Chile no es pobre. Chile es el supermercado del hemisferio norte
Chile tiene cobre, litio, agua, fruta, cobre, más cobre, pescado, vino. El país está literalmente lleno de weás que el mundo necesita. Y sin embargo, el chileno promedio vive endeudado, con pensiones de hambre y salud que da vergüenza.
¿Por qué? Porque no somos dueños de nada.
Los recursos se los llevan afuera. Las transnacionales compran barato, venden caro. El Estado recibe migajas. Y las políticas públicas las diseñan los mismos que se benefician de esa extracción: el FMI, el lobby minero internacional, los fondos de inversión con sede en Delaware.
Somos 17 millones de personas descartables en un mapa. Suficientes para producir y consumir, insuficientes para exigir con peso global. La élite local es apenas el gerente de sucursal de un imperio que no tiene patria.
Lo más penoso: la gente es manipulable. Les venden miedo al comunismo, les venden al empresario como héroe, les venden que el pobre es pobre porque quiere. Y mientras tanto, los dueños del mundo se llevan el litio por dos pesos, financian campañas políticas, instalan presidentes a su medida.
No hay "destino manifiesto". Hay un diseño. Y funciona perfecto: una nación rica en recursos, con una población dividida, educada para odiarse entre sí y aplaudir a sus propios explotadores.
Chile no tiene futuro mientras su riqueza alimente a otros y su gente siga creyendo que el enemigo es el vecino.
¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo el supermercado barato del mundo?