He reescrito el primer capítulo de mi novela. ¿Se nota una mejora real entre V1 y V2?
He recibido muchas críticas sobre mi escritura y decidí no limitarme a corregir errores ortográficos... Estoy haciendo una V2 completa de mi primer libro.
¿Y entonces?
Bueno, necesito ayuda.
¿Podrían darme su opinión en general?
Dejaré un fragmento de la V1 y el mismo pero en V2. ¡Muchas gracias de antemano!
>Protoluna V1
>En una maloliente taberna, perdida en algún lugar del Girasol, se encontraba Evan —aún príncipe— bebiendo algo que parecía leche de vaca del Vacío.
>Darío y Luciano, grandes amigos de Evan, lo acompañaban mientras bebían Lilitick. Los tres contaban anécdotas y chistes, disfrutando la noche a pesar del horrible lugar adonde fueron a parar.
>Evan levantó la jarra para brindar, pero algo en el aire cambió.
>La taberna se quedó demasiado silenciosa.
>La puerta se abrió de golpe.
>Cinco armaduras rojas bloquearon la luz de Luna y, cuando se movieron, la reflejaron como espejos, iluminando la miseria del lugar. Se hizo un silencio espeso. Todos fijaron la mirada en los caballeros, con expresiones rebosantes de odio, como si la luz de Luna los quemara, semejantes a vampiros expuestos a la luz del día.
>El caballero del centro, aparentemente el líder del grupo, giró la cabeza hasta fijar sus ojos en el despreocupado príncipe. Siguió a Evan no solo con la mirada, sino también con sus pasos, mientras el pelotón se desplazaba al unísono, deteniéndose justo frente a él.
>—¿En qué puedo servirle, mi estimado caballero? —preguntó Evan, rompiendo el incómodo silencio.
>El del centro dio un paso adelante y se quitó el casco.
>—Príncipe, síganos y nadie saldrá herido.
>Salieron al claro. El bosque frente a la taberna era tan denso como el mar.
>—Mucho gusto. Soy el duque Jon Joriko. Sus fieles guardias lo vendieron por unas piezas de oro.
>—Vaya noticia, barón. ¿Puedo hacerle dos preguntas? —Evan tronó todos sus dedos, mientras una tímida sonrisa se asomaba.
>—Soy yo quien hace las preguntas —replicó Jon—, pero como usted es un príncipe, le daré el honor de responderlas —finalizó el duque.
>—Es usted un bandido muy amable, aunque un tanto desagradable y raro —exclamó el príncipe.
>—¡Cómo me vuelvas a llamar así, te voy a decapitar en este triste y asqueroso bosque, justo al frente de ese bar de mala muerte! —amenazó Jon.
>—Entiendo, disculpe mi osadía —respondió Evan mientras hacía una reverencia sin apartar la mirada de su contendiente.
>—Bueno… La primera pregunta que le haré es: ¿Qué harán conmigo? —preguntó el curioso príncipe.
>—Usted es el hijo del hechicero más fuerte de Protoluna, Gustavo “Combustión” Disrux. Ese hombre tiene un artefacto que nos interesa en Lycoris, “El anillo de tempestades”. Si se niega a intercambiarlo por tu vida, podríamos venderte a brujas o hechiceros; quizás algún comerciante esté interesado en tu cabeza —el duque sonrió.
>Miró a sus aliados mientras reían ligeramente.
>—Entiendo, barón, ¿cuánto oro les está dando a estos infelices traidores? Quiero saber cuánto dinero vale mi cariño.
>—Soy duque, no barón —afirmó muy molesto Jon.
>Apretó fuertemente su mano en la empuñadura de su espada.
>—Les pagamos 200 piezas de oro; eso es lo que vale el amor a su “futuro rey”.
>—Perfecto… Darío, Luciano, con ese dinero nos pagamos unos tragos más, ¿no les parece? —les dijo Evan a sus guardias en tono de burla.
>Darío y Luciano retrocedieron un paso; Evan desenfundó su arma al instante y atacó a Jon, quien intentó defenderse con su espada, pero la velocidad del príncipe fue superior.
>El duque se desplomó como un árbol con el cuello cercenado.
>El grupo tardó un segundo en reaccionar, pero ya era tarde. Su líder se desangraba ante sus ojos.
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>Protoluna V2
>Era una noche despejada; la luz de Luna bañaba una taberna lúgubre ubicada en el reino del Girasol.
>Dentro, los clientes bebían en silencio; apenas unos susurros rompían la calma.
>—¿Era necesario venir a un sitio tan horrible? —preguntó Darío.
>—No lo era, pero ya conoces a este granuja —respondió Luciano.
>Extendió su brazo y rodeó el cuello de Evan, el príncipe del Tulipán.
>Los jóvenes bebían lilitick.
>Evan alzó su vaso; contenía leche de vaca del Vacío.
>—¡Brindemos por todo lo bueno que está por pasar! —exclamó.
>Darío y Luciano se taparon el rostro.
>Las miradas de todos se fijaron en el príncipe.
>El odio se podía oler.
>La puerta se abrió de golpe.
>El interior se llenó de luz.
>Los susurros se detuvieron.
>Las miradas se desviaron.
>Cinco armaduras rojas aparecieron.
>El caballero del centro, aparentemente el líder del grupo giró la cabeza.
>—¿Dónde estás? —susurró.
>Fijó los ojos en el príncipe.
>Avanzó mientras el resto del pelotón lo seguía.
>Evan no lo miró.
>—¿En qué puedo servirle, mi estimado caballero? —preguntó Evan.
>El silencio se rompió.
>El líder dio un paso adelante y se quitó el casco.
>—Príncipe, síganos y nadie saldrá herido.
>Evan sonrió.
>Todo se mantuvo en silencio hasta que salieron; tras ellos, unos cuantos curiosos los siguieron.
>—Mucho gusto. Soy el duque Jon Joriko. Sus fieles guardias lo vendieron por unas piezas de oro —confesó sin vacilar.
>Darío y Luciano se miraron.
>—Vaya noticia, barón —dijo Evan.
>Hizo una pausa.
>—¿Puedo hacerle una pregunta? —continuó Evan.
>Tronó sus dedos uno por uno.
>—No estás en posición de preguntar nada, enano —respondió Jon.
>Los guerreros enemigos soltaron una carcajada a la vez.
>Darío y Luciano caminaron hacia el otro bando.
>Evan quedó solo.
>—No le temas a la curiosidad, barón.
>Jon se quitó el casco y acercó el rostro; se agachó hasta chocar la frente contra el príncipe.
>—¡Cómo me vuelvas a llamar así, te voy a decapitar en este triste y asqueroso bosque, justo al frente de ese bar de mala muerte! —amenazó.
>Al despegar sus frentes, la de Evan empezó a sangrar.
>—Disculpe, mi señor, solo quería saber por cuánto me vendieron estos traicioneros, es todo —respondió Evan.
>Hizo una reverencia sin apartar la mirada de su contendiente.
>Una gota de sangre recorrió su nariz y cayó al suelo.
>—Doscientas monedas de oro —respondió.
>El rostro de Jon se iluminó al sonreír.
>—Qué desprotegido dejaste tu cuello, Jon —pensó.
>Suspiró.
>—Y el plan era atraparme con vida para obtener el anillo de Tempestades, ¿verdad?
>Evan empuñó su espada y cortó el cuello de su enemigo con facilidad.
>—Deberían haberte dicho que no sería tarea fácil —finalizó.
>Darío y Luciano retrocedieron y empuñaron sus armas.
>El grupo tardó un segundo en reaccionar, pero ya era tarde. Su líder se desangraba ante sus ojos.