u/gaelenrose

[In Progress] [10k] [Thriller] Forged In The Flames

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Opinions on the plot, pacing, and characters, please. The book contains some scenes—involving non-consensual medical procedures and psychological violence—that may disturb sensitive readers. There is minimal graphic violence and no sexual content.

I will to do the same: review the plot, pacing, and characters. No gore, horror, or romance.

That evening Michele pulled the eggplants out of the fridge to start dinner. He set them on the kitchen island and looked out the window, thinking about the last candidate. He felt pretty confident he'd made the right call.

Outside, night had fallen, and it was still pouring. Honestly, it hadn't stopped raining since he'd arrived in that small town in Washington State. The landscape around it could be spectacular, but the weather was depressing.

Six chimes marked the hour, and a couple of minutes later came the sound of the front door, followed by laughter and muffled shouts.

Mick came through the living room, Holden and Braith right behind him. All three were soaked to the bone.

"What a night to drag us out in!" Holden laughed, peeling off his rain jacket and hanging it on the back of one of the kitchen stools.

"Towels are upstairs, and your bags already arrived," Michele said, a mischievous glint in his eyes. "Ora salite lassù in fretta, bastardi! You're wrecking the floor and I'll be the one mopping it up. Dinner's ready when you are!"

The three of them headed upstairs, and half an hour later reappeared freshly showered, in dry clothes.

"What'd you bring us?" Mick asked, leaning against the counter.

Michele stopped chopping eggplant and pointed his knife at a stack of folders on the living room table.

"Wasn't easy, but I think I've got a candidate. Where's Gao?"

"No idea," Mick said, pulling out his phone and typing fast.

The answer came back instantly. The phone buzzed to the opening riff of Back in Black for a few seconds while the screen lit up.

"Running late. His flight got delayed. Says not to wait for him."

Braith brought over the files. When he set them on the counter, Mick grabbed the thickest one and started flipping through pages fast.

"Salt and oil," Michele said.

Holden slid the ingredients over but didn't step back - he lingered, watching him chop and season.

"You mind moving?" Michele asked, turning around.

"My mouth's already watering," Holden said, grinning.

Mick looked up from the file.

"They convicted him on drugs, Michele. Trafficking. Did you see that?"

"He does drugs?" Holden asked, coming over to look at the document. The smile had shifted into a worried frown. "You know that could be a problem for the Program."

"I'm aware," Michele muttered, sliding the eggplant into the oven. "And I know it's a line we don't usually cross, but I think turning him down would be a mistake in this case."

hat evening, Michele pulled the eggplants out of the fridge to start dinner. He set them on the kitchen island and looked out the window, thinking about the last candidate. He felt pretty confident he'd made the right call.

Outside, night had fallen, and it was still pouring. Honestly, it hadn't stopped raining since he'd arrived in that small town in Washington State. The landscape around it could be spectacular, but the weather was depressing.

Six chimes marked the hour, and a couple of minutes later came the sound of the front door, followed by laughter and muffled shouts.

Mick came through the living room, Holden and Braith right behind him. All three were soaked to the bone.

"What a night to drag us out in!" Holden laughed, peeling off his rain jacket and hanging it on the back of one of the kitchen stools.

"Towels are upstairs, and your bags already arrived," Michele said, a mischievous glint in his eyes. "Ora salite lassù in fretta, bastardi! You're wrecking the floor and I'll be the one mopping it up. Dinner's ready when you are!"

The three of them headed upstairs, and half an hour later reappeared freshly showered, in dry clothes.

"What'd you bring us?" Mick asked, leaning against the counter.

Michele stopped chopping eggplant and pointed his knife at a stack of folders on the living room table.

"Wasn't easy, but I think I've got a candidate. Where's Gao?"

"No idea," Mick said, pulling out his phone and typing fast.

The answer came back instantly. The phone buzzed to the opening riff of Back in Black for a few seconds while the screen lit up.

"Running late. His flight got delayed. Says not to wait for him."

Braith brought over the files. When he set them on the counter, Mick grabbed the thickest one and started flipping through pages fast.

"Salt and oil," Michele said.

Holden slid the ingredients over but didn't step back - he lingered, watching him chop and season.

"You mind moving?" Michele asked, turning around.

"My mouth's already watering," Holden said, grinning.

Mick looked up from the file.

"They convicted him on drugs, Michele. Trafficking. Did you see that?"

"He does drugs?" Holden asked, coming over to look at the document. The smile had shifted into a worried frown. "You know that could be a problem for the Program."

"I'm aware," Michele muttered, sliding the eggplant into the oven. "And I know it's a line we don't usually cross, but I think turning him down would be a mistake in this case."

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u/gaelenrose — 3 days ago

¿Merecece la pena?

Comparto el primer capítulo de la novela que estoy escribiendo. Esta dirigida a un público de unos 17 años. Cualquier comentario o crítica es bienvenida. Muchas gracias.

EL CANDIDATO

—Siéntate, por favor.

Alec contempló al hombre con una mezcla de curiosidad y desconfianza mientras se dejaba caer en el único asiento libre. 

Le pareció mayor. El pelo, negro azabache, comenzaba a volverse gris alrededor de las orejas. También la barba, muy corta y algo más clara que el cabello, empezaba a salpicarse de canas.

Vestía como un abogado: camisa blanca, chaleco azul muy oscuro y una americana a juego, que colgaba cuidadosamente del respaldo de la silla. Sobre la superficie del escritorio se respiraba orden. Las carpetas estaban apiladas a un lado, junto a un maletín de cuero negro, y una pila de papeles ocupaba el extremo contrario.

—Mi nombre es Michele —dijo por fin el hombre, con un tono de voz amable—. ¿Sabes por qué estoy aquí?

Alec no respondió. Inclinó la cabeza hacia delante, cruzó los brazos sobre el pecho y se mantuvo en un obstinado silencio. 

Quisiera lo que quisiera aquel tipo, Alec solo estaba seguro de una cosa: no había venido a sacarlo de aquel embrollo.

 

Su madre, que se había encargado de defenderlo ante el tribunal, no había podido hacer nada por él. Habían perdido el juicio, sin posibilidad de más apelaciones. Su futuro estaba decidido. Dos años en el correccional.

Miró a su alrededor aunque no había mucho que ver.

La habitación estaba limpia. Tanto, que todavía flotaba en el aire un aroma a desinfectante.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Aquel olor, junto a las paredes pintadas de blanco y el suelo de baldosas grises le recordaban demasiado a la sala de extracciones de sangre de una clínica. Ya le habían pinchado en un dedo para tomar una muestra de sangre al entrar en el centro de detención. No estaba dispuesto a dejarse hacer más. Lo único que quería era salir de allí cuanto antes.

—No tienes por qué hablar si no quieres, Alec —dijo Michele mirándolo con sus profundos ojos castaños—, pero creo que podemos ayudarnos mutuamente. No creo que el correccional sea un buen sitio para ti.

—Me parece que eso ya no tiene remedio —respondió el muchacho con tono áspero—. ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué estoy aquí?

—Simplemente me gustaría conocerte un poco mejor —explicó el hombre con una pequeña sonrisa.

—¿Para qué?

Michele salió de detrás del escritorio sin hacer apenas ruido. Apartó unos cuantos papeles y se sentó en el borde de la mesa.

—¿Y si te dijera que puedo acortar tu condena y librarte del correccional?

Michele había bajado la voz casi hasta un susurro. Alec se quedó inmóvil, convencido de que no había oído bien.

—Solo un año —continuó Michele—. Luego regresarás a tu vida como si esto nunca hubiera pasado. ¿Qué me dices?

Alec tragó saliva. Los brazos, que habían permanecido cruzados en una pose desafiante, cayeron a los lados.

—¿Interesado?

—Sí —respondió el chico con un hilo de voz.

—¡Bien! Me parece que empezamos a entendernos. Tienes que firmar la solicitud para que podamos empezar —dijo sacando una hoja de papel impresa y un bolígrafo de la cartera. Se los ofreció a Alec, que los cogió con manos temblorosas y se acercó a la mesa.

En el documento solo figuraba su nombre y un texto breve que indicaba que aceptaba participar en algo llamado Proyecto B-22. No aparecían más detalles.

Dejó un instante el bolígrafo suspendido sobre el papel, dudando, pero las palabras de Michele resonaron en su cabeza. Solo un año. Como si esto no hubiera pasado. 

Escribió su nombre rápidamente, lo acompañó de un pequeño trazo vacilante y volvió a sentarse.

Después de guardar el documento en el maletín, Michele rebuscó en el bolsillo de la chaqueta hasta encontrar una pequeña grabadora.

—¿Te importa? Si en algún momento te sientes incómodo y quieres que la apague, solo tienes que decirlo.

Alec dijo que no con la cabeza.

—Bueno —dijo acomodándose de nuevo tras el escritorio—. Háblame un poco de ti. Dime cómo te llamas, qué edad tienes y qué estudias, para que conste.

—Me llamo Alec Wiley. Tengo dieciséis años y quiero entrar en arquitectura.

—Bien —dijo Michele tomando notas a toda velocidad—. Es una profesión con futuro.

—Eso dicen mis padres.

—¿Hablas mucho con ellos?

—Lo normal, supongo.

—¿Y qué tal con tus hermanos?

—No tengo hermanos. Desde que mis abuelos se fueron a Florida, solo estamos mis padres y yo.

Michele levantó la vista del papel.

—¿Te habría gustado tenerlos?

Alec bajó la mirada y se mordió el labio antes de responder.

—Mucho —admitió en voz baja.

—Las cosas no siempre funcionan como nos gustaría —dijo Michele con tono pensativo—. A veces la vida es así.

—Supongo que sí —respondió Alec encogiéndose de hombros y mirando hacia otro lado.

Michele se metió un caramelo en la boca y le ofreció otro a Alec.

—Vale. Siguiente pregunta. ¿Qué se te da bien? ¿Hay algo en lo que destaques?

—La gente dice que dibujo bastante bien.

Los labios del muchacho se curvaron hacia arriba con orgullo y el brillo regresó a su mirada.

—Eso te será útil cuando seas arquitecto. ¿A qué universidad planeas ir?

—Mis padres quieren que entre en la Universidad de Washington. Tiene un buen programa de arquitectura.

Michele garabateó rápidamente sobre el papel con el ceño ligeramente fruncido. Hizo una pausa mientras revisaba sus notas y luego continuó con voz tranquila.

—¿Recuerdas la última vez que pensaste «no puedo con esto»? Cuéntame qué hiciste...

—No quiero recordar eso ahora. ¿Podemos pasar a la siguiente pregunta?

Los dedos de Michele tamborilearon sobre la mesa y las miradas de ambos se encontraron.

—Frustrarse no tiene nada de raro —respondió Michele—. La mayoría de la gente simplemente aprende a esconderlo, pero todos pasamos por momentos así.

Alec suspiró y bajó la vista. Las runas grabadas sobre el anillo que llevaba en la mano derecha comenzaron a deslizarse cuando Alec lo hizo girar alrededor de su dedo.

—Si las cosas no salen, no salen. Hay que seguir y punto —dijo el muchacho por fin con amargura.

—¿Te pasa a menudo? —preguntó Michele con suavidad—. ¿Que las cosas no te salgan bien?

Alec se encogió de hombros.

—Estoy aquí, ¿no?

—Entiendo —dijo Michele—. Pero no todo el mundo es capaz de seguir avanzando después de un fracaso. ¿Tú sí?

—Sí, pero me gustaría…

Michele lo contempló un instante sin decir nada.

—No tropezar tanto.

Alec esperó, entreteniéndose en apoyar el pie sobre la punta y subir y bajar el talón rítmicamente sin que llegase a tocar el suelo, mientras Michele volvía a escribir.

—Sé que son muchas preguntas, Alec —dijo dejando el bolígrafo a un lado—. Terminaremos en seguida. Si necesitas un momento…

—No —aseguró el muchacho—. Quiero continuar.

—Entonces... ¿Practicas algún deporte?

—Normalmente no, aunque me gusta ir a ver los partidos de baloncesto del instituto y patinar sobre hielo.

—¿Qué haces normalmente después de clase?

—Dibujo. Salgo por ahí. Estudio…

—Yo crecí en una ciudad grande. Bellingham es tan pequeño en comparación que creo que me aburriría.

Alec se encogió de hombros.

—No creas. Se puede pescar, cazar o hacer senderismo, si te gustan esas cosas. No sé cómo será en otras partes porque siempre he vivido aquí.

—¿Te gustaría cambiar de aires?

A Alec se le iluminó la mirada y asintió.

—Bien. Estoy seguro de que tendrás la oportunidad muy pronto. Las siguientes preguntas son muy importantes. Tenemos que saber si tienes necesidades especiales antes de incluirte en el programa. ¿Alguna enfermedad grave?

—No —respondió el muchacho sacudiendo la cabeza—. Nunca.

—¿Problemas físicos? ¿Alguna lesión? ¿Algo que te impidiera seguir el ritmo en clase?

—Tampoco.

—Dame un minuto —dijo Michele abriendo una carpeta de cartulina verde y hojeando el interior.

Alec estiró el cuello con la esperanza de ver cuántas preguntas quedaban, o quedarse con la certeza de que estaba causando buena impresión.

—¿Te incomodan los exámenes médicos? —preguntó mientras la carpeta verde desaparecía dentro de la cartera de cuero.

Alec dudó un instante.

—Un poco. Pero supongo que a nadie le gustan, ¿no?

—Tienes razón —respondió Michele con una sonrisa—. Bien, Alec, penúltima pregunta. Ya casi estamos. Necesito que me cuentes por qué estás aquí.

Alec se quedó paralizado y, a la vez, sintió cómo el calor se le agolpaba en las mejillas. No es justo, protestó su cerebro mientras la vista se deslizaba al suelo. En un tono de voz tan bajo que Michele tuvo que inclinarse para escuchar, volvió a explicar lo que le había repetido a todos los adultos durante incontables declaraciones:

—Fui a hacerle un favor a un tío de mi clase y hubo un malentendido. Yo no me drogo. Nunca lo he hecho.

Alec esperó en silencio las palabras de rechazo; Michele, a que el muchacho levantase la mirada.

—No estoy aquí para juzgarte, Alec —le aseguró con voz cálida cuando fue evidente que el chico no tenía intención de volver a mirarlo—. Todo eso ya ha pasado. Pero, si te damos una segunda oportunidad, tengo que estar seguro de que la aprovecharás.

—Lo haré. Quiero ir a la universidad y hacerme cargo del estudio de mi padre. No volveré a meterme en líos. Se lo prometo.

Michele apagó la grabadora.

—Te creo, y creo que encajas muy bien en el programa, pero no puedo darte una respuesta definitiva hasta mañana por la mañana. Tenemos otros candidatos. Espero que lo entiendas.

—Claro —respondió. Y calló enseguida para que no se notase el nudo que llevaba en la garganta.

Michele se levantó, se dieron un apretón de manos y el guardia entró para llevarlo a su celda. 

La has pifiado otra vez, susurró una voz traicionera en su cabeza mientras recorrían los pasillos. Alec no pudo estar más de acuerdo.

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u/gaelenrose — 3 days ago

Escribiendo una novela para joven adulto

Estoy escribiendo una novela para un público de unos 17 años. El caso es que estoy buscando feedback para saber si merece la pena y no sé si está bien publicar aquí algún capítulo.

Por lo que visto los textos son mas maduros y más poéticos que el mio.

Me ayudaría saber que opinan sobre publicarlo aquí.

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u/gaelenrose — 4 days ago