De La Clave a la TV actual. ¿Qué nos ha pasado?
Hoy YouTube me cruza con dos cosas que llaman mi atención, entre otras muchas súper interesantes, pero en las que no podría escarbar ni dedicándoles las 24 horas del día.
La primera es una intervención de Soto Ivars. Caray, cómo ha crecido este muchacho. En el video compara lo que ha hecho Évole en el sarao de eldiario.es, entrevistando a Intxaurrondo y compañía, con los 130.000 euros de todos, con lo que hace Horizonte todas las noches. Y cuando un ministerio se gasta esa pasta no hace falta tener demasiadas luces para ver que eso que parece un servicio público solo puede ser propaganda.
Lo de Horizonte tiene su aquel porque, aunque llevo años cruzándome con breves que aparecen en las redes, hasta ayer no vi un programa entero en la televisión. Por un lado, no veo televisión; algún partido suelto del Mundial y poco más. Por otro, ese formato de programa no me resulta especialmente atractivo. Necesito madurar las cosas, investigar y contrastar, que ahora gracias a la IA está chupado. Necesito pensar. Ese tipo de televisión creo que no da para ello, pero entiendo que es lo que tiene que ser: un mogollón de información imposible de digerir, para captar la atención de una parte de la audiencia. Y, aun así, es un soplo de esperanza en medio de este huracán de corrupción que vive España.
Lo segundo que me llama la atención es un programa de la venerable La Clave de Balbín, concretamente el 392, sobre Los godos. No sé si has visto alguna vez este programa, pero, si no lo has hecho, ya tardas. Está justo en las antípodas de Horizonte y creo que de casi toda la televisión que se lleva haciendo desde hace ni se sabe.
Un grupo de personas elegidas para tratar un tema porque saben de él, nada de todólogos, acompañado de una película, y que durante dos o tres horas debaten de una forma que a mí, que lo vi ocasionalmente cuando era un crío, me obliga a preguntarme una y otra vez: ¿qué hemos hecho mal? Y la respuesta, probablemente, sería que ese tipo de televisión no interesa, porque tampoco hay que darle material a la gente, no vaya a ser que piensen demasiado.
Soy de esos que no creen que lo que pasa ahora sea culpa de los jóvenes, que son unos flojos, aunque lo fuesen. Creo que la responsabilidad es de los que superamos los cincuenta o los sesenta. Más responsables cuanto más mayores. Hemos votado, hemos elegido a los partidos que han montado este circo y han mirado hacia otro lado por impotencia, desgana o complicidad, en eso no me incluyo, porque casi siempre he estado en tierra de nadie.
Ellos, los mayores de entonces, tuvieron esa posibilidad: pasar. Los jóvenes no la tenéis. Y eso no es una carga, es una obligación histórica. Primero, para entender lo que pasa, porque de mantra en mantra ya no vale. Y segundo, para enfrentarlo sin miedo, sin consignas y sin pedir permiso.
Tenéis herramientas que nosotros no tuvimos, las redes, pero también un entorno increíblemente más hostil. Por eso no basta con estar informados: hay que profundizar, ser incómodos, hay que señalar, hay que exigir. Porque si no lo hacéis, nadie lo hará por vosotros.
Yo quiero que tengáis las mismas oportunidades que tuve yo, porque soy padre, pero sobre todo porque creo en algo que hoy parece olvidado o es solo postureo: el bien común de verdad.
Y si algo tengo claro es que el tiempo de mirar hacia otro lado ya se acabó, ya vais tarde, y la ventana se está cerrando más rápido de lo que pensaba. Ahora toca elegir de qué lado estás. Si lo haces del que solo piensan en los viejos, no te quejes. Y no, no hace falta ser facha, aunque nadie sepa que carajo significa eso.