Este escrito está hecho por IA, si parece o no? Quería ver qué tan bien copiaba, ya que está de moda
Un silencio sepulcral inunda la sala. Solo se escucha el chisporroteo de unas pocas antorchas azules, el suelo de mármol negro refleja la luz de la luna llena que entra por un enorme ventanal gótico.
ALISTAIR está arrodillado frente a un altar de piedra. Sus manos tiemblan y Frente a él hay una daga de cristal oscuro y un frasco con un líquido plateado que brilla con luz propia: Éter de Almas.
Alistair respira de forma entrecortada. Se corta la palma de la mano con la daga y deja caer tres gotas de sangre en el frasco. El líquido hierve.
ALISTAIR:
(En un susurro quebrado)
Padre te dio la corona. Los dioses te dieron la Luz del Alba. ¿Y a mí? A mí me dejaron las sombras de tu brillo, Valerius, pero la luz siempre proyecta la sombra más larga... y hoy la sombra te va a tragar.
Alistair oculta la daga en la manga de su túnica y esconde el frasco, se pone en pie, recompone su postura y respira hondo. Forzando una sonrisa cálida.
PASILLO DEL PALACIO DE CRISTAL - MINUTOS DESPUÉS
Paredes de mármol blanco, estandartes dorados. Todo lo contrario a la habitación anterior.
VALERIUS camina con paso firme. Lleva una armadura ceremonial impecable; una sutil aura dorada emana de sus hombros. Al ver a Alistair al fondo del pasillo, su rostro se ilumina de alegría genuina.
VALERIUS:
¡Alistair! Te he buscado por todo el bastión. El consejo insiste en que bendiga las tierras del norte mañana, pero no quería marcharme sin brindar contigo.
Alistair da un paso al frente, abriendo los brazos en un gesto de falso afecto.
ALISTAIR:
Hermano. Precisamente por eso te buscaba. He preparado algo especial en tus aposentos. Un vino de las tierras del sur, para celebrar tu... inminente gloria.
Valerius le pone una mano pesada y afectuosa en el hombro. Alistair tensa los músculos, ocultando el asco.
VALERIUS:
No sé qué haría sin ti, hermano. Mientras yo cargo con el peso de la espada, tú eres la mente que sostiene este reino. Vamos.
APOSENTOS DE VALERIUS - CONTINUO
Una habitación lujosa. Hay dos copas de plata sobre una mesa de madera tallada. Alistair se adelanta rápidamente, dándole la espalda a Valerius mientras vierte el vino.
Con un movimiento ágil de dedos, destapa el frasco de Éter de Almas y vierte el contenido plateado en la copa de Valerius. El líquido se disuelve al instante sin dejar rastro.
Alistair se gira y le tiende la copa a su hermano.
ALISTAIR:
Por el Elegido. Por el rey que nunca caerá.
Valerius toma la copa, mirándolo a los ojos con profunda gratitud.
VALERIUS:
Por nuestra sangre, Alistair. Juntos hasta el fin.
> **EFECTO VISUAL:** Valerius da un largo trago. En el momento en que el vino pasa por su garganta, las venas de su cuello se tiñen brevemente de un color negro azabache.
Valerius baja la copa y de repente, parpadea con fuerza. Se lleva una mano a la cabeza, tambaleándose.
VALERIUS:
(Con voz pastosa)
Alistair... ¿qué... qué tiene este vino? Siento... siento frío. El fuego del Alba... se está apagando.
Alistair no se mueve. Su expresión cálida se evapora, reemplazada por una frialdad gélida. Deja su propia copa intacta sobre la mesa.
**ALISTAIR**
No se está apagando, Valerius. Se está muriendo. El Éter de Almas consume la magia divina desde adentro: es un veneno diseñado para dioses. Y tú... solo eres un hombre con suerte.
Valerius cae de rodillas. El aura dorada a su alrededor parpadea como una vela a punto de extinguirse e intenta canalizar su magia, pero de sus manos solo brotan chispas grises y humo. Mira a su hermano con horror y dolor, por la traición.