Dejé de mirarme en el espejo del baño después de lo que pasó hace tres noches.
No soy una persona supersticiosa.
Nunca he creído en fantasmas, demonios ni cosas de ese estilo.
Lo que voy a contar ocurrió hace tres noches y todavía no encuentro una explicación.
Todo empezó por una tontería.
Una mañana, mientras me lavaba los dientes, tuve la sensación de que mi reflejo tardó una fracción de segundo en copiar uno de mis movimientos.
Fue algo tan pequeño que pensé que había sido un parpadeo.
No le di importancia.
Al día siguiente volvió a pasar.
Levanté la mano.
Mi reflejo hizo exactamente lo mismo... pero un instante después.
Era un retraso tan corto que cualquiera diría que estaba imaginándolo.
Pasé varios minutos haciendo movimientos rápidos.
No volvió a ocurrir.
Pensé que me estaba obsesionando.
Esa noche le conté a un amigo.
Se rió de mí.
Me dijo que llevaba demasiadas horas sin dormir.
Le hice caso.
Pero empecé a evitar mirar el espejo demasiado tiempo.
Tres días después decidí grabarme.
Puse el teléfono sobre el lavabo y empecé a mover los brazos delante del espejo.
En directo no vi nada raro.
Revisé el vídeo.
Todo era normal.
Estuve a punto de borrarlo.
Hasta que me fijé en un detalle.
En un momento, yo bajo la cabeza para cerrar el grifo.
Mi reflejo tarda un segundo más.
Solo un segundo.
Pero durante ese segundo...
Sigue mirándome fijamente.
Sentí un escalofrío.
Pensé que era un fallo del vídeo.
Lo reproduje otra vez.
Y otra.
Siempre ocurría igual.
Apagué el móvil y decidí no volver a darle vueltas.
A la mañana siguiente tapé el espejo con una toalla.
No quería verlo.
Esa misma noche me despertó un ruido en el baño.
Como si alguien hubiera retirado la tela.
Encendí la luz.
La toalla seguía en su sitio.
Pero el espejo estaba completamente limpio.
Ni una sola gota.
Ni una sola arruga en la tela.
Como si alguien la hubiera estirado desde dentro.
No dormí.
Al amanecer reuní valor y retiré la toalla.
Mi reflejo estaba allí.
Normal.
Respiré aliviado.
Entonces levanté la mano.
Mi reflejo no hizo nada.
Seguía quieto.
Mirándome.
Durante dos o tres segundos.
Después sonrió.
Yo no.
Salí corriendo del baño.
Desde entonces hay una regla en mi casa.
Nunca entro al baño con la luz apagada.
Nunca miro un espejo durante más de unos segundos.
Y, sobre todo...
Nunca vuelvo para comprobar si mi reflejo sigue allí.
Porque la última vez que lo hice...
Ya no estaba imitando mis movimientos.
Estaba esperando a que yo hiciera el primero.