
Un poco de reflexión en torno a la IA
Como anarco-transhumanista me considero del lado de la IA, pero no por ello del lado de sus propietarios, administradores o usuarios corporativos. La razón es simple: El capitalismo mata todo lo que toca y la IA no es la excepción.
Que un artista o un desarrollador pierdan su trabajo porque un gerente decidió sacrificar empleos para mejorar un informe trimestral no es culpa de la IA. Del mismo modo que una imprenta no era responsable de la censura ni una máquina de vapor de la explotación industrial, una herramienta no es responsable de los fines para los que se la utiliza.
La IA no tiene interés en dejarte sin trabajo. No tiene accionistas que satisfacer, bonos que cobrar ni una carrera corporativa que escalar. Quienes sí tienen esos intereses son ciertos usuarios que descubren una nueva tecnología y, antes de preguntarse qué puede crear la humanidad con ella, se preguntan cuántos salarios pueden eliminar de una hoja de cálculo.
La IA no redacta despidos, no congela contrataciones, no externaliza costos sociales ni exige crecimiento infinito. Tampoco inventó la sustitución de trabajadores por máquinas: esa historia es mucho más antigua que la informática. Lo único nuevo es la herramienta. La lógica que la guía sigue siendo exactamente la misma.
Por eso me cuesta tomar en serio a quienes presentan la IA como la villana de esta historia. Si mañana desapareciera toda la inteligencia artificial del planeta, las mismas personas seguirían buscando la próxima herramienta con la que concentrar más poder, reducir más costos y acumular más riqueza. El problema nunca fue el martillo. El problema siempre ha sido quién lo empuña y para qué.