Escombros
Nos transformamos.
Como todo en esta vida, estamos cambiando.
Creció todo en nosotros: el cabello, el cuerpo y la mente.
Ese fue el cambio más peligroso, el que está haciendo de ti y de mí un recuerdo.
No crecimos juntos.
Crecimos cerca uno del otro. Y, por similar que parezca, hay muchas diferencias.
Tú ya no eres yo y yo ya no soy tú.
Y la transformación y el crecimiento, que se suponía nos harían tener cimientos fuertes, realmente colapsaron el edificio en el primer terremoto.
Y ahora solo tenemos escombros.
Casi vagabundos, intentamos crear una casa con trozos de techo, de paredes y de puertas.
Y, aunque a veces nos cubre del frío, es tan frágil que cualquier ventisca lo destroza todo.
Y tenemos que empezar de nuevo.
Y lo hacemos.
Una y otra vez, iniciamos un nuevo refugio con los pedazos que encontramos.
Pero realmente es solo eso:
un refugio.
No una casa.
No un hogar.