Historias de un fueguino: El loco del hacha de Ushuaia
Viví en Ushuaia prácticamente toda mi vida. Más de veinte años viendo cómo esta ciudad cambia de cara dependiendo del clima, de la nieve, de la hora y de la gente que llega buscando “el fin del mundo” sin entender demasiado qué significa realmente vivir acá. Con mis amigos recorrimos casas abandonadas, montes de noche, hospitales viejos, galpones destruidos y escuchamos historias que probablemente nunca salgan de Tierra del Fuego. Algunas son exageraciones y otras no tanto. Pero si hay un caso que se convirtió en una especie de leyenda moderna fueguina, fue el del “loco del hacha”.
Corría agosto de 2019, final del invierno. No era una noche particularmente distinta a cualquier otra en Ushuaia. Frío húmedo, calles medio congeladas, viento cortando la cara y esa sensación constante de aislamiento que tiene la ciudad cuando oscurece temprano. En esa época eran comunes los cortes recurrentes de luz momentáneos en algunos sectores y la ciudad tenía ese clima raro de calma incómoda que cualquiera que haya vivido acá conoce bien. Una ciudad tranquila en apariencia, pero con mucha gente rota por dentro.
Esa noche, un hombre entró al Sanatorio San Jorge con un hacha. No fue una pelea, no fue un robo y no fue alguien borracho haciendo quilombo. Entró convencido de que le habían robado el corazón. Según gritaba, los médicos le habían sacado órganos. algunos aseguraban que acusaba directamente a la clínica de haberle arruinado la vida; así mismo, como siempre pasa en Ushuaia, las versiones empezaron a deformarse a los pocos minutos.
Hay algo que sí quedó claro para todos los que vieron los videos o escucharon los audios de WhatsApp esa madrugada y es que el tipo estaba completamente quebrado mentalmente. Las imágenes que circularon después parecían escenas de una película barata de terror; Vidrios explotados, computadoras destruidas, sangre en el piso, muebles dados vuelta y médicos encerrándose mientras escuchaban los gritos desde los pasillos. El sonido del hacha pegando contra las paredes era seco, metálico.
Y después estaban los audios. En Ushuaia los audios de WhatsApp se convierten en folklore instantáneo. Más todavía cuando pasa algo tan grave. Esa noche explotaron grupos enteros con mensajes de gente llorando, describiendo lo que veía desde adentro, contando que el hombre gritaba desesperado que le habían robado el corazón. Había algo particularmente desgarrador en eso. No sonaba solamente violento. Sonaba desesperado. Como alguien que ya estaba perdido desde antes de entrar.
Con el tiempo aparecieron mil versiones distintas... Que al padre lo habían dejado morir ahí, o había estado internado antes; Se decía que sufría esquizofrenia severa y que había denunciado cosas años atrás y nadie le dio bola; también el consumo de drogas o que estaba perseguido por delirios paranoides hacía muchísimo tiempo.
En Ushuaia la verdad nunca tarda mucho en mezclarse con el rumor ¿pero que es lo que había pasado realmente? El caso ocurrió el 26 de agosto de 2019 en el Sanatorio San Jorge de Ushuaia. El hombre involucrado fue identificado como Rodrigo Alejandro “Roly” Sánchez (de 26 a 30 años). Entró armado con un hacha y destruyó parte de la guardia mientras gritaba que le habían robado el corazón y otros órganos. Según trascendió después, atravesaba un severo cuadro psiquiátrico y habría tenido antecedentes de problemas de salud mental. Algunas versiones indicaban conflictos relacionados con la muerte de su padre y una fuerte obsesión con la idea de que médicos le habían extraído órganos, no necesariamente a el, sino a su padre. Fue reducido por la policía y trasladado posteriormente para evaluación psiquiátrica, donde permaneció internado durante varios meses hasta que se perdió su rastro. Habiendo dicho eso, y sacándole un poco de misticismo al caso, toda la sangre era de él. Al romper los vidrios, terminó incrustándose cristales en las manos y en las pantorrillas, por lo que finalmente nadie resultó herido.
Pero esa necesidad de mezclar la realidad con rumor, es lo que justamente hace ver otro panorama de la historia; porque más allá del meme o de la imagen absurda de “un tipo con un hacha en una clínica del fin del mundo”, había algo mucho más incómodo debajo de todo eso. La sensación de que nadie estaba cuidando realmente a la gente que claramente necesitaba ayuda psiquiátrica.
La salud mental en Tierra del Fuego siempre fue un tema medio abandonado. Y los que vivimos acá lo sabemos. El aislamiento, el invierno eterno, el alcoholismo, las drogas, la depresión, la violencia doméstica o hasta el encierro. Mucha gente llega al sur escapando de algo y termina encontrándose consigo misma en una ciudad que puede sentirse increíblemente sola, por lo que el caso del hacha no quedó como un hecho aislado.
Meses después terminarían incendiando el área psiquiátrica del hospital. Otro episodio surrealista que apenas duró unos días en las noticias nacionales pero que acá dejó una sensación horrible. Camillas quemadas, humo saliendo de las ventanas y otra vez la misma conversación incómoda sobre el abandono absoluto de la salud mental en la isla.
Y poco tiempo después ocurriría un episodio todavía más oscuro. Un hombre se disparó en la cabeza prácticamente cerca del centro de Ushuaia, en plena vía pública. Mucha gente escuchó el disparo. Otros llegaron segundos después. Durante semanas la ciudad quedó atravesada por esa sensación rara de estar viendo gente romperse mentalmente cada vez más seguido.
Eso es algo difícil de explicar si nunca viviste acá, ya que Ushuaia puede ser hermosa... Ridículamente hermosa. Hay días donde parece el lugar más tranquilo del mundo con montañas nevadas, silencio, mar gris y la niebla entrando desde el canal Beagle. Pero también tiene algo pesado, algo aislado. Una sensación constante de encierro emocional que, tarde o temprano, termina afectando a mucha gente. Desencadenando pactos suicidas entre amantes, alumnos escapando del colegio para que sus padres no los "fajen", u otros colapsando mentalmente hasta el punto de incrustarse un corrector líquido en la mano y arrancarse la piel poco a poco. Existen miles de historias así en la isla que nunca se cuentan, haciendo que Tierra del Fuego llegue a tener una de las tasas de suicidio más altas del país, siendo uno de los símbolos más conocidos el famoso “Puente Amarillo”, marcado durante años por innumerables tragedias.
Por eso el “loco del hacha” quedó grabado en la memoria colectiva fueguina. No solamente por lo impactante del ataque, sino porque parecía el síntoma visible de algo mucho más grande. Una persona quebrándose completamente frente a una ciudad que no sabía cómo contener a los que se caen mentalmente, y que quizás por eso todavía hoy, años después, cualquiera en Ushuaia sabe exactamente de qué hablás cuando mencionás al tipo que entró a una clínica gritando que le habían robado el corazón.