el lenguaje adecuado, pero no creo que realmente tengan el poder de cambiar la realidad porque Estados Unidos está tratando a la Justicia como criminales. El impacto será a largo plazo.

Dentro de muchos años, cuando miremos atrás, diremos que fue un momento importante, pero lamentablemente no será el próximo año o dentro de dos. Además, necesitamos reestructurar todo el sistema jurídico internacional porque no está funcionando contra países como Israel, que no va a ser tratado como Rusia. 

¿Queda en el plano simbólico entonces?

Sí, a menos que alguien tenga el valor de decir ‘arrestaré al señor Netanyahu si viene a mi país’. Pero no creo que eso vaya a suceder.

Hacia septiembre del año pasado, varios países –entre ellos Francia, Reino Unido, Canadá, Australia, Portugal– reconocieron el Estado palestino. Otros han rechazado públicamente abusos y violencias de Israel. ¿Sirve de algo la presión diplomática si no se toman acciones concretas más contundentes?

La presión diplomática no basta. Son muchas palabras y muy poca acción. Lo único que serviría serían las sanciones. Sería la única solución. Si la UE impusiera a Israel el 50% de las sanciones que impone a Rusia, salvaría la vida de miles de palestinos. Lo mismo ocurrió en Sudáfrica.

Usted ha puesto como ejemplo el final del apartheid sudafricano como posible salida a la ocupación israelí. ¿Cómo sería?

Absolutamente. En Sudáfrica, mientras las acciones se limitaron al boicot y a la desinversión, no lograron la caída del régimen del apartheid. En el momento en que los gobiernos estuvieron dispuestos a seguir a sus sociedades y añadieron al boicot las sanciones, la presión internacional se convirtió en una herramienta eficaz para ayudar al Congreso Nacional Africano a derrocar el régimen del apartheid. Ese fue el camino, junto con la lucha interna, por supuesto.

Aunque muchos países siguen acogiendo a Israel en eventos culturales y deportivos, cada vez van apareciendo más muestras de rechazo internacional hacia este país. ¿Ha sido un punto de inflexión el genocidio en Gaza y la guerra?

Sí, el apoyo social a Palestina no tiene precedentes. No se compara con ningún otro período de la historia. Disminuyó un poco después del alto el fuego en octubre de 2025, pero aún se mantiene en niveles nunca antes vistos. Creo que los palestinos tienen una oportunidad histórica para aprovecharla, pero están demasiado divididos. Necesitan unirse para sacar el máximo provecho de este apoyo. Porque este momento es excepcional.

Dice en su libro que cuanto más derechista y neosionista sea la política de Israel, más aislado se irá quedando. Sin embargo, nadie lo ha apartado a nivel económico, sigue exportando sus productos y tecnología de guerra a todo el mundo.

No se puede dar por sentado que la gente siempre comprará armas israelíes, no es el único en el mundo que produce armas. Es como cuando los diamantes se convirtieron en diamantes de sangre del Congo y la gente dejó de comprarlos. Puede que la gente lo encuentre cada vez más problemático y no se puede construir una economía solo sobre la industria armamentística.

Al final, no depende de EEUU, depende de la UE. La UE es el socio comercial más importante de Israel. Si la UE bloqueara el comercio, Israel estaría en una posición muy problemática. La UE puede desempeñar un papel mucho más eficaz en el cambio, pero los políticos aquí tienen miedo a hacerlo.

Usted separa el sionismo histórico del sionismo de hoy, a pesar de que, dice, tienen mucho en común. ¿En qué se diferencian?

Hay muchas cosas que son iguales en ambos, al final es el colonialismo de asentamiento. Pero el sionismo de hoy es más mesiánico, mucho más teocrático, más racista, más peligroso y mucho más extremo. No solo para Palestina, sino también para los países vecinos. El histórico era imposible, pero aun así esperaban conciliar, de alguna manera, valores universales como la democracia o el liberalismo, con el racismo y el colonialismo.

Una pregunta que debe haber respondido muchas veces… ¿Cómo puede un pueblo que ha sufrido tanto llegar hasta este punto? 

Las víctimas a menudo se convierten en victimarios. Los niños que sufrieron abusos tienen muchas probabilidades de ser padres abusivos. Así que, en primer lugar, psicológicamente podemos entenderlo. En segundo lugar, creo que hay un malentendido: la mayoría de los judíos que viven hoy en Israel no son víctimas del Holocausto. El número de personas que realmente sufrieron el Holocausto en Israel es muy reducido y no reciben un trato justo.

La mayoría de los judíos que murieron en el Holocausto no eran sionistas. Muchos creían en el socialismo, eran judíos religiosos. Los nazis mataron a muy pocos sionistas y mataron a muchos judíos. Por lo tanto, no es que las víctimas del Holocausto sean quienes hagan esto. Es el Estado que se autoproclama representante de las víctimas quien lo hace.

¿Habrá consecuencias para Netanyahu por el conflicto entre Israel y Palestina y el genocidio en Gaza en este año electoral?

No sabemos qué consecuencias puede tener todo esto para Netanyahu porque tiene una base de apoyo que no sabemos cómo es de grande, de gente que le votará pase lo que pase. En noviembre de 2022, esa base le bastó para obtener más de 64 escaños.

Las encuestas indican que esta vez no los conseguirá y que no tendrá los suficientes votos para formar gobierno. Por eso, podría impedir que se celebren las elecciones o alegar que fueron fraudulentas. Incluso si pierde las elecciones, no será el final de Netanyahu. Si pierde, volverá. Y no estoy seguro de que vaya a perder.

¿Qué futuro vaticina para la guerra de EEUU e Israel contra Irán? 

Creo que no habrá un gran acuerdo. De repente, todos dirán: ‘hemos ganado’. Estoy seguro de que terminará así. Y terminará cuando haya elecciones de medio mandato en Estados Unidos y elecciones en Israel. No antes porque la guerra es muy política. No tiene nada que ver con el peligro para la existencia de Israel o las bombas atómicas. Es una guerra política que tenía como objetivo ayudar a Netanyahu a ganar las próximas elecciones.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/ilan-pappe-si-ue-impusiera-israel-mitad-sanciones-impone-rusia-salvaria-miles-palestinos\_1\_13249506.html

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