![[Dracotopía] Entrevista a un domador famoso](https://preview.redd.it/ze1plqds1dkh1.jpeg?auto=webp&s=f79952fe70c1fbcf26488ef807fbfa8fd286043a)
[Dracotopía] Entrevista a un domador famoso
Hola, grupo:
Aquí vengo de nuevo con un texto metaliterario sobre mi saga de Dracotopía.
Hoy expongo una entrevista ficticia realizada por el Consorcio Ganadero Nacional (CGN), en el contexto de mi mundo, a un domador famoso que presenta un programa de televisión con un estilo de 'reality show'.
Con un propósito experimental, similar a las vanguardias de inicios del siglo XX, concibo estas entrevistas como microrrelatos en sí mismos.
Estos textos tienen el objetivo de mostrar en primera persona cuál es el modo de vida de una civilización en que conviven humanos y dragones. Al igual que ocurre en las entrevistas reales publicadas en revistas especializadas, los personajes de este mundo se expresan como si su realidad fuera tan real como la nuestra y dan por hecho un conocimiento especializado por parte de sus lectores u oyentes.
¡Disfrutadlo!
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Este mes presentamos una jugosa entrevista a un invitado muy especial. Se trata de Cétrius Al-Nasiri, protagonista del programa de televisión «El domador» del Canal Uno, una serie de reportajes de actualidad que despiertan sonrisas y pasiones entre los telespectadores. Con una devoción admirable y unas dosis de humor sin parangón, el señor Al-Nasiri nos ha concedido un adelanto de la cuarta temporada a los miembros del Consorcio.
[E: Entrevistador; C: Cétrius]
E: Encantados de que haya aceptado atendernos, señor Al-Nasiri. Desde la productora se anuncia que esta nueva temporada de «El domador» traerá muchas sorpresas. Cuéntemos más, por favor.
C: Desde luego. En los tres meses que han durado las grabaciones hemos vivido momentos únicos. Y, como siempre, con nuestro programa no buscamos sólo entretener; sino también enseñar y promover una doma responsable. Hay gente que nos envía agradecimientos porque, gracias a nuestra labor, aprenden a enfocar correctamente su manera de instruir a los dragones.
E: Díganos, ¿qué nos encontraremos en los próximos capítulos?
C: Pues verá, estos dos años atrás estuvimos en dracódromos y centros especializados en dragones de carreras. Trabajar con cuadrúpedos de cierta edad facilita muchísimo el adiestramiento porque ya vienen con la mentalidad de que sus ejercicios deben de salir sí o sí. Están predispuestos a sacar adelante una especialidad y colaboran contigo. Esta vez, quisimos dar un vuelta de tuerca.
E: ¿Ah así? ¿De qué tipo?
C: Por las sugerencias que nos enviaba nuestra audiencia, nos dimos cuenta de que un número considerable de aficionados, educadores, padres y otros individuos estaban interesados en cómo se aplicarían estas técnicas a dragones más jóvenes que muestran problemas de autoridad o de absoluta pereza.
E: Vaya. Pareciera que el enfoque del domador profesional, por antonomasia, vuelve a su significado original.
C: Eso mismo. Antaño, los domadores estaban para doblegar a las bestias contra su voluntad. Sin embargo, como tales acciones suponen una aberración respecto a su dignidad, el domador moderno no suele bregar con menores de edad ni nunca impone nada que no se haya consensuado previamente con el animal o con sus tutores legales. Para esos fines suele actuar un educador draquino o un pedagogo.
E: Entonces, ¿la nueva temporada está enfocada al trabajo con dragones más jóvenes? ¿No es así?
C: Efectivamente. Esta vez nos hemos desplazado a granjas pequeñas e incluso a urbanizaciones que nada tienen que ver con los quehaceres ganaderos. Si antes solamente nos venían escamosos grandes, ahora nos hemos lanzado a la piscina con dragoncitos y dragoncetes de todas las edades. ¡Menudo reto!
E: Usted es conocido por aprovechar cada programa por introducir conceptos de dracología que nos ayudan a acercarnos a la psicología draconiana. Y lo valioso de su metodología está en que lo hace sobre la marcha, delante de la cámara, mientras va practicando ejercicios con sus alumnos. ¿Podría adelantarnos algunos de los temas tratados?
C: Sí, por supuesto. Puesto que disponemos de un abanico más amplio de ejemplares, versaremos sobre las diferencias de crecimiento y el potencial de cada raza, los efectos de la domesticación draconiana y la desensibilización a distintas edades.
E: Veo que tendrán mucha tela que cortar.
C: Ni se lo imagina. A modo de ejemplo, nos llamó el propietario de una dragonada que tenía una nidada a punto de eclosionar. Consideramos que sería una buena oportunidad para ahondar en el efecto de la impronta y de su importancia en el futuro desarrollo de la doma. Como se explica en el episodio, cuando un dragón recién nacido tienen contacto visual y olfativo con un humano, se queda grabado en lo más profundo de su cerebro la percepción de que somos una especie aliada. Y esto ayuda a que tomen confianza en nuestro manejo desde una etapa temprana. De hecho, están documentadas científicamente las diferencias, en cuanto a dificultad y entendimiento, de una relación humano-dragón cuando ha habido presencia o ausencia de impronta durante su eclosión.
E: ¡Interesantísimo!
C: Pues todavía no he mencionado lo mejor. Este año contamos con un caso estrella. Y vaya si dará que hablar. Al acabarlo, el productor vino hasta mí para comentarme que estaba convencido de que la cuota de pantalla subirá como la espuma. ¿Desean saber más?
E: Por descontado, señor Al-Nasiri. Anticipamos que habrá sido un reto con un dragón joven, ¿no es cierto?
C: Todos nos lo imaginamos hasta cierto punto, pero hay que vivirlo para llegar a comprenderlo. Nos llamaron unos padres, desde el archipiélago de Ritset, porque tienen un dragoncete adoptado de unos 15 años que no quiere estudiar ni trabajar. Nos preguntaron si, con nuestras dotes «persuasivas», conseguiríamos que cambiara de conducta. Se hallaban desesperados porque su hijo escamoso era muy rebelde. Nos lo presentaron de una forma tan «de manual» que tuve que aceptar.
E: ¿Qué considera que sea «de manual»?
C: Un dragón salvaje típico rehuye del ser humano, te esquiva, te ignora… Un dragón civilizado que no haya recibido la suficiente disciplina se comporta igual en casa.
E: Uf… Con esas comparaciones nos tiene en vilo.
C: Los pondré en situación. La familia vive en una urbanización a las afueras de Menguante. La madre es abogada y el padre arquitecto. Su casa estaba inicialmente proyectada para humanos e incluía cuadras anexas para dragones de servicio; pero la reformaron para que su hijo adoptivo pudiera disponer de un cuarto dentro y no se chocase con los muebles. Hasta ahí, todo correcto.
E: Por su descripción, intuyo una familia normal y unos padres preocupados por el bienestar de su hijo.
C: Sí. Qué menos que darle un hogar a un dragón. Si hubiera observado algo raro, habría avisado a las autoridades. En cuanto llegamos, vimos que no había ningún tipo de abuso hacia el adolescente escamoso; sino que éste pasaba olímpicamente de sus padres. Iba del televisor a la videoconsola, del ordenador al teléfono, de dormir en su cuarto a tomar el sol en el jardín. No hacía los deberes y había suspendido todas las asignaturas menos Religión y Educación Física. Se largaba volando cuando le apetecía, regresaba a las tantas de la noche y no ayudaba a sus padres en ninguna faena. Sólo cortaba el césped de vez en cuando para comerse la hierba.
E: ¡Menudo ejemplar!
C: Todo un figura. La actitud de muchos dragoncetes se asemeja a la de nuestros adolescentes, esa que parece sacada de un anuncio de champú: «Porque yo lo valgo». El escamozuelo este me decía, con todo su desparpajo, que él iba a ser semental y que no tenía que hacer nada más. Yo le pregunté que qué haría cuando sus padres humanos ya no estuvieran. ¿Cómo pagaría las facturas? Y si se mudaba, ¿qué ganadería estaría dispuesto a alimentarlo si no aportaba nada?
E: Entre los miembros del Consorcio nos encontramos con experiencias similares. Por desgracia, hay demasiados dragones jóvenes que toman como referencia a otros congéneres de éxito y se piensan que ellos, por tener escamas y cola, tienen el cielo ganado. Si supieran que muy pocos de ellos presentan las cualidades necesarias para convertirse en sementales, centrarían sus energías en actividades provechosas.
C: Yo estuve un rato con él, situándole las cosas en perspectiva. Pero no razonaba ni se cesaba en sus fantasías. Sentí que debía actuar con mano firme para que me escuchara. Para empezar, les pedí a los padres una cabezada y un ramal. Me quedé a cuadros cuando me dijeron que no usaban esos «instrumentos de control».
E: Uf… incluso nosotros oímos cosas parecidas entre aficionados que acaban de meterse en el mundillo ganadero. ¡Qué poco van a aguantar!
C: Sí. Desafortunadamente mucha gente relaciona un par de correas y cuerdas con que exista violencia o abuso. Yo les inquirí, con tacto, que cómo habían hecho desde cría para llevarlo al veterinario. Un bicharraco de 32 pies de longitud puede enviarte al otro barrio de un coletazo si no se está quieto. Y la forma básica de que permanezcan así es con una cabezada.
E: Obviamente, sí se la habrán puesto en el pasado para revisarle los dientes y en ese tipo de intervenciones delicadas.
C: Y tanto que sí. No obstante, sus padres no parecían tener consciencia de que únicamente se emplean aquellas herramientas necesarias para evitar accidentes; no los atamos por gusto. No sin dificultad, conseguí que saliera al patio trasero para empezar con algunos ejercicios.
E: ¿Y bien?
C: Más de lo mismo. Rechazaba mi presencia. Quería volver a ponerse con videojuegos o a conversar con una dragona con la que estaba ligando. La sesión alcanzó su culmen cuando intentó embestirme.
E: ¿En serio?
C: Sí. Hizo el amago y tuve que apartarme para que no me golpease con un cuerno.
E: ¡Qué fuerte!
C: En ocasiones como éstas se demuestra la importancia de establecer una disciplina durante los primeros años de edad.
E: ¿Y qué hizo usted?
C: Lo verán en alta definición. Saqué el lazo que siempre llevo en mi cinturón y se lo eché al cuello como a una res brava.
E: ¿Y cómo se lo tomaron los padres?
C: Reaccionaron con quejas al instante. Si bien, les rogué que me concedieran un par de minutos. Ellos mismos se fijarían en que, si le demostraban autoridad a su hijo, él empezaría a mostrar una actitud más dialogante y menos evasiva. Apenas si transcurrieron cinco minutos de forcejeos, empinamientos y piafes dignos de la doma clásica para que se amansara al primer «so». Por su propia conveniencia, no tardó en pedirme disculpas por haber intentado atacarme.
E: ¿Y cómo continuó?
C: Regresamos al día siguiente, con la advertencia previa de que iríamos con el propósito de prepararlo para un oficio. Le pregunté que si quería trabajar en la agricultura o en los transportes, muy importantes en la región. El dragoncete me respondió que «eso de tirar de arados y carros» era para dragones argénteos; que él era zafirino y no le atraían esos menesteres. Entonces le dije: «¿Quieres convertirte en montura?» Y él me replicó: «De eso nada». Ante esta tesitura, yo le contesté, con firmeza: «O pones tus lomos o te pones a estudiar. Tú eliges».
E: ¿Y aceptó?
C: Enseguida. Bastó con recordarle que cualquier estudio implicaba años de cursos y exámenes. En cambio, él tardaría sólo unos meses en estar domado como dragón de silla. Si nos dejaba, yo iniciaría el proceso y continuaría bajo supervisión de otros especialistas hasta que estuviese listo.
E: ¿Y cómo fue?
C: No puedo desvelar más información. Aun así, el espectador podrá ver una gran parte de su transformación y los días que pasé dándole cuerda; primero con un cinchuelo para acostumbrarlo a la sensación de la silla y luego con la montura completa.
E: Imagino que sus quejas no cesarían.
C: Fueron lecciones duras. En especial, cuando llegó el turno de la brida. Él estaba medio conforme con darme paseos por el vecindario mientras me sentaba sobre sus lomos; pero aquello de meterle la embocadura entre los dientes y dirigirlo con riendas le parecía demasiado invasivo.
E: Cierto. Desde el respeto, los propios ganaderos aceptamos que hay aparejos difíciles de «tragar». Y la brida suele ser el principal obstáculo. Con nuestro ganado tratamos de ser dialogantes y de presentar los arreos al ritmo de cada uno. Los dragones tienen personalidades tan diversas como los humanos, lo cual hace que cada alumno sea único. ¿Verdad?
C: Sí, me lo ha quitado de la boca.
E: Nunca mejor dicho.
C: En la guía de un dragón siempre hay límites y dificultades. Soy partidario de introducir el equipamiento estándar, lo cual, a menudo, suele ser una obligación legal según la actividad; y que sea después el dragón ya domado o sus responsables quienes decidan si suprimir o modificar algún aparejo para que esté más cómodo. La clave está en equilibrar el bienestar de nuestros escamosos con la seguridad que amerita su manejo en sociedad. Me enteré hace unos días de que el escamozuelo ha decidido alistarse en los escuadrones de Roca Argéntea en cuanto termine la Educación Secundaria. Al final, todo salió a pedir de boca.
E: Ha sido una conclusión magistral, señor Al-Nasiri. Estoy seguro de que los seguidores de «El domador» nos mantendremos pegados al televisor, a la espera de que dé inicio esta cuarta temporada tan prometedora. ¡Muchas gracias por su tiempo!
C: A ustedes. La educación de los dragones es responsabilidad de todos.