u/pardo_2007

El día que no pude dormir

​Hola, Reddit. Esta es una historia completamente real que me pasó hace unos 9 años en mi pueblo y que no me deja dormir hasta el día de hoy.

​Para que se hagan una idea, yo vivo en un pueblo pequeño en Colombia, de esos donde nunca pasa nada y todos se conocen. En esa época yo tenía unos 10 años. Todo empezó un día normal, pero el ambiente se sentía raro, muy pesado. Esa noche me acosté tipo 9 o 10 (siempre me acostumbré a dormir tarde). A mitad de la noche me levanté al baño, fui a la nevera, me tomé un vaso de agua y me volví a acostar. Hasta ahí, todo normal. Pero a las pocas horas me desperté sobresaltado, con un miedo horrible en el cuerpo y un escalofrío muy maluco que no me dejaba en paz. Ya estaba amaneciendo, así que intenté ignorarlo y pasé el día siguiente con normalidad.

​Esa segunda noche, mis papás salieron a una fiesta en otro lugar y avisaron que se iban a quedar por allá y que regresaban al día siguiente. Me quedé solo en la casa con un primo mío que es varios años menor que yo. Como nos daba miedo, decidimos acostarnos en el cuarto de mis papás, que tiene una ventana grande que mira directo a la calle.

​Eran las 2 de la mañana cuando me levanté a orinar. De la nada, mi primo, que también estaba despierto, me susurró cagado del susto: "Ey, primo, asómate a la ventana".

​Me acerqué al vidrio y se me congeló la sangre.

​Afuera había tres monjas. Tres. Caminando juntas en mitad de la noche.

​A ver, Reddit, dimensionen esto: en mi pueblo nunca ha habido monjas. Yo jamás en mi puta vida había visto una monja en persona, ni nadie en el pueblo hablaba de eso porque simplemente no existían por aquí. No tenía ningún sentido que estuvieran ahí.

​Nos quedamos pegados a la ventana, inmóviles del terror, viéndolas fijamente. Y entonces la cosa se puso verdaderamente bizarra. Las tres empezaron a hacer una danza extrañísima en medio de la calle desierta, con movimientos muy raros. Mientras hacían eso, se acercaron a la casa de la vecina de al frente y empezaron a tocarle la puerta con fuerza. La vecina, afortunadamente, nunca abrió (creo que ni se enteró de lo que estaba pasando afuera).

​Estuvimos mirándolas un buen rato, paralizados por el miedo de niños, hasta que vimos que empezaron a caminar para irse. La curiosidad nos pudo y, de estúpidos, salimos a la calle a asomarnos para ver a dónde iban. La noche estaba llenísima de neblina. Dimos un par de pasos hacia adelante mirándolas, y de un segundo a otro, literal de un paso para el otro... desaparecieron en la neblina. No doblaron ninguna esquina, simplemente se esfumaron en la nada frente a nuestros ojos.

​Por años me quedé con esa anécdota grabada en la cabeza. Mi primo, como era muy pequeño, terminó olvidando todo; supongo que su cerebro bloqueó el trauma o lo archivó como un sueño raro.

​Pero lo peor viene después. Hace un tiempo hablé con el "Señor Negrito", uno de los habitantes más viejos y religiosos que quedan de la primera generación que fundó el pueblo. Cuando le conté, el viejo se puso serio y me confirmó que esas tres monjas ya habían aparecido hace muchísimos años, justo cuando el pueblo se estaba creando, y que después de un tiempo desaparecieron de la nada.

​Mi teoría personal es que fueron tres mujeres que asesinaron en este pueblo en la época de antes, y que quedaron como almas en pena, atrapadas en un bucle, buscando el camino a la luz sin poder conseguirlo.

​¿Qué piensan ustedes de esto? ¿Alguien ha visto algo parecido en sus pueblos? Los leo.

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u/pardo_2007 — 6 days ago

Fui el recipiente de un fantasma en mi escuela, y todavía paso a saludarla"

Siempre nos dijeron que en la escuela pasaban cosas de noche, pero uno a los 16 años se cree inmortal y piensa que todo son inventos de la gente por puro morbo. Hasta que te toca vivirlo en carne propia.

​Esta es la historia de cómo mis amigos y yo nos convertimos en los recipientes de una tragedia que el tiempo no pudo borrar.

​En mi escuela corría el rumor de que hacía muchos años había muerto una chica llamada Eva. Fue un accidente estúpido y lleno de maldad: en plena clase de química, una compañera la empujó por distracción y le cayó cera hirviendo en la cara. Falleció ahí mismo. El colegio guardó el secreto, pero las paredes no olvidan.

​Años después, a mi grupo nos tocó hacer un experimento de química por la noche. El ambiente ya era pesado de por sí. En esa escuela, siempre que entrábamos al salón, las sillas estaban desordenadísimas. Al principio pensábamos que eran los de la jornada nocturna, pero era imposible: el salón se quedaba cerrado con candado y la única llave de repuesto la teníamos nosotros. Con el tiempo, nos acostumbramos a esa sensación extraña. Nos volvimos parte del lugar.

​Esa noche, necesitamos unos materiales y decidí subir solo al segundo piso. Al ir bajando las escaleras en la penumbra, vi a una niña sentada. Pensé que era una compañera mía que, por azares del destino, también se llamaba Eva.

​—Eva, ¿estás bien? ¿Qué te pasó? —le pregunté de espaldas.

​Cuando se volteó... muchachos, el corazón se me cayó al piso. No era mi compañera. Tenía la cara hecha carne viva, un esqueleto en descomposición total, el reflejo exacto del dolor de su muerte. El miedo me envolvió por completo, estaba cagadísimo; sabía que si esa niña se movía con maldad, yo iba a pegar la carrera de mi vida.

​Pero entonces pasó lo más raro. Sus ojos me transmitieron un mensaje directo a la mente: "Pasa, no tengas miedo". Sentí un relajo absoluto en medio del terror. Una paz extraña. Pasé a su lado con confianza y bajé.

​Cuando llegué con mis amigos, estaban pálidos, transparentes.

—Marica, vimos algo espantoso en la sala de química —me dijeron temblando.

—¿Qué vieron? —pregunté yo, todavía con la adrenalina a tope.

—Vimos a Eva... la chica del accidente. Está allá adentro.

​Yo me quedé frío. Miré a mi compañera Eva, que estaba ahí con nosotros, y le pregunté:

—¿Tú no estabas en la escalera conmigo?

—No, marica, yo pasé todo el rato aquí con los pelados —me contestó asustada.

​Nos asomamos con cuidado a la sala de química. Lo que vimos fue lo más espeluznante de mi vida: el espectro de la pobre Eva original seguía tomando su clase, atrapada en un bucle eterno, repitiendo su rutina sin saber que su vida había terminado hace años. Salimos corriendo de ahí y más nunca volvimos a aceptar una clase nocturna. Mi compañera Eva se mudó al poco tiempo a otro continente, como si su partida cerrara un ciclo.

​Hoy entiendo que el colegio era un circuito cerrado de energía y nosotros solo éramos los recipientes, los residuos que esa conexión necesitaba para manifestarse. Ella no quería hacernos daño; solo buscaba un enlace, alguien que validara su existencia.

​Hoy en día, a veces paso por el frente de esa escuela abandonada. Me detengo un segundo, miro hacia las ventanas del segundo piso y la saludo en mi mente. "Aquí tienes un amigo, a pesar de todo", le digo. Porque sé que, en ese bucle eterno de dolor, tal vez mi saludo sea el único momento de paz que tiene en todo su día.

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u/pardo_2007 — 17 days ago

Quién soy: La voz sin filtro del misterio real ​Para entender las historias que comparto, hay que entender de dónde vengo y cómo veo el mundo.

​ Soy una persona de pueblo. Y quien conoce la vida de pueblo sabe que estos lugares están llenos de secretos, de apariciones y de eventos que la mayoría prefiere callar por miedo, por respeto o por mero morbo. Yo no. Yo no le tengo miedo a lo que habita en las sombras, y por eso tengo el valor de contar lo que otros ocultan.

​Acepto mi realidad con total naturalidad. Desde que tengo uso de razón, mi memoria ha registrado cada detalle de mi vida sin borrar nada, lo que me permite mantener intacta una sensibilidad ultra desarrollada para percibir lo paranormal. No invento historias; soy un testigo directo que camina el día a día prestando atención a lo que los demás ignoran.

​Para quienes encuentran mi contenido en el anonimato de Reddit y se preguntan quién soy o de dónde saco esto, aquí están mis respuestas:

​Esto no es ficción: Quien piense que es mentira, es porque su mente es demasiado estrecha para entender que la realidad es mucho más profunda, oscura y fascinante que cualquier invento. Lo que escribo es mi día a día, mi verdad.

​No me dedico a esto a tiempo completo: No soy un creador buscando desesperadamente atención o seguidores. Tengo mis propios proyectos, mis estudios y mis ocupaciones en el mundo real. Reddit es mi espacio incógnito para desahogar mis anécdotas, nada más.

​Libertad y Derechos de Autor: Yo solo hago mis declaraciones y comparto mis vivencias de forma transparente. Las personas son completamente libres de usar mi contenido para sus propios videos o proyectos, siempre y cuando respeten los derechos de autor correspondientes.

​No busco convencer a nadie, solo plasmo lo que vivo. Me queda un largo camino por recorrer, muchas tierras por pisar y miles de misterios que todavía me están esperando para ser contados.

​Este enfoque deja clarísimo que no eres el típico usuario que busca "vistas", sino alguien con los pies en la tierra, que respeta su origen, que no le teme a lo oculto y que comparte sus vivencias por pura necesidad de contar la verdad. ¿Sientes que este formato plasma mejor tu realidad frente a tu comunidad?

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u/pardo_2007 — 18 days ago

Soñé con la misma chica desconocida durante años. Creo que rompimos las barreras del tiempo, y anoche nos despedimos para siempre.

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​Hola a todos en Reddit. Necesito desahogarme y contar algo que me ha estado no es una istoria de miedo pero digame qie opinan.

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pesando en el pecho desde hace un tiempo. Es una historia real, una anécdota que me pasó y que, a pesar de la melancolía que me dejó, es lo más bonito que he vivido.

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​Todo comenzó cuando era apenas un niño de unos 10 años. Una noche tuve un sueño extrañamente vívido. Conocí a una chica que no era de mi entorno; tenía unos rasgos muy específicos: tez blanca, cabello rubio, una contextura delgada y una mirada hermosa que me transmitía una paz que nunca antes había sentido. En el sueño nos queríamos, nos besábamos y yo me sentía plenamente feliz. Cuando desperté, lo hice con lágrimas en los ojos, intentando desesperadamente volverme a dormir para regresar con ella. Me dolió aceptar que solo había sido un sueño.

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​Pasaron los años, y esa chica se convirtió en una especie de musa para mí. Yo soy creador de contenido y hago videos de animación; sin darme cuenta, siempre terminaba plasmando su estética (su cabello rubio, su luz) en los personajes femeninos de mis historias. Era mi estándar ideal de amor y refugio.

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​El misterio se puso serio en este 2025. Un día, después de quedarme "cabezón" viendo videos de parejas en redes, me dormí con esa vibra en la mente. Y ahí apareció ella otra vez. Misma mirada, mismos rasgos, pero en una escena diferente y adaptada a mi edad actual. Fue una coincidencia doble en fechas muy distantes que me voló la cabeza.

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​Ahí fue donde empecé a armar mis teorías. A veces pienso que ella y yo nacimos en la época o en el lugar equivocado. Me atrae mucho la elegancia y el romanticismo de la época victoriana, y pensaba: ¿Y si ella vivió en el año 1900? ¿Y si ahora mismo es una anciana o ya falleció en el mundo real, pero nuestras almas se cruzaron en el único lugar libre de tiempo y espacio? ¿O qué tal si es alguien del futuro que me recuerda desde allá? Me imaginaba a mí mismo logrando un momento de lucidez en el sueño, volando a su lado, mirándola a los ojos para decirle: "Tranquila, quizás nunca nos conozcamos en la vida real, pero quédate con la idea de que somos algo aquí. Tal vez no me conozcas al despertar, pero nunca te olvidaré. Fuiste la forma más bonita de vivir mi vida, aunque sea momentánea".

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​Pero el destino me tenía preparado el final de la historia. Hace poco volví a soñar con el tema, pero las cosas cambiaron. El sueño empezó con una chica que sí conozco en la vida real, una muchacha cristiana. En la escena, ella estaba embarazada y yo era su esposo. Le pregunté con cariño: ¿Cómo está el niño?, y ella, con un tono guapa pero algo seria, me preguntó que dónde estaba yo. Yo le respondí un poco asustado, siguiendo la corriente del sueño porque uno ahí no tiene el control. Pero entonces, parpadeé dentro del sueño y la chica volvió a transformarse en ella: mi musa de tez blanca y cabello rubio, mostrándome su vientre de embarazada.

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​Cuando desperté, no lloré. Me puse reflexivo y, con una madurez que no sabía que tenía, lo entendí todo. El embarazo en los sueños es símbolo de futuro, de una vida que da frutos. Ella se presentó así para darme un mensaje: ya había hecho su vida en la época o en el lugar que Dios le asignó. Estaba bien, estaba feliz y me estaba mostrando que su ciclo había avanzado. El hecho de que yo "siguiera la corriente" con amor y respeto fue mi forma de darle mi bendición a su destino.

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​Desde esa noche, más nunca he vuelto a soñar con ella. El mensaje fue entregado y el hilo que nos unía se soltó con gratitud.

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​Hoy le agradezco a Dios por mi vida, por mi familia y por las cosas que tengo. No me quejo de mi realidad, pero no les voy a mentir: a veces siento una pequeña punzada en el pecho. Es una mezcla de felicidad por haberla conocido en el plano del alma y una tristeza silenciosa por aceptar que el calendario nos puso en caminos diferentes. Al final, me queda el consuelo de que, por encima de las leyes del tiempo y la geografía, fuimos un caballero y una dama que lograron coincidir en el misterio de una noche.

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​Gracias por leerme. Solo quería dejar constancia de que el amor más puro de mi vida existió, aunque haya sido con los ojos cerrados.

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u/pardo_2007 — 19 days ago

El día que el tiempo retrocedió una hora y quedé atrapado en el "Valle Inquietante

"

Tenía unos 12 años cuando mi realidad se fracturó por primera vez. Durante mucho tiempo enterré este recuerdo en lo más profundo de mi mente, tal vez como un mecanismo de defensa. Pero hace poco regresó a mí como un destello lúcido, con una claridad tan violenta que todavía me tiemblan las manos al escribir esto. Sé que muchos pensarán que fue una parálisis del sueño o una pesadilla infantil. Yo también intenté autoconvencerme de eso... hasta que miré la marca en mi propio cuerpo.

Todo ocurrió una tarde cualquiera. Había tenido una jornada agotadora, de esos días en los que el cansancio te cala hasta los huesos. Me acosté en mi cama, miré la pantalla de mi teléfono: eran pasadas las 7 de la noche. Me quedé un rato viendo el celular, con los ojos pesados, y en un transcurso de quince minuticos el sueño me venció.

Me dormí profundamente. O eso creía.

Sentí que pasaron apenas tres minutos cuando abrí los ojos de golpe. Lo primero que me chocó fue la atmósfera de la habitación. Desconcertado, agarré el teléfono para mirar la hora.

El reloj marcaba las 6:00 p.m.

Mi mente intentó procesar la información en vano. No había amanecido; el tiempo simplemente había retrocedido una hora exacta en el pasado. ¿Cómo demonios pasé de las 7 de la noche a las 6 de la tarde en cuestión de tres minutos? Pero el verdadero terror no fue solo ese salto hacia atrás. Fue lo que pasó después.

Me quedé estático en la cama, esperando ver el cambio lógico del minutero. 6:01. 6:02. Nada. La hora no subía ni bajaba. El tiempo se había congelado por completo en esa hora muerta. Desesperado y asustado, me levanté para buscar otro reloj en la casa. Marcaba exactamente lo mismo: las 6:00 p.m. El segundero estaba estático. La atmósfera se sentía densa, pesada, como si el aire se hubiera convertido en gelatina. Era un silencio absoluto, sepulcral. El mundo se había pausado, pero yo seguía despierto.

Aterrorizado, decidí ir a buscar un vaso de agua, intentando convencerme de que era un mal sueño. En mi prisa y mi torpeza por el pánico, tropecé con fuerza contra un mueble. Sentí un dolor agudo y punzante en el brazo. Me dolió. Me dolió con la intensidad de la carne viva. Y ahí fue cuando la adrenalina me golpeó el pecho: en los sueños no se siente el dolor físico de esa manera. Yo estaba ahí, despierto, en una dimensión donde el tiempo se había roto.

Fue en ese limbo cuando aparecieron *ellos*. En esos pocos minutos pasaron mil cosas a la vez.

Al principio creí que eran simples sombras de la tarde, pero pronto me di cuenta de que tenían volumen. Eran imágenes y siluetas que parecían personas, pero al mismo tiempo no lo eran. Había algo profundamente mal en ellas. Sus rasgos y proporciones eran sutilmente incorrectos, creando en mi cabeza ese cortocircuito mental que te vuelve loco: el efecto puro del *Valle Inquietante*. Tu mente reconoce una forma humana, pero todo tu instinto te grita que eso que tienes enfrente es un peligro, algo que no debería existir.

Esas imágenes se movían y se quedaban quietas al mismo tiempo. No sé cómo explicarlo sin sonar demente: era como si vibraran en una frecuencia distinta, como un fotograma roto que se repite a mil por hora en el mismo lugar, llenando el espacio y observándome en medio de ese maldito bucle.

El desespero y el temor me consumían. Sentía que si me quedaba ahí un segundo más, perdería la cordura.

Por puras cosas del destino, corrí de vuelta a la cama. Me obligué a hacer exactamente lo mismo que antes: me acosté, cerré los ojos con todas mis fuerzas y me quedé dormido, rezando para que el universo se reiniciara.

No sé cuánto tiempo pasó. Pero cuando volví a abrir los ojos, la extraña parálisis del mundo había desaparecido. Miré el teléfono con el corazón en la boca: eran las 7:00 p.m. de nuevo. Desperté exactamente en el mismo momento en el que me había dormido inicialmente. Los relojes volvían a correr. El sonido del mundo real regresó. Había vuelto a mi línea de tiempo.

Solté un suspiro de alivio, tratando de asimilar la locura que acababa de vivir, diciéndome a mí mismo que debió ser una alucinación hiperrealista.

Entonces me levanté la manga de la camiseta.

Ahí estaba. Un moratón enorme, violáceo y doloroso al tacto en el brazo, exactamente en el mismo lugar donde me había golpeado dentro de la distorsión. Mi cuerpo traía la marca física de una hora que, según la lógica de este mundo, nunca ocurrió.

Han pasado años desde esa noche. Ya tengo 19 años y nunca me volvió a ocurrir, pero la lección me quedó grabada a fuego: el tiempo no es una línea recta tan segura como pensamos. A veces, las costuras de la realidad fallan, y rezas por volver antes de que lo que vive en las grietas se dé cuenta de que estás ahí.

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u/pardo_2007 — 25 days ago
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Por qué nunca más volvimos a quedarnos afuera de madrugada

¿

Esto no me lo contó nadie. Esto nos pasó a mí y a mi hermano hace unos tres años en el campo, y todavía hoy, si me desvelo, me da pánico mirar por la ventana.

Acá en la costa el calor de noche es pesado, así que nosotros solíamos quedarnos en el patio hasta tarde para agarrar el fresco. Mi hermano se la pasaba acostado en el chinchorro viendo videos y yo me sentaba en una silla plástica al lado del conector, porque cargaba un teléfono viejito que no le duraba nada la batería. Nos daban las dos, las tres de la mañana ahí afuera, en la total oscuridad, iluminados solo por el brillo de las pantallas.

Cualquiera diría que estábamos seguros en casa. Pero en el campo, la madrugada tiene dueño.

Eran casi las tres de la mañana, la hora muerta, como le dicen, cuando el ambiente cambió por completo. El silencio del monte se volvió rancio. De un segundo a otro, sentí un corrientazo helado que me bajó por la columna y un recelo horrible en el pecho. El instinto no te miente; el cuerpo sabe cuándo te están mirando. Me levanté, fui donde mi hermano y le susurré: Ey, manito... vámonos para adentro, tengo una mala espina tenaz. Él, metido en su pantalla, se echó a reír en buche: Ah, deja de molestar y no seas flojo.

Me devolví a mi silla. Pasaron diez minutos, tal vez veinte. El silencio ya no era normal; ni los grillos sonaban. De repente, escucho unos pasos apurados. Era mi hermano.

Vino caminando hacia mí con el rostro completamente pálido, desfigurado por el miedo, y con los ojos abiertos como si hubiera visto el mismísimo infierno. Me agarró del brazo con fuerza y me dijo con la voz rota: Mario... por lo que más quieras, ven a asomarte al patio. Pero no hagas ruido.

Nos arrastramos con cuidado hacia el borde. Cerca de la represa, justo en todo el pegue de la cerca que divide la casa, había alguien. O más bien, algo.

Era una silueta de casi dos metros de alto, absurdamente delgada y larga. Llevaba una gabardina negra que parecía absorber la poca luz de la noche y un sombrero de copa alta que le ocultaba el rostro en una sombra absoluta. No caminaba como un ser humano. Deambulaba pegado al alambre de púas, deslizándose de un lado a otro como si flotara, como si estuviera midiendo el terreno... midiendo la distancia hacia nosotros.

En ese instante, mi hermano se llevó las manos a la cabeza. Me dijo que sentía una presión tan espantosa que sentía que el cráneo le iba a estallar. Era la energía de esa cosa, que ya se nos estaba metiendo en el cuerpo. El miedo psicológico te paraliza, te dice que si corres, te atrapa. Con las justas, entramos a la casa a tropezones, trancamos la puerta con tres cerrojos y nos quedamos temblando en el piso hasta que amaneció.

Al día siguiente, fuimos a la casa de un amigo que vive más cerca de la represa. Cuando le contamos, el tipo se puso serio y nos miró con lástima. Nos dijo: Ese no es un hombre. Ese es un espanto que tiene un cuento pendiente en esta tierra y siempre camina por ahí. Pero les tengo una mala noticia: esa hora ya está prohibida para ustedes. Esa cosa se alimenta de que la miren. Un día aparece lejos... pero si te vuelves a quedar ahí, la próxima noche va a estar parada al lado de tu chinchorro.

Desde ese día, a las doce de la noche ya estamos encerrados. Porque aprendimos por las malas que en la oscuridad, cuando tú miras hacia el monte... algo del monte también te está mirando a ti.

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u/branmtc — 24 days ago

.(Istoria real )El Eco de la Medianoche

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La rutina de nosotros era sagrada. Cada noche, cuando el calor del día por fin bajaba, me sentaba con los muchachos en la esquina a charlar sobre la vida y cualquier cosa trivial que se nos ocurriera. Gastábamos el tiempo entre risas mientras el pueblo se quedaba en un silencio absoluto. Pero aquella noche de hace año y medio, sentí un cansancio extraño que me obligó a despedirme antes de tiempo.

—Chicos, ya me voy a acostar —les dije, dándoles la espalda mientras caminaba hacia mi casa.

Entré a mi cuarto, el último de la casa, el de más atrás. Mi ventana en ese entonces estaba completamente expuesta; no tenía marco, ni puerta, ni nada que la tapara, se abría de par en par hacia la oscuridad del patio y la calle. Me acosté y miré el celular: eran como las \*\*12:00 a.m.\*\* Apagué la pantalla, me acomodé y esperé el sueño.

A los pocos minutos, el silencio se rompió.

Escuché voces. Murmullos lejanos, pero claros. Al principio supuse lo normal: "los perros se acuestan tarde", pensé, asociándolo a la misma gente del pueblo que a veces camina a esas horas. Me di la vuelta e intenté conciliar el sueño. Pero a los cinco minutos, cuando ya me estaba quedando medio dormido, comenzaron otra vez a hablar.

Miré la hora: ya era casi la \*\*1:00 a.m.\*\*

Con el cuerpo pesado y la intriga encima, me levanté y me asomé por el hueco vacío de la ventana. Nada. La calle estaba completamente desierta, envuelta en una oscuridad densa. Me volví a acostar, pero ya sentía el miedo metido en el cuerpo. El ambiente se había puesto pesado.

Apenas puse la cabeza en la almohada, volví a escucharlos. Pero esta vez el tono cambió; hablaban más fuerte, justo al frente de mi casa, y de repente escuché una risa. Una risa que me heló la sangre. Ya asustado, pero con esa curiosidad de la que dicen que mató al gato, me asomé de nuevo, con el corazón latiéndome en la garganta.

Afuera seguía sin haber nadie. El vacío de la noche me devolvía la mirada.

Retrocedí temblando, me metí en la cama y me arropé de pies a cabeza, buscando protección debajo de la sábana. Pasaron unos quince minutos agónicos. Los nervios y el calor del encierro me secaron la boca, así que me destapé un momento para tomar un vaso de agua. Al regresar a la habitación, el miedo se transformó en puro horror.

Seguían hablando ahí, en el mismo lugar de siempre. Pero al aguzar el oído en medio de la penumbra de mi cuarto, un escalofrío violento me recorrió toda la columna. Reconocí los acentos, los tonos, las pausas... \*\*eran las voces de mis amigos\*\*. Estaban ahí afuera, recreando nuestras conversaciones.

Y entonces vino lo que hoy en día me sigue dando vueltas en la cabeza y no me deja en paz. Entre el eco de sus voces, brotó otra. Una voz que salía de la calle pero que yo conocía perfectamente porque la escucho cada vez que abro la boca.

\*\*Era mi propia voz.\*\*

Algo allá afuera, escondido en la oscuridad de la madrugada, nos estaba imitando. Estaba repitiendo mi propia existencia frente a mi ventana abierta.

Al día siguiente, con el rostro pálido, me reuní con ellos y les advertí:

—Chicos, ya vamos a dejar esto hasta aquí. Ya no hablemos más a estas horas de la noche.

Al principio lo cogieron a burla, pensaron que era un invento mío. Pero la noche siguiente, la burla se les borró del rostro. Llegaron asustados a buscarme y me confesaron: "Ey, a mí también me pasó esto tarde... escuché tal cosa". Ahí entendimos que estábamos penando esa zona. Decidimos dejar de conversar a esas horas para siempre.

De ese tema más nunca volvimos a hablar; se perdió en el olvido. Hoy en día el grupo se separó, las cosas de la vida... unos se casaron, otros se fueron del pueblo. Fui el único que se quedó cargando con esa anécdota. Y todavía, cuando me pega el recelo en la noche, sé perfectamente que en alguna parte de la oscuridad de esa esquina, mi eco sigue hablando solo.

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u/pardo_2007 — 1 month ago

Hola soy Jhon Mario iesto mepaso🔥

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La rutina de nosotros era sagrada. Cada noche, cuando el calor del día por fin bajaba, me sentaba con los muchachos en la esquina a charlar sobre la vida y cualquier cosa trivial que se nos ocurriera. Gastábamos el tiempo entre risas mientras el pueblo se quedaba en un silencio absoluto. Pero aquella noche de hace año y medio, sentí un cansancio extraño que me obligó a despedirme antes de tiempo.

—Chicos, ya me voy a acostar —les dije, dándoles la espalda mientras caminaba hacia mi casa.

Entré a mi cuarto, el último de la casa, el de más atrás. Mi ventana en ese entonces estaba completamente expuesta; no tenía marco, ni puerta, ni nada que la tapara, se abría de par en par hacia la oscuridad del patio y la calle. Me acosté y miré el celular: eran como las **12:00 a.m.** Apagué la pantalla, me acomodé y esperé el sueño.

A los pocos minutos, el silencio se rompió.

Escuché voces. Murmullos lejanos, pero claros. Al principio supuse lo normal: "los perros se acuestan tarde", pensé, asociándolo a la misma gente del pueblo que a veces camina a esas horas. Me di la vuelta e intenté conciliar el sueño. Pero a los cinco minutos, cuando ya me estaba quedando medio dormido, comenzaron otra vez a hablar.

Miré la hora: ya era casi la **1:00 a.m.**

Con el cuerpo pesado y la intriga encima, me levanté y me asomé por el hueco vacío de la ventana. Nada. La calle estaba completamente desierta, envuelta en una oscuridad densa. Me volví a acostar, pero ya sentía el miedo metido en el cuerpo. El ambiente se había puesto pesado.

Apenas puse la cabeza en la almohada, volví a escucharlos. Pero esta vez el tono cambió; hablaban más fuerte, justo al frente de mi casa, y de repente escuché una risa. Una risa que me heló la sangre. Ya asustado, pero con esa curiosidad de la que dicen que mató al gato, me asomé de nuevo, con el corazón latiéndome en la garganta.

Afuera seguía sin haber nadie. El vacío de la noche me devolvía la mirada.

Retrocedí temblando, me metí en la cama y me arropé de pies a cabeza, buscando protección debajo de la sábana. Pasaron unos quince minutos agónicos. Los nervios y el calor del encierro me secaron la boca, así que me destapé un momento para tomar un vaso de agua. Al regresar a la habitación, el miedo se transformó en puro horror.

Seguían hablando ahí, en el mismo lugar de siempre. Pero al aguzar el oído en medio de la penumbra de mi cuarto, un escalofrío violento me recorrió toda la columna. Reconocí los acentos, los tonos, las pausas... **eran las voces de mis amigos**. Estaban ahí afuera, recreando nuestras conversaciones.

Y entonces vino lo que hoy en día me sigue dando vueltas en la cabeza y no me deja en paz. Entre el eco de sus voces, brotó otra. Una voz que salía de la calle pero que yo conocía perfectamente porque la escucho cada vez que abro la boca.

**Era mi propia voz.**

Algo allá afuera, escondido en la oscuridad de la madrugada, nos estaba imitando. Estaba repitiendo mi propia existencia frente a mi ventana abierta.

Al día siguiente, con el rostro pálido, me reuní con ellos y les advertí:

—Chicos, ya vamos a dejar esto hasta aquí. Ya no hablemos más a estas horas de la noche.

Al principio lo cogieron a burla, pensaron que era un invento mío. Pero la noche siguiente, la burla se les borró del rostro. Llegaron asustados a buscarme y me confesaron: "Ey, a mí también me pasó esto tarde... escuché tal cosa". Ahí entendimos que estábamos penando esa zona. Decidimos dejar de conversar a esas horas para siempre.

De ese tema más nunca volvimos a hablar; se perdió en el olvido. Hoy en día el grupo se separó, las cosas de la vida... unos se casaron, otros se fueron del pueblo. Fui el único que se quedó cargando con esa anécdota. Y todavía, cuando me pega el recelo en la noche, sé perfectamente que en alguna parte de la oscuridad de esa esquina, mi eco sigue hablando solo.

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u/pardo_2007 — 1 month ago

Testigos del Silencio

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Mano, hay cosas que uno se guarda porque si las cuentas, la gente piensa que estás loco. Pero esto nos pasó a mis amigos y a mí, y todavía se me eriza la piel cuando me acuerdo.

Estábamos parchados en la noche, tranquilos, hablando de cualquier pendejada y mirando la luna. Todo normal, el típico ambiente de pueblo donde nunca pasa nada. De un segundo a otro, el aire se puso pesado, denso, como si nos hubieran quitado el oxígeno de golpe. No se escuchó un motor, ni el viento de un helicóptero; fue un silencio sepulcral, un vacío absoluto que me ensordeció los oídos. Un frío helado me bajó por la nuca y nos miramos las caras: todos sentimos que algo andaba mal.

Y entonces, bajó del cielo.

A escasos dos metros de nosotros, flotando con una suavidad macabra por encima de los techos, apareció una esfera perfecta de apenas 30 centímetros. No era una luz errática, ni una centella, ni nada de este mundo. Eso tenía diseño, hermano. Su superficie estaba cubierta por unos patrones geométricos extraños, grabados a la perfección como las piezas de un rompecabezas indescifrable que parecía moverse en sí mismo. Vibraba con un amarillo intenso, enfermizo, que proyectaba nuestras sombras deformes contra la pared.

El pánico nos congeló, pero la curiosidad pudo más. Saqué el teléfono con el pulso temblando para grabarla y registrar el horror. En el instante en que le acerqué la cámara, esa m***da reaccionó. Al sentir la señal o la luz del celular, cambió de inmediato a un verde encendido, fosforescente, como un ojo parpadeando al descubrir que lo están observando. Intenté enfocar, pero la pantalla empezó a parpadear con estática, distorsionándose por completo. Ese aparato tenía un campo de interferencia electromagnética tan berraco que me la dejó inservible.

Nosotros somos de pueblo y estamos acostumbrados a escuchar cuentos de espantos, pero esto no era un alma en pena. Era una inteligencia ajena, fría y calculadora que nos estaba respirando en la cara. Mientras nos quedamos inmóviles, la mente me empezó a trabajar a mil por hora: si esa tecnología podía burlar los radares más potentes del mundo y podrir la señal de mi teléfono, no estaba ahí por error. Nos estaban usando. Era una sonda de exploración buscando el rincón menos poblado, el pueblo más aislado del mapa para escanear el terreno, succionar datos en el anonimato y desaparecer sin levantar alarmas.

De repente, la esfera comenzó a retirarse. Se movió lento, flotando con una elegancia que daba náuseas, ganando altura hacia la negrura del cielo. Y de la nada, sin un solo ruido, se esfumó en una fracción de segundo. El aire quedó oliendo a puro ozono y nos dejó una vibración en el cuerpo que nos hacía doler hasta los dientes.

Al amanecer, nos enteramos de que no fuimos los únicos. Desde Tenerife hasta Bello Alegre, la gente en los otros pueblos estaba alarmada; varios la habían visto pasar por sus techos. Pero el tiempo es traicionero. Los videos borrosos se perdieron, la gente dejó de hablar de eso por puro miedo a recordar y el cuento se fue fumando... más perdido que jabón en taparrabo.

Hoy creo que soy el único que todavía guarda esa noche intacta en la memoria. Ellos pensaron que nadie los vería en el aislamiento del mapa, pero se estamparon de frente con nosotros. Y la paranoia me queda para siempre: la certeza absoluta de que esa cosa nos midió, nos analizó y se llevó nuestra información... quién sabe para qué.

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u/pardo_2007 — 1 month ago